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Viejas historias de Castilla La Vieja

 

La precisión, riqueza y naturalidad de la prosa, un profundo conocimiento del medio humano y del entorno geográfico de los pueblos de la Meseta, la capacidad inventiva o de registro de anécdotas que resumen una cotidianidad reiterativa e intemporal, la combinación de distanciamiento irónico y simpatía profunda hacia el mundo campesino se funden en las prodigiosas estampas contenidas en Viejas historias de Castilla La Vieja. Un emigrante que regresa a su aldea tras una larga ausencia rememora la vida de un pueblo castellano de principios de siglo: por una parte, estancamiento, rutina, superstición, atraso, pobreza; por otra, sensación de arraigo y pertenencia, relaciones comunitarias, contacto inmediato con realidades primarias. Completa el volumen La caza de la perdiz roja, delicioso diálogo entre "el Barbas" -un viejo perdicero- y "el Cazador" -el propio Miguel Delibes-, que glosan sus experiencias y reflexionan sobre la actividad cinegética; parte del temario de esa imaginaria conversación ha sido posteriormente desarrollado, de manera ensayística, en "La caza en España". Otros volúmenes de cuentos de Miguel Delibes en esta misma colección: "La Partida" y "La Mortaja".

Cuando yo salí del pueblo, hace la friolera de cuarenta y ocho años, me topé con el Aniano, el Corsario, bajo el chopo del Elicio, frente al palomar de la tía Zenona, ya en el camino de Pozal de la Culebra. Y el Aniano se vino a mí y me dijo: "¿Dónde va el Estudiante?" Y yo le dije: "¡Qué sé yo! Lejos." "¿Por tiempo?" dijo él. Y yo le dije: "Ni lo sé." Y él me dijo con su servicial docilidad: "Voy a la capital. ¿Te se ofrece algo?" Y yo le dije: "Nada, gracias Aniano."