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   CONEXIONALIDAD, AUTONOMÍA Y MUTUO APOYO (*)

 

 

Por Rev. Aldo Etchegoyen

 

 

Creemos en un Dios conexional.

 

Ser conexional ¿Qué es?

 

Creemos en un Dios conexional.

 

Dios sale de sí mismo para dar lugar a la Creación y como culminación de ella, crea al hombre, con él dialoga, programa y trabaja.

 

Ese Dios conexional ha creado al ser humano y el centro de la identidad humana, es haber sido creado a "imagen y semejanza" de Dios. Por tanto, uno de los elementos que componen la identidad del ser humano es su capacidad de ser conexional.

 

"Hagamos al hombre a imagen y semejanza de Dios, varón y mujer los creó" (Génesis 1:17).

 

Él es un ser creado en dos mitades conexiónales.

 

Dos mitades capaces de salir de sí mismas, de encontrarse con el otro, dialogar y trabajar juntos.

 

Cuando vemos la metodología del trabajo de Dios, descubrimos que es una metodología conexional.

 

Llama a Abraham y junto con él crea un pueblo. Su pueblo. Su comunidad. Comunidad de Dios que es liberada de la esclavitud y conducida a la tierra prometida.

 

En todo esto descubrimos que el proyecto de Dios es llevado a cabo en forma conexional entre Dios y Su pueblo.

 

En ese panorama también descubrimos una cosa muy interesante:

 

LA ESENCIA DEL PECADO ES VOLVERSE ANTI-CONEXIONAL.

 

¿Qué hace Adán cuando se revela contra Dios?

 

¿Qué hace Caín?

 

Cuando estudiamos el ministerio profético en Israel descubrimos que la palabra profética va contra todo aquello que es "anti-conexionalidad".

El profeta Isaías cuando habla del Siervo Sufriente toca también este asunto: ¿Por qué sufre el Siervo?

 

"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada uno se apartó por su camino" (Isaías 53:6a).

 

La esencia del pecado es apartarse cada uno por su camino cuando Dios nos llama a caminar juntos en Su Camino.

 

Jesucristo comienza su Ministerio llamando a quienes serán sus discípulos.

 

Por su llamado los convoca a salir de sí mismos para seguirle y ser incorporados a su proyecto de unidad y finalmente, el objetivo final de Dios en Cristo, es reunir en Él todas las cosas.

 

Su Iglesia es una comunidad conexional de fe y cuando Jesús ora por sus seguidores ruega que sean uno para que el mundo crea. Más aún esa unidad está basada en la conexionalidad de Dios el Padre y Jesucristo el Hijo.

 

En un mundo lleno de divisiones, con miles de formas distintas de expresiones "anti-conexionales" somos llamados a tomar muy en serio esta metodología de Dios para trabajar.

 

Nuestra misión consiste en comprometerse con la misión de Dios que quiere crear un mundo conexional en el cual todo hombre y su comunidad se encuentren con Dios y con su prójimo.

 

Cuando analizamos todo esto, bíblica y teológicamente nos damos cuenta que la conexionalidad no es un invento nuestro --como Iglesia Metodista-- sino proviene de Dios. Es la forma como Dios trabaja.

 

Es la forma como Dios combina la variada identidad de cada uno de los suyos, como sus dones, y carismas para la edificación de todos y el cumplimiento de la Misión.

 

En ese "marco conexional" está nuestra identidad personal y también como Iglesias ubicadas en diferentes regiones y países del mundo. Creo que lo expresa muy bien el Apóstol Pablo cuando habla de la Iglesia como cuerpo de Jesucristo.

 

Él pone  en su Iglesia personas distintas, pastores, maestros, profetas. Cada uno con un "toque" distinto. He allí la riqueza de la variedad, pero no para ser independientes o autónomos los unos a los otros, sino para ser como los miembros del cuerpo: conexiónales unos a otros.

 

Permítanme ahora aplicar todo esto a nosotros y nuestras iglesias.

 

Cada una de nuestras iglesias tienen su propia identidad. No es lo mismo la iglesia uruguaya a la chilena, ni la mexicana a la peruana, ni la norteamericana a la brasilera. Cada una tiene su propia historia, liderazgo y forma de testimonio.

 

Creo que esta identidad propia es indispensable, por ella podemos lograr una mayor y mejor encarnación en la realidad de cada uno de nuestros países.

 

Debemos crecer en nuestra identidad, cada una de nuestras Iglesias tiene un aporte muy valioso que hacer para el bien de todos y nadie podrá ese aporte por nosotros.

 

Pero, al mismo tiempo, debemos comprender que la Iglesia no termina en la frontera de nuestro país. termina allí nuestro lugar de testimonio nacional, pero cruza la frontera nuestra conexionalidad de hermanos en Jesucristo.

 

En ese mismo marco conexional tenemos que poner nuestro mutuo apoyo, no sólo en el sentido de lo que debemos dar de nosotros para enriquecer a mis hermanos, sino también lo mucho que puedo humildemente recibir de mi hermano para un mejor testimonio de Jesucristo.

 

Cada vez me convenzo con más fuerza que esa conexionalidad que lleva consigo la unidad en medio de las muchas divisiones que sacuden nuestro continente por la liberación de nuestros pueblos.

 

Es muy importante recordar que el punto opuesto de la conexionalidad es la división, además, para llegar a la dominación de un pueblo es importantísimo dividirlo. Uno de los primeros pasos para llegar a la dominación del continente es instrumentar la división. Cuando más dividido está un pueblo más fácil será dominarlo.

 

Frente a todo esto, la conexionalidad y unidad de la Iglesia es un indispensable aporte, por un lado, para evitar la dominación y por otro, para favorecer la liberación.

 

Quiero subrayar entonces muy claramente que, la conexionalidad de la Iglesia no sólo tiene significado eclesiástico (para nosotros solamente) sino secular (para nuestras naciones y comunidades).

 

No es por casualidad que estén proliferando las sectas protestantes en América Latina, muy especialmente en América Central. Desde 1980 se registra un aumento masivo de nuevas sectas que crean divisiones nuevas y marginan a la gente de la participación política y social.

 

Esta irrupción masiva de sectas protestantes tiene una significación política, está muy bien programada y planificada, con mucho dinero detrás.

 

Ante este hecho, nuevamente el testimonio bíblico nos recuerda que el "trabajo conexional" de Dios conduce a la liberación.

 

Para terminar quiero formular una pregunta: ¿La conexionalidad metodista es una actitud antiecuménica?

 

Ciertamente puede ser un peligro, pero, por otro lado, un gran beneficio.

 

Un peligro, si olvidamos que una de las características definidas del metodismo es su amplitud ecuménica, su capacidad de pensar con libertad y dejar pensar con respeto.

 

Creo por otro lado, que nuestra conexionalidad debe ser un beneficio ecuménico. De hecho lo es, lo vemos en la gran participación metodista en todo proyecto ecuménico continental y mundial.

 

Debemos continuar esta participación con creciente madurez y responsabilidad en dos direcciones: la eclesiástica y la secular.

 

Dentro de la Iglesia y junto con otras Iglesias como también fuera de la Iglesia.

 

Fuera de la Iglesia hay hambre y sed por la participación de la Iglesia en palabra y acción hacia el bien y plenitud de la vida junto a movimientos y organizaciones no religiosas Éste es un espacio ecuménico que no debemos dejar vacío.

 

Por tanto, la conexionalidad metodista debe ser entrenamiento para una mayor y mejor participación ecuménica.

 

Pienso que el mutuo apoyo que podamos darnos entre nosotros no ha de ser exclusivamente para fortalecernos interiormente, sino en última instancia, para nuestro testimonio y acción en favor de una vida plena para nuestros pueblos.

 


(*) Ponencia presentada en la Consulta CIEMAL-JMG realizada en el Centro de Recreación de Huampaní-Lima, PERÚ, Setiembre de 1983.

 

 

 

 

                                                         


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