Lorenzo, bedel de instituto en Valladolid y gran aficionado a la caza, recibe carta de Edigio, tío de su mujer Anita, desde Chile. Edigio anima al matrimonio a que se traslada a vivir allá. Incluso ofrece pagar los pasajes. La pareja lo piensa y decide emigrar. Empieza el papeleo, las consultas familiares, los conflictos diversos que surgen cuando uno decide instalarse en un país extraño. Lorenzo, con su espontáneo lenguaje, refleja en su diario todas estas peripecias y las que siguen: la travesía, la excelente acogida, las dificultades de adaptación y de trabajo, las relaciones familiares, las cacerías por la región, la llegada del primer hijo, una preciosa niña... y la decisión que adopta la pareja emigrante a raíz de un premio que les toca en la lotería.

Con trazos breves como pinceladas, el autor nos deleita con un mundo auténtico y emotivo en el que se mueven unos personajes reales y cotidianos.

24 enero, lunes

Hay panolis que se piensan que esto de escribir para uno es como el hablar a solas, cosa de chalados. Eso son ganas de enredar las cosas, porque uno no siempre dice lo que quiere y hay pensamientos que andan por dentro de uno y uno, por vueltas que le dé, no acierta a expresarlos, o a lo mejor, no le da la real gana de hacerlo. Uno es de una manera y como uno es, no lo sabe ni su madre y, sin necesidad de ir a lo zorro, uno nunca se confía del todo a los demás y si quiere recordarse de algo, no hay como comerlo a palo seco, sin el recelo de que otro venga a cachondearse de lo que dice. Esta es la fetén y el que diga lo contrario miente.

Cuando murió la madre, sin ir más lejos, si yo me pongo a parlar no hubiera dicho más que boberías y, sin embargo, las ideas que me rodaban por dentro no podían ser más serias y respetables. Y equilicual cuando la boda y los amiguetes me salían con que "todavía estaba a tiempo" y yo respondía que me iba a suicidar, como Melecio y como don Basilio y como el cagueta de Serafín, mi cuñado, y como cada quisque, porque desde que el mundo es mundo, todos tropezamos en la misma piedra...