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Bandera

Viaje a Irán 2001

10 de abril, martes

Irán, hoy por hoy, presenta algunas dificultades para el viajero independiente, así que nos decidimos por un viaje organizado con Catai.
Nuestro guía nos espera en el mostrador de Iran Airlines de Barajas. Atiende por el nombre de Kemali, anda cerca de la jubilación y tiene una estampa impresionante; nunca he visto una raya de los pantalones tan bien hecha y camisas mejor planchadas. Y el caso es que por todo equipaje sólo transporta una bolsa de plástico con asas. Lleva dieciséis años casado con una española, así que habla un perfecto castellano, talmente como si fuera de Valladolid.
En la pantalla del avión proyectan una romántica película iraní en la que la protagonista no se quita el hábito ni para dar vuelta a la tortilla. Las azafatas parigual, como monjitas; muy serias ellas. Según el Islam, los musulmanes deben vestir con modestia, los hombres deben cubrirse, al menos, desde el ombligo hasta las rodillas y en las mujeres, sólo pueden estar visibles la cara y las manos. Esto es muy variable según la rama del Islam que se trate, por ejemplo, en algunos países, las chiíes ismaelitas visten igual que en occidente.
En cinco horas y media nos plantamos en el aeropuerto de Teherán desde Londres. Llegamos a las cuatro de la mañana. Encima nos toca esperar una hora más porque hay que reclamar un equipaje que aún no ha llegado.
El hotel está muy gastado y pide a gritos una renovación.
Vista nocturna de Teherán

11 de abril, miércoles

No hay piedad con el turista de viaje organizado; nos levantan a las 7:30 para ver el museo arqueológico y el museo de cristal y cerámica.
Teherán es más liberal que otras ciudades de Irán, en lo que más se nota, a ojos del turista, es en la forma de vestir de las mujeres: se ven muy pocas con chador, la gran mayoría llevan guardapolvos y pañoleta (hejab) en la cabeza. La diferencia con ciudades más pequeñas es que aquí los colores de las pañoletas son más vivos y las jóvenes más atrevidas se permiten la licencia de vestir ceñidos guardapolvos de colores claros y diseño moderno. Nuestro guía nos sorprende al comentar que hace algunos años se
Tienda con artículos de importación
permitió vestir a las mujeres a la manera occidental y el número de minifaldas que aparecieron por la calle escandalizó a las autoridades religiosas e impusieron de nuevo la decencia del guardapolvos.
La justificación del uso del hejab, o pañoleta islámica, es complejo; como siempre, hay opiniones para todos los gustos: para algunas, es otro símbolo más de opresión y subordinación de la mujer al hombre; otras mujeres ni se cuestionan su uso, lo consideran simplemente una imposición de Alá; hay quien lo concibe como símbolo nacionalista; como tradición cultural; como autoprotección contra el acoso de los hombres; como símbolo de país verdaderamente islámico; otras lo llevan por respeto al Islam; otras para expresar la unidad de las mujeres musulmanas en países occidentales, etc. Lo cierto es que entiendo a los musulmanes cuando argumentan que la sociedad occidental es un caos de inmoralidad. Su sociedad se basa en la estabilidad de la unidad familiar y no se permiten licencias en cuanto a actitudes libertinas o viciosas. Si observas a la gente en la calle, verás grupos de chicos o chicas -nunca grupos mixtos- bien limpios y vestidos -¡qué bien arreglado llevan siempre el pelo de la nuca!-, de aspecto sano y siempre algo serios -imposición del Islam-. No tienen problemas con el alcohol, ya que es de difícil acceso; tampoco es habitual la infidelidad ya que está muy mal visto y se paga cara (hay innumerables asesinatos por honor, donde siempre pagan las mujeres). En definitiva, es una sociedad mucho más sana que la occidental y la mayoría parece estar de acuerdo con esta falta de libertad sexual.
Después de comer unos pinchos morunos, subimos al avión para recorrer los 1000 Km. que nos separan de Kermán. De Kermán hasta Bam nos trasladan en autobús. 200 km de inhóspito paisaje. Las carreteras son rectas interminables que cruzan un monótono desierto. El 80% del tráfico son camiones. La manera de conducir de nuestro chofer es para cerrar los ojos y que sea lo que Alá quiera. Los adelantamientos ponen los pelos de punta al más tranquilo y se suceden uno detrás de otro, en cuanto hay una mínima distancia para realizarlos.
Nos separan sólo 350 km de Pakistán y se nota que el bronceado de la gente es mucho más intenso que en el norte del país.
A lo largo de la carretera sufrimos varios controles, parecen puestos de control de mercancías. En estos controles, el pasaje de los autobuses de línea aprovecha para aliviarse, no hay árboles ni arbustos detrás de los cuales esconderse, así que los hombres se dispersan, se acuclillan y evacuan, ni uno solo mea de pie. Las mujeres se aguantan las ganas.
Llegamos de noche a Bam, donde se producen los mejores dátiles del país. El hotel es moderno y muy nuevo, no se pueden poner pegas a sus instalaciones, pero sí al servicio. Este hotel tiene aspecto de llevar abierto cuatro días, los camareros apenas saben tres palabras en inglés, son lentos y tímidos. La cena es de pura supervivencia.
En el hotel nos hospedamos dos grupos de turistas: los españoles y un grupo de noruegos. El contraste de culturas salta a la vista: en nuestra mesa la gente charla animadamente unos con otros, nos levantamos para buscar a los camareros, casi nos metemos en la cocina cuando la cena tarda más de lo esperado, etc. Los noruegos están sentados en una mesa alargada sin hablarse, casi sin mirarse y además separados por asientos vacíos, como si tuvieran miedo a contaminarse con el aliento del prójimo.

12 de abril, jueves

Visitamos la fortaleza de Bam, completamente construida en barro y paja. Toda ella es como un inmenso castillo de arena. La ciudad se fundó en el período sasánida (224-637 a.C.) y lo que queda en pié se construyó durante el período safávida (1502-1722). En su apogeo llegó a tener 13000 habitantes. Bam prosperó gracias a los peregrinos que visitaban el templo de Zoroastro y posteriormente como centro comercial y de avituallamiento de las caravanas de la Ruta de la Seda que llegaban desde China.
Hace mucho calor; hoy llegaremos a los 34º C. Tomamos un té con sandia en un bar dentro de la misma fortaleza. La están reconstruyendo, aunque de poco les va a servir, ya que nadie se imagina que dentro de dos años, en 2003, sufrirán un terremoto que segará la vida de 20000 personas y destruirá por completo la fortaleza.
Fortaleza de Bam antes del terremoto de 2003
Sólo hay unas diez personas trabajando en ella y emplean el barro como material de construcción. Al lado de una montaña de baldosas de barro, encontramos un señor muy mayor en cuclillas con un molde de madera y un cesto con barro. El hombre emplea las manos para alisar el barro, ni tan siquiera tiene una paleta. Kemali, nuestro guía, le pregunta la edad: setenta años. Viva nuestra Seguridad Social.
Montamos de nuevo en el autobús para volver a Kerman. Hay muchos kilómetros de monótono desierto hasta allí. De pronto, sucede lo inesperado. En una suave pero prolongada subida, el autobús dice basta; del escape sale humo negro y lo que es aún peor, de la rejilla interior del aire acondicionado del techo, cae al pasillo del autobús litros y litros de agua negra y caliente. Afortunadamente nadie resulta quemado. Salimos todos fuera. Hay momentos de confusión. Nadie sabe lo que ha pasado realmente. El chofer dice que una biela del motor se ha roto, sin embargo, parece que no se dan por vencidos, el conductor y sus dos ayudantes siguen hurgando en el motor. Después de veinte minutos claudican: hay que pedir ayuda. Para colmo, ningún teléfono móvil es de utilidad; no hay cobertura. Mavic, otro de los guías, y el conductor, deciden hacer auto-stop y llegar hasta alguna población donde conseguir otro autobús. Nadie confía en que vuelvan rápido así que me planto en la carretera y detengo un autobús que resulta ser el de los noruegos. Nos recogen y hacemos el viaje hasta Kermán con ellos.
En Kermán entramos en contacto con el primer bazar: el bazar Vakil. Llamamos mucho la atención de la gente, casi tanto como ellos a nosotros. No paran de mirarnos de arriba a bajo, se fijan en todo lo que llevamos, en los zapatos, en la ropa, en los sombreros, no se pierden detalle, mucha gente se vuelve a mirarnos después de cruzarse con nosotros.
Las tiendas del bazar nos sorprenden por su exotismo. Venden pistachos por doquier, preparados de formas distintas. Nos fijamos en el azúcar refinado, que se vende en forma de supositorios gigantescos, en los dulces, en los trozos de azúcar caramelizados y en mil pequeños detalles que definen su cultura.
Afortunadamente, un nuevo autobús está a nuestra disposición a la hora prevista.

13 de abril, viernes

Muchos kilómetros para llegar a Yazd. La gente se está alterando por momentos, yo creo que tanto tiempo de inactividad dentro del autobús les aburre y tienen que inventar algo para mantenerse activos. Y sobre los guías recaen todas las maquinaciones. Ahora alguien salta con que es mejor comer cualquier cosilla para no perder tanto tiempo con las comidas, esto parece un motín, Kemali está de los nervios, le noto un ligero tic en la boca, cada vez me recuerda más al jefe del inspector Clouseau en la película "La pantera rosa". A veces pienso que sólo nos falta darles un puntapié en el trasero y hacernos con el control del autobús. Después nos asesinaríamos los unos a los otros porque cada uno quiere hacer una cosa diferente y tiene opiniones diferentes sobre cada decisión a tomar. La verdad es que los guías dan lástima, a su mala organización y escasa capacidad de decisión se une el implacable marcaje de algunos de los viajeros, que no desaprovechan ocasión para machacarlos a la menor oportunidad.
Mavic, nuestro segundo guía, nos explica a duras penas el funcionamiento de los Qanats, un curioso y antiguo sistema de pozos y túneles destinados a canalizar el agua subterránea para riego. El sistema data del 800 a.C. y ahora están extendidos por todo el mundo.
Ahora mismo, Yazd goza de una temperatura media de 20º C, pero en los meses de verano, rondan los 32º C y son frecuentes máximas de 40º C. Para refrescar las casas han inventado las torres de viento o badgirs. Consisten en un conducto a modo de chimenea que comunica la sala principal de la casa, caliente, con el extremo final de la chimenea, situado a más altura y, por tanto, menos caliente. Como el aire siempre circula de mayor a menor temperatura, se crea una corriente de aire que aumenta la convección. Si en plena corriente pones un estanque con agua, miel sobre hojuelas.
Barrio antiguo de Yazd y torre de viento
Visitamos la Mezquita del Viernes que alardea de su minaretes, los más altos de Irán. Los minaretes, en su origen, servían como torres de luz para guiar a la gente tanto de día como de noche. El más antiguo data del siglo VII y eran de barro, en el siglo IX ya se construían de ladrillo. Los musulmanes los aprovecharon para que el muecín subierá a los tejados más altos para llamar a la oración, luego lo hiceron desde los propios minaretes y actualmente se utilizan para poner los altavoces que llaman a la oración.
Comemos en unos antiguos baños. La sopa de lentejas o gushte kubideh está soberbia. Un clásico.
Vemos la Mezquita de Yomeh y el Templo de Zoroastro, donde un altar guarda el fuego sagrado, cuyas llamas queman sin interrupción desde el siglo V. Mientras estamos sentados en un antepecho, se nos acerca una adolescente muy simpática y con cara de lista que charla con nosotros escasos minutos. En cuanto sus padres se dan cuenta, le recriminan su actitud. ¡Mi hija hablando con infieles y encima... hombres! A lo largo de todo el viaje estas muestras de interés por charlar o fotografiarse con nosotros serán frecuentes, casi siempre protagonizadas por grupos de chicas estudiantes pero sólo en esta ocasión la iniciativa partió de una única chica y como véis su iniciativa fue reprimida rádicalmente por sus padres. Desde el punto de vista de los padres, probablemente piensen que salvaguardan la reputación de su hija y evitan habladurías sobre su comportamiento.
Damos una vuelta por el casco antiguo, causando de nuevo inusitada expectación entre los transeúntes. Tampoco es de extrañar: a mi mujer le ha dado por ponerse un kafkaf marroquí ¡de color azafrán!, cuando aquí visten colores más discretos, como el negro, el azul oscuro o el gris. Os podéis imaginar que no pasa desapercibida. El barrio antiguo es un estrecho laberinto de callejuelas empedradas y casas de color barro. Todas las puertas disponen de dos aldabas: una pequeña para las mujeres y otra más grande para los hombres
En un paso de cebra descubro el primer semáforo con cuenta atrás que he visto en mi vida, no es mala idea, disminuye la ansiedad de la espera en los conductores.
Yazd
Según lo previsto, paramos el autobús al lado de una frutería y compramos unas sandías para comer mañana. A mí esto de comer una frutita en cualquier sitio me parece un poco cutre y además me priva de la experiencia gastronónica, que para mí es tan importante como visitar un bazar, pero que le vamos a hacer, si es la voluntad de la mayoría...
Gracias a Alá, el hotel de esta noche está reformado y es decente. Después de cenar en el hotel, damos un paseo por los alrededores. Debemos tener aún hambre porque volvemos cargados de pasteles de todo tipo.
Al pasar por un puente metálico sobre la carretera recibo el segundo calambre del viaje, el primero fue dentro del museo de Cristal en Teherán, el mal aislamiento de unas bombillas de la decoración nocturna es probablemente el culpable.
El urbanismo de las ciudades de Irán no está nada mal: generalmente, las calles forman anchas avenidas de amplias aceras, hay árboles a ambos lados de las calles y suelen estar plantados dentro de un canal de riego que se activa por la noche.
Lo que no se puede negar es que las ciudades están impecablemente limpias, más que limpiar, no ensucian, el Corán es enemigo de la suciedad. Fíjate: los musulmanes consideran sucio bañarse dentro de una bañera, siempre deben hacerlo con agua corriente.

14 de abril, sábado

Imagínate la situación: todos dentro del autobús sentados esperando a los guías que no aparecen. Ellos mismos nos fijaron ayer las ocho como hora de salida y resulta que se presentan a las ocho y media. Para morirse de risa o para echarles mano al cuello, según el humor que gastes.
Camino de Shiraz nos detenemos al borde de un riachuelo para comernos las sandías. El río me agrada, tendrá 3 m de anchura como mucho, sus aguas bajan cristalinas y recías. Me dicen que hay una piscifactoría de truchas aguas arriba.
Mezquita Shah-e Cheragh en Shiraz
En Shiraz nos alojamos en un hotel de la cadena Homa. Tomamos un taxi y visitamos el bazar y el santuario de Shah-e Cheragh. Mi mujer se tiene que cubrir con un chador negro para entrar. Hay separación entre hombres y mujeres, por supuesto. Dentro... ¡qué fervor religioso! En el interior se encuentra la tumba de Sayyed Mir, el hermano del Imán Reza. La gente guarda silencio y salen de espaldas a la puerta para no dar la ídem a la tumba. Todo el mundo está orando, unos sentados sobre las alfombras con los pies cruzados y con el Corán en la mano y otros de pié, muy concentrados. Una mujer se agarra a la tumba y llora. ¡Qué devoción!
El techo, las paredes y hasta los altavoces están decorados con pequeños trozos de espejos, el caso es que toda la estancia brilla de lo lindo. Pura escenografía para impresionar a los peregrinos. Una vez fuera, en el patio, mi mujer me comenta que en el lado de las mujeres había buen jolgorio, los críos corrían por todas partes y algunas incluso daban el pecho a sus pequeños. Como se sabe, en el Islam hay una segregación de sexos muy acusada, hombres y mujeres ni tan siquiera deben darse la mano, deben sentarse separadamente, etc. El Islam considera el contacto físico entre sexos como prohibido, cuando no son matrimonio, claro, y aún así, sólo en el ámbito privado. Sin embargo, dentro del mismo sexo es aceptable, así que no te extrañes si ves por la calle dos hombretones cogidos de la mano, no son homosexuales; según los digirentes de la actual República Islámica, la homosexualidad no existe en Irán. Claro que, como la juventud es inconformista en todas partes, hemos visto alguna pareja de la mano y hasta dándose dulces besitos en la boca, así que una cosa es la teoría y otra cosa la realidad.
Una de las cosas que más me está gustando de Irán son sus noches, la temperatura se torna más agradable y la humedad es muy baja. Una delicia.

15 de abril, domingo

Día soleado, muy agradable. De camino hacia Persépolis hacemos una parada en Pasagarda para ver la tumba de Ciro el Grande.
Visitamos las ruinas de Persépolis, hogar de los grandes reyes de la dinastía Aqueménida (558-330 a.C.). Persépolis fue fundada por Dario I el Grande en el siglo V a.C, y fue ampliada por su hijo Jerjes y después por Artajerjes. Alejandro Magno la incendió cuando conquistó Persia en el 330 a.C.
Persépolis
El origen del linaje aqueménida se remonta a Ciro II el Grande, el conquistador del mayor imperio de su tiempo, es supuestamente un descendiente del gobernador Hakamani, de ahí viene el nombre dinástico.
A unos 4 km al norte de Persépolis se encuentra la necrópolis aqueménida Naqsh-é Rostam con las tumbas de Dario I, Dario II, Jerjes y Artajerjes I, excavadas en la roca del acantilado. Al lado se encuentra un posible templo de fuego, el cubo de Zoroastro.
Comemos en un restaurante camino de Shiraz, al lado de un gran estanque con carpas rojas. Ya en Shiraz, nos escapamos otra vez al bazar, siempre entretenido, aunque con pocas cosas que realmente nos puedan interesar: miniaturas, cajitas decoradas y poco más. De todas formas, es divertido pasear por las calles laberínticas del bazar.
Por la noche, los guías nos llevan de nuevo al santuario de Shah-e Cheragh.
Antes de volver al hotel les pedimos a los guías que nos dejen en algún restaurante para poder cenar. Nos dejan en una calle principal, donde efectivamente hay varios lugares para cenar, sólo que ninguno coincide con nuestro concepto de restaurante, son diminutos establecimientos de comida rápida donde el plástico es el rey: sillas, mesas, platos y hasta los cubiertos son de plástico. El pollo no es plástico de milagro. Simples comederos, que yo digo.

16 de abril, lunes

Visitamos los mausoleos de los poetas Hafez y Saadi que están rodeadas de bonitos jardines. Ambos poetas nacieron aquí. Hafez es considerado el maestro de la poesía lírica y Saadi es el autor del conocido libro de sonetos Jardín de Rosas. Nuestro guía local nos canta uno de los sonetos escritos en la pared. Nos sorprende la diferencia entre lo corto del soneto escrito y lo larga que hace la canción, será que repite mucho el estribillo. El hombre tiene una bonita voz y se ha ganado una propina.
Comemos lo de siempre -pincho de carne- en un restaurante atestado de turistas, vuelta al Bazar y cogemos el avión hacia la esperada Isfahán, verdadera perla del viaje.
Isfahán es una ciudad más moderna que Yazd o Shiraz, muy parecida a cualquier ciudad europea. Nuestro hotel está situado a tiro de piedra del puente Khaju.
Plaza del Imán en Isfahán
En Irán no se habla árabe sino persa que, aunque la mayor parte de las letras coinciden con el árabe; se pronuncia diferente y tiene reglas gramaticales propias. Es como el español y el inglés; las letras son las mismas pero la pronunciación y la gramática son completamente diferentes.
¿Y qué es lo que mejor define la cultura iraní? Pues yo diría que los fuertes lazos familiares. Lo más importante para un persa es la familia, nada hay más importante que la reputación familiar. ¿El matrimonio? Entre familiares, por supuesto, y no se casan entre hermanos de milagro. Lo más deseado por los padres es el matrimonio entre primos. Durante la dictadura del Sha Reza Pahlevi la edad legal de matrimonio era de 20 y 18 años respectivamente para hombres y mujeres; tras la revolución de 1979 y la instauración de la República Islámica se bajó a los 15 y 13 años.¿Los negocios? La familia es lo primero y se procura colocar siempre a los familiares. Los iraníes ven este favoritismo como un valor positivo, no como una forma de corrupción.¿Y no tienen razón? ¿Hay algo más bonito que una familia unida?
Desde el punto de vista tradicional una sociedad ideal es aquella donde el jefe de familia, padre y marido, sea obedecido, respetado y nunca contradicho por el resto de la familia. Las mujeres estarían confinadas en casa, ocupándose de las tareas domésticas y crianza de los niños. Los hombres trabajando en el exterior, en el campo, la fábrica, el bazar o la oficina. Habría escuelas separadas para niños y niñas, desde primaria. Todo esto aún persiste en la mentalidad tradicional, rural, pero es indudable que gran parte de la clase alta y media de Teherán quiere más libertad. y también, cuando los jóvenes se marchan a estudiar a las ciudades, empiezan a cambiar estas ideas tradicionales por otras más individualistas y sus prácticas religiosas se vuelven más relajadas. El conflicto con sus padres está servido.

17 de abril, martes

Isfahan
La visita a Isfahan resulta placentera, hace calor pero no aprieta y el aire es seco.
Visitamos los Minaretes de Jonbam, dicen que si se agitan desde el interior oscilan apreciablemente y la vibración se transmite al otro. Kemali pide un voluntario para comprobarlo. Me apunto sin pensarlo. El minarete no es muy alto, apenas unos 5 m sobre el último piso, y se sube mediante una escalera helicoidal realmente estrecha, tan estrecha que en vez de subir de pie uno se arrastra sobre los peldaños. Cuando por fin llego arriba sigo las instrucciones de Kemali, me agarro a las columnas que separan las ventanas y muevo mi cuerpo cargando y descargando mi peso sobre la columna. El minarete se mueve, vaya que si se mueve, tanto que impresiona.
El lugar más característico de la ciudad es sin dudas la plaza del Imán donde además se encuentran tres edificios sorprendentes: la Mezquita del Imán, probablemente la más grandiosa del mundo islámico, la mezquita del jeque Loftollah, y el palacio de Ali Qapu.
En los soportales de la plaza hay multitud de tiendas de todo tipo, algunas con recuerdos para turistas, como las que venden miniaturas, otras venden cerámicas, cacharros, zapatos, artículos de cuero, cobre cincelado, marquetería, cajas adornadas con miniaturas, joyas de plata, madera tallada y un sinfín de artículos de adorno. Una de las tiendas que más éxito tiene es una heladería, hay tanta gente que se hace difícil acercarse al mostrador, un dependiente sale cada pocos minutos hasta tres portales más abajo y vuelve con enormes bandejas llenas de helados. El trasiego es incesante.
Otro punto característico de Isfahan es el puente Khaju sobre el río Zayandé, aunque más que río parece un lago de agua estancada.
En muchas ocasiones, mientras caminamos por las calles, la gente joven nos saluda en inglés, se ve que lo aprenden en la escuela, pero son pocos los que se atreven a ir más allá del clásico ¡hullo!

18 de abril, miércoles

Qué chapuza, pues no te fastidia que venimos con un visado para una semana cuando el viaje dura dos. Vaya fallo. Venga, todos a pasar por el fotomatón para unas fotos extra que necesitamos para ampliar el visado.
En una librería enfrente del hotel Abassi trato de comprar algunos cedés con música del país. El dependiente no habla inglés, de pronto, se nos acerca un chaval de unos veinticinco años que se presta a aconsejarnos. Habla un inglés casi perfecto y me ayuda a encontrar la música que quiero. No contento con eso, se ofrece para servirnos de guía en Isfahán. Nos invita a tomar algo en un puesto de refrescos y charlamos con él durante una hora. Nos pregunta por nuestro trabajo, por nuestra religión. Le aclaramos que no seguimos ninguna religión, que tampoco estamos casados, que mi compañera trabaja y encima no tenemos niños porque no queremos. Esta información, a pesar de su juventud, le deja un poco pensativo, descolocado. Demasiadas transgresiones para una mentalidad musulmana. El chaval nos mira y no hace ningún comentario. Nos informa que en lo que va de año se han cerrado diecinueve periódicos, dice que Khatami es un reformista, quiere modernizar el país, pero que los cambios van muy despacio, él no quiere esperar, se marchará a Londres con su novia. Adelante chaval, el riesgo vale la pena. Irán es una dictadura disfrazada de democracia, esto es, se celebran elecciones que siempre ganan los mismos y los derechos humanos brillan por su ausencia. En las leyes iraníes, las mujeres valen la mitad que los hombres: si un coche atropella a una pareja, la familia del hombre recibe como compensación el doble que la de la mujer. Las mujeres necesitan permiso de un hombre para trabajar fuera de casa o para abandonar el país. En las herencias reciben la mitad de lo que reciben los hombres, y suma y sigue...

19 de abril, jueves

Por fin un día libre, aunque no tan libre. A las nueve pasamos todos por comisaría para recoger personalmente los pasaportes con la ampliación del visado. Afortunadamente el trámite es rápido.
Nos vamos de compras. A pocas manzanas de nuestro hotel encontramos una tienda de alfombras persas y armados de paciencia regateamos hasta conseguir una por un precio que nos parece razonable. El vendedor se lamenta de que las alfombras suben de precio cada año, ¿la razón, los artesanos de alfombras escasean cada vez más; es un trabajo que no atrae a los jóvenes a pesar de estar bien pagado. La consecuencia es que cada año se fabrican menos unidades y, claro, su precio aumenta. Los artesanos de más edad tampoco sirven para la confección porque las alfombras de alta densidad de nudos necesitan ser apretadas con fuerza. Cada alfombra siempre es realizada por la misma persona, ya que la fuerza aplicada a cada nudo debe ser similar.
Para los persas, la alfombra es el elemento más importante en la decoración de sus casas; primero escogen las alfombras y después, todo lo demás. Es natural que se descalcen al entrar, el betún de los zapatos suele dañar de manera irreparable su delicado tejido. La limpieza de las alfombras persas, tanto de lana como de seda es muy delicada; el calor y el vapor son nocivos y por supuesto, se debe evitar las tintorerías, que son incapaces de responder ante un corrimiento del color. Tampoco se debe limpiar con aspiradora, sino con cepillo adecuado y a favor del pelo. Lo mejor: dejarlo en manos de especialistas.
Jardín del hotel Abassi
Casi todas las ciudades más importantes de Irán fabrican su propio estilo de alfombra y la variedad es enorme, igual que su calidad. Son muy conocidas las alfombras de Tabriz (las primeras que se exportaron), Nain, Yazd, Teherán e Isfahán (de flores y alta densidad de nudos), etc, pero también son buenas las de Sarab y Meshkin (de rombos); Baluch (alfombra de oración)...
Por la noche paseamos por la plaza del Imán, es festivo y la gente se monta un picnic en cualquier superficie con hierba. Una familia nos hace señas y nos invita a tomar té y dulces con ellos. Parece un matrimonio con sus hijos, padres y quizá algún sobrino. La mujer es muy guapa, de labios carnosos, nariz afilada y grandes ojos negros. La comunicación no es fluida, le cuesta expresarse en inglés, dice que lo aprendió en la escuela, hace ya muchos años. Su marido es ingeniero. Por lo que entendemos, están descontentos con la falta de libertades que ha traído la actual dictadura religiosa, algo habitual entre la clase media y alta de las ciudades más urbanas del país.
Charlamos como podemos sobre las condiciones de vida en Irán. Como gesto de solidaridad con su situación, mi mujer, se quita el pañuelo en plan rebelde y no pasan quince segundos que ya se oyen voces de algún guardián de la revolución llamándole la atención desde lejos.
Después de la revolución del 79, los clérigos han creado un sistema de segregación de sexos que ha quitado poder a la mujer. Los curas las quieren en casa cuidando de los hijos y del marido, y que no se les ocurra pintarse ni sonreír por la calle, está prohibido y pueden ser castigadas con latigazos y cárcel. Los delitos sexuales se castigan con el apedreamiento hasta morir. Ah, y la edad legal para casarse son ¡trece años! Khatami no parece que de signos de cambiar esto, sus reformas se encaminan al terreno económico estrictamente. Está muy lejos de efectuar algún cambio en forma de aumento de libertades. Están prohibidas las publicaciones, la prensa, e incluso las fotocopias.
Cenamos de nuevo en el hotel Abbasi, antiguo caravanserai del periodo safávida reconvertido en hotel de lujo. La cena no es nada del otro mundo, aunque dicen que tiene el mejor restaurante de la ciudad, eso sí, el entorno y la decoración nocturna son llamativos.

20 de abril, viernes

Nos levantamos algo tarde, ¡por fin! Hace un día estupendo y tenemos la mañana libre, así que tomamos un taxi y nos acercamos a la Plaza del Imán con objeto de ver a los iraníes en su salsa, orando en las mezquitas. No hay suerte, no nos dejan entrar, ni en la del Jeque Lotfollah ni en la del Imán. Un discreto sistema de seguridad a la entrada de las mezquitas cachea a los propios iraníes, a los extranjeros les prohíben la entrada. Nos da pena marcharnos de esta plaza, es realmente atractiva, equilibrada en sus formas y dimensiones y desprende una atmósfera de sosiego y tranquilidad que nos ha enganchado, pero el viaje continúa.
En una calle lateral de la plaza nos encontramos con una pareja de nuestro grupo y regresamos con ellos al restaurante. Hemos quedado a las doce para comer. La comida consiste en una sopa de arroz y maíz, otro plato de arroz y uno más pequeño con carne y salsa. O sea, lo de siempre. De postre, helado o té. Los musulmanes comen carne de animales no carnívoros, excepto cerdo, pero siempre deben ser matados de acuerdo al ritual Halal para drenar bien la sangre.
A nosotros la comida iraní nos parece bastante monótona, así que le preguntamos a Fresté que qué le pareció la comida española desde sus experiencia de catorce años viviendo en España, la respuesta es la misma: monótona. Nos queda la duda:¿es una respuesta sincera o la diferencia entre lo que ofrecen los restaurantes y la comida casera que elaboran las amas de casa iraníes es abismal? ¿O es que estos viajes organizados sólo te llevan a comederos?
Hacemos las maletas y de nuevo peregrinamos hacia nuestro próximo objetivo: Mashad.
Mashad, está a 892 km de Teherán. Es la capital de la provincia de Khorasan, al noroeste de Irán. Tiene millón y medio de habitantes y es la segunda ciudad santa más importante del Islam, después de La Meca. La razón es que en ella se encuentra el Santo Sepulcro del martirizado octavo Imán chiíta Reza (la paz esté con él).
A la edad de 51, el tal Reza, fue sorprendentemente escogido por el califa Mamun, musulmán sunita, para ser su sucesor y le dio además a su hija en matrimonio. Esta acción de Mamun, fue bienvenida por la secta chiíta pero enfadó profundamente a los sunitas, con el resultado de violentos enfrentamientos. Después de permanecer en Sanabad, el Califa Mamun y el Imán Reza salieron para Baghdad pero durante el viaje Reza enfermó y murió. Esta repentina muerte trajo sospechas entre los creyentes chiítas, que pensaron que Reza fue envenenado por Mamun para apagar la inquietud política de que un chiíta fuera proclamado califa de una comunidad mayormente sunita.
Sepulcro del Imán Reza
El sepulcro está situado bajo la Cúpula Dorada de uno de los numerosos edificios del complejo Astan-Qods-Razavi. Los minaretes dorados tienen una particularidad: se han construido muy alejados uno del otro con objeto de que la Cúpula Dorada siempre parezca que está situada entre ellos, se mire desde donde se mire. Vamos, un golpe de efecto.
La vista de Mashad desde las ventanillas del avión es impresionante. Llegamos de noche y los 200 kilómetros cuadrados de extensión de la ciudad se nos antojan interminables. Desde el cielo se distingue con nitidez el lugar santo; es fácil, todas las grandes avenidas de la ciudad convergen en él. Está muy iluminado y desde la altura se ve a la muchedumbre como transita por las plazas, no olvidemos que hoy es viernes.
Al salir del aeropuerto, nos llama la atención la cantidad de gente que camina por los márgenes de la carretera. Abunda la gente joven, algunos hacen acrobacias con las motos y otros contemplan el espectáculo. La carretera está atestada de gente y de coches aparcados. Como siempre, aprovechan cualquier zona verde de la autopista para montarse un picnic.
Mientras el autobús se desliza por las grandes avenidas de la ciudad, Kemali de pié, en medio del pasillo, está en su salsa contándonos los siguientes pasos de la aventura: según él, ningún no musulmán puede entrar en los recintos sagrados, además, los controles de seguridad son férreos. Sin embargo, deberíamos aprovechar que llegamos de noche para intentar el asalto al complejo Astan-Qods-Razavi. Misión: llegar hasta el recinto del Santo Sepulcro, lugar prohibidísimo para los no musulmanes. Hace un par de años murieron veintisiete personas en su interior como consecuencia de una bomba. Entraremos desperdigados, a 5 m uno del otro y andando rápido. Como no tenemos pinta de musulmanes, debemos responder "Bosnia" si alguien sospecha de nosotros y se interesa por nuestro país de origen. Por supuesto, no podemos entrar con cámaras.
La cosa está divertida. Pero han cometido un fallo: nuestro flamante guía local ha olvidado traer chadores a las mujeres. Afortunadamente, Fresté ha sido previsora y ha traído tres chadores. Se temía algo de esto. Fresté ha vivido catorce años en Madrid y ahora intenta conseguir trabajo en Irán, está en el viaje para aprender el oficio de guía y verdaderamente nos ha demostrado varias veces que tiene más sentido común que el resto de guías. Seguro que lo hará muy bien.
Dejamos nuestras cosas en el Tara Hotel, que está mucho mejor de lo esperado. Kemali nos había hablado incluso de placas turcas en el baño.
Kemali sigue haciendo de las suyas: nos dice que a las nueve todos en la recepción del hotel para salir hacia el Lugar Santo y él es el último en bajar... a las nueve y media. No tiene remedio, claro que mantener las rayas del pantalón impecables su tiempo le tiene que llevar.
Plaza interior de la mezquita del imán Reza
Astan-Qods-Razavi está a 100 m de nuestro hotel; vamos andando. Tras el rutinario cacheo, accedemos al recinto.
Procedemos según las instrucciones de Kemali. Me parece que le echa mucho teatro, sobre todo en lo de ir separados. Lo cierto es que de primeras, el lugar impresiona y más con la iluminación nocturna. Los azulejos y mosaicos de las paredes son los mejores vistos hasta ahora, claro que también son los más modernos. Seguimos a Kemali a ritmo frenético, separados los unos de los otros, yo voy justo detrás de él, como a cuatro metros. Atravesamos varios patios y dejamos los zapatos en una portería. Seguimos a Kemali como podemos, recorremos las estancias que rodean la plaza central, aquello parece inmenso, interminable. Es como el mausoleo de Shiraz, pero a lo grande. Alguna sala está repleta de espejos. No falta detalle, hasta los altavoces y las salidas del aire acondicionado están decorados con espejitos. Me parece un poco hortera, a veces pienso que sólo falta esas bolas llenas de espejos que hay en las discotecas para que parezca talmente una. ¿cuál será el significado de tanto espejito? Y el personal ora que te ora. Algunos indigentes optan por dormir sobre las alfombras. Llegamos al Santo Sepulcro, aquí hay todavía más gente. No falta la escena del tarado gritando y haciendo aspavientos esperando un milagro que le devuelva la cordura. ¿Realidad, autosugestión, o se trata de un buen actor? Pasamos volando al lado del plateado Sepulcro. Seguimos recorriendo algunas estancias más y recogemos nuestros zapatos. En una plaza esperamos a Kemali, que nos pide que aguardemos unos minutos más mientras vuelve al interior para rezar una oración. Salimos. Las chicas lo tienen más complicado, el guía local no ha traído dupatas o pañuelos grandes, Fresté sí, pero sólo tres, así que entran de tres en tres. Fresté está un poco inquieta porque ya ha pasado tres veces y le pueden reconocer las cacheadoras de la entrada. Sin embargo, todas las chicas entran en el recinto sin ningún problema. Mientras las mujeres visitan el Santo Lugar, al de Elgoibar se le llena la boca con alabanzas, dice que no encuentra palabras para describir lo que acabamos de ver. A la mayoría les ha gustado mucho, a mí también me ha impresionado tanta devoción, está claro que la religión musulmana está viviendo días de gloria y mientras los clérigos controlen la enseñanza y todo lo demás, seguirá fuerte en el futuro.

21 de abril, sábado

Repetimos la visita al Astan-Qods-Razavi, pero esta vez, como visita oficial, a plena luz del día. El responsable de seguridad de la entrada no quiere que entremos solos, quiere que alguien nos vigile para que no visitemos los lugares santos. Tras muchos titubeos, no encuentran quién se pueda hacer cargo de nosotros y dicen que hacen responsable a nuestro guía local. Entramos.
Al no poder acceder a las mezquitas nos queda poco que ver. Visitamos un museo repleto de estudiantes. Hay otros museos más interesantes, pero nos están prohibidos o no están abiertos: el museo Astaane Quds, uno de los más ricos del país, donde hay una colección de alfombras y la primera piedra que cubrió la tumba del Imán. El museo del Corán, con varios manuscritos del Corán muy antiguos, algunos, escritos en kufi sobre piel de ciervo. También está aquí el mayor museo de sellos de Irán.
De camino al Astan-Qods-Razavi
En una de las plazas interiores vemos a gente orando frente a un cuerpo, son los familiares del futuro difunto. La familia trae aquí al moribundo y cuando le ven en las últimas, lo dejan en el suelo y esperan que muera mientras rezan, eso sí, todo muy ordenado: en primer lugar, el difunto, después el sacerdote que dirige las oraciones, detrás de él, los hombres, dispuestos en ordenadas filas y más atrás, las mujeres. Una vez que fenece lo introducen en el ataúd y continúan rezando unos minutos. Dos espectáculos de este tipo se producían en la plaza en nuestra presencia.
Cuando un musulmán muere, se entierra, nunca se le quema, y debe quedar encarado a La Meca. El aniversario de la muerte se conmemora dando limosna a los necesitados.
Se acabaron las visitas, tenemos libre hasta las cinco de la tarde. Seguimos con el grupo, pero lo cierto es que andar por las calle principales de Mashad no resulta agradable, hay mucha gente y cruzarlas, aunque sea por los pasos de cebra, es toda una aventura, hay que estar muy pendiente del tráfico. El guía local nos lleva hasta un punto donde se puede sacar fotos de la cúpula y minaretes de Astan-Qods-Razavi, y... ¡alucinante!, el punto resulta ser una glorieta de tráfico caótico, la cúpula se ve a lo lejos pequeñísima y el personal se pone a posar para las fotos metidos en el tráfico infernal de la rotonda. No pasa nada porque Alá nos protege.
El cuero está muy barato, así que después de comer, un taxi nos acerca hasta una tienda donde se supone que hay prendas de cuero. El taxista suda lo suyo para encontrar el lugar, está lejos del centro, al menos 15 km Parece que aquí es algo muy normal atajar por direcciones prohibidas. Lo cierto es que en cuanto se aleja del centro, el tráfico disminuye en intensidad. La calidad de las prendas no es occidental, el chaval de la tienda nos indica otra dirección con prendas de mejor apariencia. Cuando llegamos aún no han abierto, esperamos en vano, a las cuatro y media, cuando marchamos hacia el hotel, han abierto todas las tiendas de los alrededores, excepto la de piel. Lástima, está tienda tenía buena pinta.
Nos despedimos de Mashad. Realmente ha valido la pena este viaje relámpago al segundo centro de peregrinación de los musulmanes..
Al llegar al aeropuerto de Teherán aún nos espera una sorpresa más: nuestro autobús no aparece. Esperamos más de 45 minutos y nada, nadie da explicaciones. Afortunadamente, a un guía se le ocurre alquilar ¡un autobús de línea! El choteo es grandioso, nos reímos las muelas ante la situación y por lo visto también despertamos la sonrisa y la sorpresa en los empleados del hotel cuando nos ven aparecer en el autobús de línea, conducido a toda velocidad, por cierto

22 de abril, domingo

Kemali hace de las suyas hasta el último momento, el tipo está para que lo jubilen. Después de darnos las tarjetas de embarque, nos ponemos a la cola para entrar en el avión, cuando sólo nos quedan unos pocos metros para que nos controlen la tarjeta de embarque, nos damos cuenta de que todos los demás están en otra fila, no lo entiendo, si ya lo tenemos todo. Salgo de mi fila y les pregunto que qué hacen allí, me responden que les tienen que sellar la tarjeta de embarque, miro mi tarjeta y veo un sello azul en ella. Me dirijo a Kemali, que mira a la fila sin decir ni pío:
-¿Pero qué pasa? ¿Qué hacen los demás en esa fila? Dicen que hay que sellar la tarjeta.
-¿Sellar? ¿Qué sellar ni sellar? Nosotros tenemos todo, la tarjeta está ya sellada.
-¿Entonces? ¿Debemos ir a la otra fila? (A la que yo estaba)
-No, no, esa no es la nuestra, no te pongas ahí.
-¿Y entonces dónde? - pregunto yo, alucinando.
-No sé, ya llamarán.
Perplejo, vuelvo a mi fila y les pregunto a los de la cola si van a Londres, me dicen que sí, claro. Les digo a los demás que vengan, que la tarjeta ya está sellada. Al abandonar más de veinte personas la fila, los demás pasajeros de la fila también les siguen, pero a estos aún no les han sellado la tarjeta, evidentemente. Total, caos y carcajadas hasta el final.
Si ya lo digo yo siempre:¿quieres aventuras y situaciones surrealistas? Apúntate a un viaje organizado, y cuanta más gente mejor. Nunca te defraudan.

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