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Bandera

Islas Griegas 2008

Rodas, Samos y Lesbos

12 de julio, sábado. Tesalónica.

Disfrutamos tanto el año pasado en Santorini, Milo, Folegrandos, Miconos y Naxos que regresamos de nuevo al Egeo para conocer otras islas y de paso recorrer las calles de Tesalónica, la segunda ciudad más importante de Grecia y capital de la provincia de Macedonia.
El vuelo desde España a Tesalónica funciona sin sobresaltos a pesar de que disponemos sólo de una hora de tránsito en München. Al tomar tierra, adelantamos el reloj una hora.
Llegar a nuestro alojamiento en el centro de Tesalónica no puede ser más fácil. El autobús N78 te conduce por 0.6 € desde el aeropuerto hasta la plaza Aristóteles, a 30 m del nº 12 de la calle Tsimiski donde se encuentra nuestro alojamiento, el sencillo y céntrico hotel Le Palace.
Para reponernos del viaje nos acercamos a la zona vieja, cerca del puerto; una ensalada (calabacín, remolacha, espárragos, tomate y pepino) y unos tagliatelle con setas salvajes nos devuelven a nuestro nivel de glucosa normal.
Después, exploramos el paseo marítimo; desde la plaza Aristóteles hasta la Torre Blanca es un rosario de bares y cafeterías
Paseo marítimo de Tesalónica
Paseo marítimo de Tesalónica
llenos de jovencitos de pelo engominado, camisetas que marcan pectorales y gafas de mosca y chicas de paso decidido y piel bronceada. Se ven buenos deportivos aparcados; el biplaza Mercedes SLK parece un favorito por estos lares.
La Torre Blanca es el símbolo de la ciudad y fue construida en 1535, sobre una torre bizantina, en tiempos de Solimán el Magnífico. Luego, durante el siglo 19, la llamaron la Torre Roja, por las innumerables torturas y ejecuciones llevadas a cabo.
Sobre el paseo marítimo, más allá de la Torre Blanca, presenciamos a las 10 un musical del tipo opera rock futurista sobre un barco de estilo siglo XVI. Cantan y tocan en directo y evolucionan sobre las velas de la nave. Se deja ver aunque el idioma es una gran barrera.

13 de julio, domingo. Tesalónica.

Hoy nos dedicamos a ver lo más sobresaliente de la ciudad. Tiramos por la calle Gounari y llegamos a las ruinas del Agora Romana, del siglo III a.C.
Dos calles más arriba encontramos la iglesia de Agios Dimitros, la más grande de Grecia, centro de peregrinación y sede del máximo jerarca ortodoxo griego.
Reqiquias de San Demetrio
Reliquias de San Demetrio
¿Y quién es este Demetrio tan popular en toda Grecia; patrono, además, de Tesalónica? Pues un gran mártir que, a pesar de llevar una vida acomodada como gobernador de Tesalónica, se dedicó a predicar la fé cristiana en secreto y, claro, alguien que no le quería bien lo delató y el emperador Maximiano (s. IV) lo mandó liquidar y murió traspasado por lanzas. Pasados cien años de su muerte encontraron sus reliquias y aquí están, en un pequeño cofre plateado. Parece que fue muy milagrero: doscientos años después de su muerte resucitó y se plantó sobre las murallas de la ciudad haciendo huir a un ejército de 100000 soldados que cercaba la ciudad. En otra ocasión salvó del hambre a la ciudad o liberaba reclusos de las manos de los enemigos. Y para rematar, desde el siglo VII, de sus reliquias comenzó a fluir un milagroso líquido aromático que nadie sabía lo que era, desde luego, nada de este mundo, decían. Aunque ya lleva algunos siglos sin actividad milagrera, la gente le sigue venerando con mucho fervor.
Las iglesias cristianas romana y ortodoxa se escindieron allá por el 1054, ¿Las razones? Estaba cantado: ante la amenaza bárbara, Constantino el Grande, decidió trasladar, en el año 313, la capital de Roma a Constantinopla. Con semejante distancia de por medio, era inevitable que con el paso del tiempo, las diferencias en los ritos orientales y occidentales fueron cada vez más grandes y ninguna de las dos iglesias reconociera la autoridad de la otra. En definitiva, no se podían ni ver.
El rito ortodoxo difiere bastante del romano, lo más aparente para nosotros es que hombres y mujeres se sientan separados durante la misa, y que la gente se lleva para su casa unos buenos trozos de hogaza de pan en lugar de hostias. ¿Más diferencias? Pues que los clérigos ortodoxos se pueden casar, permiten el divorcio hasta tres veces, emplean pan natural en la misa, no reconocen a la Virgen María como libre del pecado original y lo más importante de todo: consideran que el Espíritu Santo sólo procede del Padre pero no del Hijo. ¡Ah!, y otra cosa: todos los clérigos lucen barba y sufren de sobrepeso; dicen que ambas cosas reclaman el respeto de los feligreses.
Seguimos nuestro camino y visitamos la iglesia Panagía Achiropíitos, que contiene un ícono de la Virgen "no hecho por la mano del hombre", luego la Rotonda, el Arco de Galerio y el museo arqueológico.
Después de comer y echar una pequeña siesta, subimos hasta Santa Sofía y de camino a las murallas de la ciudad alta, pasamos por el barrio judio, bastante reducido después de la segunda guerra mundial, ya que no regresaron muchos de los campos de concentración nazis.
Desde la torre de la Cadena, las vistas de la ciudad son espléndidas. Regresamos a pie hasta el paseo marítimo donde siempre hay animación.
Cenamos una ensalada griega, croquetas de calabacín y anchoas fritas ¿cómo consiguen ligar la masa de calabacín, queso feta y cebolla al freirlas sin rebozarla en harina?, ¿alguien me envía la receta?

14 de julio, lunes. Vergina.

Nos acercamos hasta la Oficina de Turismo en Tsimiski nº 136 para que nos orienten como llegar hasta la tumba de Filipo II en Vergina, a 80 km. de Tesalónica. Por 0,5 €, el autobús nº 12 nos lleva hasta la estación de autobuses y, desde allí, por 9 € ida y vuelta otro nos conduce hasta Veria. Desde Veria hay autobuses, pero no con la frecuencia deseada, así que tomamos un taxi (11 €) hasta las tumbas de Vergina.
La tumba de Filipo II, que murió en el 336 a.C. con 46 años, padre de Alejandro Magno, se descubrió en Vergina en 1977 y está considerada como el hallazgo más importante después de la tumba de Tutankamón (1336 a 1327 a.C.), sobre todo porque la tumba real estaba intacta, sin indicios de saqueo. Dentro de la cámara mortuoria se encontró un sarcófago con una cajita dorada (larnax) que contenía sus cenizas y la corona. Todo el ajuar funerario encontrado en las tumbas se muestra en el museo, donde también se encuentran las tumbas reales. Se puede ver la cajita con las cenizas, los restos de la base mortuoria hecha de madera, oro, cristal y marfil, la corona, sus armas (algo queda todavía del escudo), y muchos efectos personales, como sus utensilios de baño.

15 de julio, martes. Rodas.

Desde el avión se puede ver la fantástica fortaleza de la Ciudad de los Caballeros de Rodas. En cuanto bajas del avión se hace omnipresente el chirrido zumbante de los machos de las cigarras. Basta unas docenas de ellas para producir un ruido ensordecedor.
Rodas ya era un popular destino turístico entre las familias más refinadas de Roma, la oligarquía mandaba a sus retoños a los cursos de verano que se organizaban en la escuela de retórica de Posidonio de Apamea, el Atleta (151 al 31 a.C.), un estoico y erudito de la época, que calculó la circunferencia de la tierra, la distancia al sol y estudio las mareas en Cádiz.
Desde el autobús que nos conduce los 16 Km. que separan el aeropuerto Diagoras de la ciudadela amurallada, divisamos la playa de arena de Ixia plagada de tumbonas y sombrillas, muy masificada con el turismo del norte de Europa.
Paza Ipokratous dentro de las murallas de Rodas
Plaza Hipócrates y la Puerta Marina al fondo
Dentro de la fortaleza sólo pueden entrar los vehículos de los residentes, aunque algunas puertas de acceso están menos vigiladas que otras...
Entramos en la ciudadela por la Puerta de la Libertad; el empedrado de cantos rodados de las calles no es lo mejor para tirar de maletas con ruedecillas, parece que se fueran a destartalar en cualquier momento.
El callejero tridimensional del interior de la fortaleza que se ofrece gratis en el aeropuerto no lo entienden ni los propios lugareños; algunos se ríen las muelas cuando nos ven pasar mientras damos vueltas al plano, aún así, llegamos al hotel Domus Rodos, muy bien situado...cerca de modernos bares de alterne con música de última hornada. Si buscas una zona tranquila dentro de la ciudadela, hazme caso, el barrio judio es lo ideal.
Comemos en Romios, en la plaza Aegeos. Cuando despertamos de la siesta, la temperatura es mucho más agradable y la brisa ayuda a callejear. La adecuada iluminación nocturna da un toque mágico a cada rincón de la ciudad medieval.

16 de julio, miércoles. Rodas.

A las 9:30 recepcionamos el coche de alquiler en la Puerta Marina, lo aparcamos fuera de la muralla y regresamos a la ciudadela porque hoy vamos a pasar la mañana en el Palacio del Gran Maestre. Este palacio fue la sede del Gobierno de los Caballeros. ¿Y cuál es la historia de estos Caballeros? Pues, a grandes rasgos, ahí va: la fundación de la orden de los Caballeros de San Juan (Bautista) de Jerusalén se remonta al siglo XII y era una institución mitad religiosa, mitad militar, que se hizo con una enorme riqueza y combatió junto con los Templarios contra la expansión musulmana. En 1290 los musulmanes les expulsaron de Palestina y se asentaron en Chipre donde no se sentían cómodos, ya que eran súbditos del rey y no podían actuar a sus anchas.
Calle Sócrates, dentro de la ciudadela de Rodas
Calle Socrates. Al fondo, la mezquita de Solimán
En 1306 pasaron a Rodas y conquistaron la mayor parte de las islas del Dodecaneso. Permanecieron en Rodas hasta 1523, fecha en que Solimán les expulsó, tras dos largos asedios con miles de muertos. En 1530 se instalaron en Malta donde residieron hasta 1797, expulsados esta vez por Napoleón. Finalmente, en 1830, se instalan definitivamente en Roma dedicándose a lo que había sido su actividad original: la atención de los enfermos.
La visita al Palacio es muy interesante: los mosaicos procedentes de Kos y la sillería son excelentes, también se muestran restos de aparatos utilizados por las mujeres de aquella época para realzar su belleza, pequeñas vasijas con agua de propiedades milagrosas que los peregrinos traían de Tierra Santa, o cómo cambiaron las costumbres funerarias con el tiempo, etc. Pero lo que más me ha gustado es la sección dedicada al Coloso de Rodas , ¿existió o no existió? Veamos lo que dicen los carteles explicativos:
"Los rodianos, después de resistir el asedio del macedonio Demetrio Poliorcetes, el 304 a.C., decidieron construir una estatua triunfal en bronce del dios Sol, o Helios en griego, para proclamar el poder de la ciudad. De acuerdo con fuentes antiguas, el Coloso costó 300 talentos y fue realizado por Chares de Lindos. Midió 32 m. de alto y fundir el bronce y montar las partes llevó 12 años. Según Plinio, el Coloso se mantuvo 66 años hasta el terremoto de 227 a.C., cuando colapsó por las rodillas. Aunque Ptolomeo mandó el dinero para su reparación, nunca se reconstruyó ya que el Oráculo de Delfos lo desaconsejó. Los restos del Coloso fueron vendidos en el 653, cuando los árabes tomaron Rodas, a un judio de Edessa, quien empleó 900 camellos para transportarlos.
En Europa circuló el bulo de que el Coloso esperaba a la entrada del puerto de Mandraki con las piernas abiertas. Pura hipótesis, sin ninguna base documental, ni técnica. Muchos escritos antiguos mencionan el Coloso, pero ninguno describe su forma o su situación. Sólo Florentino Buondelmonti, que pasó ocho años en Rodas, dió la vaga información de que el Coloso estaba "dentro de las murallas".

Después de repetir en el restaurante Romios y echar una reparadora siesta, estrenamos el coche acercándonos hasta Psinthos para ver los peces endémicos Gizanis (Ladigesocypris Ghighi), que sólo se dan en la isla de Rodas. En la plaza del pueblo nos orientan como dar con ellos, porque no hay indicación de ningún tipo. El camino hasta la balsa está flanqueado por nogales, limoneros, naranjos, granados, membrillos y parras. Los peces se hallan en un pequeño estanque y estéticamente poco se diferencian de nuestras bermejuelas de río.
Cola ante la iglesia para besar a la Virgen
Fiestas en Paradisi. Cola ante la iglesia para besar una figura de la Virgen María
De regreso a Rodas capital, unas señales nos desvían por una carretera secundaria, ¿motivo?, ¡Paradisi anda en fiestas! Aparcamos donde encontramos un hueco y nos apuntamos al jolgorio. En la plaza mayor han instalado un escenario sobre el que bailotean unas niñas al ritmo de las tonadillas de moda que vómita un cascado sistema de altavoces. Alrededor, los lugareños más tempraneros han pillado mesa y toman unos pinchos morunos con cerveza.
Por la calle principal no se puede ni respirar de los humos que despiden los tenderetes ambulantes; la estrella gastronómica es, sin duda, el pincho moruno, con o sin pimiento intercalado; no dan abasto.
El cura del pueblo también tiene su protagonismo, ¡cómo no! Una fila de gente aguarda su turno, ante una pequeña iglesia, para besar la figura de la Virgen María y sale por otra puerta tan contentos con un buen trozo de hogaza bendecida en la mano.

17 de julio, jueves. Rodas.

Hoy vamos a Visitar el museo arqueológico emplazado en el Hospital de los Caballeros. Este Hospital se comenzó en 1440 y su construcción duró 49 años. Los Caballeros lo destinaron al cuidado de los enfermos, de los huérfanos y de los pobres. Como consecuencia de la guerra italo-turca, Rodas pasó a manos italianas y el Hospital se empleó como residencia de verano para el dictador Benito Mussolini, quien lo convirtió en un lugar muy kitsch por la absurda mezcla de estilos escultóricos.
Vasijas mortuorias
Vasijas mortuorias en el museo arqueológico
El museo contiene esculturas del dios Kakabus, vasijas con figuras negras sobre fondo rojo y al revés, rojas sobre fondo negro, vasijas del periodo arcaico (siglos 7-6 a.C.) y del geométrico (siglos 9-8 a.C.) y muchas cosas más.
Como ayer, nos acercamos hasta Psintos, esta vez no para visitar a los peces gizani, sino el restaurante Pigi Fasoulí donde pedimos unas chuletas de cordero, croquetas de calabacín y panacotta (flan).
Vale la pena acercarse hasta el bosque de las mariposas de Petaloúdes, a 30 Km. de Rodas capital. Desde mediados de junio hasta principios de septiembre es el tiempo para ver estas mariposas nocturnas que son atraídas por el olor de la resina del árbol de la goma dulce, vuelan muy poco durante el día y mejor así, que se estén tranquilas porque las hay a millones. El paseo se realiza a lo largo de la orilla de un riachuelo que baja en pequeñas cascadas. Si te fijas verás muchos carramarros de agua dulce en las orillas, inmóviles a la espera de alguna presa. Las mariposas se concentran en los rincones sombreados y frescos, sobre las rocas y cortezas de los árboles con musgo. Es un magnífico lugar para pasear ya que hay mucha sombra y vegetación.
Antes de regresar a Rodas capital, visitamos el parque Rodini: abundante vegetación y sombra, estanques con peces chinos, pavos reales... Este parque ya era popular en tiempo de los romanos. En la amplia terraza del bar unos locos bajitos celebran un cumpleaños mientras la animadora les entretiene los juegos con populares canciones del folclore español; "Baila el chiqui-chiqui... con las bragas en la mano" de un tal Rodolfo Chiquilicuatre... y después ..."dale a tu cuerpo alegría Macarena..."

18 de julio, viernes. Rodas.

Salimos de Rodas a las 11 en dirección a Lindos y aunque parezca mentira, tardamos casi una hora en llegar ya que las señales de tráfico te mandan por todos los recovecos de Rodas capital. La señalización vial parece un endemismo más de la isla, fíjate: la carretera general tiene un stop para ceder el paso a los que salen del pueblo de Lindos. Lo nunca visto. Y mucho cuidado al circular en carreteras secundarias, nunca sabrás bien quien tiene prioridad en los cruces. Menos mal que casi no hay tráfico, que sino...
Según nos acercamos a Lindos la vegetación empieza a escasear y los bosques de pinos son sustituidos por pedregales y matojos.
A Lindos no se puede acceder en coche, para visitarlo hay que dejar obligatoriamente el vehículo en un aparcamiento al lado de la carretera principal y después andar unos 600 m. cuesta abajo hasta llegar a la pequeña plaza principal donde un guarda controla que nadie, excepto los taxis, aparque en la plaza. Dadas las restricciones a la circulación de los vehículos en Lindos, optamos por alojarnos en la población aledaña, en el hotel Ziakis, en Pefkos, a 3 Km. de Lindos, con magníficas vistas al mar.
Pasamos la tarde leyendo en la piscina y luego nos acercamos a Pefkos a cenar y dar una vuelta.

19 de julio, sábado. Rodas.

La playa de Prasonisi es grande y su arena de buena calidad, sin embargo, es poco frecuentada por los adoradores del sol;
Practicando windsurfing
Escuela de windsurf en la playa de Prasonisi
éstos prefieren las calas más recónditas e íntimas al oeste de Prasonisi, mejor resguardadas del fuerte viento.
Los que sí la disfrutan a tope son los amantes del wind y kitesurfing. En el sur de la playa aprenden los principiantes y en la del norte los veteranos navegan a velocidades de vértigo.
Aparentemente, el windsurfing no parece demasiado complicado ya que tras unos vacilantes comienzos, casi todos se las arreglan para navegar al de pocos minutos de tomar contacto con la tabla, aunque siempre hay alguno al que se le atraganta. Hay que alabar la fuerza de voluntad de algunos, como la de un señor muy mayor con cara de popeye: lleva las rodillas desolladas y un rasponazo en el antebrazo pero él sigue erre que erre; aparentemente su peso es liviano para el paracaídas que gasta y no encuentra forma de frenarlo. Varias veces tienen que lanzar la panga para recogerle a cientos de metros de la orilla.
Seguimos hasta Monolithos y pasamos la tarde en una cala cercana a Agios Georgios.
Por la noche, regresamos a Pefkos atajando por Apolacia-Vati-Genadio.

20 de julio, domingo. Rodas.

Disfrutamos de otra maravillosa mañana leyendo tirados en la playa de Charaki, de guijarros, desde aquí se ven las ruinas del castillo de Feraklos, utilizado por los piratas antes de la llegada de los Caballeros de San Juan.
Comemos en Konstantin, en el pueblo de Kalathos: unas chuletillas de cordero, berenjenas y calabacín a la parrilla y de postre panacotta (parecido a flan) .
Volvemos al hotel a descansar ya que hoy no sopla brisa y el día se hace "duro".

21 de julio, lunes. Rodas.

Salimos un poco tarde del hotel y ponemos rumbo a Epta Piges o siete riachuelos. Siete... igual son una exageración, quizá en invierno, cuando llueva... Ahora, en verano, parece que con uno basta. El lugar dispone de senderos entre pinares que harán la delicia de los andarines. Una posibilidad de diversión la ofrece un túnel muy estrecho que hace de cauce de un riachuelo. Pero, ¡atención!: es muy angosto y sólo cabe una persona, por tanto, tiene un único sentido de circulación, por eso, cuidado con cruzarlo descalzo y dejar los zapatos a la entrada porque no se puede regresar por el túnel sino por los senderos de tierra y piedras del parque.
El túnel tampoco es buen lugar para los miedosos como yo que, mientras lo cruzaba no hacía más que imaginar que es un magnífico escondite para ratas y culebras. El túnel es más largo y oscuro de lo que uno espera, pero es una experiencia divertida... y refrescante. Eso sí, que nadie piense encontrar el paisaje idílico del folleto de promoción de Epta Piges, en realidad, la presa que retiene el agua apenas cubre metro y medio, flotan algunas latas y botellas y lo peor es que el fondo es puro barro, como mucho, te puedes refrescar los pies con el agua que sale del propio túnel, bien fresquita y cristalina.
Si se sigue la corriente del riachuelo encauzado aguas abajo de la presa os encontraréis con otro túnel más corto pero donde el agua te cubre hasta la rodilla, hasta aquí llegamos, el resto lo dejamos para los más aventureros. El riachuelo contiene vida: renacuajos, ranas, carramarros de río, zapateros y pececillos Gizanis.
Langostas y santiaguiños
Langostas y santiaguiños en un restaurante de Skala Kamirou

Nos acercamos hasta las bodegas Emery, a las afueras de Embonas, para degustar sus famosos vinos blancos y visitamos también unas bódegas subterráneas en el centro del pueblo.
Para comer, nos arrimamos a la costa y en Skala Kamirou nos zampamos unos salmonetes; nos hubiera gustado más hincar el diente alguno de los santiaguiños (85 €/kg) que ves en el vivero de la foto, pero el presupuesto no alcanza.
Escogemos el hotel Ocean View como alojamiento para esta noche, cerca de Kamiros
Al atardecer, conducimos hasta la ciudadela de Rodas capital para cenar en el restaurante Melathron, en un palacio restaurado de la calle Sócrates; recomendable, distinguido y de precio muy ajustado.

22 de julio, martes. Samos.

Siempre es agradable sentir en la piel los primeros rayos de sol de la mañana, así que nos levantamos temprano para pasear por la larga playa de guijarros próxima al hotel y disfrutar lo más posible de nuestra estancia en Rodas; en pocas horas volaremos hacia otra isla.
Aterrizamos a las 12:30 en Samos con una hora de retraso por algún motivo que nadie explica. En el aparcamiento del aeropuerto, una representante de Union Car nos entrega un Hyundai Atos, de categoría superior a la pactada, y ponemos rumbo a Pytagorio, en busca de alojamiento. Tras visitar dos o tres hoteles nos quedamos en el Naftilos, inaugurado en el 2006.
Pytagorio es el principal centro turístico de la isla pero no imagines aglomeraciones; básicamente, se compone de una calle principal de menos de cien metros donde se concentran todos las tiendas para turistas, ya sabes: alquiler de coches, pequeños supermercados, heladerías, butiques de ropa, etc, y de un paseo marítimo, repleto de restaurantes, que a la hora de comer están casi llenos. Nosotros nos decantamos por el Remataki, al lado de la playa del mismo nombre, al final del paseo.
Luego, nos tiramos toda la tarde en la playa de Pytagorio, "con la mirada pérdida en el encuentro entre cielo y mar, sintiendo la tierra rodar", como decía el poeta Vinicius de Moraes en Tarde en Itapoa, con la ventaja que aquí el agua es mucho más limpia que en la playa de Itapoa.

23 de julio, miércoles. Samos.

Son las 9 y nos plantamos los primeros a la entrada de las ruinas del templo de Hera, antes que lleguen los autobuses con turistas desde todos los rincones de la isla.
La diosa Hera, esposa de Zeus, nació en Samos y ya era adorada por los primeros habitantes de la isla. Este templo fue reconstruido en tiempos del tirano Polícrates (siglo VI a.C.) y aunque nunca se terminó -no se ha encontrado ni rastro de la techumbre- sabemos que sus dimensiones eran colosales, el mayor de toda Grecia. Aún queda media columna en pie que, por cierto, fue usada por los soldados de Napoleón como tiro al blanco.
En este templo se rendía culto a la diosa Hera, se han encontrado muchos huesos de vacas, ovejas, cabras y cerdos junto a restos de cenizas y pinchos de hierro. Las patas, cabezas y visceras eran quemadas en honor a la diosa y el resto se consumía en una alegre fiesta que se celebraba durante el verano, entonces trasladaban la estatua de Hera desde el templo al mar, se lavaba, se le cambiaba el vestido y se le ofrecía
Estatua de Pitágoras
Estatua de Pitágoras en el paseo marítimo de Pytagorio
sabrosos pastelillos típicos de estas fechas. Este tipo de fiestas se prolongaban hasta bien entrada la noche ya que se han encontrado muchos restos de lámparas.
Regresamos a Pytagorio para visitar el túnel Efpalinion, en realidad, un acueducto que ya suministraba agua a Samos en el 524 a.C. Quince años de trabajo costó excavar este túnel y los dos equipos coincidieron con una diferencia de apenas unos centímetros.
Nos acercamos también hasta el Monasterio de Panagia Spiliani, donde la sacerdotisa Filo pronunciaba sus oráculos.
Tras la dura mañana se impone un poco de relax; en la piscina se está de maravilla, leemos, y de vez en cuando, nos remojamos haciendo unos largos. Por la noche paseamos por el muelle; las mesas de los restaurantes llegan hasta el borde del agua, sobre la playa de guijarros. Por cierto, en el muelle hay una estatua en homenaje a Pitágoras (siglo V a.C.), cuyo discípulo Hipaso de Metaponto demostró el famoso teorema. Pitágoras era de Samos, al igual que el primer hombre en afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol: el astrónomo Aristarco, en el siglo III a.C.

24 de julio, jueves. Samos.

Kouros
Kouros: estatua de varón jóven del período arcaico griego (650-500 a.C.)
Visitamos el museo arqueológico de Mytiline, que contiene restos del santuario de Hera. Aquí se guardan muchas ofrendas, en algunas se ha encontrado el nombre del donante y ha quedado claro, por el valor de los objetos, que el período de mayor esplendor se dió entre los siglos VII y VI a.C.
Veamos que dicen los cartelitos del museo sobre el imponente kouro de la foto: "El muslo izquierdo de esta colosal estatua de mármol - la mayor de Grecia - se encontró en 1973, el torso en 1982 y la cara en 1984; el antebrazo izquierdo se uso como peldaño de una cisterna romana. Su influencia oriental es palpable en su torso. El análisis de los restos indica que estaba pintada en color ocre y otros detalles, como el pelo, los labios, el vello púbico o los ojos, pintados en otros colores. Aún no se sabe bien cual es el significado de esta estatua, algunos dicen que puede representar algún heroe mítico ya que los aristócratas griegos remontaban sus orígenes a dioses o héroes semidivinos y éste bien podría ser uno de ellos.
El culto a Hera se prolongó hasta el siglo IV d.C."
Callejeamos por las laberínticas callejuelas empinadas del barrio de Bati, a la entrada de Samos.
Playa de Psili Ammos
El viento sopla fuerte en la playa de arena de Psili Ammos
En la iglesia, los feligreses besan con autentico fervor una figurilla de madera que representa la Madre del Hijo de Dios. Esta costumbre conlleva un grave peligro de contagio de virus, pero en fin...
Después de comer en Samos capital nos acercamos hasta la playa de arena de Psilis Amos, desde aquí se ve de maravilla la costa turca, de hecho sólo nos separan 3 Km.
Esta playa es de arena y cuando sopla el viento como hoy, echas de menos las de guijarros. Y si crees que exagero, mira a estos dos de la fotografía que se han subido la toalla al tamarisco para evitar las proyecciones de arena que no te dejan tranquilo. El viento es tan intenso que sujetamos las toallas con piedras.

25 de julio, viernes. Samos.

Dejamos el hotel Naftilos temprano y ponemos rumbo al norte, con la idea de alojarnos en algún lugar del norte de la isla. Pasamos de largo por las playas de Kokkari y Lemonakia, bastante atractivas estéticamente aunque llenas de tumbonas, incluida Tsamadou, la única oficialmente nudista en toda la isla.
Agios Konstantinos es justo lo que buscábamos: es un pequeño pueblo costero con instalaciones turísticas incipientes; de esos que cuando pasas ante un grupito de lugareños sentados en la terraza de un bar te miran de arriba abajo. Cuenta con unos pocos restaurantes frecuentados mayormente por locales y dos playitas de cantos rodados, tamaño huevo de avestruz, algo incómodas. Sólo veo dos hoteles y un camping. Mi intuición me lleva al hotel Iro; al traspasar la puerta dudo
Hermoso calabacín en Manolates
Hermoso calabacín en Manolates
de que se trate realmente de un hotel, más parece una casa particular; nadie aguarda en recepción, de hecho, el mostrador está repleto de tapetes bordados y tiestos con flores que harían imposible ver la cara del recepcionista en caso de existir. Está regido por la familia Karageorgiou, cuyo cabeza de familia chapurrea un poco de inglés. Para nuestro asombro, estallan de júbilo cuando les aseguramos que nos quedamos. Tras dejar nuestras maletas en la habitación, buscamos urgentemente una playa donde pasar la mañana y disfrutar de las aguas cristalinas de esta parte de la isla. La playa de guijarros de Agios Nikolaos parece perfecta: más de doscientos metros de playa a repartir entre cinco personas y ni una sola tumbona, ¡esto es vida!
Por la tarde subimos a Manolates, un pueblo pintoresco, lleno de artistas que venden sus creaciones en cerámica o pinturas y donde te espera una sorpresa en cada esquina. Manolates es un magnífico lugar para escritores o artistas que se quieran aislar en busca de inspiración. Sus coloridas casas, calles empedradas y multitud de detalles “creativos”, como este calabacín que asoma sobre un barandal, hacen que la visita resulte entretenida. Al atardecer, las vistas desde el Belvedere son fantásticas.
Cenamos en la taberna más concurrida de San Constantino, sobre los guijarros de la playa, bajo un cielo estrellado y el suave sonajero de las piedras mecidas por las olas. Y para cenar: ensalada griega, sardinas asadas sobre ascuas y la típica bebida local: ouzo rebajado con agua. Volvemos a nuestro hotel paseando tranquilamente...

26 de julio, sábado. Samos.

Otra luminosa mañana tirados en la playa de San Nicolás, leyendo, remojándonos de vez en cuando,
Pulpos secándose al sol
Pulpos secándose al sol en la playa de San Constantino
observando la escasa fauna marina con el tubo, en fin, lo que se dice, cargando las pilas.
Luego, nos acercamos hasta Agios Konstantinos, a comer uno de esos pulpos que ves colgados al sol, a la brasa.
Mientras descansamos en la piscina del hotel, observamos que una pareja llega y sube a su habitación, cuyo balcón da a la piscina. La puerta está abierta y la cortina ondula en el umbral. Al de poco tiempo se oyen unos jadeos... tremendos. Lo oigo y no lo creo; los jadeos, -de ella-, son exagerados, parecen amplificados por algún megáfono escondido. Mi mujer y yo nos miramos, ¿oyes lo que yo o estoy soñando? Los dueños del hotel que charlan con unos amigos alrededor de una mesa también se miran como asustados. Es como un coito radiado de una pareja muy, muy extrovertida. Semejante volumen de jadeos plantean la duda: ¿no será fingido? Según parece, la traca final no se produce así que presumo que ella no llegó al orgasmo... Él seguro que sí, claro, es sabido que estos jadeos nos excitan sobremanera.
Al atarceder nos acercamos hasta Mitilene, la capital de Samos, para ver el ambiente, que resulta más bien anodino y el olor a cloaca que despiden las aguas del puerto te invitan a escapar de allí cuanto antes.
A la vuelta, nos encontramos con Kokkári en fiestas, La verdad es que estas fiestas que arman los griegos son modélicas, muy familiares. Se visten toda la familia con la ropa de domingo, se sientan en la plaza del pueblo a tomar unos pinchos morunos y los más atrevidos salen a bailar. Esta fiesta, a diferencia de la que vimos en Paradisi, cuenta con grupo musical bastante solvente que alarga las canciones en función de la aceptación de cada una. Son canciones netamente griegas, nada de éxitos comerciales internacionales, de hecho, en las emisoras que sintonizamos en el coche apenas se escucha algo que no suene a folclore griego. La forma de alargar las sílabas del cantante me recuerda enormemente a Jaume Sisa, del que soy un incondicional admirador.

27 de julio, domingo. Samos.

Vistas de Campos desde el Sunflower
Vista desde nuestro alojamiento en Campos
Dejamos el hotel Iro y ponemos rumbo al suroeste; nuestra meta es Campos, un pueblo que se diría, vive exclusivamente del turismo. La larga playa de Campos es una mezcla de arena y guijarros y el pueblo carece de toda personalidad, sin aceras, con todas las tiendas y restaurantes desperdigados a lo largo de la carretera que discurre paralela al mar. Nos quedamos en el primer apartamento que visitamos: el Sunflower, con piscina, vistas al mar, aire acondicionado, nevera ... y todo por 40€ al día, ¡menudo chollo!
Como nos gustan las playas más recogidas, echamos un vistazo y enseguida divisamos una atractiva cala a unos dos kilómetros, en dirección al cabo de San Doménico. La cala resulta de fácil acceso con el coche aunque no está señalizada. En realidad, es la desembocadura de una escorrentía ahora seca. Al lado, andan construyendo un edificio muy aparente, probablemente un restaurante. Pasamos la tarde con la única compañía de un matrimonio de holandeses y sus hijos.

28 de julio, lunes. Samos.

Otro día de relax total: piscina y un poco de lectura ligera (El grito de la lechuza de Patricia Highsmith). Al mediodía nos acercamos a Cleopatra a comer y pedimos taramosaláta y madiraki. La taramosalata es una crema de color rosa hecha de huevas de pescado y migas de pan y los madiraki son peces pequeños fritos, no confundir madiraki con gavros, éstos últimos son más grandes y menos sabrosos.
Al atardecer, cuando el sol remite y la brisa toma el relevo visitamos Ormo Maratocampo, mucho menos turístico y más auténtico que Campos.

29 de julio, martes. Lesbos.

Salimos de Campos temprano y llegamos a Pytagorio con tiempo suficiente para tomar el avión a Lesbos. A las 13:00 aterrizamos en Lesbos, la isla de la poetisa Safo o Décima Musa. Safó nació hace 2600 años y pertenecía a la oligarquía de Lesbos ya que su padre era un rico empresario comerciante de vinos. Conspiró para asesinar al tirano Pítaco y fue desterrada seis años en Siracusa, Sicilia. Cuando regresó a Lesbos fundó una academia para mujeres donde enseñaba literatura, canto y danza. Algunas se convirtieron en sus amantes y les dedicó unos poemas lírico-eróticos que han quedado como modelo para poetas posteriores. También tuvo amantes masculinos, era natural en aquella época no hacer distingos. Sin embargo, las generaciones posteriores no toleraron bien tanto amor por sus alumnas y en el 1073 d.C., el Papa católico Gregorio VII, ordenó quemar todos sus poemas.
Algunos habitantes de Lesbos han puesto un pleito contra la asociación nacional de gays y lesbianas que, según ellos, se han apropiado de vocablos como “lésbico” o “lesbiano” para utilizarlos en relación con mujeres homosexuales. Eso supone, según ellos, una afrenta a la isla y a sus mujeres. La verdad que todo huele a montaje barato para promocionar la isla, o al menos, para que se hable un poco de ella. Mejor jugada sería promocionar la isla como centro turístico para lesbianas; lo tendrían chupado.
Sólo dos parejas nos bajamos del pequeño avión de hélices en Lesbos.
Tras recoger un pequeño coche de alquiler en el aeropuerto, nos vamos directos a Baria para visitar el museo Teriade, donde se exponen obras del pintor Theophilos Hatzimichael, quien nació en este mismo barrio en 1873, fue un hombre soñador, bajito, alopécico y enfermizo que murió por envenenamiento a los 61 años, desconocido, pobre y en soledad. Su arte sólo fue reconocido después de muerto; en vida, llegó a cambiar un cuadro por un plato de comida. Cuando contaba 55 años, tomó como residencia el tronco de un gran árbol en el pueblo de Karini, cerca de Agiassos; el árbol todavía está allí y se puede visitar. Sus pinturas describen escenas de la historia, mitología y vida diaria en Grecia y su trazo es primitivo, expresivo y lleno de colorido, algunas obras te recordarán a Matisse (1869-1954). Según dicen, sus trabajos se cotizan ahora en cifras astronómicas aunque visto el estado del propio museo, nadie lo diría.
Ahora ponemos rumbo a Molivos, en el norte de la isla. Tras varios intentos infructuosos, por las carreteras del interior, concluimos que la mejor manera de llegar a Molivos es por la costa, al menos, hay carteles que señalan los pueblos y además, en caracteres latinos. A pesar de las señales engañosas, los conductores suicidas y la fauna que cruza la carretera sin avisar, logramos llegar intactos a nuestro destino.
Molivos
Atardecer en Molivos
Los alojamientos de todo tipo y precio abundan; tras visitar una domatia, que nos ofrece un lugareño, y varios hoteles, nos quedamos con el Delfinia, a las afueras de Molivos.
Molivos es un pueblo de pasado medieval con estrechas, empinadas y laberínticas callejuelas, poco apto para el tráfico rodado. ¿Y qué tiene de particular este pueblo? Bueno...Molivos fue declarada ciudad protegida en 1965 y desde entonces la han restaurado de cabo a rabo y han dejado una ciudad muy pintoresca y con mucho encanto.
Al atardecer sorprendemos en la terraza a nuestra vecina de habitación en la clásica postura de loto, quizá sea una de las asistentes a las clases de yoga que se imparten en Eftalou, un pequeño pueblo costero a 4 Km. de Molivos.

30 de julio, miércoles. Lesbos.

Durante el desayuno, descubro una capacidad de mi mujer que hasta ahora me había pasado inadvertida: mata avispas con facilidad pasmosa, con la servilleta, con el vaso o lo que tenga más a mano, van cayendo en cantidades para mi, preocupantes. ¿No dicen que éstas se comunican estre sí? A ver si se va a chivar alguna y nos ataca el resto de la tribu al completo.
Procuramos visitar Molivos pronto, antes de que el sol golpee con fuerza. Desde el Castillo genovés se escucha la misa que se celebra en la iglesia gracias a un sistema de altavoces distribuido por todo el pueblo.
El caserio donde se alberga la Escuela de las Buenas Artes data de 1833, ha sido restaurado y perteneció a una familia turca adinerada; las habitaciones disponen de unos curiosos agujeros encima de las puertas para facilitar la ventilación. Según el guía de la escuela, los turcos estuvieron 400 años gobernando en la isla y las clases pudientes griegas se vestían como ellos y adoptaron sus costumbres para mantenerse cercanos al poder.
Otras cosas curiosas que nos cuenta: el símbolo de la paz y de la prosperidad es la paloma con una hoja de granado. El símbolo de la iglesia cristiana es el ángel de seis alas. El primer día del año se tira una granada al suelo para atraer la buena suerte. También se suelen tener granados en el jardín para atraer a la buena suerte.
A pesar del calor se pasea bien por la empinadas callejuelas de Molivos, han preparado un entramado de tubos metálicos de pared a pared donde trepan las glosinias, parras y buganvillas ofreciendo una sombra que hace posible caminar en plena canícula estival.

31 de julio, jueves. Lesbos.

Dejamos Molivos y hacemos una paradita en Petra para ver la Iglesia de los Besos Dulces, la leyenda cuenta que un pescador perdió su icono favorito de la Virgen María que llevaba siempre en el cuello a todas partes. Cuando ya lo había dado por perdido, pasó lo inesperado: un día, estaba pescando en el mar y observó una suave luz verde encima de la roca y cuando subió, encontró su apreciado icono. Tras este milagro se construyó en 1747 la mencionada iglesia de los Besos Dulces. Dentro de la iglesia se encuentra un icono de plata de la Virgen María rodeado por las típicas plegarias de gente con graves problemas de salud que vive esperando un milagro. El 15 de agosto es la fiesta de Petra, así que si andas por aquí, no dejes de visitarles.
Árbol petrificado
Árbol del bosque petrificado de Lesbos
Seguimos hacia el bosque petrificado de la parte oeste de la isla, el mayor del mundo. Esta zona de Lesbos es puro desierto, sólo crecen matojos espinosos, al contrario que hace 15 o 20 millones de años, cuando el clima era bien diferente ya que los fósiles encontrados se dan actualmente en áreas tropicales o subtropicales de Asia y América. ¿Y qué es un bosque petrificado o fosilizado? Pues son árboles que se han convertido en piedra, y para ello, se tienen que dar ciertas condiciones: la primera es evitar el contacto con el oxígeno, esto se produce al quedar enterrados por la ceniza y lava de las erupciones volcánicas. Después, las moléculas de sílice arrastradas por el agua reemplazan las moléculas de madera una por una, convirtiendo la madera en piedra. En este bosque petrificado se ha encontrado fósiles de árboles precursores de las modernas sequoias, que crecen ahora mismo en California y Oregón.
Hemos pasado tanto calor en el Bosque que entramos en la primera taberna que pillamos abierta en Sigri para beber algo y de paso, pedimos unos calamares y un vegetal silvestre llamado Horta que se recoge en las montañas y es muy parecido a las espinacas. Como atracciones, Sigri cuenta con un fuerte turco que se construyó durante la ocupación otomana y por supuesto, el museo del bosque petrificado, gracias a él recalan los pocos turistas que aparecemos por aquí.
Por la tarde somos los únicos disfrutadores de la piscina del hotel Vision, hasta que llegan cuatro mozalbetes del pueblo en estado algo salvaje que se dedican durante media hora a imitar a nuestros ancestros, salpicando y haciendo el mayor ruido posible. Cuando el propietario se da cuenta les reconviene y abandonan sus jueguecitos.

1 de agosto, viernes. Lesbos.

Conducir por las viradas carreteras es divertido y el paisaje interesante, excepto al aproximarse a poblaciones como Calloni, el mayor caos de tráfico hasta la fecha, ¡hasta un señor para el coche en el mismísimo centro del pueblo, se pone a hablar con su móvil justo enfrente del coche de la policía de tráfico!. Lo dicho: un caos.
Llegamos a las 13:00 a Vatera y nos alojamos en el hotel Irini, a pie de playa, aunque preferimos la piscina cuando sopla el viento, como en esta ocasión.
En el pueblo hay poco que ver, carece de personalidad; sólo unas pocas casas y restaurantes dispersos a lo largo de la carretera que discurre paralela a una playa abierta, mezcla de arena y guijarros. Es zona de turismo griego. La policía nos para por la noche en un control para pedir nuestros carnés. Regresamos a nuestro hotel donde hay mejor ambiente.

2 de agosto, sábado. Lesbos.

Es nuestro último día en las islas y el tiempo es similar a los 18 anteriores; fácil trabajo para el hombre del tiempo.
Nos acercamos hasta las fuentes termales de Polychnitos. Las instalaciones son muy sencillas. El agua sale a 42º C y en el río por encima de las aguas termales verás infinidad de tortugas, muy fáciles de observar porque el riachuelo apenas cubre un palmo.
Para matar el tiempo paseamos por las calles de Mitilene, donde no hay mucho que ver, salvo el museo bizantino (cierran a las 13:00) y unos pocos yates de acaudalados millonarios y varias fragatas del ejército, que más bien parecen piezas de un museo. Eso sí, según mi mujer, los marineros de guardia con pantalones cortos blancos y botas de militar están muy graciosos.
Aterrizamos a las 22:30 en el aeropuerto de Tesalónica para pasar la noche en el hotel Athina Palace. Una buseta del hotel nos recoge y nos traslada al hotel. A pesar de que la web del hotel anuncia que el restaurante The Oak Tree sirve hasta la 1.00 a.m., hoy lo cierran a las 23:00 y nos quedamos sin cenar.

3 de agosto, domingo

La buseta del hotel no funciona en domingo y el desayuno empieza a las 7:30, así que sin desayunar tomamos un taxi que nos acerca al aeropuerto.
Afortunadamente, la huelga de Lufthansa terminó ayer mismo y no nos vemos afectados por retrasos. En Stuttgart llueve y se han formado charcos en el suelo, las nubes llevan mucha agua.
Llegamos puntualmente a España.

Para los interesados en el tema de los precios y otros detalles del viaje:

Vuelos:
Todos los vuelos fueron reservados por Internet y los precios incluyen impuestos y comisiones:
Bilbao - Tesalónica - Bilbao con Lufthansa: 445,5 €.
    Ida: Bilbao-Munchen, LH2059 (7:40-9:40) y Munchen-Tesalónica, LH5930 (10:20-13:35)
    Vuelta: Tesalónica-Stuttgart, LH5935 (8:40-10:15) y Stuttgart-Bilbao, LH4568 (12:35-14:35)
Tesalónica - Rodas: Aegean Airlines. A3720 (10:50-12:05): 129 €
Rodas - Samos: Olympic Airways. OA081 (10:30-11:15). 41 €
Samos - Lesbos: Olympic Airways. OA181 (11:45-13:10) 41 €
Lesbos - Tesalónica: Aegean Airlines. A3717 (21:30-22:25) 101 €
Importe total de los vuelos: 757,5 €.

Alojamientos (precio por habitación doble y noche):
En Grecia hay abundante alojamiento, da igual que lo reserves con antelación que no, jamás pasarás la noche al raso.
En Tesalónica: a la ida, en el hotel Le Palace. 96 € con desayuno.
En Tesalónica: a la vuelta, al lado del aeropuerto: hotel Athina Palace. 78 € con desayuno.
En Rodas capital: hotel Domus Rodos. Situado en la ciudad vieja. Habitaciones incómodas pero bien situado. 60 € sin desayuno.
En Rodas: en Pefkos, hotel Ziakis. 60 € sin desayuno.
En Rodas: en Kamiros, hotel Ocean View. 46 € sin desayuno.
En Samos: en Agios Konstantinos, hotel Iro, el de los jadeos, un favorito. 45 € sin desayuno + 5 € por el aire acondicionado.
En Samos:en Pitagorio, el hotel Naftilos. 90 € con desayuno.
En Samos:en Campos, el Sunflower. 40 € sin desayuno.
En Lesbos: en Molivos, el hotel Delfinia. 80 € con desayuno.
En Lesbos: en Sigri, el hotel Vision 60 € con desayuno.
En Lesbos:en Vatera, el hotel Irini. 60 € con desayuno.

Alquiler de coches:
En Rodas: con Economy Car Rentals: 234.97 € seis días.
En Samos: con Economy Car Rentals: 241.4 € siete días.
En Lesbos: con Economy Car Rentals: 214,77 € cuatro días.

Otros precios:
Entrada al Bosque de las Mariposas: 5 € por persona.
Entrada al Palacio del Gran Maestre: 6 € por persona.
Entrada a las tumbas reales de Vergina: 8 € por persona.
Entrada al Bosque Petrificado: 2 € por persona.

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