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Reflexión del autocontrol

 

Cualquiera de nosotros podría con facilidad retratar a una persona carente de la capacidad para controlar sus impulsos: individuos explosivos, irritables, de conducta impredecible, con problemas de control de ira, de baja tolerancia a la frustración, abusivos, precipitados al adoptar opiniones preconcebidas, que cometen con frecuencia errores por actuar prematuramente, que andan rehaciendo las cosas por haberlas hecho con precipitación anteriormente o, en el "mejor" de los casos, que se pasan el tiempo disculpándose de lo malo que hicieron, intentado reparar sus errores y lamentando lo hecho o dicho.

Por el contrario, las personas virtuosas en esta habilidad pueden ser capaces de focalizarse en la precisión y no en la velocidad para actuar. Saben postergar gratificaciones con el propósito de alcanzar objetivos que están más allá de lo inmediato, toda vez que están conscientes que el tener paciencia es vital, pues el esperar es una estrategia poderosa que facilita la consecución de sus metas. Estas personas no suelen sobrerreacionar, rara vez cometen errores tontos, evitan la tentación para maximizar el éxito, ya que esperan actuar ante la oportunidad correcta, no saltan hacia la meta, sino hasta el momento preciso, por lo tanto, no pierden el tiempo y energías teniendo que rehacer lo que con anterioridad hicieron con precipitación.

Es posible que lo anterior sea la caracterización de los dos extremos, pero en la medida que nos aproximemos más hacia el lado del autocontrol emocional, la balanza estará inclinada a nuestro favor. Si no, recordemos los casos en que nuestras decisiones apresuradas o las respuestas exageradas nos metieron en problemas.