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29 de marzo, domingo
Aterrizamos en el aeropuerto de Damasco con una hora de retraso, a las 19:15. Venimos con el visado pegado en nuestro pasaporte desde España, así que los trámites en inmigración son sencillos y rápidos. Como las tarjetas de crédito no son muy populares en Siria, cambiamos 200 € en libras sirias y ya fuera del edificio del aeropuerto, a la derecha según se sale, pagamos por adelantado, en la caseta de la
compañía de taxis Julia Domna, uno a la ciudad vieja, donde se encuentra nuestro hotel.
¿Y ese nombre de Julia Domna? El taxista nos explica en inglés que fue la esposa siria del emperador romano Lucio Septimio Severo y
tuvo mucha influencia en las decisiones de estado.
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| Zoco Al-Hamidiya de la ciudad vieja de Damasco |
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Aunque el taxista no conoce el hotel Talismán, se las arregla preguntando aquí y allá. El coche no es apto para recorrer las estrechas
calles de la ciudad vieja de Damasco, así que bajamos y tiramos de nuestros pequeñas maletas hasta llegar al Talismán.
Nuestra sorpresa es grande cuando el recepcionista nos comunica que nos han reservado habitación en el Talismán II ya que el I está lleno.
Ni siquiera conocíamos su existencia. Un coche eléctrico nos lleva hasta él. El Talismán II es más reciente y no tiene el mismo nivel que el Talismán I
en cuanto a las decoraciones de los patios, sin embargo, la habitación es muy cómoda y el hotel está a tiro de piedra de la Mezquita Omeya.
Ni rechistamos ante el cambio de hotel.
Salimos para tener una primera toma de contacto con la Ciudad Vieja de Damasco. Nuestra pequeña brújula nos ayuda mucho a orientarnos en un lugar tan laberíntico como este. Los sirios son muy familiares pero también dedican muchas horas a su negocio, así que a las diez de la noche todavía encontramos muchas tiendas abiertas y cierta animación en las calles principales y sobre todo, alrededor de las tiendas que despachan comida rápida. Caminamos por la calle Al Qaimariyeh hacia la Mezquita Omeya, pasamos el zoco cubierto y peatonal de Al-Hamidiya, ya casi desierto, y bajamos hacia el sur, hacia la calle Recta. Al lado de escaparates con las típicas gabardinas femeninas se sucede las prendas más escotadas, tan modernas y coloridas como en cualquier tienda europea. El Islam en Siria es algo descafeinado y la gente viste como quiere, aunque minifaldas no veremos, claro.
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| Restaurante Al-Kawhali |
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No hay que desanimarse al ver los impresionantes Bemeuves serie 7 y los guardaespaldas que esperan fuera del restaurante Al Kawhali; es increíblemente económico y lo mejor de todo, es comida siria al 100%. Me entusiasma la comida
árabe, hay tantos entremeses diferentes que no sabe uno que pedir. Nos decidimos por la sopa de lentejas (las lentejas son de color naranja), el hummus (pasta de garbanzos),
el yogur, unos pimientos rellenos y rollitos de arroz. El plato principal es cordero, presentado en forma de longaniza rellena
con frutos secos. Como no sirven alcohol, pedimos polo (zumo de limón con menta), muy refrescante. Es habitual que te regalen
el postre, que en esta ocasión consiste en los clásicos baklava: hojaldre con miel relleno de pistachos y almendras. Demasiada comida, habrá que practicar la contención los próximos días
o regresaremos como bolas. El servicio ha sido rápido y atento. Al salir, nos interesamos por la canción que hemos escuchado por los
altavoces durante la cena y el jefe de comedor nos la graba en una memoria USB. Vale la pena visitarlo aunque sólo sea por la decoración
de suelos y paredes. Al regresar al hotel, nos topamos con muchas lonjas reconvertidas en bares, restaurantes o tiendas de ropa. Junto
a estos, las fachadas de otros edificios amenazan ruina y se soportan con vigas y columnas metálicas de refuerzo.
30 de marzo, lunes
El desayuno oriental del Talismán II es excelente. Este hotel es de los llamados “boutique”
o “con encanto”, se trata de una antigua mansión damasquina restaurada, con varios patios alrededor de los cuales se encuentran las habitaciones. Desde fuera de sus muros, es imposible reconocer la clase y buen estilo que encierran sus paredes, de hecho, el estrecho callejón que conduce a su puerta principal no podía ser más anodino y escondido. Los propietarios del Talismán ya están rehabilitando una casona en Alepo para convertirla en otro “boutique” hotel.
Salimos tarde del hotel, a eso de las once; es lo bueno de viajar por tu cuenta, nadie te impone un horario. La mañana es fresca y soleada, ideal para caminar. Hoy vamos a visitar el Museo Nacional ya que mañana, martes, estará cerrado.
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| Al fondo, la puerta este del antiguo templo de Júpiter |
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El tráfico es agobiante fuera de las murallas de la Ciudad Vieja: los taxis amarillos inundan las avenidas. De camino al museo, pasamos por delante de la mezquita de Suleimán, diseñada por Sinan, el mismo arquitecto de hizo la de Estambul.
La pieza más famosa del Museo Nacional es una tablilla de arcilla (1350 a.C.) con las 30 letras ordenadas del alfabeto de Ugarit. Las letras
están escritas de izquierda a derecha y en el mismo orden que los alfabetos fenicio, griego y otros alfabetos europeos (a, b, c, etc). La tablilla
se utilizó en un escuela de escribanía para enseñar las letras del alfabeto. Todos los alfabetos occidentales y también el árabe tienen sus orígenes es este alfabeto de Ugarit. En la sala dedicada a Mari se pueden ver unos textos (1800 a.C.) dedicados por Yakh dun Lim, Rey de Mari, al dios Shamash,
con motivo de la inauguración de un templo. También hay una colección muy interesante de relojes solares antiguos.
Callejeamos un poco por los alrededores del hotel Homayad, sin encontrar puntos de interés en el centro de la parte moderna de la ciudad.
Al atardecer, visitamos la mezquita Omeya, la tercera en importancia del mundo musulmán, detrás de la mezquita de La Meca y la de Medina. En la entrada norte de la mezquita te dejan gratis una abeyya (capa con capucha) si vas con pantalones cortos o eres mujer.
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| Patio de la Mezquita Omeya de Damasco |
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Caminando descalzo sobre blanco mármol del patio, caliente aún por los rayos del sol, me llama la atención la combinación de estilos: fue templo romano dedicado a Júpiter, iglesia cristiana de San Juan el Bautista en el siglo IV y mezquita con los Omeyas.
En la sala de oración (haram), la gente muestra auténtica veneración por el sepulcro que, según dicen, contiene la cabeza del profeta Yahya (San Juan el Bautista, para los cristianos). Su nacimiento también fue milagroso, como el de Jesús, ya que cuando su madre
dio a luz, pasaba ampliamente de la edad fértil.
Al recorrer las calles del este de la ciudad vieja, se nota un aumento en la calidad de las casas y de las tiendas y las mujeres
llevan el pelo al descubierto, aquí vive una importante comunidad árabe cristiana ortodoxa.
Cenamos de nuevo en el Al Kawhali, por supuesto.
31 de marzo, martes
Salimos del hotel un poco tarde, a eso de las 10:30, directos hacia las puertas del norte.
A pesar de que la Ciudad Vieja es mayormente peatonal, siempre te encuentras con algún atasco de las furgonetas que abastecen a las tiendas o que llevan material de construcción, ya que hay multitud de casas en restauración.
Al cruzar el barrio cristiano, echamos un vistazo a una iglesia cristiana católica maronita. Estos maronitas dependen del Papa romano, aunque mantienen sus propios ritos, como leer parte de la liturgia en arameo.
Visitamos la pequeña capilla de Ananías, donde se supone que vivió este sacerdote judío. Ananías aparece en los Hechos de los Apóstoles como el elegido por Dios para devolver la vista a Saulo de Tarso (San Pablo), que vivía en la calle Recta, y comunicarle que había sido escogido para propagar las enseñanzas de Cristo.
En el barrio cristiano se respira mayor bienestar: las casas están mejor rematadas, hay más comercios y animación en la calle y la mayoría de las mujeres visten a la occidental y con el pelo al aire.
La Ciudad Vieja está repleta de rincones a explorar: galerías de arte, palacios restaurados, tiendas de antigüedades, baños antiguos, salas de danza, etc. Cada paso es una sorpresa, como cuando un señor, que al vernos con pinta de turistas, nos invita a entrar en unas obras que resultan ser otro palacio en fase de restauración. Entre un montón de piedras asoma una tortuga con dos crías que apenas alcanzan el tamaño de una naranja.
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| Sepúlcro de Sayyida, hija del mártir Hussein |
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Visitamos también el palacio Nassam, en la calle Hamania. La decoración de paredes, puertas, lámparas, techos, sillones, etc, es asombrosa, te quedas sin palabras.
Una visita impactante es la mezquita Sayyida Ruqayya, al norte de la Omeya, la devoción de los chiítas es tremenda por esta santa, hija del mártir Hussein, al que mataron los Omeyas, origen de la escisión entre chiítas y sunitas. En el patio principal hay un chico llorando a grito pelado, no entendemos nada pero sospechamos que se trata de un plañidor contratado por una familia que acaba de perder un ser querido.
Después de recorrer la calle Recta, finalizamos nuestro periplo de hoy en el zoco al-Hamidiyya. Al recorrer el zoco vemos mujeres vestidas completamente de negro que ocultan su cara tras el velo islámico y, las menos,
que llevan ropa "europea". Lo más habitual es que vistan la típica gabardina hasta los pies y el pelo cubierto por un pañuelo. ¿Y por qué tantas diferencias? En Siria no sólo hay musulmanes, también existen cristianos y familias judías. Además, Siria ha sido un país de acogida de otros pueblos golpeados por la guerra: Líbano, Palestina o Irak, por tanto, conviven musulmanes de diferentes interpretaciones del Corán.
En las jugueterías vemos la versión musulmana de la famosa Barbie, aquí se llama Fulla: lleva el pañuelo musulmán y pelo oscuro. El kit incluye también una alfombra rosa para rezar. ¡Hay que adaptarse a los tiempos! Como reza un dicho muy popular entre los musulmanes: “No hay que modernizar el Islam, sino islamizar la modernidad!”. Por cierto, ¿todavía no habéis probado la Mecca-Cola?
1 de abril, miércoles
El empleado de Europcar que nos trae el coche al hotel llega con una hora de retraso y no sólo no se disculpa sino que contesta de malos modos cuando mi mujer le reconviene por el retraso. No hemos reparado que los musulmanes consideran a las mujeres inferiores en mente, cuerpo y espíritu. Como curiosidad, en todo el Corán, sólo aparece un único personaje femenino: Maryam (la virgen María de los cristianos).
El coche nos espera en la puerta norte, la Bab as-Salaama; es un Nissan Sunny en aparente buen estado.
Para salir de Damasco y llegar hasta Maaloula nos ayudamos con unas fotos aéreas sacadas de Internet. Aunque todos los lugares turísticos están bien señalizados, estas fotos han mostrado ser de gran ayuda, ya que el plano de Siria que compramos en España presentaba un error importante en el trazado de la carretera hacia Palmira.
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| Convento de Santa Tecla en Maaloula |
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Maaloula dista 58 Km de Damasco y es una pequeña población con dos puntos de relativo interés: el convento y la brecha de Santa Tecla, por donde escapó la santa cuando estaba a punto de perder su virginidad. El convento se construyó en el año 60 d.C. y es el más antiguo en la historia de la cristiandad, aunque ahora mismo poco tiene que ver con el original ya que es el mejor edificio, con mucho, de todo el pueblo.
A las 12:30 dejamos Maaloula y ponemos rumbo a Palmira. Son 220 Km. de puro desierto que recorremos casi en solitario. Atravesamos Qutaife, Dumayr, Basiri... La carretera está en buen estado, así que no se hace demasiado duro, aunque el paisaje es monótono.
En las proximidades de Palmira, la calzada empedrada cruza las ruinas y podemos apreciar el sol del atardecer sobre la Gran Columnata.
Pero primero, veamos si nuestra reserva en el hotel Villa Palmyra se mantiene. En
la recepción del hotel nos recibe un tipo de aspecto siniestro: pálido y delgado, nariz aguileña, frente despejada y ojos saltones que da qué pensar. El hotel es sencillo, sin alardes, pero cumple su función.
Como las ruinas están a menos de tres minutos en coche, dejamos las maletas en la habitación y regresamos, además, sólo cobran la entrada al templo de Bel, así que nada te impide vagar todo lo que quieras por el resto de las ruinas. Aparcamos
junto al hotel Zenobia Cham Palace. Este hotel lo abrió y dirigió, desde 1927 a 1937, la vasco-francesa Marga Andarain,
que llevó una vida trepidante, de película: fue aventurera, espía, traficante de opio, condenada a muerte y finalmente asesinada en Tánger en 1948.
La británica Agatha Christie también se alojó en la habitación 103 mientras escribió Asesinato en Mesopotamia.
A pocos metros del Zenobia se encuentra el santuario de Baal Shamin, dedicado al dios fenicio de las tormentas, tan pulcramente reconstruido que nadie diría que data del año 17. Cien metros hacia el sur, nos topamos con el
Tetrapylon de la Gran Columnata, construido para ocultar un fallo de diseño del paseo de las columnas. Al pie del Tetrapylon charlamos con un beduino a camello que porfía con vendernos los típicos pañuelos árabes con cuadros para la cabeza kefiya y la cuerda redonda o agal. Nos avisa que mañana, todos los beduinos de Palmira han sido contratados como extras en un video musical, así que debemos aprovechar hoy si queremos comprar algo.
Al oeste, sobre una loma, se divisa un castillo árabe, un lugar fantástico para ver el sol del atardecer caer sobre Palmira. Nos acercamos hasta allí y comprobamos que aquí se concentran todos los turistas de Palmira. La vista sobre la ciudad, las ruinas y el palmeral es magnífica.
Cenamos un anodino bufé de comida internacional el Zenobia Cham Palace. ¡Cómo añoramos el restaurante Al Kawhali de Damasco!
2 de abril, jueves
Me despierta la llamada del almuédano, ¡a las 4:30 de la mañana! ¡Pero quién reza a estas horas, si no es posible! Y yo sin pegar ojo desde entonces, tengo los párpados pegados. Las entradas para ver las torres funerarias de Yemliko se compran en el museo del pueblo y luego llegas a ellas por tu cuenta; en nuestro caso, seguimos un autobús de turistas que nos conduce hasta la torre de Elahbel. ¡Y mira qué casualidad!: precisamente alrededor de esta
torre ruedan un video musical de una cantante siria que debe ser muy conocida, dada la cantidad de bailarines, figurantes y camiones con toneladas de equipo técnico que han desplazado hasta aquí. Cuando llegamos andan simulando una tormenta de arena con un gran ventilador.
Después vemos el hipogeo (tumba subterránea) de los tres hermanos. Mientras deambulamos entre el resto de turistas, se nos acerca el encargado de las llaves y nos susurra al oído que si nos apetece ver otra tumba más. Parece que el señor se gana un extra sueldo invitando a unos pocos turistas a ver otras tumbas. Hoy somos mi mujer y yo parte de los escogidos, junto con otra pareja que viaja con su propio guía. Visitamos la tumba japonesa, llamada así por los arqueólogos que trabajaron en ella. Realmente merece la pena visitarla ya que los bustos esculpidos en las paredes y el friso están muy bien restaurados.
Dejamos al dueño de las llaves en el museo y volvemos a las ruinas de Palmira para ver el templo del dios Baal, construido en el siglo II a.C. aprovechando un templo griego ya existente. El teatro del siglo II también se merece una visita; fijaros en las cinco puertas de entrada al escenario, lo habitual es sólo tres.
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| Rodando un video musical en La Gran Columnata |
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A la hora de comer, repetimos en el restaurante del hotel Zenobia, que probablemente sea una de las mejores opciones de Palmira, aunque no es para saltar de alegría. Mientras comemos, vemos a lo lejos dos enormes GMC Yukon negros que se aproximan a velocidad irracional. ¿Y quién sale de ellos? Pues la cantante siria, muy maquillada, con toda una cohorte de gente alrededor. Un fornido guardaespaldas le acompaña hasta la puerta del baño.
Por la tarde paseamos un rato por el pueblo y charlamos con el director de una escuela que nos invita a su casa. Como su inglés es poco fluido declinamos su oferta con alguna excusa y aún así, nos paga unos refrescos que tomamos con él en la calle. Al atardecer, regresamos a la Gran Columnata donde se han trasladado los que graban el video musical. La expectación es enorme y hasta aquí se ha desplazado medio pueblo.
Los preparativos para grabar unos minutos de la canción son interminables. En las escenas participan bailarines, jinetes a caballo y, otro cantante libanés, muy guaperas él. Gracias a la grabación del video pasamos un rato entretenido porque la vida nocturna en Palmira ha decaído mucho desde los tiempos de la culta reina Zenobia.
3 de abril, viernes
Salimos temprano de Palmira en dirección Homs. Recta interminable y puro desierto hasta Almadabi, a partir de aquí, nos
sorprende el inesperado verdor de la campiña verde llena de flores, frutales y vacas lecheras, como corresponde al tiempo primaveral,
parece otro país. Llegamos a Homs y de nuevo, las fotos aéreas conseguidas por Internet nos ayudan a encontrar el hotel Safir, donde...:
¡lo veo y no lo creo!, ¡dos mujeres en la recepción! No es nada fácil ver una mujer trabajando en Siria. Hasta las tiendas de lencería o ropa de bebé las atienden los hombres. Seguramente son cristianas, ya que no llevan pañuelo y además,
la población cristiana en Homs es significativa. Homs cuenta con amplias avenidas, aceras bien acabadas y en general, un aire de
prosperidad como no veremos en ninguna otra
ciudad siria.
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| Muralla oeste del castillo el Crac de los Caballeros |
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A la salida de Homs, dirección oeste, pasamos ante una enorme refinería, donde acaba el oleoducto de 650 Km. que trae petróleo de la región El Gezirah,
junto a la frontera sirio-iraquí y también el gas natural de la zona de Palmira. También se refina petróleo de otros países, como Irán o Venezuela.
Una amplia autovía, nos conduce al famoso castillo Crac de los Caballeros, que fue morada de los Caballeros de la Orden de San Juan hasta que
encontraron la horma de su zapato: las tropas del sultán Baybars, azote de los cruzados, quien los echó del castillo en 1271. Este castillo fue el último reducto cristiano después de la caída de Jerusalem. Dejamos el Crac de los Caballeros tras dos horas y media de visita y escogemos al azar uno de los restaurantes aledaños al castillo, el al-Qalaa, muy frecuentado por grupos organizados. Nada más sentarnos nos llenan la mesa de entremeses, ¡hasta 16 platos diferentes! La cantidad de comida resulta
claramente desproporcionada para dos personas y no podemos con todo, pero casi. ¿El precio? Irrisorio: 350 libras sirias (5,73 €) por barba, bebida incluida.
Por la noche se celebra en el hotel una boda, que no se diferencia en nada a una europea, ya sabes: zapatos relucientes, espaldas al descubierto,
ceñidos vestidos, cuerpos bronceados, música machacona a todo volumen, muchas sonrisas y algunas caras de preocupación: las de los que pagan el sarao.
4 de abril, sábado
Salimos hacia Hama por la autovía y nos llama mucho la atención que los árboles muestran casi todos una inclinación muy acentuada hacia el este, me imagino que por el viento, aunque ahora mismo no sopla ni la más ligera brisa. Hama se fundó hace unos 7000 años y actualmente es conocida por sus norias de madera, que
ya existían en el siglo V, pues aparecen representadas en un mosaico de esa época encontrado en Apamea.
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| Norias de Hama |
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Hama fue también noticia al ser arrasada por un bombardeo en febrero de 1982 ordenado por Hafez al-Assad, padre del actual dictador. De esta
manera terminó con los Hermanos Musulmanes, una organización radical islámica que intentó asesinarle y
que tomó Hama en 1982, expulsando de la ciudad a cualquiera que perteneciera al partido baaz del gobierno. Murieron unas 20000 personas.
Lo que no hay que perderse tampoco es el palacio Azem, que fue la residencia
del gobernador otomano Assad Pasha al-Azem en el siglo XVIII. El palacio está magníficamente restaurado
y durante la visita, nos acompaña un ¿cuidador? que apenas sabe cuatro palabras en inglés y que no se separa de nosotros en ningún momento.
Después de saborear unos pasteles típicos salimos rumbo a Apamea por carreteras secundarias muy poco transitadas. Todo el
campo está verde y lleno de flores amarillas. Al pasar por Qala'at Sheisar, vemos unas tiendas de fruta con los pomelos chinos que tanto me
gustan, paramos a comprar alguno y obtenemos otra muestra más de la amabilidad de la gente de este país: el frutero me los regala.
En Apamea encontramos familias paseando tranquilamente la Vía Columnada o merendando entre las ruinas. La gente jóven, al cruzarse con nosotros,
nos saluda con un hullo! Un padre que pasea junto con sus hijas adolescentes quiere hacerse una foto conmigo, sus hijas se ponen
a la izquierda, después el padre y a la derecha yo. Se me ocurre que como soy el protagonista de la foto, debería ponerme en el medio, entre el
padre y las hijas. Cuando me muevo hacia el medio, todas las chicas escapan de mi lado a la carrera, como un resorte automático, y se colocan a
la derecha de su padre. El padre sonríe satisfecho, ¡qué bien enseñadas las tengo, je, je ! Entre los musulmanes, hombres y mujeres forman diferentes
grupos sociales y sólo se mezclan en el hogar.
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| Cardo de Apamea |
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Encontrar las Ciudades Muertas resulta complicado ya que las fotos aéreas sacadas de Internet sólo llegaban hasta Apamea, a partir de
aquí, nos queda el mapa, poco exacto, y las señales de la carretera, inexistentes en las carreteras secundarias. Preguntando aquí y allá logramos visitar varias de las Ciudades Muertas, aunque la más famosa, Serijiya, se nos resiste hasta que un chico
nos acompaña en su moto hasta dar con ella, cuando ya apenas queda luz para ver algo.
Entramos en Alepo de noche y en hora punta: tráfico muy denso, autobuses, semáforos, oleadas de personas cruzando pasos de cebra, paradas de autobuses llenas, aceras repletas de gente regresando a casa. En estas condiciones, tengo pocas esperanzas de encontrar con facilidad el hotel Park, sin embargo, la brújula nos lleva derechos a su inconfundible silueta. Justo cuando vamos a enfilar la calle que nos lleva directos al hotel, un policía se cruza con su coche y nos cierra el camino. ¿Qué pasará? Precisamente en un café de esa calle están rodando una película. En la calle, hay varios coches de época, entre ellos un Rolls Royce, y un tranvía que mueven por control remoto, como los coches de juguete de los chavales. El recepcionista del hotel, rubio y de ojos azules, habla un inglés perfecto. Desde la altura del quinto piso se ve un enjambre de antenas parabólicas y en cuanto dejamos las maletas, bajamos de nuevo para ver cómo filman la película.
5 de abril, domingo
No sé sí por la insonorización de la habitación o por el cansancio, pero por fin duermo toda la noche de un tirón, a pesar de la llamada nocturna del almuédano. Ya era hora. A las 8:45 miro por la ventana y me asombro de no ver apenas tráfico, como una mañana de domingo en España, lo curioso es que para los musulmanes, los domingos son laborables. El caso es que los sirios son poco madrugadores, sólo hay que esperar una hora más y veremos las carreteras tan atestadas como ayer en hora punta. Al salir hacia la basílica de San Simeón por el oeste de Alepo, cruzamos entre casas espléndidas, majestuosas, cientos de ellas aún en construcción. Nos detenemos para fijarnos en los detalles de los edificios porque algunas cuentan con fachadas realmente asombrosas por recargadas.
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| Escolares cristianos visitando las ruinas de la Basílica de San Simeón |
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Visitar la basílica de San Simeón es una delicia en esta temporada del año, está en un alto de bonitas vistas sobre
los campos de olivos y las propias ruinas descansan sobre un campo de amapolas, no..., de anémonas, me corrige mi
mujer. ¿Y qué hizo el tal Simeón para que construyeran una basílica en su memoria? Pues, de alguna manera, fue
un tipo innovador y hombre resistente a las penalidades como pocos. Simeón nació en el año 390 y a la edad de 15 años
dejó su oficio de pastor e ingresó en un monasterio. Durante una Cuaresma, rezó 14 días de pie, después 14 sentado y
los últimos días acostado debido a la debilidad. El domingo de Resurrección, el abad del monasterio lo encontró desmayado en el suelo: no había probado bocado en muchos días. Encima, al reanimarlo descubrieron que llevaba un cilicio
en su cintura. El Abad, que no quería personajes tan radicales, lo expulsó del monasterio. La siguiente fue encerrarse en una cueva atado con una cadena, para evitar la tentación de salir. Como
se había hecho famoso gracias a sus excentricidades, recibía muchas visitas, así que, harto de todo, tuvo la genial idea de subirse a una columna, la primera, de 3 m, la segunda de 7 m, y como todavía no le dejaban en paz, se instaló en lo alto de una de 17 m de la que no bajó hasta su muerte, ¡ 37 años después! El caso es que esta excentricidad le valió ser la persona más famosa de su tiempo y verdaderas multitudes
acudían para verlo. ¡Hasta los reyes se acercaban para pedirle consejo! Tras su muerte, la moda de subirse a una columna se extendió y duró hasta el siglo XI.
Cada pueblo quería contar con un estilita, algunos tenían hasta dos.
Visitando las ruinas, nos llama la atención un alegre grupo mixto de escolares, lleno de colorido. Al hablar con su profesora de matemáticas nos dice que son de un colegio cristiano de una población cercana a Hama.
Regresamos a la ciudad vieja de Alepo y comemos en el restaurante Beroea, al norte de la ciudadela. Una ensalada kurda y un kebap alepino y para beber, un menta-limón o polo o min-mananá. Aquí hay mucho cristiano de postín, a juzgar por los modelitos de las señoras. A pesar de no servir bebidas alcohólicas, es un restaurante muy bueno. No te lo pierdas. El zoco de Alepo me gusta; huele a pastel de pistacho. Encontramos algunas tiendas de buena calidad, con vestidos que llegan a los 1500 €. Los vendedores te esperan en la calle principal del zoco y te acompañan a su tienda sin que te des cuenta, como hipnotizado. La verdad es que son vendedores muy hábiles y si te dejas llevar, acabas siempre por comprarles algo.
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| Zoco de Alepo |
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Charlamos con un chico que habla perfecto español; sus padres montaron una tienda de alfombras en Marbella, pero a pesar de los 14 años que pasaron en España, no se hicieron a nuestra forma individualista de ver la vida. En Siria, todo gira en torno a la familia, es la piedra fundamental de la sociedad: el honor y dignidad de cada individuo depende de la buena reputación de su familia y, sobre todo, de su mujer o hermanas. Desgraciadamente, es frecuente que las familias laven su deshonra con el asesinato de la ofensora, siempre mujer; aunque últimamente, se está poniendo tímidamente de moda el destierro a otra ciudad.
Como ellos dicen, el matrimonio es demasiado importante para dejarlo en manos de los cónyuges y lo consideran un asunto familiar, no individual como en Europa, por tanto, es pactado. No es de extrañar que lo ideal para un padre sea que su hijo se case con la hija de su hermano, o sea, su prima. Así , todo queda en familia.
Los hogares sirios suelen cobijar a tres generaciones: los padres, sus hijos solteros y casados con sus nueras y nietos y otros parientes patrilineales, así que es muy normal que bajo el mismo techo vivan 7 u 8 personas, sobre todo, en los pueblos.
El origen de esta dependencia familiar es la vida nómada en el desierto. Cualquier individuo puede sobrevivir en una gran ciudad; basta conseguir un trabajo y el resto es fácil.
Sin embargo, en el desierto no duras mucho si estás solo, hasta para montar la tienda necesitas de los demás.
¿Y en el trabajo? Pues la familia sigue primando: los únicos fiables son los parientes, así que los puestos de trabajo se reparten siempre con la familia.
Los árabes cristianos se distancian un poco de esta endogamia al prohibir el matrimonio entre primos, sin embargo, está bien visto el matrimonio entre parientes más lejanos.
Nos cuenta que en los años 80, era raro ver una mujer joven con velo, sobre todo en las ciudades, sin embargo, han vuelto a la ropa tradicional musulmana según se han sentido amenazados por Occidente y también, en protesta contra su propio gobierno, el partido Baath, que desalienta el uso de las prendas islámicas. En realidad, el uso del chador o el hijab es más un símbolo de afirmación islámica que una imposición familiar, como se piensa en occidente.
En ningún zoco árabe faltan los puestos de frutos secos y en algunos se venden sólo trufas, aún llenas de tierra. Un cordero espera su hora fatídica en la trastienda de una carnicería.
Visitamos la mezquita Omeya, menos espectacular que la de Damasco. Aquí está enterrado algún órgano de Zacarías, el padre de San Juan el Bautista.
Volvemos en plena hora punta al hotel. Hoy no cenamos, la comida fue copiosa.
6 de abril, lunes
El día ha salido muy nuboso y algo fresco, lo que no está mal para variar. Dejamos el coche de alquiler en Europcar del hotel Sheraton a las diez y visitamos el Museo Nacional de Alepo, que queda muy cerca. ¿Qué si es interesante? Juzga tú mismo:
contiene el esqueleto casi completo de un niño neandertal de 2 años encontrado en agosto de 1993 en una cueva de Dederiyeh, al norte de Siria... herramientas utilizadas por el Homo Erectus en el paleolítico... figurines de imágenes divinas en relación con
los cultos de fertilidad del 8600 a.C. ... objetos hallados en las excavaciones del yacimiento de Tell Halula, en el margen
derecho del río Éufrates, realizadas por el equipo español de Miguel Molist en 1991 y 1992. Los objetos más antiguos
datan del Neolítico Precerámico B medio (8500-9000 a.C.)... incontables vasijas del área de Al´Jazira (4000-2000 a.C.). De las excavaciones de Mari
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| Entrada al museo nacional de Alepo con una réplica de las estatuas del templo de Tell Halaf, siglo IX a.C. |
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se muestran unos modelos en terracota (2000 a.C.) de peces y figuras humanas que son el negativo del producto final; es el inicio de la fabricación en serie. También una estatua en bronce del siglo XIX a.C. de un león con sus diferentes partes ensamblados y
unidas con remaches. Inscripciones y textos religiosos del siglo XIX a.C. en el templo del dios Shamash. Estatua entera de una persona con faldas o kaunakes (3000 a.C.). De Ugarit: pesas para balanzas con formas de animales hechas con gran detalle
(vacas, tigres, patos, zorros, corderos, aceitunas, etc, del 1500 a.C.) Muchos figurines (2000 a.C.) revelan la relación de Ugarit con Egipto. Mujer sentada (primer milenio antes de
Cristo), restos del Palacio real de Ebla, textos literarios en escritura
cuneiforme en tablas; la mayor parte eran textos administrativos (gastos de personal, intendencia...) y el resto del museo nos permite
conocer los otros aspectos de las tres generaciones dinásticas: Ar-Ennum, Ibrium y Ibbi-Zikir. ¿Interesante, no?
Frente al frescor y tranquilidad del museo (apenas diez personas) los sonidos del exterior nos traen ecos de estrés, ruido, murmullo y los constantes
cláxones de los coches con toda la gama de graves y agudos.
En el piso superior se exponen los hallazgos de la misión arqueológica española en Qara Qûzâq, en el alto Éufrates sirio: monedas de Alejandro, un biberón, lámparas de aceite bizantinas, griegas y romanas, lápidas griegas, partes de las tumbas de Palmira...
La verdad es que me lo he pasado genial en este museo. Ahora volvamos al presente. Tomar un taxi en Alepo es una experiencia imperdible, excitante: el tipo conduce descalzo, con la música a todo volumen, todas las ventanillas bajadas, los brazos tatuados, un fuerte frenazo evita el atropello de tres chicas y nos da una vuelta de casi 3 Km. para llevarnos hasta la ciudadela, que distaba unos 800 m. de donde paramos el taxi, ¿quién da más por 35 libras (0,57 €)?
Después de disfrutar de lo lindo en el restaurante Beroea, nos acercamos hasta la ciudadela, única fortificación árabe que no fue tomada por los cruzados.
Vista desde el exterior, la ciudadela, parece un edificio soso, pero dentro es un auténtico laberinto. Tanto, que por poco nos perdemos el salón del trono, toda una sorpresa.
Observar como se repite el número 8 en el techo, las vigas, las estrellas de 8 puntas, la bóveda octogonal, la lámpara de
8 bombillas. La pequeña mezquita de Abraham se construyó para albergar la cabeza de San Juan Bautista aunque, al final, se quedó en la mezquita Omeya de Damasco.
Seguimos deambulando por el zoco, que nace casi en la ciudadela. Este zoco es poco turístico, los comercios están orientados al consumo de los alepinos, pero hay unas pocas tiendas con material de buena
calidad como alfombras, pulseras de plata, oro, brocados, textiles, etc.
Regresamos al hotel en taxi, esta vez sin sobresaltos.
7 de abril, martes
A las 6:30 nos recoge el taxista en un monovolumen Kia impecable y llegamos al
aeropuerto de Alepo en quince minutos. El tráfico a estas horas es inexistente.
En el aeropuerto tampoco hay mucha gente. Después de pagar las 1500 libras del impuesto de salida, cambiamos el poco dinero que nos queda
en una caseta justo al lado de facturación. No te guardes ni un qirsh porque en
las tiendas libres de impuestos sólo admiten dólares o euros, no moneda nacional.
En la cola de facturación, una mujer acompaña a su marido, va cubierta por completo con un chador, de negro hasta los guantes. Cuando
alcanza el mostrador, el hombre que la atiende llama a una compañera, éste desvía su mirada y la chica se levanta el velo para que
la mujer compruebe su identidad.
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| Monotonía hasta Wadi Musa |
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El A720 sale con media hora de retraso, ya que, según el capitán, la visibilidad en Ammán es cero.
Esto suena a cachondeo, pero es cierto, en días posteriores comprobaremos lo espesa que puede ser la niebla
sobre la capital jordana.
Aterrizamos hora y media después en Ammán y esperamos 10 minutos hasta que llega el coche de Thristy, un Opel
Classic bastante viejo que ni tan siquiera han limpiado. Como no queremos perder tiempo regresando a Ammán a
cambiar de coche, lo aceptamos. La carretera hasta Wadi Musa es una recta interminable en medio de un monótono
paisaje de desierto terroso, sin apenas matojos. La policía de tráfico se muestra muy activa, cada veinte kilómetros
hay un coche apostado y siempre comprobando la documentación de algún conductor. Ya nos tocará. Cuando nos acercamos
a Wadi Musa se ven algunos pinos y un verde incipiente lucha contra el ocre de las montañas. Tomamos alojamiento en el
Golden Tulip y en cuanto dejamos las maletas nos vamos directos al hotel Mövenpick a comer un bufé donde sólo encontramos
platos de aburrida comida internacional, ya sabes, pasta, pollo y cosas así. Nada excitante.
8 de abril, miércoles
Por fin, hoy toca Petra, la ciudad de los nabateos.
Desde el centro de visitantes, donde se compra la entrada, hasta el comienzo del famoso
desfiladero El Sij, hay 600 m. y a los 5 minutos ya te sorprenden los primeros monumentos: la tumba de los obeliscos y los bloques
de Djinn.
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| Calle de las fachadas en Petra |
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Por el lecho seco de un arroyo, paralelamente al camino de los turistas, circulan los beduinos ofreciendo transporte en burro.
No sé lo que cobran por alquilarlos pero es una magnífica idea visitar los puntos de interés en burro porque, amigo, desde El Tesoro hasta
El Monasterio hay unos 5 Km. sobre plano, pero Petra no es plana, sino que hay escaleras por todas partes, por ejemplo, los 400 peldaños de subida al Monasterio. Y bajarlos te machaca aún más las rodillas que subirlos, te lo aseguro. También se alquilan camellos, pero éstos no suben escaleras. Justo en la entrada del Sij había un arco que se derrumbó en 1895 y es que la piedra arenisca de Petra aguanta mal el paso del tiempo, no tienes más que ver las fachadas de las tumbas reales, la tumba de la urna es similar al tesoro pero cuesta reconocerla. Si a la erosión le añades los cuatrocientos mil turistas que pisan cada año Petra y otros problemas como la salinidad de las aguas subterráneas nos da un panorama poco halagüeño para su futuro.
El desfiladero Sij en sí mismo es espectacular, se estrecha hasta los dos metros y termina en la visión conocida en medio mundo: el Tesoro.
A los pies del Tesoro charlamos con una americana que viaja con un inmovilizador de fibra de vidrio en su pierna. Está haciendo un recorrido organizado por
Israel, Líbano y Jordania y se rompió la pierna justo el día anterior a la salida del avión. Ella dice que prefiere ver Petra con la pierna rota que perdérselo.¡Qué moral!
Después de pasar por la Calle de las fachadas y el teatro, subimos hacia el Altar de los Sacrificios, donde no se sabe sí los nabateos o los edomitas (anteriores a aquellos),
ofrecían ofrendas y sacrificios de animales a una piedra negra que probablemente representaba al dios Dushara. Los obeliscos que se ven en el camino
hacia el altar representan a Dushara, dios de la naturaleza y a al-Uzza, diosa de la fertilidad.
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| El Monasterio |
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Comemos en el restaurante que el hotel Royal Crown tiene en el interior de Petra. Algunos camareros chapurrean español. Después de la comida,
la gente empieza a retirarse, probablemente por cansancio y para las seis de la tarde no quedarán ni diez personas en el recinto arqueológico.
Nosotros nos ponemos otra meta: el Monasterio, que yo no sabía ni lo que era hasta que llegué, así que imagínate mi sorpresa ante semejante maravilla, similar al Tesoro, pero mucho más grande. Justo cuando llegamos, todas las miradas son para un beduino que lo está escalando
con una facilidad pasmosa, y llega hasta la parte superior de la urna central, después salta al frontón derecho, como si nada. Seguro
que el chaval ha crecido aquí y esto para él es como su casa. De hecho, algunos beduinos viven en Petra. El Monasterio data del siglo III a.C. y fue la tumba del rey nabateo Obodas I. Se utilizo como iglesia en el periodo bizantino.
Hay que tener un poco de cuidado con los burros, ya que bajan y suben las escaleras descontrolados. A las seis y media contemplamos el Tesoro
sentados en los bancos de la entrada, junto con tres parejas más. Encima, la luz del atardecer intensifica los colores y nos quedamos
extasiados contemplando la fachada hasta que un vigilante nos invita a marcharnos. En el Sij andan preparando el espectáculo Petra
de noche, instalando cientos de velas encendidas dentro de un saquito con arena. Luego parece que algún grupo musical ameniza la noche
mientras tomas un té de menta. Nosotros regresamos al Royal Crown a charlar con una amiga de mi mujer que está visitando Jordania con un
grupo organizado y que nos cuenta las innumerables aventuras que ha pasado en tan sólo dos días de viaje. Yo siempre lo digo: si quieres
aventuras de verdad, apúntate en un viaje organizado. Por la noche refresca un poco y un jersey se hace necesario.
9 de abril, jueves
Entramos tarde en Petra, a las diez, porque el esfuerzo de ayer nos ha pasado factura y estamos cansados. Hoy hay más gente
que ayer. Se agradece las nubes en el cielo aunque no lloverá.
Las fachadas de las tumbas reales están desdibujadas por la erosión y es necesario echarle imaginación
para darse cuenta de la maravilla que fueron en origen.
Cuando entras en la tumba de la Urna no te puedes creer que esas paredes y techo tan plano se hicieran hace 2000 años.
La caminata pasa factura a un señor mayor muy delgado que se derrumba en la terraza de la tumba de la Urna y quedó como muerto,
sin mover ni un músculo, tememos lo peor pero al cabo de unos minutos vuelve en sí. ¿Y Petra qué es, una ciudad antigua o qué?
Los más de 800 monumentos que tiene Petra son mayormente tumbas ya que la población vivía en jaímas similares a las actuales aunque
también hay algunas viviendas, iglesias y edificios públicos. Lo que actualmente se ve es sólo el 20% de Petra, el resto permanece
enterrado y quién sabe la información que se esconde, quizá miles de papiros esperan ser descubiertos en algún lugar. Visitamos
también los mosaicos de la Iglesia Bizantina, que data del 530. Hoy salimos más tarde que ayer, a las siete, muy cansados.
Todas las velas del Sij están encendidas para el espectáculo nocturno.
10 de abril, viernes
Date cuenta, acabamos de dejar un tesoro arqueológico como Petra y nos dirigimos hacia Wadi Rum, una maravilla geológica
y a nuestra derecha, ¿qué tenemos? Pásmate: la Gran Falla, una fisura que se extiende desde el
Líbano hasta Mozambique, originada por la separación de placas tectónicas y que en unos cuantos millones de años probablemente
se inunde con las aguas del Índico o del mar Rojo y deje aislado al cuerno de África. El socavón es impresionante y tan ancho que
ni tan siquiera se ve la margen opuesta, la calima la desdibuja.
La estrecha carretera discurre paralela a la Gran Falla hasta que cruza con
la Carretera del Desierto, hasta entonces, sólo nos hemos cruzado con rebaños de cabras y algún coche de turistas.
Al llegar al centro de visitantes de Wadi Rum todo es fácil: nos aborda un joven con vestido típicamente musulmán: jalabiya,
kefiya y agal, y nos pregunta que qué lugares queremos visitar, contestamos que lo que se pueda ver en tres horas y, ¿4x4 descapotable o cubierto? Descapotable. Al de pocos minutos se presenta con una furgonetilla que parece de un repartidor de butano de los años 50.
Como vemos que este modelo no desentona con el resto de vehículos aparcados, subimos y adelante, los jebeles nos esperan.
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| En el sitio llamado el Manantial de Lawrance, en Wadi Rum |
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Bueno, ¿y qué es esto del Wadi Rum? Pues un desierto de arena con un paisaje salpicado de jebels o montañas de arenisca erosionadas por el viento que lo puedes recorrer en camello, en todo terreno y también hay campamentos donde puedes pasar unos días mientras haces senderismo o escalas las montañas. No pienses que por estar en el desierto pasamos calor, en absoluto, la temperatura en esta época es ideal para andar, tendremos unos 25º C y cuando vamos subidos en el todo terreno descapotable hay que abrigarse un poco para no pasar frío.
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| Turistas bajando una duna en Wadi Rum |
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Visitamos el Manantial de Lawrance, donde la gente sube por un pedregal hasta un pequeño manantial de agua. Nosotros ni lo intentamos, todavía estamos convalecientes de las 19 horas que pasamos en Petra. Recorremos también el corto cañón Khaz'ali. Cuando vamos hacia el Pequeño Puente nuestro conductor tiene serios problemas para encontrar el sendero adecuado; las ruedas
se hunden en la arena y la tracción total no parece ser capaz de resolver el atasco. Mete varios cartones debajo de las ruedas y ni por esas, después los colchones donde íbamos sentados, que son destrozados por el giro de las ruedas. Tras mucho porfiar, al final lo consigue y seguimos sin más novedades hasta la inmensa duna de arena roja donde subimos hasta la cúspide, ¡cómo no! La bajada a toda pastilla es lo más divertido. Vemos también las inscripciones nabateas y la casa de Lawrence. Llegamos a las dos al centro de visitantes y comemos un bufé allí mismo.
A las 15:20 salimos de Wadi Rum con 25º C con intención de pasar la noche en el cálido mar Muerto. En tres horas nos plantamos en al-Karak para visitar su famoso castillo, famoso por albergar al sanguinario cruzado francés Reinaldo de Châtillon, que se deleitaba torturando a sus prisioneros y tirarlos al vacío desde las almenas. Para que no perdieran el conocimiento les colocaban un casco de madera en la cabeza para protegerla y así prolongar su agonía.
Claro que no sabemos lo que le hicieron al propio Reinaldo en los diecisiete años que pasó en las mazmorras de Alepo. Entró con 35 años y salió con 52 y más sanguinario que nunca. Tras
toda una vida de saqueos y guerras, tuvo el honor de ser decapitado por el propio Saladino, y fue el único líder cruzado al que los musulmanes no respetaron la vida.
Desde el propio Karak ( +930 m.) ya empieza la serpenteante bajada hacia el mar Muerto, el punto más bajo de la tierra (-400 m.) y es como si
te aproximaras al infierno, porque la temperatura va subiendo hasta alcanzar los 26º C, que no está mal para ser las 9 de la noche y abril.
A pesar de ser noche cerrada hay muchísimos coches y gente con la barbacoa en los márgenes de la carretera, sobre todo, a la altura de playa Ammán, no hay que olvidar que hoy es viernes y, por tanto, feriado para los musulmanes. Todavía siguen de picnic, peligrosamente próximos a la carretera, aprovechando la luz interior de los coches o las de posición. Hace algo de viento y cientos de papeles y plásticos revolotean sobre la
carretera; desperdicios del picnic de esta tarde. Al llegar a nuestro hotel, el Dead Sea Spa, en el extremo norte del mar Muerto, nos instalan en una habitación del ala nueva, tan nueva que aún no funciona el aire acondicionado. Eso sí, la habitación es enorme y moderna, a estrenar. Para cenar, nos pasamos por el hotel de al lado, el Mövenpick, muy agradable con la iluminación nocturna encendida. Todos los hoteles están abarrotados. En el aparcamiento de nuestro hotel vemos
una expedición de vehículos especiales de Renault, camiones y coches realmente espectaculares, preparados para cruzar el desierto.
11 de abril, sábado
Nuestro hotel dispone de un centro de tratamientos que aprovechamos para darnos un masaje sueco de espalda de media hora. Después nos acercamos hasta la playa
para probar la sensación de ingravidez de sus aguas, pero antes, rebozo todo mi
cuerpo con un barro negro de un balde de plástico que hay en la orilla que el hotel
pone a disposición de sus clientes. Dicen que este betún contiene calcio, magnesio, yodo y no sé cuántas cosas más... Después de secarme al sol me quito el barro en las duchas de la orilla y, ... al aaagua. La salinidad del mar Muerto es seis veces superior a la de otros mares y esto hace que su viscosidad aumente, de hecho la superficie brilla de manera especial. Si te metes al agua y te miras las manos verás que te quedan como gotitas de agua de consistencia aceitosa.
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| Flotando en las aguas del mar Muerto |
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Y que te puedo decir del chapuzón en el mar Muerto, pues que es divertido, puedes dar giros sobre ti mismo, hacer el patito, leer una revista o buscar
una postura totalmente relajada para tomar el sol, pero siempre teniendo cuidado que el agua no te alcance ni los ojos ni cualquier herida que tengas
en tu cuerpo. Los que nadan salpicando no son bienvenidos.
Lo de bañarse en el mar Muerto está bien como nueva experiencia pero la piscina resulta más cómoda y en ella nos instalamos hasta la hora de dejar el hotel.
Subiendo las paredes de la Gran Falla, visitamos el museo Panorámico del mar Muerto que ofrece, además de unas estupendas vistas, mucha información sobre esta zona.
¿Hay vida en el mar Muerto? Pues eso parece, unas bacterias llamadas halofitas (amantes de la sal) se mueven en grandes líneas serpenteantes de color rojizo sobre la superficie.
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| Iglesia de San Jorge y su mapa-mosaico |
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Madaba dista 30 km. pero se nos hace larguísimo porque nuestro depósito de gasolina está casi a cero, estamos subiendo
y encima es que esto es como un erial pedregoso, un paisaje lunar sin vida, ideal para una película sobre el Apocalipsis.
Llegamos, por fin, a Mádaba. Mádaba fue abandonada por completo en el 747 a causa de un terremoto y a finales del XIX
se asentaron aquí 2000 cristianos que huían de al-Karak porque los musulmanes los querían degollar. Al excavar para buscar cimientos
encontraron los célebres
mosaicos. El más famoso se descubrió en 1884 en la iglesia de San Jorge. El precio de la entrada incluye también el museo
arqueológico y los mosaicos de la iglesia de los apóstoles.
Aunque llegamos tarde al museo, nos permiten entrar. Muy cordial el hombre que nos recibe en la entrada y nos guía por las salas,
aunque mi mujer se ha sentido incómoda
ya que, según me dice, el tipo le guiñaba el ojo de vez en cuando y se le acercaba demasiado. Para que veamos mejor los mosaicos,
llenos de polvo, los rocía con un spray de agua. No sé si le durarán mucho con esta práctica.
Nos parece un milagro encontrar el hotel Kempinski de Ammán a la primera, pero es que una brújula obra milagros. Ammán es un auténtico
laberinto; el tráfico es muy intenso tanto en las autopistas como en las secundarias y está lleno de subidas, bajadas y vericuetos.
Un follón. Llegamos a tiempo para el bufé de la cena, muy bueno, por cierto. El postre Om-Ali, que consiste en hojaldre con leche, nueces,
almendras y pasas está verdaderamente genial; habrá que intentarlo en casa.
12 de abril, domingo
Con la ayuda de las fotos aéreas de Internet llegamos a Gerasa sin ningún problema, en unos 50 minutos desde el centro de Ammán. Gerasa ya era una ciudad importante en tiempos de Alejandro Magno (333 a.C.); alcanzó su mayor gloria en época romana (siglo III); después conoció la invasión persa (614), la conquista musulmana (636) y la puntilla se la dió el terremoto de 747, que la devastó.
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| Formación defensiva llamada el círculo |
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Las ruinas actuales corresponden a edificios romanas muy bien conservados, la calzada parece hecha ayer y está casi completa, se ven con claridad
las roderas de las cuadrigas romanas. Y fijaros en el sistema de evacuación de aguas pluviales de la calzada, tan eficaces entonces que los seguimos utilizando.
En el yacimiento encontramos milpiés muertos en grandes cantidades.
Nos apuntamos también al espectáculo de las legiones romanas en el hipódromo: una demostración didáctica de cómo se organizaban
las legiones y sus estrategias en la lucha. Nos muestran algunas formaciones que adoptaban en caso de enfrentamiento: la tortuga,
la cuña, el círculo, la escaramuza, etc.
La carrera de cuadrigas es el broche final y luego bajamos a la arena para
hacernos unas fotos con los fieros romanos y dar una vuelta al circuito montados en una cuadriga. Dejamos Gerasa tras cinco horas de visita y vamos al Castillo de Ajlun. Mejor que el propio castillo son las vistas del valle del Jordán. La campiña está salpicada de árboles frutales y parece un lugar delicioso para hacer senderismo.
El regreso a la capital es fácil pero una vez en Ammán, no somos
capaces de encontrar nuestro hotel a pesar de que disponemos de mapa, además, cuando preguntamos a la gente, les
resulta difícil encontrar nuestra situación en el mapa; según ellos está incompleto y faltan carreteras. Al final
llegamos, claro, pero tiempo y sudores nos ha costado.
13 de abril, lunes
Esta mañana nos recogen el coche de alquiler en el propio hotel, así que nos moveremos en taxi, que es superbarato
y no te vuelves loco para encontrar los sitios. ¿Y qué tal Ammán, es tan fea como dicen? Pues tiene sus zonas: el
centro, es decir, los alrededores del teatro romano y la ciudadela es un caos urbanístico, con edificios grises sin
encalar amontonados sin patrón alguno; sin embargo, el barrio Shmeisani, donde se encuentra nuestro hotel,
está lleno de restaurantes de comida rápida y tiendas de
marcas internacionales donde la juventud más moderna llena las terrazas, aunque claro, esto para el turista tiene poco interés.
El Museo arqueológico de la Ciudadela cuenta con instalaciones muy sencillas pero su contenido es excepcional:
¿Has oído hablar alguna vez sobre los manuscritos del mar Muerto? Un pastor que buscaba una cabra encontró en una
cueva cientos de rollos escritos en hebreo y arameo de hace unos 2000 años,
la mayor parte escritos sobre cuero y otros sobre láminas de cobre. Posteriormente se descubrieron muchos más en otras
once cuevas. Contienen comentarios sobre varios libros del Viejo Testamento y un rollo de cobre lista el inventario de un
tesoro de 10 tons. de oro y 80 tons. de plata escondido en diferentes lugares de Palestina. Todo intento de encontrarlo ha
sido en vano.
Vemos una calavera (3300-1900 a.C.) con tres trepanaciones, a las dos primeras
sobrevivió pero no a la última. Niños enterrados en vasijas (4500-3300 a.C.)
Esta mañana había una intensa niebla sobre Ammán, ahora comprendemos el retraso del avión Alepo-Ammán del pasado martes.
Tomamos otro taxi para bajar hasta el teatro romano y hacemos el recorrido que recomienda la lonely planet. Después de comer en un bareto un kebap, compramos unos cedés de música árabe. Seguimos deambulando por la ciudad, abarrotada de comercios.
Descansamos unos minutos en el parque y después tomamos un zumo de pomelo.
A las once de la noche pedimos un taxi al hotel y nos lleva al aeropuerto en un estupendo BMW serie 5. Eso sí, a precio europeo.
Datos económicos del viaje:
Cambio:
1 € = 63 libras sirias
1 € = 0.93 dinares jordanos
Aviones:
Los precios son por persona:
Bilbao-Paris(CDG) AF5967: 10:15-12:00 y Paris(CDG)-Bilbao: 1:45-5:45 Air France. Con puntos.
Paris(CDG)-Damasco AF0510: 13:40-18:10 y Ammán-Paris(CDG): 01:45-16:00 con Air France : 647,32 €
Alepo-Ammán RJ4388: 8:15-9:45 Precio: 75 €.
Tasa de salida de Siria: 1500 libras
Alquiler de coche:
En Siria: 5 días con Europcar 235,71 €
En Jordania: 6 días con IzziCarhire (Thristy): 234 $
Taxis
Con Julia Domna, desde el aeropuerto de Damasco a la ciudad vieja (hotel Talismán), 25 Km. : 1500 libras
Carrera de taxi desde el zoco de Alepo al hotel Park: 20 libras
Carrera de 15 minutos desde el hotel Park de Alepo al aeropuerto: 1000 libras
Taxi (BMW Serie 5) desde el hotel Kempinski (Ammán) al aeropuerto: 28 dinares
Taxi en Ammán desde el hotel Kempinski hasta la ciudadela: 1,2 dinares
Hoteles (precio por habitación doble y noche)
Todos los servicios (aviones, hoteles y coches de alquiler) los hemos reservado por Internet. Dadas las fechas de alta ocupación de Semana Santa, es conveniente llegar a todas las ciudades con el hotel reservado. Empezamos a reservar
con dos meses y medio de antelación y aún así, muchos hoteles ya estaban completos (o bloqueados por los mayoristas).
Es mejor tratar directamente con el hotel, aunque a veces se consiguen mejores precios a través de intermediarios.
Si el hotel que te gusta no tiene plazas diles que te pongan en lista de espera, puedes estar seguro que consigues habitación al de pocos días.
En Paris: Hilton del aeropuerto 174 €.
En Damasco: Talismán II, 186,66 €.
En Palmyra: Villa Palmyra 60 $.
En Homs: Safir 148 $
En Alepo: Park 99,68 $
En Wadi Musa (Petra): Golden Tulip Kings Way 81,75 €
En el mar Muerto: Spa Dead Sea 130 €
En Ammán: Kempinsky 143 €
Comidas (por persona):
Comida en el restaurante Beroea de Alepo, Siria: 617.5 libras
Comida en el al-Qalaa de Crac de los Caballeros, Siria: 350 libras
Bufé en el Mövenpick de Wadi Musa, Jordania: 29 €
Bufé en el centro de visitantes de Wadi Rum, Jordania: 10 dinares
Comida en el Royal Crown del interior de Petra, Jordania: 20 dinares
Cena bufé en el Kempinski de Ammán, Jordania: 38,5 dinares
Entradas (por persona):
Museo Nacional de Damasco: 150 libras
Entrada Mezquita Omeya en Damasco: 50 libras
Capilla de Ananías en Damasco: 25 libras
Tumbas de Palmira (torre de Elahbel e hipogeo de Yarhai): 75 libras
Tumba japonesa en Palmira: 150 libras
Crac de los Caballeros, cerca de Homs: 150 libras
Apamea, en Siria: 150 libras
San Simeón, en Alepo: 150 libras
Iglesia de San Jorge en Mádaba: 1 dinares
Parque arqueológico de Mádaba: 2 dinares
Ciudadela de Ammán: 2 dinares
Castillo de Ajlun: 1 dinar
Museo panorámico del mar Muerto: 2 dinares
Entrada a Petra para dos días: 26 dinares
Gerasa: 8 dinares
Espectáculo Legiones romanas y carrera de carros en Gerasa: 12 dinares
Otros:
Paseo de 3 horas en Wadi-Rum en 4x4: 55 dinares
Visado para entrar en Siria comprado en el consulado de Madrid: fue necesario enviar al consulado de Madrid,
una fotografía, el pasaporte y 23 € y un impreso con tus datos rellenado.
Fotos realizadas con una Nikon Coolpix 4200 de 4 megapíxels.
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