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COMUNICACION Y PSICOTERAPIA

Marcelino Riveros Quiroz  [1]
Psicólogo                                                                             

 

                        El presente trabajo enfoca la comunicación en psicoterapia desde las aportaciones de la corriente Humanística, teniendo en cuenta, básicamente, a los siguientes terapeutas: Fritz Perls, Virginia Satir y Milton Erikson.

                        Estos "monstruos" de la psicoterapia enfocan al ser humano como una totalidad en continua comunicación. Así tenemos que la voz, el cuerpo, el gesto, la estructura muscular, la manera de ocupar el espacio, los colores típicos, la forma de escribir y hasta el olfato, son, cada uno por separado, "signos" específicos, abecedarios diferentes, lenguajes particulares, que posee el hombre para manifestar el complejo mundo psicológico en que vive.

                        Si la palabra engaña, el cuerpo no miente y por lo tanto el lenguaje somático contiene una riqueza incalculable.

                        Ocupar un espacio no es un comportamiento que resulte al azar, sino que está lleno de significado. Edward T. Hall en sus libros "La dimensión oculta" y "El lenguaje del silencio" nos enriquece con lo que él ha denominado la "proxémica".

                        Perls nos dice que no tenemos un cuerpo sino que somos un cuerpo; nuestra musculatura es un tablero abierto para quien ha aprendido a leer en los tejidos, esos anales que resumen la historia personal y que ha quedado grabada en todo el organismo. Al respecto, vale la pena revisar las aportaciones que Wilhem Reich, Ida Rolf y Alexander Lowen han realizado sobre el tema.

                        El ser humano es una unidad con varios canales de lectura y de percepción de la realidad. Estos canales los utiliza para comunicar su mundo interior, sus dificultades emocionales, existenciales, así como también su potencial para hacer frente a la vida. Nosotros, como terapeutas, tenemos que aprender a "leer" o "descifrar" estos canales de comunicación.

CONCEPTO GENERAL

 

                        La habilidad básica más importante que se debe enseñar a todo psicoterapeuta es el de desarrollar la capacidad de ver y escuchar realmente a los "otros". Esta acción nos capacita para comprender más rápidamente a una persona, prescindiendo de muchas palabras y dudas. Una persona me puede decir que se encuentra perfectamente bien, sin embargo, se puede ver la ansiedad o la depresión en su rostro y gestos.

                        Resulta bastante difícil adivinar el estado de ánimo o la actitud de otra persona sin empatizar con ella, es decir, sin intentar ponerse en su lugar y experimentar como ella experimenta. La persona que se siente comprendida empaticamente generalmente está más dispuesta a abrirse y mostrarse a niveles más profundos. El interlocutor empático da la agradable sensación de ser alguien que intenta comprender la situación del otro, y así la relación se torna más cálida, el nivel de compromiso puede aumentar, el tono general de la relación se vuelve más flexible, liviano y emotivo.

                        Contrariamente a la opinión generalizada, contamos con muchas claves para captar la naturaleza de otras personas, pero pasamos por alto gran parte de la riqueza de información y generalmente utilizamos la fuente menos confiable: lo que la persona dice.

                        Intentando compensar esta actitud errónea, transmitida culturalmente, se pondrá énfasis en todas las otras formas de comprender a una persona. Por consiguiente, nuestro interés se centra en cómo se le oye, en el ritmo y entonación de la voz, no en las palabras. Los gestos también me comunican si lo que está diciendo tiene o no importancia, y si lo que dice es verdadero o falso.

EL ROSTRO

 

                        Después de las palabras, la expresión facial es el aspecto que más se observa. Cuando saludamos a un amigo, se espera de nosotros que sonriamos y si deseamos impresionarlo adoptamos una expresión feliz y animada. Todos estamos acostumbrados, en mayor o menor grado, a observar el rostro como parte de nuestra comunicación cotidiana.

                        Las personas varían ampliamente en cuanto al uso que hacen de sus rostros. Algunos guardan, casi siempre, la misma expresión. Otras permiten que sus sentimientos íntimos se expresen totalmente, casi pidiendo al observador que note el dolor o humor sombrío. Otros consiguen que sus rostros se transformen gradualmente en máscaras inexpresivas.

                        El estado emocional más frecuente tiende a quedar, con los años, grabado permanentemente en el rostro.

                        Es relativamente fácil descubrir el estado de ánimo de otra persona en su cara, pero debemos tener siempre en cuenta que el rostro está bajo cierto control conciente.

                        Cuando una persona dice algo serio la cara se muestra seria, y cuando existe duda la cara muestra duda. Se permite al rostro reflejar claramente el mundo interior de la persona.

                        Se puede aprender mucho de los ojos. Si uno estuviera en un círculo de personas mirándolo, podría evaluar la distancia psicológica a la que están sólo a través de los ojos. En una persona los ojos pueden acercarse a uno, mostrar confianza; en otros, la mirada puede estar más distante demostrando reserva y poca confianza. Otra persona podrá dirigir hacia uno sus ojos inexpresivos, como si su dueño fuera otro individuo y no el que mira.

                        La mirada de un paciente puede permitirnos hablar sin reparos de sus problemas, aún en la primera sesión, mientras que otros ojos nos pueden decir: "guarde su distancia hasta que yo lo conozca mejor".

                        Existen ojos muy abiertos que parecen tocar lo externo y ojos introvertidos que parecen mirar tanto hacia adentro como hacia afuera.

                        Nosotros como terapeutas deberíamos ser capaces de distinguir las emociones fuertes a través del rostro. Estos le otorgan una tremenda vitalidad; así, las emociones de tristeza casi de inmediato enrojecen los ojos y los hacen aparecer acuosos. La reacción más común en esta clase de personas consiste en ocultar su rostro tratando de esconder dicha emoción hasta controlarla.

                        La fatiga es también claramente distinguida en la cara de las personas: el rostro da la impresión de algo flojo y colgante.

                        Vislumbrar dos sentimientos contradictorios en el rostro resulta difícil; sin embargo, aquí prima la experiencia del tera-peuta, su sensibilidad.

 

VESTIMENTA

 

                        La vestimenta refleja partes importantes de la imagen que desea dar la persona de sí. Así, tenemos al narcisista que elige usar anillos, reloj grande, pulsera de oro, ropa meticulosamente elegida, corbata de colores vivos, zapatos impecables. La ropa o apariencia llamativa es, probablemente, menos significativa en las mujeres, en razón del entrenamiento a que en este sentido las somete la sociedad.

                        En el caso de los narcisistas, lo que evitan es demostrar su inseguridad, su ansiedad y un gran vacío interior.

                        La vestimenta también puede representar posiciones contradictorias. Así, tenemos psicópatas, esquizofrénicos simples, etc., vestidos con ropas que no encajan con el conjunto. Por ejemplo: pantalón bien planchado y zapatos sucios o camisas arrugadas; también se observa el puño de la camisa desgastado y hasta sucio o la cartera de la mujer que contrasta con su atuendo por su mal estado.

                        En las mujeres sus ropas reflejan su autoestima; todo esto está relacionado con su movimiento, expresividad y su manera de hablar.

 

MOVIMIENTOS CORPORALES Y GESTOS

 

                        El cuerpo de una persona es su don fundamental. Como terapeutas observamos las manos, los brazos, hombros, cuello, abdomen y piernas para obtener una impresión general de la fortaleza física básica del ser humano, de su estilo de vida. La curva que une cuello y hombro podría revelarnos una fortaleza física generalizada. Si el cuello es delgado o pequeño debemos preguntarnos si esto se debe a que fue desnutrido o si estaba destinado a ser menudo. También es importante observar los movimientos y gestos para ver cómo utiliza su cuerpo. Un hombre identificado con su cuerpo goza con su fortaleza física y la emplea con soltura. Otro tiene gestos afeminados, como si hubiera deseado tener un cuerpo distinto. El hombre de estatura pequeña puede sobrecompensarse haciendo gestos amplios para hacer sentir su presencia.

                        Del mismo modo como se observa la musculatura del hombre también se hace lo mismo con las mujeres.

                        Con frecuencia pasamos por alto las características del caminar de una persona; sin embargo, muchos pueden reconocer el sonido que hace un pariente al caminar.

                        Los pacientes muy cerebrales parecen tocar apenas el suelo; los que están siempre en el futuro, pensando en lo que debe hacerse, tienden a inclinarse hacia adelante. En las personas depresivas el caminar es lento, y los que caminan aprisa están llenos de exigencias y tensiones musculares, como si tuvieran que terminar hoy día todas las cosas pasadas, presentes y futuras.

                        Es muy importante observar las manos de una persona cuando habla. Pueden irse hacia adelante y elaborar hábilmente un tema. Pueden demostrar tensión  o ser lanzadas hacia adelante, como atacando. Un gesto simple, como colocar la mano sobre la boca, puede tener varios significados: "Estoy pensando", "no sé qué decir", "seré cauto al hablar", etc. Sería muy conveniente que un gesto determinado significara siempre lo mismo, pero sus significados difieren tanto como las personas. Un gesto que frecuentemente es defensivo es cruzar los brazos sobre el pecho.

                        No olvidemos que un gesto es más claro y comprensible en el contexto general de la conducta de una persona. Interpretar por diccionario un gesto determinado, buscando una supuesta correspondencia unilateral, es algo ficticio e irreal.

                        Muy poco se conoce con fines psicoterapéuticos acerca del lenguaje del cuerpo en el espacio. Una gran cantidad de significados están asociados al modo de pararse y a la manera cómo uno ocupa y utiliza el espacio vital. Por ejemplo, pararse derecho significa que uno está alerta y domina el espacio ocupado. Cualquier otro tipo de inclinación significa que uno está utilizando el espacio pero no dominándolo totalmente.

                        El don del cuerpo posiblemente se relaciona con nuestro potencial dado. Los gestos y movimientos son indicadores mucho más expresivos y sutiles de cómo utilizamos ese potencial.

 

CUALIDADES DE LA VOZ

 

                        La cualidad de la voz es uno de los medios menos comprendidos en su contenido y menos aprovechados terapéuticamente en su real dimensión; sin embargo, es una vía para comprender realmente a una persona.

                        Por cualidad de la voz nos referimos a todos los aspectos del habla, exceptuando el contenido verbal. Incluye el ritmo, la entonación, los énfasis y todos los matices sutiles que hacen que la voz de una persona resulte única. Los terapeutas que utilizan la cualidad vocal lo hacen como índice para chequear la probable validez de lo que se dijo.

                        Ya que no todos sabemos que la voz refleja la personalidad de su dueño, existe relativamente poca manipulación conciente de ella.

                        Una persona que reflexiona profundamente en lo que dice tiende a hablar lentamente, midiendo sus palabras. Lo opuesto lo encontramos en el pensador volátil, que corre entre racimos de palabras, sin deternerse a pensar en lo que dice.

                        Existe un aspecto claramente interpersonal en la forma como se habla; la persona que proyecta sus palabras intenta realmente llegar a los demás. Contrastando con esto se halla aquel sujeto más introvertido cuya voz suena cerrada, como si hablase desde dentro de un barril. Algunos introvertidos parece que se hablaran a sí mismos, sus voces son monólogos que no salen de la boca. Cada detalle de la voz, el modo dramático como es pronunciada una palabra, es una imagen total de la personalidad.

 

VER Y ESCUCHAR AL SENTIMIENTO

 

                        Para profundizar una relación terapéutica tenemos que aprender a hallar el sentimiento de la otra persona.

                        El sentimiento se demuestra a través de muchos aspectos que están relacionados entre sí. El rostro muestra una característica emocional más dramática. La voz puede temblar como si el sentimiento se rompiera al formarse las palabras. Los gestos pueden revitalizarse y los ojos enrojecerse y humedecerse  rápidamente.

                        Un problema que se observa en terapéutas sin entrenamiento previo es el de tener una gran dificultad ante el paciente que está por llorar, y en lugar de facilitar dicha emoción la cortan inmediatamente pasando a otro punto o tema, o simplemente le dicen "Ud. es fuerte y no debe llorar".

                        Sin embargo, los terapéutas entrenados y capacitados frecuentemente captan el sentimiento de sus pacientes y favorecen su expresión; pueden decir "No intente controlar o retener sus lágrimas, es saludable para el organismo llorar", y luego "Veamos que hay en esto que tiene tanta importancia para Ud.".

                        Las lágrimas son significados que salen burbujeando hasta la superficie. Permanecen bajo ella mientras el significado permanezca bloqueado en el individuo. Cuando son liberadas no debemos temer que inunden al mundo y se prolonguen por siempre. Constituyen una valiosa oportunidad para descubrir lo que es realmente importante para la persona. El terapeuta no necesita preocuparse acerca de qué hacer con este significado, esto es propiedad de la persona. Hallando lo que le resulta significativo, está en una posición privilegiada para decidir que hacer con él.

                        La angustia también resulta visible; en ella hay un cambio en la respiración, cuya profundidad se torna más restringida; el golpeteo más acentuado del corazón casi puede verse en el pecho. Una vez más el paciente puede tender a reprimir los perturbadores sentimientos de angustia. El terapeuta puede preguntar "¿Qué siente Ud. en este momento? No controle nada, realmente ¿qué sucede dentro de Ud.?".

 

A MANERA DE CONCLUSION: INTEGRACION DE OBSERVACIONES

 

                        Si bien hemos presentado las observaciones en forma fragmentaria, de hecho las realizamos simultáneamente, basándonos en una cantidad de aspectos que los pacientes nos muestran en la relación psicoterapéutica. No olvidemos que cuando estábamos pequeños nuestra manera de interrelacionarnos, más que a través del lenguaje hablado que poco significaba en nuestro mundo, se hacía a través del cuerpo y de los gestos. Fuimos primero organismos antes que palabra, y es importante tener presente que, aún a nivel visceral y celular, hay signos de mucha significación. Antes de aprender a hablar ya hemos visto del mundo muchas cosas; mucho antes de decir mamá o papá ya hemos oído y escuchado miles de palabras; antes de comunicarnos verbalmente ya hemos experimentado los aromas y ya han aflorado un cúmulo de emociones en nosotros.

                        El niño no percibe un compañero ni una persona ni una cara siquiera, sino una guestalt (Spitz:"El primer año de vida del niño"). En el octavo mes el rostro de la madre conserva un lugar único entre todos los objetos y sin embargo el lenguaje verbal aún no existe como forma de comunicación. En este momento el objeto se ha constituido, no sólo en el terreno visual, sino sobre todo en el terreno afectivo.

                        Según Piaget, el lenguaje tal como lo utilizamos, apoderándonos de él como una lógica concreta sólo aparece hacia los doce años de edad; posteriormente, y con la inteligencia operatoria abstracta, quizá lo que estamos haciendo es utilizar un lenguaje que ya está establecido y que ha sido distorsionado o elaborado por una sociedad y unas personas con una mirada peculiar del mundo y de los acontecimientos.

                        El lenguaje es un síntoma, una manifestación, un canal por el cual podemos llegar a ese mundo interno; pero no es el único y creo que es el menos importante, dado, entre otras cosas, porque es fruto de una maduración posterior y porque lo hemos recibido con las distorsiones de las personas que lo han elaborado.

El ser humano es un ser en comunicación, es una guestalt, y esta comunicación se manifiesta en niveles diferentes:

a) Hay un nivel verbal, y este es el dominio de la psicolinguística, que nos permite explicar el mundo interno de fantasías. Aquí es importante hacer referencia a los sistemas representacionales, pues el mismo lenguaje puede ser visual, auditivo, kinético u olfativo, y ya con esto tenemos diferencias significativas.

b) Otro nivel es el de la postura física y de los gestos; sobre esta comunicación del movimiento corporal hay un estudio detallado de Ray. L. Birdwhistell, quien en su libro "El lenguaje de la expresión corporal" ha abierto un panorama inmenso.

c) Una tercera forma, rica en significado, son los transtornos psicosomáticos que encuentran parte de su explicación, entre otras técnicas, en la Programación Neurolingüística (PNL), con la cual aprendemos a escuchar y a leer las buenas intenciones de los transtornos orgánicos.

d) Otra forma de comunicación es el sentido del espacio que se ha denominado Proxémica. Ella nos da cuenta de la manera cómo la persona organiza su espacio vital; es todo un lenguaje intrincado que apenas estamos empezando a descubrir. Basta tener en cuenta los movimientos proximales y distales de Birdwhistell para tener una idea al respecto.

e) Otro nivel de comunicación es el emocional y aquí tiene su aporte la psicolingüística, pues todas las palabras se hallan registradas en el cerebro ligadas a algunas emociones.

f) Otro nivel de comunicación está constituido por los adornos y el vestido, que es nuestra segunda piel. También están aquí los colores que elegimos, pues tienen un fuerte componente significativo, lo que da origen al campo de la psicosemiótica del color. 



    [1] Psicólogo y psicoterapeuta gestáltico.  Teléfono: (51 1)  9948 7724

Copyright © 2010 ACTUALIDAD PSICOLOGICA. Sólo se puede reproducir el material publicado citando al autor y la fuente.

 

 

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