Mitos
y realidades acerca de la masturbación o autoerotismo
ricardocarmen@hotmail.com
Desde el inicio de la
civilización, la sexualidad ha sido tema
de múltiples tratados, doctrinas, enciclopedias, y de escritos procedentes
desde las más dispares disciplinas del conocimiento;
ha sido considerada como base fundamental de algunas religiones
orientales y como motivo de vergüenza y fuente de pecado en otras;
ha sido descrita, representada, juzgada, pontificada, condenada,
escondida, negada y más recientemente, estudiada. Estas
actitudes dispares frente a la sexualidad no sólo han sido presentadas por el
vulgo o por fanáticos religiosos, sino también por la gente de
"ciencia", que no se podía sustraer a las disposiciones adquiridas
durante su educación temprana o por ser parte de un núcleo de conflicto.
La sexualidad es pues, motivo de respuestas viscerales, a las que resulta
difícil hacer frente con un espíritu de apertura o de auto descubrimiento,
ambos, requisitos indispensables para el abordaje de investigación científica.
El presente trabajo no
pretende ser un trabajo acabado y concluyente sobre la masturbación y sus
efectos, sino que aspira a presentar una visión general
de los conocimientos acumulados acerca del tema. Si bien no se trata de
un trabajo de gran envergadura, alcanzaría
a tener algún valor si logra contribuir en algo, a llenar el vacío de
información que aún persiste acerca de ese aspecto de la sexualidad que ha
sido relegado a los rincones más oscuros a través de la historia.
Para tener una adecuada
visión del fenómeno nos remontaremos a la antigüedad, cuando la vida sexual
estaba regida por las leyes de las tribus, que tenían como primera prioridad la
supervivencia del clan, la misma
que estaba basada en el incremento de la población de la tribu; por lo que toda
conducta sexual que se apartara de estos fines, era considerada casi como una
traición a la tribu y como una perversión.
Esta percepción de la utilidad para la supervivencia de la actividad
sexual fue acogida por las leyes mosaicas, las mismas que fueron de gran
influencia en la fundación de la moralidad cristiana.
Más adelante Tissot
denominó a la masturbación como "auto abuso" y le atribuyó la mayoría
de los trastornos médicos conocidos, incluyendo las convulsiones epilépticas,
la gonorrea y la locura. De él
proviene la idea de que la pérdida de una gota de líquido seminal podía
provocar más daño corporal y debilidad que la pérdida de 40 gotas de sangre
(Dearborn, 1966 en Mc Cary, 1983).
La censura de la
masturbación no sólo ha sido por parte de los sectores de la salud, sino,
fundamentalmente, de la religión; tanto
desde los tiempos más remotos como en los tiempos modernos.
En enero de 1976, el Vaticano emitió una declaración llamando a la
masturbación un acto gravemente desordenado, antinatura;
posición que a pesar de las críticas de la comunidad científica, tiene
una gran repercusión en los creyentes. Es
debido a este tipo de afirmaciones que muchos individuos ven acompañadas sus prácticas
masturbatorias de ansiedad y un fuerte sentimiento de culpa.
Las posiciones de censura
o rechazo también se encuentran dentro de los "consejeros" más
conservadores. Así, Andre‚ Berge (1965) en "Los defectos del niño",
al referirse a la masturbación lo hace dentro del capítulo "Los defectos
repulsivos" y no la menciona directamente, sino que la llama "malas
costumbres" o "defecto humillante".
Igualmente Schofield (1977) al referirse a la masturbación, lo hace
dentro del capítulo de "Problemas sexuales", denotando una posición
de rechazo.
La idea de que la
masturbación enferma, que daña la médula, etc. y de que en sí no es un fenómeno
sano es respaldada incluso por técnicos tales como médicos, profesores,
maestros de párvulos y psicólogos "aficionados" (Heiliger 1985).
Estas informaciones que
ciernen una amenaza sobre la práctica de la masturbación y en general sobre
cualquier actividad que tienda hacia la búsqueda del placer sexual pueden
generar distorsiones en la personalidad, como señala Freud. S (1973) "Hube de comprobar mayor evidencia que detrás de
las manifestaciones de la neurosis no actuaban excitaciones afectivas... sino de
naturaleza sexual".
En la actualidad la
sexualidad es motivo de ocupación de múltiples disciplinas, agrupaciones
profesionales, sectas religiosas y en general por todo grupo que tiene interés
en orientar la opinión pública a fin de incrementar el número de sus
adherentes y su influencia social. Precisamente
por el hecho de que existan múltiples voces opinando sobre el sexo
es mayor la desinformación y los mitos que rodean la sexualidad, que la
información científica que se divulga. Y
es mucho menor el número de investigaciones válidas para nuestro medio.
Debido a esta
multiplicidad de opiniones tenemos que han prevalecido en la memoria de la gente
aquellas que le atribuían un carácter perverso y ruin.
También encontramos que la delimitación de lo que es un acto
masturbatorio, es en sí un problema que precisa definición.
Si consideramos a la masturbación como todo acto auto estimulatorio que
tiende a producir o incrementar la satisfacción sexual, tendríamos que
considerar a las fantasías eróticas como un acto masturbatorio, pues se ha
encontrado que del 1 al 2 % de las mujeres es capaz de alcanzar el clímax
mediante las fantasías sexuales (Mc Cary 1983).
El hecho, es que la mayoría
de los jóvenes se masturba y lo hace desde el inicio de la pubertad como parte
del descubrimiento de su sexualidad; y continua haciéndolo durante la
adolescencia, pues es la práctica sexual más asequible y la utiliza para la
liberación de sus impulsos de naturaleza sexual. En la juventud y adultez
continua practicándola cuando no cuenta con una pareja o como una forma de
autoerotismo por sí misma.
En la ciudad de Lima (Perú)
Dávila (1972) encontró que una importante muestra de varones y mujeres del
quinto de secundaria pensaba que la masturbación causa daño físico, mental o
ambos. De igual manera en
1984 Valero encontró que la mayoría de los adolescentes limeños piensa que la
masturbación es dañina.
En el informe Hite (1976)
podemos encontrar testimonios como el de la mujer que dice: "Para m¡, la
masturbación es solitaria, infantil, egoísta, todo aquello, en suma, que
preferirla que no formara parte de mi experiencia sexual.
A veces la practico, pero no me atrevería a declararlo públicamente".
El problema reside en que
la masturbación es para la mayoría de las personas un período importante en
su maduración sexual, pero esta etapa transcurre para muchos entre sentimientos
de culpa, vergüenza y temor; pues se encuentran entre la condena y pecado a los
que lo condena ciertas religiones así
como con la locura, la idiotez, o deformación de las partes comprometidas, etc.
que lo amenazan, según algunas creencias populares.
Si bien algunos presentan
una postura más tolerante frente a la masturbación, aun admiten veladamente la
posibilidad de la presencia de un daño físico, lo podemos apreciar en la
afirmación: "La aceptación
de los cuentos de comadres relativos a la masturbación provoca preocupaciones y
ansiedad que ejercen un efecto mucho más nocivo que las causas de origen físico
(Hurlock 1970).
Arriba
La masturbación como fuente de problemas
Son muchas las falsas
creencias acerca de la sexualidad y de la masturbación en particular, que se
generalizaron durante una época y que pasaron a formar parte de toda una
ideología, así encontramos que en la época anterior a la ciencia se creía
que las mujeres eran hombres imperfectos. El
esperma era considerado como un conjunto de hombres en miniatura; las mujeres sólo
proporcionaban el "terreno" en el cual los hombres microscópicos se
desarrollarían hasta alcanzar la madurez.
Los espermas debilitados se consideraban deformados, desarrollando
luego en mujeres. Por lo que
se desarrolló el concepto de que la mujer era inferior al hombre. Cualquier pérdida de semen, ya fuera mediante el coito
durante la menstruación, el coito interrumpido o la masturbación, era
considerado como una masacre de cientos de miles de hombres en potencia (Haring
1967, en Mc Cary 1983).
El estudio de la
masturbación hasta ahora no se ha realizado de manera específica en nuestro
medio, cuando se le ha abordado, ha sido de manera indirecta, dentro del
comportamiento sexual, como un aspecto más, que era visto con algo de
incomodidad o superficialidad por quienes no han profundizado el estudio de la
sexualidad humana, y con malicia o ligereza por quienes han tratado periodísticamente
el tema.
En la actualidad, a pesar
de que casi hay consenso en la comunidad sexológica mundial acerca de la
inocuidad de la masturbación, aun se escuchan voces opositoras y condenatorias,
no sólo de sectores ortodoxos de la iglesia, sino de conocidos miembros del
cuerpo médico, que pertenecen a entidades que brindan asistencia y consejería
a la comunidad, generando opinión y difundiendo sus ideas.
Por ello aun persiste la desinformación, la confusión y contradicción
con relación al tema. De ahí
la importancia de profundizar la investigación de la masturbación y otros
aspectos de la sexualidad.
Resulta curioso ver como
al investigar acerca de la masturbación nos encontramos con reacciones
viscerales frente al tema, con curiosidad y con sospechas acerca de la motivación
por la investigación o una negación
sistemática con relación a su práctica; pero al examinar más cuidadosamente
la conducta de los sujetos nos encontramos que su práctica es en muchas
ocasiones inconsciente, incluso se haya difundida dentro de una comunidad y se
realiza sin tener conciencia de su naturaleza y sin recibir censura de ninguna
clase.
Igualmente la imaginería
o ensoñación constituye una actividad auto erótica, aunque no siempre van
acompañadas de manipulaciones conocidas como masturbación, mientras que los
sueños eróticos muchas veces si son acompañados por la masturbación en forma
inconsciente, pues ocurre mientras se duerme.
También constituye la
masturbación una fuente e preocupación para
la familia, una de las preguntas que más frecuentemente hacen los padres
es ¿Qué‚ debo hacer si estoy
preocupado por si mi hijo/a se masturba demasiado?.
Y es que no se ha difundido suficientemente los conocimientos obtenidos
de manera que se pueda llenar ese vacío que persiste, tanto a nivel del hombre
común como del "ilustrado".
Arriba
Mitos acerca de la
masturbación
Uno de los motivos para
trabajar en la investigación, validación para nuestro medio y difusión de
nueva información acerca de la masturbación, es la mitología que se ha creado
acerca de su práctica; estas falsas creencias tienen las más diversas
procedencias y un común origen: La
ignorancia. Es, pues,
menester, trabajar en su esclarecimiento.
Uno de los mitos m s
extendidos es el que la masturbación es dañina. Se teme que una eyaculación muy frecuente (sea por
masturbación o por coito) causa pérdida de fuerzas, desgaste excesivo del
organismo o incluso problemas emocionales (Ochoa, 1991).
Estos mitos se extienden a
sectores supuestamente ilustrados como el de los estudiantes de medicina que en
un 15% cree que la masturbación causa trastornos mentales (Lief 1979; Maxmen
1986, en Ochoa 1991).
Otro mito más o menos
difundido acerca de la masturbación femenina, es que produce un aumento del clítoris,
la cual es totalmente falsa (Ochoa
1991).
Los efectos que tiene la
masturbación es aun motivo de discusión o ignorancia, as¡ tenemos que casi el
50% de los estudiantes de una escuela de medicina en Filadelfia, en 1961,
pensaban que la masturbación podía provocar enfermedad mental y el 20% del
personal de la facultad era de la misma opinión (Greenbank 1961, en Mc Cary
1983). En la actualidad
el 15% de los estudiantes de ambos sexos piensan que ciertas enfermedades
mentales son provocadas por la masturbación
(Lief y Ebert 1974, en Mc Cary 1983).
Arriba
La masturbación en niños
La niñez fue vista
durante mucho tiempo como una etapa inocente, en donde no había lugar para
impulsos sexuales y menos para prácticas de este tipo.
Se pensó que la presencia de la masturbación en niños era señal de
precocidad sexual e indicio de conductas
problemáticas, sin embargo, al profundizarse el estudio de la conducta sexual y
al poner mayor atención a los niños se encontró que lejos de tener un efecto
perturbador en las relaciones del infante,
aquellos con mayor tendencia masturbatoria llevaban mejores relaciones
con su madre, en comparación
de quienes mostraban una conducta más conflictiva y que se caracterizaban por
una menor práctica de la masturbación (Spitz 1949 en Brecher 1973).
Igualmente Kinsey manifestó encontrar
la presencia de orgasmos mediante la masturbación en la infancia,
informó que el 32% de los niños menores de 1 año eran capaces de tener
orgasmos, igualmente ocurría en las niñas y era como resultado de la
masturbación (Kinsey y col. 1948, 1953). Ribble
observó que la manipulación de los genitales y la presencia de un juego sexual
claramente definido en los infantes aunque
habían dudas sobre si la actividad masturbatoria era de una manera consciente
(Ribble 1955, en Brecher 1973).
Desde entonces ya era
claro que la vida sexual se manifestaba desde la infancia, pasando por distintos
ciclos, encontrándose que entre los 3 y 7 años de edad había un incremento en
el interés sexual y la actividad
sexual, que si bien no todos se masturban en esta etapa, el 5% de los niños de 6 años o menores se había masturbado
y el 10% de los niños de 7 años (Ramsey 1943, en Brecher 1973).
En estudios posteriores
sobre la conducta sexual en distintas culturas se halló que la mayoría de los
niños y niñas realizan exploración de sus genitales como parte de su auto
descubrimiento, y si se les permite, avanzarán progresivamente hasta la
masturbación sistemática; esto ocurría la aproximadamente entre los 6 y 8 años
de edad (Ford y Beach 1951, en Mc Cary 1983).
Igualmente se pensaba que
era durante la adolescencia que la masturbación aparecía como respuesta a los
incontenibles impulsos de naturaleza sexual, pero igualmente, al profundizar
estudios, se encuentra que los niños empiezan a masturbarse desde muy pequeños
y que a los 10 años ya la ha practicado el 13% en general, alrededor del 12% de
las niñas la ha practicado alrededor de los 12 años, en el caso de los niños
el porcentaje es del 21% a la misma edad, mostrando un inicio m s temprano
(Kinsey 1953).
En términos generales
los niños adolescentes se masturban un promedio de 2.5 veces por semana,
aunque el 17% lo hace de 4 a 7 veces por semana (Mc Cary 1983).
Al parecer los niños y
las niñas aprenden a masturbarse de distinta manera, los primeros lo hacen
recibiendo información de sus compañeros, a través de lecturas, por que la
ven practicarla, etc. mientras que la mayoría de las niñas llega a ella a través
del auto descubrimiento y de forma accidental.
Arriba
La masturbación en
adolescentes
Aunque muchos niños se
masturban, el punto máximo de esta práctica por lo general se produce en la
adolescencia. Por lo común, la
masturbación se inicia como una vía de escape de las tensiones sexuales
durante los años inmediatamente precedentes o siguientes a la pubertad; esto
corresponde alrededor de los trece o catorce años en los varones y uno o dos años
antes en las adolescentes. En el
final de la adolescencia, cuando el adolescente realiza una adaptación
heterosexual buena o relativamente buena, hay disminución de la masturbación
(Peck y Wells 1923; Davis 1923; Landis y col. 1940; Ramsey 1943; Kinsey y col.
1948, en Hurlock 1970).
Es durante la adolescencia
cuando la mayoría de jóvenes descubre la masturbación y la practica con mucha
frecuencia, esto lo confirma Kinsey (1948) que encuentra
que el 96% de los preuniversitarios se había masturbado, y es para el
adolescente, la práctica sexual más común,
pues la practican con regularidad entre el 90% y el 95% de los
adolescentes (Neyra 1981). Acerca del inicio de la masturbación en esta etapa,
tenemos que de un 28% a 37%
de mujeres empieza a masturbarse a los 14 años (Ochoa 1991).
Arriba
La masturbación femenina
Si bien en el caso de las
mujeres las estadísticas muestran ¡índices menores en su incidencia y
frecuencia masturbatoria, tenemos que hacer algunas consideraciones al respecto,
pues hay diversas conductas que no son consideradas como masturbatorias, pero al
analizarlas mejor, descubrimos en ellas conductas auto estimulatorias de
naturaleza sexual; Así tenemos que
Ellis (en Brecher 1973)
observó en una estación de ferrocarril en Suecia, a una joven campesina
apoyada contra el respaldo de su asiento, con las piernas cruzadas, oscilando su
pie con un movimiento rítmico y vigoroso, hasta que de pronto, su cuerpo se
contrajo espasmódicamente. Su palidez y su transformación no dejaban lugar a
dudas al observador bien informado
del significado de aquella maniobra aparentemente inocente.
Así como ‚esta, existen otras maniobras, igualmente
"inocentes" más conocidas, como el montar bicicleta, particularmente con aquellas sillas
antiguas de sillín muy curvado, el montar caballo, etc.
Si consideramos a la
masturbación como todo acto auto estimulatorio que tiende a producir o
incrementar la satisfacción sexual, tendríamos que considerar a las fantasías
eróticas como un acto masturbatorio, pues se ha encontrado que del 1 al 2 % de
las mujeres es capaz de alcanzar el clímax mediante las fantasías sexuales (Mc
Cary 1983).
Se ha encontrado que de
todos los tipos de actividad sexual, la masturbación es la más satisfactoria
en las mujeres, pues ‚esta conduce al orgasmo en el 95% de las veces,
además se llega al clímax en mucho menos tiempo que con cualquier otra
técnica; menos de 4 minutos en el 75% de los casos (Hite 1976, Kinsey y col.
1953, en McCary 1983). Y
es mucho m s frecuente de lo que se cree en el grupo de mujeres
"sexualmente maduras", pues el 30% de las casadas complementa su vida
sexual con la masturbación (Kinsey y col. 1953, en Mc Cary 1983).
Hite (1976) encontró que
el 82% de su muestra se masturbaba con regularidad. Caballero (1990)
encontró que el 35.9% de mujeres se había masturbado;
y el 66.6% de mujeres se
masturbaba al momento de hacerse la investigación.
Igualmente existía un grupo que además de tener relaciones sexuales
también se masturbaba. De las mujeres no casadas entre los 50 y 70 años, el
59% admitieron practicar el autoerotismo, en comparación del 30% de mujeres
casadas del mismo grupo de edad. Schofield
(1977) encontró que aproximadamente un 23% de mujeres casadas y un 2% de
mujeres solas se masturba.
La frecuencia de la
masturbación es muy variable en las mujeres, en la muestra de mujeres estudiada
por Kinsey varía entre una o dos veces en la vida hasta 100 orgasmos en una
hora (Mc Cary 1983).
Son muchas las posibles
razones por las que muchas mujeres encuentran mayor satisfacción sexual en la
masturbación, una de ellas es que debido a las numerosas terminaciones
nerviosas en la región del clítoris y de la vulva muchas mujeres encuentran
que la masturbación y otras formas de estimulación directa les proporciona más
orgasmos, en sucesión m s r pida y con una respuesta física más
intensa que el coito (Mc Cary 1983).
En las investigaciones de
Masters y Johnson (1966) se encontró que varias de las mujeres que participaron
en experiencias sexuales en laboratorio, describieron que los orgasmos
provenientes de estímulos directos como la masturbación eran fisiológicamente
más satisfactorios que el coito, aunque‚ este último era más satisfactorio
desde el punto de vista emocional. De
acuerdo a esto, la afirmación de que la masturbación es frustrante sexualmente
y que no es tan satisfactoria sexualmente como el coito, quedaría sin mayor
asidero.
De las mujeres que nunca
se habían masturbado hasta llegar al orgasmo antes de llegar al matrimonio, del
31 al 37 % no pudieron llegar al orgasmo durante el coito, practicado durante el
primer año de matrimonio; mientras que, aquellas que se habían masturbado
hasta llegar al clímax previamente al matrimonio, menos del 16% no pudo llegar
al orgasmo durante el primer año de matrimonio (Mc Cary 1983).
También encontramos que
durante la masturbación la mujer tiene pleno control sobre factores como
intensidad y duración de la estimulación, así como sobre la libertad para
fantasear, por lo que en algunos casos de anorgásmia secundaria la mujer no
puede sentir el orgasmo durante el coito, pero si con la masturbación
(Ochoa 1991).
En la muestra de Kinsey se
encontró que la mayoría de mujeres recurría a la manipulación genital como técnica
masturbatoria, mientras que otras pocas usaban la presión del muslo, la tensión
muscular, o sólo la fantasía (Mc Cary 1983).
Un 4% de mujeres se masturba haciendo presión contra los muslos
(Ochoa 1991). El 86% de las mujeres recurren a fantasías
eróticas con cierta regularidad para acrecentar la excitación sexual durante
la masturbación. El
informe Hite (1976) halló que el 73% de las mujeres se masturban estimulando el
clítoris y la región vulvar usando la mano o un vibrador,
mientras están echadas de espaldas;
5.5 % lo hacen de la misma forma sólo que echadas boca abajo; el 4% lo
hace comprimiéndose o moviéndose sobre la zona vulvar contra un objeto blando;
3% mediante la compresión rítmica de los muslos uno contra el otro;
2% con el masaje de agua en la vulva y el clítoris;
1.5% por inserción vaginal de algún objeto, como dedos, velas,
vibradores o penes artificiales y
el 11% empleaba más de una técnica.
Es notable el volumen de
información disponible acerca de la masturbación femenina, en comparación de
los otros grupos; esto se podría deber en parte al interés puesto por algunas
investigadoras en descubrir la naturaleza de la sexualidad femenina, sin
descuidar o ignorar esa veta tan amplia como
es el autoerotismo.
Arriba
La masturbación en hombres
Son los varones,
más que las mujeres, los que consideran a la masturbación como un hábito
aceptable en las muchachas y muchachos (Nava, 1988).
Caballero (1990)
encontró que el 95% de los varones
se había masturbado; y
que el 78.6% de varones se
masturbaba al momento de hacerse la instigación. Igualmente existía un grupo que además de tener relaciones
sexuales también se masturbaba.
En los hombres, la
variable crucial para determinar la preferencia sexual parece ser la naturaleza
de las primeras experiencias sexuales. Mediante
un condicionamiento clásico, un
individuo aprende una serie de fantasías o se excita ante determinados estímulos,
generalmente seguidos de la masturbación.
Mc Guire y colaboradores postularon que cualquier estímulo que preceda
de forma regular a la masturbación, en un intervalo de tiempo apropiado, llega
a adquirir la propiedad de convertirse en excitante (Ochoa 1991).
Kinsey en 1948 encontró
que el hombre adulto promedio menor de 35 años se masturba aproximadamente 70
veces al año, mientras que los mayores de 35 lo hacen alrededor de 33 veces y
que la manipulación genital es la forma de masturbación m s difundida
(95%) en los hombres.
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La masturbación en ancianos
Durante mucho tiempo se ha
considerado a la ancianidad como una etapa en la que la vida se torna pasiva y
de "descanso", privada de
intereses y por supuesto, de vida sexual; pero esto no es cierto, es un hecho
que alrededor del 25% de los hombres mayores de 60 años se masturba, incluso,
aquellos que tienen coitos (Kinsey y col. 1948, en Mc Cary 1983).
Star y Weiner (Ochoa 1991)
señalan los siguientes porcentajes de masturbación en ancianos:
Edad
% Varones %
Mujeres
60-69
92.6
47.1
70-79
29.5
49.1
80-89
45.8
34.5
Tenemos que considerar
cual esa la imagen y la valoración que tiene nuestra sociedad frente a sus prácticas
sexuales. Así
mismo es importante considerar los sentimientos y la satisfacción de las
necesidades sexuales de los ancianos cuya pareja ha fallecido o ya no tiene
interés o capacidad para las funciones sexuales (Mc Cary, 1983).
Hombres y mujeres de edad
madura y en la ancianidad se masturban.
Un estudio mostró que el 59% de las mujeres solteras y 30% de las
casadas entre 50 y 79 años se
masturban ("Sex
behavior" 1966, en Mc Cary 1983), por lo que resulta difícil aceptar que
la masturbación es un acto propio de individuos inmaduros.
Las mujeres seniles continúan siendo capaces de sentir orgasmos múltiples
y muchas recurren a la masturbación para satisfacer esta necesidad, as¡
tenemos que alrededor del 59% de las mujeres solteras de edades entre 50 y 70 años
admite masturbarse y el 30% de las casadas complementa su vida sexual con la
masturbación (Kinsey y col. 1953, en Mc Cary 1983).
Si bien podemos hallar diferencias entre los porcentajes entre las
muestras de Kinsey (americanos) y la de Ochoa (europeos), esto sólo demuestra
que es un fenómeno casi universal que se presenta con variaciones
socioculturales.
Arriba
La masturbación como técnica
terapéutica
En donde se puede apreciar
mejor el cambio de actitud frente a la masturbación, es en su actual uso como
parte de la terapéutica de disfunciones situacionales del orgasmo, del
vaginismo y de la excitación sexual.
Se le utiliza en el
ejercicio conocido como "transferencia clitorídea vaginal" como parte
de la secuencia terapéutica ante la ausencia del orgasmo coital.
Este ejercicio consiste en la estimulación clitorídea
hasta el momento del orgasmo
inminente, para después dejar que
la estimulación vaginal desencadene el orgasmo.
En algunos casos de anorgásmia
secundaria, la mujer no puede
sentir el orgasmo durante el coito, pero si con la masturbación, pudiendo
aprovecharse esta condición para el tratamiento terapéutico.
Se utiliza como técnica
cognitiva conductual la masturbación en el tratamiento de las parafilias,
obteniendo una remisión del 50 al 60 % de los casos
También se le puede utilizar en el tratamiento de recuperación de la
capacidad orgásmica cuando esta se ve afectada tras una violación;
en este procedimiento, primero la realiza la persona sola, luego con la
ayuda de su pareja habitual, quien va incrementando su participación
gradualmente (Ochoa 1991).
Arriba
Algunas consideraciones
Entonces tenemos que, en
la actualidad, para gran parte de la comunidad sexológica, la masturbación ya
no sólo no es considerada como perjudicial, sino, que muchos como Mc Cary
(1983) sostienen que es la forma más
fructífera de responder a la máxima
capacidad sexual del individuo , y que la masturbación, constituye un acto
perfectamente sano y normal en muchachos, muchachas, hombres y mujeres tanto jóvenes
como ancianos.
Y es así, que sólo puede
considerarse la masturbación como un problema sexual cuando se vuelve parte de
un patrón de conducta en pacientes psicóticos o cuando es utilizada como el único
medio de desahogo sexual, a pesar de tener otros medios al alcance (Ellis 1960,
en Brecher 1973).
La masturbación es
practicada por la mayoría de los jóvenes de cada nación, pero no se sabe a
ciencia cierta la frecuencia, los sentimientos frente a ella y la actitud hacia
su práctica en cada medio, por lo que podemos decir que existe un vacío de
conocimiento en esta área.
No sólo es interesante el
conocer cómo es que percibe el joven la actitud de su medio frente a la
masturbación, sino que es necesario, pues
depender de la imagen que tenga de la percepción social de la masturbación,
la actitud y sentimientos que desarrolle frente a su actividad masturbatoria,
pues todos los fenómenos naturales se expresan en la sociedad a través de las
estructuras y de las instituciones, lo mismo que los valores culturales y
morales; no hay nada en el ser humano que no esté‚ mediatizado por lo histórico
y lo social (Muldworf 1977).
La importancia de esta
investigación reside en que contribuir a llenar un vacío de información
acerca de este fenómeno en nuestro medio y as¡ ayudar a esclarecer la
veracidad o falsedad de los mitos que aún rodean a la masturbación; También
facilitar el poder establecer pautas para la elaboración de programas de educación sexual, así como
para futuras investigaciones.
Arriba
Antecedentes históricos del problema
Cuenta Plutarco (96) que
el filósofo Crisipo felicitaba a su colega Diógenes por haber llevado su
cinismo hasta el extremo de masturbarse a la vista del público, en las calles
de Atenas. Los cínicos
recomendaban la masturbación como el método más sensato de obtener satisfacción
sexual.
Aristófanes (388 A.C.)
decía que la masturbación es una práctica indigna de los hombres, exceptuando
los niños, los esclavos y las mujeres.
En 1943 Ramsey
(en Brecher 1973) señaló que entre los 3 y 7 años de edad había un
incremento en el interés sexual y la actividad sexual, que si bien no todos se masturban en
esta etapa, encontró que el 5% de los niños de 6 años o menores se había
masturbado y el 10% de los niños de 7 años.
En 1951, Beach y Ford,
tras un estudio sobre la conducta sexual en distintas culturas señalaron que la
mayoría de los niños y niñas realizan exploración de sus genitales como
parte de su auto descubrimiento, y si se les permite, avanzar n
progresivamente hasta la masturbación sistemática; esto ocurría la
aproximadamente entre los 6 y 8 años de edad.
En 1955, Ribble (en
Brecher 1973) observó que la manipulación de los genitales y la presencia de
un juego sexual claramente definido en los infantes como la respuesta del
centrarse los impulsos eróticos en
la zona genital aunque había dudas sobre si la actividad masturbatoria era de
una manera consciente.
En 1960 Ellis (en Brecher
1973) afirma que sólo puede considerarse la masturbación como un problema
sexual cuando se vuelve parte de un patrón de conducta en pacientes psicóticos
o cuando es utilizada como el único medio de desahogo sexual, a pesar de tener
otros medios al alcance.
En 1973, Sorensen (en
Brecher 1973) encuentra que la frecuencia de la masturbación en los hombres
disminuye en los períodos en que
tienen relaciones sexuales. En las muchachas, la frecuencia se incrementa en los
períodos en que tienen relaciones sexuales.
En 1981 Neyra afirma que
es la actividad sexual más común y que se masturban entre el 90% y el 95% de
los adolescentes.
En 1983 Mc Cary sostiene
que: "Probablemente, la forma más fructífera
de responder a la máxima capacidad sexual del individuo es mediante la
auto estimulación. La masturbación,
constituye un acto perfectamente sano y normal en muchachos, muchachas, hombres
y mujeres tanto jóvenes como ancianos".
En 1986, Hunt
manifiesta que sólo el 15% de los jóvenes
creen que la masturbación es mala y que se apreciaba un cambio general
de actitudes hacia esta, que había pasado de ser una manifestación patológica
a un método terapéutico.
El cambio de actitudes
frente a la masturbación que ha habido en
los últimos 50 años es
claro y se puede apreciar
en los comentarios de A.
Costler y A. Willy (1978) que
afirman:
"El onanismo es una
manifestación de sexualidad, una etapa en la evolución del instinto sexual.
Es inofensivo en tanto se le practique provisoriamente y como un
substituto. La masturbación tiende
a convertirse en hábito en individuos carentes de toda inclinación depravada,
pero incapaces de hallar una salida normal a su actividad sexual."
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Investigaciones
relacionadas con el tema
Kinsey (1953) manifestó
encontrar la presencia de orgasmos
mediante la masturbación en la infancia, informó que el 32% de los niños
menores de 1 año eran capaces de tener orgasmos, igualmente ocurría en las niñas
y era como resultado de la masturbación (Kinsey y col. 1948, 1953).
De las mujeres que
participaron en el estudio, el 8% recordó haberse masturbado hasta llegar al
orgasmo alrededor de los 10 años y
el 12% dijo haberlo hecho alrededor de los 12 años.
En el caso de los varones, fu‚ del 2% para los 10 años y del 21% para
los 12 años; esto indicaría que en líneas generales,
los niños empiezan a masturbarse antes que las niñas.
Al parecer los niños y
las niñas aprenden a masturbarse de distinta manera, los primeros lo hacen
recibiendo información de sus compañeros, a través de lecturas, por que la
ven practicarla, etc. mientras que la mayoría de las niñas llega a ella a través
del auto descubrimiento y de forma accidental.
Al acercarse y durante la
adolescencia, hay un incremento notable en la frecuencia de la masturbación;
esto se aprecia al comparar el 21% de muchachos que se había masturbado con el
82% de los muchachos de 15 años que manifestaba haberlo hecho.
Spitz en 1949 (en Brecher
1973) hizo un estudio en el que se
media la relación entre los infantes y sus madres, se encontró que eran los
infantes con mayor tendencia a la masturbación llevaban una relación optima
con su madre, a diferencia de aquellos que mostraban una relación más
conflictiva y se caracterizaban por una menor tendencia hacia la práctica
masturbatoria.
Hunt (1986) señala en
datos obtenidos m s recientemente, que los niños empiezan a masturbarse a
edades m s tempranas que en la ‚poca de Kinsey, esto ocurría
particularmente en las muchachas.
Dávila en 1972 investigó
el conocimiento y actitudes sexuales en 400 estudiantes de quinto de secundaria,
varones y mujeres, de clases sociales media y baja de Lima Metropolitana,
encontrando que tanto los varones como las mujeres piensan que la masturbación
causa daño físico, mental o ambos.
Valero encontró en 1984
en una investigación hecha en Lima que
la mayoría de adolescentes cree que la masturbación es nociva.
Caballero en 1990 en una investigación hecha sobre la conducta
sexual de jóvenes cajamarquinos, encontró
que el 95% de los varones y el 35.9% de mujeres se había masturbado y que el
78.6% de varones y el 66.6% de mujeres se masturbaba al momento de hacerse la
instigación. Igualmente
existía un grupo que tenía relaciones sexuales y también se masturbaba.
La teoría que se ha
desarrollado acerca de la masturbación se ha caracterizado en sus inicios por
estar basada en las opiniones de personajes que por haber ganado cierto
prestigio en su práctica profesional se consideraban con derecho a emitir
juicios determinantes, condenatorios en su mayoría, sin contar con
investigaciones serias que respaldasen estas opiniones.
El único criterio veraz y
universal que establece hoy que conducta es la adecuada es si dicha conducta u
orientación sexual acarrea sufrimiento físico o psicológico a corto, mediano
o largo plazo, para uno mismo o
para la persona con la que se comparte la vida sexual (Ochoa 1991).
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