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LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL CRISTIANO

 

(Mateo 25:31-46)

 

Jesús pronuncia estas últimas palabras acerca de su venida, antes de ser entregado por uno de sus discípulos, Judas Iscariote, para ser crucificado en la cruz. Son palabras de sabiduría y de enseñanza para la iglesia hoy.

 

Anteriormente, Jesús ha estado explicando todo lo referente al reino de Dios y de cómo será su regreso glorioso; ahora en este capítulo 25 del evangelio de Mateo, especialmente en los versículos 14-30 y 31-46, hace referencia sobre la responsabilidad del creyente en lo referente a os bienes (talentos) y con los pobres (prójimo). Sin duda que todo esto tiene que ver con el juicio que el Señor hará a todas las naciones.

 

Para aquellos que aún no saben en qué términos se realizará el juicio escatológico, Jesús explica que el juicio se hará en relación con nuestra responsabilidad con el prójimo, en particular con los pobres. No es en función de cuánta fe tenemos, sino cómo hemos puesto en práctica nuestra fe en Dios. Lamentablemente algunos creyentes olvidan este detalle y se dedican a practicar su fe en forma individualista, sin ningún amor por el prójimo; es decir, insensibles al dolor y a la tragedia humana.

 

Es importante tener en cuenta que Mateo destaca desde el inicio del Sermón del Monte, la preferencia de Jesús por los pobres y ahora los vuelve a mencionar al final de su discurso escatológico. Es el mismo Jesús, el juez del universo, quien ha de hacer el juicio final. Su mensaje de las buenas nuevas a los pobres es tomado en cuenta otra vez en este capítulo. ¡Felices los pobres y los mansos, porque de ellos es el reino! Pero, ¡benditos de verdad los que se ocupan de hacer realidad la dicha del pobre, los que siembran el amor hacia los otros, los que buscan siempre el bien y ayudan a Jesús que sufre por sus hermanos los pobres!

 

Los versículos 32 y 33 nos grafican cómo se ha de realizar el juicio final, todas las naciones del mundo, sin ninguna excepción, serán reunidas ante el Señor Jesús; en ese momento Él apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Las ovejas irán a su derecha y los cabritos a su izquierda. Aquí Jesús está tomando en cuenta la profecía de Ezequiel (Ez. 34:17-20). Aunque muchos no lo crean, este juicio se hará en función del amor practicado por aquellos que son sus discípulos a favor de aquellos que no tienen nada para vivir o disfrutar la vida. Jesús ejemplo ha dado sobre la práctica de a fe y del amor en todo su ministerio terrenal, no sólo palabras sino hechos concretos de amor. La condena no es porque no se tiene fe, sino porque esa fe no ha sido puesta en práctica. En otras palabras, es por el desamor hacia los pobres que necesitan de nosotros y que no son atendidos. De ahí que estas palabras están dirigidas a nosotros los cristianos, no pretende enseñar a los gentiles o paganos, porque ellos no le conocen y no tienen ninguna responsabilidad de practicar el amor de Dios. Esta enseñanza se convierte en el paradigma y sentido de la misión de la Iglesia. La iglesia no es el pueblo de Dios que vive para sí mismo las bendiciones del Señor, sino que se convierte en un instrumento de bendición para los más necesitados. Esto obliga a la Iglesia a negarse a sí misma y darse a los demás, porque las bendiciones recibidas son muchas.

 

A la luz de este pasaje bíblico es bueno preguntarnos: ¿Qué estamos dando a los que necesitan? ¿Se vacía la iglesia de sí misma al entregarse a los que tienen hambre y sed de justicia, de verdad, la necesidad de una vida plena, de gracia?. Jesús se encuentra en cada en cada uno de los que buscan, aguardan y lloran. Quienes ayudan a los hermanos más pequeños son los benditos del Señor que han de heredar el reino de Dios. Se hereda este Reino trabajando por los pequeños, los pobres, los hermanos de Jesús. ¡Esta es la manera de esperar la venida del Señor! ¡No hay otra!.

 

Si la Iglesia Metodista está involucrada en el servicio social, es por su obediencia a este mandato del Señor Jesús. Siente que es su responsabilidad social con el que no tiene, el pobre; es su compromiso con Cristo, no con los hombres ni con doctrinas. Juan Wesley asumió este compromiso en toda su tarea evangelística y misionera; nuestros primeros hermanos metodistas fueron consecuentes con su fe. La Iglesia Metodista ha reafirmado su vocación de servicio con el prójimo a través de la declaración del Credo Social.

 

El otro lado de la moneda, está en aquellos que no acatan este mandamiento, desprecian a los hermanos más pequeños, se enorgullecen de lo que tienen y no comparten, son indiferentes al sufrimiento humano; todos ellos han rechazado a Cristo, han despreciado el Reino, por lo tanto, son los malditos que han de ir al fuego eterno Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mat. 25:42-46). Esta es la tragedia de aquellos creyentes que se negaron a compartir el amor, las bendiciones del Señor. ¿Cuál será nuestra condición delante del Señor en este momento? ¿Cómo estamos esperando la segunda venida de Cristo? Que el Señor nos encuentre preparados y sirviendo en todo momento y lugar. Amén.

 

 

 

Rev. Lic. Jorge Bravo C.

 

 

 

      

 


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