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Crucero por el Caribe 2005

26 de noviembre, sábado

Aterrizamos en el aeropuerto José Martí de La Habana a las 17:30 en un vuelo chárter de Pullmantur. Entre el pasaje todo es alegría y sonrisas. Hemos dejado Madrid con 0º C y Cuba nos recibe con unos fantásticos 26º C.
Un autobús nos conduce al muelle Sierra Maestra de La Habana Vieja donde fondea el Holiday Dream.
Algunos pasajeros se ríen las muelas al ver las viejas guaguas de línea aparcadas en las cocheras. Sin embargo, a nosotros nos parece que todo está más limpio y cuidado que hace siete años, cuando recorrimos Cuba a nuestro propio riesgo, desde María la Gorda hasta Santiago. Era el final del período especial y pintaban bastos, ahora las líneas de la carretera están pintadas, los arcenes con la hierba bien cortada y en la mediana, los macizos de flores lucen lustrosos y muy cuidados.
Coco taxi de la Habana
Nuestra simpática guía aprovecha para vendernos los paquetes turísticos típicos: visita guiada por La Habana Vieja, noche en el Tropicana o en el Paradís del hotel Nacional o "cualquier cosa que desee, aquí usted ha venido a pasarlo bien, así que no dude en preguntar por cualquier otro servicio, hmmm... digamos, ejem... especial."
Para entrar y salir del buque pasamos un control de pasaportes y rayos X, talmente como en los aeropuertos. Una tarjeta magnética será nuestro salvoconducto para entrar y salir del barco.
Nos instalamos en la 8067 del octavo piso. La habitación dispone de televisión, bañera, nevera, espacio de sobra para dos personas y muchas baldas por todas partes para dejar cosas.
Salimos a patear las calles de la Habana Vieja. Los coco-taxis son una novedad para nosotros aunque estos llamativos triciclos motorizados vienen funcionando desde noviembre de 1988. Tienen un toque muy de república bananera, será por el color. Y fíjate, algunos son conducidos por mujeres- nos dijo la guía del autobús-. El precio es muy asequible para los cubanos, cuatro pesos por los primeros 3 km. y 50 centavos por km. adicional.
A las 8 p.m. comienza nuestro turno de cena, así que regresamos al barco al de poco tiempo. La idea era regresar a La Habana después de cenar pero nuestro ritmo biológico anda por las 2 a.m. y preferimos meternos en el sobre. Estos viajes largos cansan una barbaridad.

27 de noviembre, domingo

Tras el desayuno bufé salimos a redescubrir La Habana Vieja. A las 9:30 ya disfrutamos de unos hermosos 23º C, ¿no es genial?
Un poco más allá de la plaza San Francisco se nos pega un señor mayor con la intención de servirnos de guía. Una chica va con él y se mantiene a distancia, se ve que está aprendiendo el oficio. No estaría mal si realmente tuviera conocimientos, pero el hombre no da mucho de sí. Sabemos por experiencia que todas estas muestras de atención con el turista no son desinteresadas, tarde o temprano nos pedirán platita. Unos esperan simplemente que les des algo por servir de guía, otros no se conforman con tan poco e intentan algún engaño que les arregle la semana. La picaresca es enorme. ¿Un consejo?, cuando te pregunten cuanto tiempo llevas en la isla, diles que dos semanas, por lo menos. De esta manera supondrán que ya has estado expuesto a mil tretas y que te conoces la mayoría de ellas. Así ahuyentas a los tramposos.
Entramos en una iglesia donde se está oficiando una misa, hay muy poca gente. El cura es español.
Fachada del hotel Raquel
El señor que nos acompaña asegura que la religión más popular en Cuba es la santería, una mezcla entre la religión cristiana que trajeron los españoles y ritos africanos.
Las calles están muy limpias y muchos edificios han sido restaurados. Algunas fachadas son espectaculares, como la barroca del hotel Raquel.
Calle abajo se nos arrima una pareja apuesta y bien vestida, él nos pide fuego para su purazo. Hay que descubrirse ante la habilidad que tienen los cubanos para iniciar una conversación, empiezan lamentándose de su situación, maldiciendo al dictador y poco a poco nos confiamos. El hombre está tan concentrado en la conversación que no mira donde pisa y ¡premio! De lleno en la mierda de perro y con los zapatos del domingo.
Ahora, la parejita, nos conduce hasta el mercado donde unos pocos camiones venden mercancía comprada por el estado a los guajiros: ajos, fruta bomba, guayabas, naranjas, puerros, cebollas... El aspecto no es muy boyante, todo muy canijo. Los guajiros tienen que vender toda su producción al estado. Los cubanos no poseen en propiedad ni tan siquiera un huertito para plantar unas lechugas, cebollas y tomates.
Nos invitan a unos dulces de coco recubiertos de caramelo que venden un señor en un soportal, bien buenos, por cierto. Al de poco tiempo, Roberto nos pregunta por nuestras profesiones, por la mía mayormente, la de mi mujer se ve que no le interesa. Pues él, que es promotor de Partagás, ya ves. Como no soy fumador me ha sonado a empresa distribuidora de gas, pero no, el tío me pone un puro en las manos y aclara mis dudas. Nos asegura que él vende unos auténticos Cohíbas a precio de ganga. Alcanza el diminuto bolso de su mujer y me enseña su contenido, está lleno de puros a reventar. ¡Qué no fumo, macho!, y él dale, que si no tengo algún amigo al que le quiera regalar unos buenos cigarros. Pues no, que le voy a hacer, está chungo en España lo del tabaco. El tío cachas mide casi dos metros, pues va y se cuelga el bolsito del hombro y anda tan pichi, creando una estampa de lo más cómica. Lo siento, compay, con los puros no hay negocio.
Titiriteros
La parejita nos conduce ahora hasta un bar chino donde dicen que se rodó la película Buena Vista Social Club. Bebemos unos mojitos (simple agua con limón, azúcar y menta, el ron ni catarlo. Si quieres que caiga algo de ron en el vaso mantente vigilante en la barra hasta que te lo sirvan). Nos cascan 12 €, a 4 por barba, incluida la comisión para nuestros ganchos. Esto es más caro que Nueva York. Echo un vistazo a mi alrededor y ¡tate!, a todos los turistas de las mesas les acompaña un local, los ganchos, fijo.
Ahora queman su último cartucho: con esa forma tan suya de pedir que parece que dan, se lamentan que tienen racionada la leche y que si les podemos comprar algo de leche para su niño. Inmediatamente pensamos en esos paquetes de litro que cuestan cerca de 1 € en España. Bueno, vamos a ver si esta vez dicen la verdad. Nos acercamos hasta la tienda con ellos y el tendero nos planta sobre el mostrador unas bolsas de leche en polvo más antiguas que la guerra de Cuba. ¿Y cuánto dirás que pide por ellas? Pues 35 CUC, o sea, 35 €. Si no tuviera la sospecha de que me quieren timar, hasta cabría la posibilidad de ayudarles pero no, los paquetes tienen muy mala pinta. Huele a timo que apesta. Lo siento, probar con otro primo.
En la avenida José Martí hay una manifestación en recuerdo de 8 médicos que fueron asesinados por los españoles en 1954. Fidel no olvida tan fácil, no. Todavía hay pintadas por todo Cuba recordando la revolución. Lo revolucionario hoy sería dar una patada al dictador Fidel Castro e intentar retomar el curso del mundo. Los participantes son todos escolares adolescentes traídos en decenas de autobuses azules, nuevecitos.
Coche de los años 50 y como nuevo
Damos un paseo por el malecón y luego regresamos por Manuel Céspedes hasta la catedral. De aquí, al buque a cenar. La sopa de piña y coco resulta refrescante, habrá que aprender a cocinarla para el próximo verano.
Fisgamos un poco el barco; bajamos al piso 2 donde se encuentra la piscina interior, el yacusi, la sauna y el centro de musculación. No está mal.
Durante la cena, compartimos mesa con tres parejas más. Los más veteranos han viajado por todo el mundo y nos recomiendan un crucero por el río Amazonas. Tomamos nota. El de Sevilla se vanagloria de la ganga que ha conseguido en La Habana Vieja: una caja entera de Cohíbas por 25 CUC, casi nada, por el precio de un puro en España aquí han comprado veinte. Y él es muy entendido en puros; un puro no debe tener las hojas secas, si no, es como fumar paja, tampoco deben notarse los nervios aunque, bueno, el que se ha fumado sí que se sentía algún nervio entre las hojas, pero bueno...estaba estupendo.
Según el itinerario original, hoy deberíamos haber zarpado hacia Cancún, sin embargo, el huracán Katrina ha devastado la zona, así que nos quedamos en La Habana.

28 de noviembre, lunes

Salimos temprano a patear La Habana. Avanzamos por el malecón camino del hotel Nacional.
Son las 9:45 y nos sorprende ver a los pescadores subidos en el antepecho del malecón, con la caña en la mano derecha y el anzuelo en la izquierda. Nadie moja el cebo. ¿A qué esperan? ¿Esperan a las diez para empezar a pescar?
Piscinas artificiales en el malecón
La bajamar descubre piscinas artificiales excavadas en las rocas. Aunque la temperatura del agua es agradable, nadie se baña, para los lugareños es casi invierno.
Mientras caminamos por el paseo del malecón los colores de las matrículas de los coches llaman mi atención, las amarillas indican coches particulares, azules para los vehículos propiedad del estado, negras para los diplomáticos, naranjas, rojas, etc.
Visitamos el famoso hotel Nacional, punto de referencia obligada para el turismo internacional y la farándula hasta la decada de los 50. Por sus habitaciones ha pasado Cantiflas, Ava Gadner, Churchill, Naomi Campbell, Alexander Fleming, Johnny Weismuller, Robert Plant, Rita Hayworth y muchos otros líderes políticos y artistas. En 1982 lo declararon Patrimonio de la Humanidad.
Enfrente del hotel Habana Libre encontramos una tienda de cedés bien surtida y con precios razonables: La Habana St. Me hago con algo de Juan Formell y los Van Van, José Luis Cortés y NG la Banda, David Calzado y la Charanga Habanera, Yumuri y sus hermanos, etc. Salen a una media de 6 CUC por cedé, una ganga.
Esta zona es muy diferente de la Habana Vieja, hay intenso tráfico, anchas aceras y tiendas, cines, parques, bancos, patios de colegio llenos de escolares y la gente va vestida de lo más normal. El estado de las casas también es bueno, ¡pero si hay hasta semáforos para cruzar la calle!
El aspecto tan destartalado de las casas de la Habana Vieja es debido a que sus inquilinos son ocupas y saben que cuando desaparezca el dictador, sus verdaderos propietarios volverán para reclamarlas, así que no gastan un peso en mejorarlas.
Saboreamos un helado en Coppelia. A los extranjeros nos conducen a una sencilla terraza con mesas de plástico, a muchos metros de distancia de donde se sientan los cubanos. El guarda del parque nos asegura que la calidad del nuestro es mucho mejor, también el precio es especial. 3 CUC por un helado de dos bolas en una copa y de una calidad del montón nos parece abusivo, pero ya se sabe, el tema de los precios en Cuba no tiene arreglo, es un país carísimo, piden precios más caros que en el primer mundo y te ofrecen mercancía del tercero.
En Cuba funciona una doble economía: los extranjeros sólo pueden poseer pesos convertibles o CUC y los cubanos, pesos normales y también CUC. De esta manera, todas las divisas van a parar al estado y el pueblo no ve ni dólares ni euros, monedas mucho más estables que el peso. Un peso convertible (CUC) es igual a 1 € y por un dólar te dan 0,8 CUC. Un CUC equivale a 24 pesos cubanos. No hay manera de confundir los pesos cubanos con los convertibles, el color es mucho más fuerte en estos últimos.
En la práctica, los extranjeros pagamos 24 veces más que un cubano. Si un artículo a un cubano le cuesta 5 pesos a nosotros nos cuesta 5 CUC. Así, el coco-taxi que nos regresa hasta la plaza de las Armas nos cobra 4 CUC, demasiado por recorrer 2 Km. en un vehículo tan endeble y poco seguro.
Coche de caballos turístico en la Habana Vieja
Después del almuerzo, gozamos del yacusi de cubierta, es genial sentir el masaje de los chorros del agua caliente mientras el sol te acaricia la cara, aunque no es una actividad exenta de peligros; nos comentan que una chica se ha torcido el tobillo al introducir el pie en la salida de agua, la aspiración no tenía protección y le ha succionado el pie con mucha fuerza.
Tras la sesión de yacusi, nos trasladamos a las tumbonas de la cubierta del piso 11 desde donde se disfruta de una magnífica vista del puerto de La Habana.
Por la tarde, salimos a pasear por las callejuelas de la Habana Vieja. La temperatura al atardecer es más benévola y sopla una ligera brisa que invita a caminar.
Estamos gratamente asombrados de lo mucho que ha cambiado Cuba en estos últimos siete años: hay algunas tiendas con grandes escaparates acristalados y decoración moderna, alguna zapatería y tiendas de ropa femenina, unos pocos restaurantes, uno de ellos con bonitas esculturas en la entrada y hasta una tienda que vende soldaditos de plomo. Los patios coloniales son un remanso de paz y algunos ya sirven como escenario de los restaurantes que poco a poco se empiezan a abrir. Desconozco el origen del dinero para la restauración de semejantes palacios, alguien nos ha dicho que son los españoles quienes más aportan.
Si el ritmo de embellecimiento sigue, la Habana Vieja puede convertirse en la ciudad colonial más bella del mundo, sin lugar a dudas.
Volvemos al buque a las siete, se supone que zarpará a las ocho. Nos apalancamos en la cubierta tomando un aperitivo y esperamos la salida del puerto de este monstruo de 12 pisos.
Como la zarpa se retrasa nos decidimos a cenar. Compartimos mesa con otras tres parejas. Los jubilados me dicen que este hace su crucero número doce. Otra pareja de mejicanos están en plena luna de miel, seis meses de noviazgo y ya se ha quedado embarazada. Los dos beben como cosacos y no refrescos precisamente. La tercera pareja, de Murcia; ella nos confiesa que se marea en cuanto se sube a un autobús, antes de empezar a circular. Son entretenidas estas charletas con el pasaje.
Durante la cena el barco se pone en movimiento, así que nos perdemos la salida del puerto.
Hoy el servicio anda un poco lento, deben tener problemas en la cocina.

29 de noviembre, martes. Día de navegación.

Puesta de sol en alta mar
El barco apenas se mueve, sólo se aprecia un leve ronroneo de los motores y poco más. El Holiday Dream es un barco algo antiguo, se construyó en 1982 y lo compró Pullmantur el año pasado para satisfacer la creciente demanda del público español. Las actividades, - comida, música, etc-, son más de nuestro gusto que otros barcos que cruzan el Caribe, orientados al público anglosajón y ya sabemos que estos se divierten de otra manera.
Desayunamos en cubierta con una temperatura estupenda y luego nos acercamos por la piscina semicubierta, que está más protegida del viento.
Hoy navegamos hacia Jamaica, hay que retrasar el reloj una hora.
Hacemos también un simulacro de naufragio, algo pesado por el tiempo que nos hacen permanecer de pie.
A las 11:45 asistimos a una asamblea general donde nos presentan las diferentes excursiones de pago de los próximos días.
Volvemos a la piscina semicubierta donde la música de los Van Van suena a buen volumen. Se hace difícil leer, así que después de almorzar buscamos un lugar más tranquilo al lado de los yacusis de cubierta.
En el mar parece que vuelan como unos pajarillos, pero no, son peces voladores, salen del agua disparados y recorren planeando casi quince metros para volver a sumergirse como balas.
A las 20:00 hay cena de gala, algunos pingos visten hasta con pajarita y ellas con trajes de noche y generosos escotes, otros, más convencionales, y los hay hasta con camisas de flores y deportivos.
La mesa 95 será nuestra de ahora en adelante, la compartimos con una pareja catalana muy simpática y habladora.

30 de noviembre, miércoles. Jamaica, tierra de agua y madera.

Aproximación a Montego Bay
Colón descubrió Jamaica en su segundo viaje y los españoles la colonizaron diez años más tarde diezmando a la población indigena. Más tarde la replobaron con esclavos africanos. La isla fue concedida a la familia de Colón y los inglesés nos la arrebataron tras cinco años de guerra.
Atracamos en el puerto de Montego Bay o Mo Bay, como dicen los lugareños.
Según el diario de a bordo, desembarcamos a las 13:00 pero para las 11:00 ya desfila el personal en busca de taxis por el embarcadero.
En recepción nos explican que hay un autobús desde el embarcadero hasta la terminal y allí podemos tomar un taxi a la ciudad. En la práctica reina el caos total, hay un follón tremendo de autobuses y busetas. Preguntamos por el autobús a la terminal y nadie lo conoce así que no perdemos más el tiempo, escucho por ahí que una buseta va a pasar por el centro de la ciudad, lo confirmo con el conductor y para dentro. Resulta que es la buseta de unos mejicanos del barco que la han contratado sobre la marcha pero aún no saben donde ir, discuten entre ellos el itinerario, el follón que se arma es tremendo, casi un motín. Unos quieren ir a un sitio, otros a otro. Cuando oyen el precio de las excursiones se achantan y preguntan por otro lugar y así sucesivamente. Nosotros nos contentamos con que nos descarguen en el centro de Mo Bay.
Centro de Montego Bay
El autobús de mejicanos nos deja al lado de las tiendas para turistas: joyerías y algunas tiendas de camisetas de recuerdo.
Montego Bay es una ciudad de 120000 habitantes y el centro apenas tiene dos calles principales de doscientos metros y poquito más. No hay gran cosa que hacer.
El sol es muy luminoso, las gafas de sol son obligatorias. El color blanco predomina en los vestidos y en las fachadas de las casas y brilla tanto que hace daño a la vista.
Bajo unos soportales nos topamos con unos tenderetes donde enseñan a poner un preservativo sobre falos de plástico e informan de las maneras de contagio de la enfermedad. Efectivamente, el día mundial del sida es mañana. Uno de los puestos es talmente una sex-shop al aire libre. Me llama la atención que es muy visitado por el público femenino, algo poco habitual en Europa. Sobre la tarima, una amplia gama de juguetes eróticos: falos de todos los colores y tamaños, tándem para la vagina y el ano, látigos, esposas, vibradores, lubricantes, en fin, los clásicos juguetes imprescindibles para las parejas de hoy en día. Típicos regalos de cumpleaños.
En la plaza de la calle principal, un escenario espera la actuación de algún grupo de reggae. Los altavoces vomitan un sonido áspero y cascado, son canciones de Bob Marley, el jamaicano más universal. Nos asombra la cantidad de gente por la calle. Por aquí, dicen que es muy bueno el café de la montaña azul, el "Blue Mountain".
Holiday Dream anclado en Montego Bay
Cuando nos salimos de las calles principales nos advierten que no, que no sigamos por ahí. Demonios, debe ser realmente peligroso cuando nos reconvienen con tanta insistencia. Les hacemos caso y transitamos por el centro, que en cuatro horas nos llega a resultar tan familiar como hubieramos nacido aquí. Buscamos una tienda de cedés para comprar algún disco de reggae.
Para eso de las cuatro las calles del centro se llenan de escolares saliendo del cole en dirección a casa. Visten todos de uniforme, Hay multitud de uniformes diferentes.
En la plaza principal, los teloneros pasan sin pena ni gloria y con un sonido nefasto. Cuando aparece la estrella sobre el escenario, las adolescentes de calcetines blancos corean las canciones de principio a fin. Bandadas de cientos de pájaros revolotean sobre la plaza, como si no estuvieran a gusto con las canciones del artista.
Volvemos al barco con otros pasajeros contratando una buseta en el aparcamiento del mercadillo para turistas.

1 de diciembre, jueves. Gran Caimán.

A las 9:00 ya estamos desayunados y haciendo cola en el salón Broadway para ser los primeros en coger los billetes que nos dan acceso a los tender hacia Gran Caimán, isla descubierta por Colón en 1503 y la más grande y desarrollada de las tres islas Caimán, aún así tiene sólo 30000 habitantes.
Su capital, George Town, es la base de más de 400 bancos y miles de empresas que se aprovechan de las ventajas fiscales del protectorado británico para evitar pagar impuestos en los países donde obtienen los beneficios. La organización Red por la Justicia Fiscal, pone como ejemplo a Enron, que ganó 2300 millones de dólares entre 1996 y 1999 y no pagó ni un sólo impuesto. Enron tiene registradas 440 sociedades en las Islas Caimán. Impuestos que deberían repercutir en la mejora de la sanidad, en educación, infraestructuras, y que se van a la cuenta de resultados de este tipo de empresas. Triste práctica amparada por los poderosos y un auténtico cáncer para el desarrollo de cualquier país. Por supuesto, los habitantes de Gran Caimán disfrutan del nivel de vida más alto del Caribe y desempleo cero.
El Holiday Dream y el Westerdam
A nuestro lado está anclado el moderno crucero Westerdam, un monstruoso buque que dispone hasta de ascensores exteriores y pista de tenis. Es espectacular verlo desde ras de agua. Cerca diviso siete cruceros más, entre ellos, el Carnival Qonquest, que zarpa desde Texas, el Jewel of the Seas, de casi 300 metros de eslora y con rocódromo. Nuestro barco es el que más lejos se queda de tierra, dicen que al ser el viejito no puede acercarse tanto, son ya 23 años surcando los mares.
George Town es una ciudad al servicio de los pasajeros de los cruceros, ¿qué se puede hacer aquí?, pues comprar recuerdos o simplemente artículos de marca. Las joyerías no faltan. Los que entienden de relojes cuentan que te puedes ahorrar unos 300 € en un buen Rolex. El bolso más barato de la firma Tous anda por los 280 dólares, desconozco si es barato o caro, no gasto.
Después de dar unas vueltas por las tiendas y calles de George Town, a las 14:00 nos recoge un autobús que nos conduce hasta un embarcadero. A través de la ventana del bus se observan magníficas casas y hoteles de lujo, todas las fachadas pintadas del mismo color que el tronco de la palmera real, gris claro.
Un pequeño barco nos traslada hasta la atracción más esperada del viaje: la Ciudad de las Rayas. Tras veinte minutos de navegación llegamos a una zona de aguas tranquilas y cristalinas, poco profunda y arenosa, cerca de una barrera de coral. Desde lejos ya vemos que hay más turistas en el agua, ¡cientos de turistas!
En la ciudad de las rayas
El origen de esta atracción fue la costumbre de los pescadores locales de limpiar las capturas del día en esta zona, protegidos por la barrera de coral. Las rayas o pastinacas pronto se acostumbraron a la comida fácil y ahora se han convertido en el reclamo turístico más conocido de Gran Caimán.
Tomamos unas gafas y unas aletas de un bidón con agua y bajamos al mogollón. En el agua habrá más de cien personas. ¿Profundidad?: por el pecho más o menos. Los chillidos y el nerviosismo de algunas chicas nos avisan que andan cerca, ¡y tan cerca!, en realidad, las rayas pasan entre la gente a pesar de la alta densidad de piernas en el agua. Vamos, que es fácil que te rocen, pero más fácil aún es que alguien te dé un guantazo. Me alejo algo de la aglomeración humana y a veinte metros del barco se las ve de maravilla. Basta meter la cabeza en el agua y esperar, en menos de treinta segundos se ven las manchas oscuras que avisan de la presencia de las rayas. Generalmente nadan en grupos de dos o tres ejemplares. Las hay de metro y medio de envergadura y también crías pequeñas. Se puede nadar tan cerca de ellas como se quiera, algunos turistas las tocan. No parecen asustarse lo más mínimo. A mí, el aguijón de la cola me produce bastante respeto, así que paso de caricias.
Regresamos al embarcadero de George Town. Hay dos colas: una para tomar los tender y otra para conseguir el sello de Gran Caimán en el pasaporte. Es más que nada un recuerdo porque los controles de aduana son mínimos.
De vuelta al Holiday Dream, cenamos con la simpática pareja de cataluña y después nos tomamos un daiquiri mientras escuchamos un grupo de salsa en directo.
Hoy se adelantan los relojes una hora, mañana entramos de nuevo en territorio cubano.

2 de diciembre, viernes. Isla de la Juventud

Hoy desembarcamos en la Isla de la Juventud o Isla Paraíso para pasar un día de playa. La playa se la llama también Playa Paraíso y hace honor a su nombre, cielo azul, aguas cristalinas, arena blanca, palmeras... Nos aseguran que esta playa es para exclusivo disfrute de los pasajeros del Holiday Dream y seguramente es cierto porque no hay nadie en ella. Bajamos a eso de las diez en el primer tender que nos deja sobre un pantalán de madera algo deteriorado, seguramente por los últimos huracanes. La playa es estrecha y larga, quizá tenga tres kilómetros. Lo mejor es el color del agua como se aprecia en la foto de la derecha.
En la Isla de la Juventud
En la playa hay tumbonas suficientes para todo el mundo. Hoy es para muchos pasajeros la antesala de su partida y se escuchan muchos comentarios apenándose por ello, es inevitable, las noticias de España hablan de nieve e intenso frío.
Donde acaba la arena comienza un bosque de pequeñas palmeras despeinadas con pinta de haber sufrido el paso del huracán Katrina.
Me asombra la cantidad de adolescentes que viajan en el barco, uno en su ignorancia, relaciona esta forma de viajar con las canas pero nada más lejos de la realidad, la mayor parte del pasaje aún no ha llegado a los treinta y cinco.
Lástima que no hemos hecho la excursión a la barrera de coral, nuestros compañeros de mesa vuelven entusiasmados de la hora larga que han estado haciendo buceo superficial, parece que han visto muchos peces de colores.
En mi paseo con las gafas y patas de rana por debajo del pantalán descubro multitud de peces, más grandes cuanto más me alejo de la playa. Los cardúmenes se deslizan tranquilamente alrededor de las columnatas del pantalán y apenas se inmutan cuando nado a pocos metros de ellos.
Almorzamos en la playa, en unas mesas de picnic y charlamos con nuestros compañeros de mesa, los componentes del mariachi que nos ameniza las cenas en el barco. Estaban en el Holiday Dream cuando pasó el huracán Katrina, sólo les rozó la cola y fue más que suficiente para que el barco se moviera de lo lindo, hubo mucho turista mareado y poca gente se atrevió a salir del camarote para cenar.
Para las cinco dejamos la playa y pasamos el resto de la tarde en cubierta, disfrutando del sol suave del atardecer y la caricia de la brisa sobre nuestra piel.

3 de diciembre, sábado

Hacia el puerto de La Habana
La entrada por mar en La Habana no hay que perdérsela, es espectacular.
Desembarcamos a las doce. La calle Obispo está atestada, tanto que se hace difícil andar, hay tantos cubanos como turistas. Se alternan supermercados, museos, hoteles, tiendas de racionamiento, de instrumentos musicales y hasta una tienda especializada en soldaditos de plomo.
Las chicas cuando cumplen los dulces dieciséis se visten de largo y buscan como escenario para las fotos de recuerdo de día tan señalado las añejas paredes de la plaza San Francisco.
Abandonamos definitivamente el barco a la una. Justo al lado del muelle está la estación de autobuses. Tras una larga espera por los rezagados emprendemos el viaje hacia Varadero. En dos horas nos plantamos en el Barceló Premium Marina Palace. Llegamos tarde y con hambre, así que vamos derechos al Cuban Grill Restaurant, abierto las 24 horas. Mal comienzo, desde que pedimos los platos -una ensalada, croquetas, patatas fritas y un pollo, nada sofisticado como veis- hasta que por fin lo traen a nuestra mesa pasa una hora. Encima, las patatas las sirven frías e incomestibles, claramente son sobras del bufé de esta mañana. Un cliente entra hasta la cocina para reclamar su plato, unos canadiendes de origen asiático de detrás nuestro miran al cielo con cara de hambre. En fin, lo dicho, mal comienzo. Nuestra queja en recepción no sirve de nada; no hay hojas de reclamaciones y encontrar a la chica de relaciones públicas es toda una odisea. Un desastre.
A las ocho nos acercamos por el bufé de La Marina: comida abundante, aunque le veo una pega: es anglosajona, mucha salchicha y pasta. El hotel cuenta con tres restaurantes: un italiano, El Arlequín; un español, La Zarzuela y otro de pescado y marisco, El Faro, el mejor. Aunque en teoría sólo se puede cenar una única vez a la carta en uno de estos restauranes, una propina inicial te da acceso a cenar cuantas veces quieras en cualquiera de ellos.

4 de diciembre, domingo

Nos levantamos a las ocho. En el cielo no se ve una nube y luce un sol intenso. Esta es la principal razón de los que nos encontramos aquí, disfrutar unos días de vacaciones alejados del frío que reina en Europa, sentir los amables rayos del sol del Caribe sobre nuestra piel. Si conseguimos esto, lo demás es accesorio.
Pasamos la mañana bajo la sombra de los parasoles de paja de la playa, luego un poco de buceo superficial, una vuelta en la lancha de pedales, lectura, tumbona, comer, otra vez a la tumbona y al atardecer, gimnasio y yacusi.
Después de la cena vemos un show de magia con los típicos números que no por ser archiconocidos te dejan de asombrar.

5 de diciembre, lunes

Vista desde El Faro
En el bufé del desayuno nos encontramos con una pareja que conocimos en el barco, ella sólo lleva una croqueta en la bandeja, le pasa lo que a nosotros, entre tanta comida anglosajona le es difícil encontrar algo apetitoso.
En la mesa, los manteles son los mismos de la cena de ayer, las mismas manchas. Las fundas de las sillas tampoco están mucho más limpios. Y desde España te lo venden como un cinco estrellas; tres y media y soy generoso.
A la tarde paseamos por la playa y aprovechamos para fisgar los hoteles aledaños. Del pelo que el nuestro, quizá algo peor, es el Tryp Península Varadero. Unos metros más allá nos encontramos el Playa Alameda Varadero, este tiene mejor pinta y el Princesa del Mar Sandals Resort & Spa parece bastante decente. Al pasar por este último, vemos a una chica , aún con el uniforme de camarera, medio escondida en la calle lateral del hotel, pega un grito a un coche que pasa y rápidamente se introduce en él con una bolsa grande de plástico a reventar. Las sobras de los bufés de estos hoteles ayudan a muchos cubanos a no pasar hambre, la cartilla de racionamiento no da para muchas alegrías.
Después de cenar en La Zarzuela nos acercamos al salón de actos donde el grupo Salsa Cubana (piano, batería, percusión y trompeta) toca conocidas canciones de jazz, entre otras el "A night in Tunisia" de Bird. Luis, el pianista, es el compositor de algunas de las canciones, despide una gran energía y a la legua se ve que vive sólo para la música, tiene miles de proyectos. Fernando, el trompetista, es profesor de música en el conservatorio de Matanzas, nos presenta a su mujer que baila en el espectáculo, la chica tiene una cinturita que se puede abarcar con las dos manos. Se ganan la vida como grupo de acompañamiento del balé y tienen un repertorio para 21 espectáculos.

6 de diciembre, martes

A las 10:30 nos acercamos por las pistas de tenis. Esta vez, Denis, el profesor, llega puntual. Durante los 45 minutos que comparte con nosotros no para de hablar. Se interesa por mis deportivos, deja caer que algunos turistas se los regalan cuando se marchan, a ver si pillo la indirecta.
Hoy teníamos intención de acercarnos con las gafas y patas de rana a la barrera de coral, sin embargo, no sopla ni una ligera brisa y los catamaranes no funcionan sin viento. Dicen que el tiempo anda de cambio. Tomamos una canoa y damos una vuelta. El mar está precioso, cristalino, quedo, más tranquilo que una piscina.

7 de diciembre, miércoles

El profesor de tenis aparece con un buen trancazo, así y todo se obstina en dar la clase. Hoy toca el revés. A mi mujer le va mejor a dos manos, curiosamente, el movimiento de revés le sale más natural que el golpe de derecha.
Una gran nube oscura se cierne sobre Punta Hicacos, caen cuatro gotas y de nuevo luce el sol.
Aprovechamos la bajada de temperatura para bajarnos en el bus hasta Varadero. La verdad es que no tiene mucho que ver, lo encuentro desangelado, poca gente por las calles, tiendas con artesanía de tercera categoría, meras fruslerías. Lo mejor es la playa, de arena finísima, aunque el mar se mueve mucho más que en Punta Hicacos, haciendo el baño algo más complicado.
Visitando Varadero
Regresamos a toda velocidad en el autobús turístico de dos pisos. Cuidado con situarte en la parte derecha del piso superior, las hojas de las palmeras te pueden rebanar el gaznate.
Curiosamente, al salir del autobús, la cobradora nos pide que le devolvamos nuestros billetes, ¿para qué? Gato encerrado. Cuando me dieron los billetes comenté con mi mujer que las numeraciones no eran consecutivas y me pareció extraño. Ahora vemos el porqué, de nuevo la picaresca cubana entra en acción: los billetes los reutilizan y se quedan con un dinerito que no es poco, 6 CUC cada billete. Ahí es na. Huy, si les pilla Fidel...
Por la noche repetimos en El Faro, el restaurante de marisco, esta vez tienen langosta, pequeña pero bien preparada, a la parrilla. El encargado nos comenta que los cubanos nunca la cocinan así, sino cocida y con salsa de tomate.

8 de diciembre, jueves

Descorremos las cortinas y un sol intenso se cuela en nuestra habitación. Los cromados de los catamaranes hacen daño a los ojos. La brisa que cimbrea las palmeras ha vuelto. Me pregunto si alguna vez me aburriría de este paisaje, de no tener nada que hacer, de que mi única preocupación sea mejorar el revés y escoger entre sumergirme en un burbujeante yacusi mientras vemos el sol esconderse en el horizonte o un sensual masaje dado por Clara, la espigada negrita que mariposea en el gimnasio, de estos paseos por la playa charlando con mi compañera al caer la tarde, cuando la temperatura remite y la espuma de las olas platea sobre el mar...
Ya me voy haciendo a la comida, poco a poco voy encontrando los platos que me agradan. Me paseo entre las bandejas del bufé y recolecto un poco de dulce de guayaba, un crep de banana, jamón y queso cubano, una buenas rodajas de papaya y para beber, jugo de mango. Suficiente para afrontar con garantías las clases de tenis de hoy.
Encontramos a Denis jugando con un turista, el mandria tiene una cara que se la pisa, ¡pues no dice que ha retrasado nuestra clase!. Claro, como están picados y el tanteo en tierra de nadie, quiere seguir jugando hasta completar el set. Bueno, paciencia, nos apalancamos en una silla y esperamos a que las estrellas terminen el juego.

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