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Viaje a Roma y Croacia 2005

25 de junio, sábado

Roma está a la vuelta de la esquina y el vuelo directo Bilbao-Roma de Vueling no podía ser más económico, basta 90 minutos para dejar atrás las verdes montañas vascas y plantarse en una de las ciudades más apasionantes del mundo, cuna de nuestra civilización occidental.
Aterrizamos a las 13:50 en el aeropuerto Leonardo da Vinci, en Fiumicino, muy cerca del mar, a 26 km. de Roma. El día es espléndido, soleado.
El Leonardo Express nos transporta en veinte minutos desde Fiumicino hasta la estación Termini. Durante el trayecto me sorprende la basura que veo a ambos lados de la vía, los grafitis en las paredes, los enjambres de espantosas antenas de televisión sobre los tejados, las casas con fachadas desconchadas. Todo demasiado decadente, poco acorde con una de las ciudades más importantes de Europa.
Han pasado 16 años desde mi última visita y veo que Roma ha cambiado poco. ¿Dónde han ido a parar las ayudas de la Unión Europea?, ¿a las arcas de la mafia? No me extrañaría.
Nos alojamos en el hotel Gabriella, en la Vía Palestro, muy cerca de la estación Termini, de esta forma, tenemos las líneas A y B del metro a tiro de piedra, es el único lugar de la ciudad donde convergen.
Salimos a patear la ciudad. Nuestra primera visita son las Termas de Diocleciano y el Museo Nacional Romano. Después, nos acercamos a la clásica Roma de postal: la plaza Venezia y el Coliseo.
Anfiteatro Flavio o Coliseo
Desde aquí, un autobús nos conduce hasta las inmediaciones de la piazza Navona, como siempre, llena de gente.
Cenamos una estupenda pasta, al dente y bien caliente, en el restaurante "Terra di Siena", en la piazza Pasquino. Desde la plaza Navona, nos bajamos por la Vittorio Emanuele hasta el Castillo del Ángel y echamos una ojeada a la iluminación nocturna de la basílica de San Pedro.
A las 12 de la noche, las calles están abarrotadas de romanos y de turistas, el ambiente es estupendo y da pereza volver al hotel, sin embargo, nuestro cuerpo avisa que hay que recargar las pilas. No se puede pasar de la sedentaria vida del oficinista a la incesante actividad del turista sin pagar el precio del descanso. Mañana nos espera el Vaticano.
El metro no circula después de la medianoche pero no hay problema, el servicio de autobuses nocturno es excelente.

26 de junio, domingo

Nuestro objetivo de hoy son los museos del Vaticano. Nos acercamos en metro. Muchas unidades de metro están pintadas por los artistas del grafiti... cristales incluidos.
Hoy la entrada al museo es gratuita y sospechábamos una gran afluencia de gente, pero no tanta, caramba. Según nuestro mapa, la estación de metro más cercana a la puerta del museo es la Cipro, pero en realidad la cola empieza más cerca de la estación San Pedro. En fin, hay tanta gente que cambiamos de planes, veamos si el acceso a la basílica de San Pedro resulta más sencillo.
Interior de la Basílica de San Pedro
Cambiamos la cola de los museos del Vaticano por la cola de acceso a la basílica de San Pedro. Hace mucho calor y el abanico ayuda a ventilarse. Cuando sólo nos falta unos tres metros para pasar por el control de rayos X, cierran el acceso. ¿Qué pasa ahora? Pues que el Papa va a salir al balcón a decir unas palabras y se cierra el acceso hasta que termine su discurso. A esperar tocan.
Últimamente, la Iglesia católica está realizando una campaña publicitaria magistral. La muerte del último Papa, el polaco Karol Wojtyla, alias Juan Pablo II, significó un despliegue mediático como nunca antes había realizado la Iglesia cristiana católica. Una multitud inmensa de sus seguidores invadió Roma y durante varias semanas, la muerte del Papa y el posterior cónclave coparon gran parte de la programación de los medios de comunicación occidentales.
A las doce asoma por una lejana ventana de la residencia papal, fuera del alcance de los rifles con mira telescópica, el nuevo Sumo Pontífice, el alemán Joseph Ratzinger, alias Benedicto XVI, que ha vuelto a la tradición de los nombres sencillos después que los dos anteriores, Juan Pablo I y Juan Pablo II fueran los primeros en utilizar nombres compuestos. Su Santidad nos expresa su preocupación por las muertes que se producen en la carretera en la temporada estival y reconviene a los italianos para que extremen la prudencia cuando circulan con el coche.
Antes de entrar en la Basílica hay que pasar la censura de doña Decencia y don Decoro, las escenas más graciosas se producen con los hombres: un mochilero, al que le han impedido la entrada por llevar pantalones cortos, se queda en calzoncillos para rebuscar en su mochila algo más decente y acorde a la moral cristiana católica. Otro señor que peina canas se ata un pareo desde donde terminan sus pantalones cortos, casi en las rodillas, que apenas le permite andar y que provoca el desternille general. Curiosamente, los escotes femeninos son menos pecaminosos que las peludas piernas masculinas. Siempre me ha hecho gracia estas normas que lo único que ponen de manifiesto es la calenturienta mente de los censores.
Una vez dentro, realizamos la visita de arriba abajo, como siempre. Para subir a la cúpula, afortunadamente, hay un ascensor y después 320 escalones por un estrecho pasillo en espiral que recorre el interior de la cúpula. Merece la pena el esfuerzo (y la espera de media hora para tomar el ascensor), la vista desde la cúpula es magnífica.
Visitamos también las Grutas Vaticanas donde se encuentran las tumbas de los Papas, personajes de gran relevancia histórica y enorme poder en muchos casos.
La piedad de Miguel Ángel está segura tras un cristal antivandálico. Es una escultura muy realista, salvo que la cara de la Virgen María podría pasar por la amante adolescente de Jesús, pero no por su madre. La esculpió cuando tenía 25 años y tuvo que grabar su firma sobre la banda que cruza los pechos de la Virgen, ya que sus envidiosos enemigos hicieron correr el rumor de que él no era el autor.
Fontana de Trevi
Tomamos el bus 62 en la plaza Pía y nos plantamos en unos minutos en la Vía del Corso, camino de la plaza de España. En via Condotti se encuentran las tiendas más exclusivas de Roma: Hermes (unos pantalones de mujer, 2400 €; una bolsa de viaje, 6000), Gianni Versace (bolsa portadocumenti: 3810 €), Cartier, Louis Vuitton, Giorgio Armani (un sencillo sombrero: 1320 €), Cartier, Gucci, Dior, Ives Sant Laurent, Sergio Rossi (zapatos a partir de 400 €), Valentino, Bulgari, Chanel, Jean-Paul Gauthier, etc. Entre las estrechas callejuelas del barrio de Colonna se escucha un sonido inconfundible: el poderoso bramido del motor de un Ferrari 355.
Nos sentamos con un gelato en la vía del Corso a ver la passegiata, a observar a los hijos de la Loba y buscar señas propias de identidad que definan al pueblo romano. Me temo que en su forma de vestir no se distinguen en nada de cualquier otro pueblo del Mediterráneo. La globalización acelerada en la que vivimos nos uniformiza a todos.
Cerca queda la popular Fontana di Trevi, llena de gente. Es curioso, apenas se ven obras en Roma; generalmente los ayuntamientos aprovechan el buen tiempo del verano para realizar obras pero en Roma no se ve ni una, exceptuando unos pocos andamios de rehabilitación de fachadas de edificios históricos.
Si continuamos un poco más hacia el oeste nos topamos con el Pantheon, donde la animación es extraordinaria. Seguimos hacia la Piazza Navona. Cenamos en un restaurante siliciano, la Taverna del Duca, pasta a la sarda y unas alcachofas confitadas.

27 de junio, lunes

Nos deberíamos haber levantado antes para llegar temprano a los museos del Vaticano, pero nuestros habituales juegos matutinos lo han impedido. Así y todo, llegamos a las 10 y no puedo creer lo que veo: ¡la cola hoy es aún mayor que la de ayer! Nos marchamos. Tomamos el 61 para ver la antigua boca de alcantarilla reconvertida en detector de mentiras: la Bocca della Verità en Santa María de Cosmedín, donde de nuevo nos encontramos una fila esperando para hacerse la típica foto con la mano metida en la boca...o en el ojo.
Con este calor no nos parece recomendable andar mucho, así que tomamos otro autobús al Coliseo. También aquí la cola es impresionante. Abandonamos. Regresamos en metro a la cola de los museos del Vaticano. Esta vez hay menos gente y tras media hora de espera nos adentramos en la mejor colección de obras de arte de la antigüedad.
Museos del Vaticano
La visita resulta un empacho artístico, inabarcable. La estrella del museo es, sin duda alguna, la obra titánica de Miguel Ángel Buonarroti: los frescos de la Capilla Sixtina. Me llama la atención que la musculatura de las figuras femeninas pintadas por Miguel Ángel y por otros pintores de la época sean comparables a la masculina, desconozco la explicación. Curiosamente, esto no pasa en las esculturas, más realistas con el cuerpo femenino.
Tomamos el metro hasta Termini para ver la basílica más antigua dedicada a la Virgen: Santa Maria La Mayor, también conocida por Santa María de las Nieves, por lo del milagrito: o sea, que la Virgen estaba caprichosa y se le antojó una iglesia consagrada a su nombre en el monte Esquilino, para conseguirlo asustó un poco al personal haciendo caer una buena nevada en plena canícula de agosto. Pura leyenda, como tantas otras, pero suena tan poético.
Otro metro nos lleva hasta el Coliseo y esta vez sí, apenas hay cola, esta visto que los grupos organizados son tempraneros, es mejor hacer las visitas más tarde. En la taquilla del Coliseo no pone ni el precio de la entrada, ni la hora de cierre, ni te dan un triste folleto explicativo.
Nos acercamos andando hasta la Piazza Navona donde cenamos en Il Cantuccio, demasiado caro para lo que ofrecen.
Regresamos a nuestro hotel en autobús. Hay que reconocer que la red de transporte público romana es eficiente, los autobuses circulan con mucha frecuencia y el recorrido y los horarios están perfectamente definidos en los carteles de las paradas. En las oficinas de turismo expiden un mapa estupendo: "Roma Centro", donde figuran todas las líneas de autobús, metro y tranvía y además, la situación de las atracciones turísticas principales. Ahí está todo.
Me sigue asombrando el movimiento nocturno de gente por las calles, son más de las doce y nuestra parada de autobús está abarrotada. Apenas cabemos y yo me quedo empotrado pegado a la puerta de atrás. Cuando se abre en cada parada, la puerta nos desplaza en su movimiento y nos empuja contra la gente con lo que la presión aumenta. Divertidísimo, oye.

28 de junio, martes

El metro nos traslada en pocos minutos a la basílica de San Juan de Letrán, construida por el emperador Constantino I El grande, responsable del cese de las persecuciones de los cristianos. Su jugada fue maestra: destruyó el cuartel de la guardia de su enemigo Majencio y en su lugar, edificó la basílica para lograr el apoyo de los cristianos a su dictadura. El impulso que dio al cristianismo con estas medidas fue decisivo para su desarrollo. Letrán viene por el nombre del barrio que a su vez toma el nombre de la distinguida y rica familia de los Letrán. Además de la propia basílica y el baptisterio, resulta muy recomendable la visita guiada al museo histórico vaticano anejo.
Dubrovnik
Nuestro próximo destino es el espectacular Moisés de Miguel Ángel en San Pedro en Vincoli. Bajamos en la estación de Cavour y nos encontramos con las puertas de la iglesia cerrada, candan a las 12:30. Además de la famosa escultura, en la cripta, figuran unas cadenas que, según reza la leyenda, esposaron a San Pedro.
Después de comer en la Ostería de Nerón, al lado de la Universidad, recogemos las maletas del hotel y el Leonardo Expresso nos transporta de nuevo a Fiumicino para tomar el avión a Dubrovnik, la joya de Croacia. El avión sale con dos horas y media de retraso, pero sale, que no es poco.
Llegamos a Dubrovnik de noche y alquilamos en National-Alamo un Opel Astra nuevecito, con sólo 32 Km. Nuestra primera misión es conseguir alojamiento, así que nos dirigimos a Lapad. No encontramos nada por debajo de los 125 € y además casi todos los hoteles están llenos. Por fin, el recepcionista del Bellevue nos ofrece una sobe (habitación) en casa de sus padres a un precio razonable: 55 € por noche, con aire acondicionado y unas vistas estupendas al Adriático, a 2 Km. de la famosa muralla de Dubrovnik.

29 de junio, miércoles

Nos levantamos tarde, estamos de vacaciones y hay que dar placer al cuerpo. El señor de la casa llama a nuestra puerta mientras andamos en plena faena y nos desconcentra. Al mediodía nos acercamos al restaurante Edén a comer un pescado y unos calamares. A destacar el vino blanco, un Grasevina del 2001. Dicen que los croatas tienen la costumbre de añadir agua al vino, aunque tampoco es tan extraño, los españoles lo mezclamos con gaseosa. Lo que sí puedo asegurar es que los vinos son caros comparados con el resto de la comida, más asequible.
Ciudad histórica de Dubrovnik
Después de comer, bajamos a descansar a la playa. Nos cuesta encontrar un sitio decente, ya que buscamos sombra y está copada. En Croacia, las playas son en su inmensa mayoría de piedra, muchas veces de tamaño considerable y nuestra espalda se queja y con razón.
A las ocho de la tarde atravesamos la muralla de la ciudad vieja por la puerta norte. Desde la muralla a la avenida principal hay un gran desnivel que se salva a base de estrechas callejuelas llenas de escalones. Recorremos la vía principal Placa y nos perdemos por las callejuelas de la parte sur. En el exterior de la catedral de la Asunción de la Virgen se celebra un pequeño mercado medieval con pocos tenderetes pero de ambiente muy conseguido.
Cenamos fuera de las murallas de la ciudad vieja, en una pizzería al lado del Hilton Imperial y atravesamos de nuevo la ciudad fortificada por la puerta Pile a la búsqueda de unos helados.
En la plaza San Blas andan los integrantes del mercado medieval haciendo acrobacias con bolas de fuego y luego una moza baila con repiqueteo de campanillas. El ambiente es muy relajado, la gente pasea tranquilamente o toma algo en las numerosas terrazas de los bares. Toda la ciudad vieja es peatonal, lo que se agradece enormemente.

30 de julio, jueves

Para las diez ya estamos de nuevo dentro de la fortaleza de la ciudad vieja. Recorremos los 2 Km. del perímetro fortificado. El casco histórico de Dubrovnik sufrió un intenso bombardeo en 1991 por parte de los serbios y montenegrinos y desde lo alto de la muralla se puede ver que casi todos los tejados de las casas han sido reconstruidos, se distinguen fácilmente de los antiguos en el color más anaranjado. Casi el 68% de los edificios sufrió daños. Algunas paredes aún tienen los agujeros de las balas, una constante en toda Croacia.
Pasamos por la plaza de las hierbas, donde venden ciruelas de cojón de fraile, higos, muy abundantes en Croacia, y toda clase de hortalizas.
Visitamos también la Gran Fuente de Onofrio, de agua fresquísima, el claustro y el museo del convento franciscano, la farmacia, etc.
Después de comer un sencillo pero sabroso tagliatini con gambas en Dundo Maroje, nos trasladamos hasta la pequeña localidad de Cavtat donde sesteamos en una playa de guijarros hasta que el sol se oculta en el horizonte.
A las 8 visitamos Cavtat, que ocupa una península llena de pinos, palmeras y cipreses, antigua Epidaurum.
Después de cenar en la terraza del restaurante Kolona, un estupendo jamón de Dalmacia y calamares a la parrila, nos damos una vuelta por el paseo marítimo. Algunos yates anclados en el puerto bien pueden rivalizar en lujo con los de Montecarlo. El yate Imán, matrícula de Luxemburgo, es impresionante. ¿En qué hay que trabajar para tener semejante joya flotante? ¿Armamento, petróleo, drogas? Esperamos tranquilamente sentados enfrente de semejante palacio la llegada de sus propietarios. Efectivamente, a los pocos minutos aparecen sus inquilinos. Son cuatro parejas bien entradas en años. Se nota claramente quién es el propietario y quién viaja de gorra. Los hombres no resaltan por su clase precisamente, algunos encorvados y visiblemente zurrados por la edad. Las mujeres más parlanchinas y algo mejor conservadas que ellos, se agarran del brazo y su exultante alegría indica que circulan buenos caldos por sus venas. Una de las viejas da un traspié y se ríen sonoramente. La más joven, pareja del propietario del yate, extremadamente delgada y de piel quemada por el sol, se da aires de diva. Al poco de entrar al barco, sale a fumar un cigarrillo e intercambia unas pocas palabras con la tripulación.
Nosotros, abandonamos la entretenida escena y nos retiramos a nuestro modesto alojamiento, convencidos de que la felicidad no es proporcional a la cantidad de ceros de la cuenta corriente.

1 de julio, viernes

Salimos temprano de nuestro alojamiento, dirección Korcula. Desde Dubrovnik a Ston, la carretera replica el perfil de la costa, siempre pegada al mar donde se observan infinidad de cultivos de mejillones. El color del mar es fabuloso, invita al baño. Ston es un pequeño pueblo turístico sometido a diversas mejoras para acoger a los muchos turistas que espera recibir en el futuro. Como atracción principal ofrece una muralla de 5,5 Km. que data de 1333. Es la fortificación de de mayor longitud de toda Europa. Hay unos pocos restaurantes con el mejor pescado de Croacia. Nosotros probamos algo novedoso: unos mejillones de forma extraña que resultan una mala elección, duros como piedras.
Seguimos nuestro camino ahora dentro ya de la península Peljesac, tierra de viñedos. En Potomje una ardilla cruza la carretera. Llegamos a Orebic para tomar el ferry hacia Korcula. Mientras esperamos la llegada del ferry me entretengo observando las evoluciones de los cardúmenes de peces. Es asombrosa la claridad del mar, no he visto nada comparable, ni siquiera en Mallorca. La espera es corta, en poco más de veinte minutos llegamos a la isla de Korcula. En la capital abunda el alojamiento particular, en pocos minutos hemos encontrado un apartamento para pasar la noche, la propietaria es colombiana y lleva 15 años viviendo en Croacia.
Salimos andando por el paseo paralelo al mar. La pequeña playa del puerto no es suficiente para acoger a todos y mucha gente se distribuye entre las rocas cercanas al agua. Unos pocos, dos o tres, toman el sol en bolas. Paseamos un rato por Korcula y nos interesamos por los ferrys a la isla Mljet. Los ferrys regulares van al puerto de Sobra, no a Pomena, que es el que nos interesa. Al parque nacional de Mljet sólo van los tours organizados por las agencias de viaje. Recogemos la información y nos lo pensamos.
También nos gustaría ir a Hvar, pero nos damos cuenta que no podemos visitar todo lo que queremos. Renunciamos a Mljet y a Hvar y mañana seguiremos hacia Split.
Al atardecer cae sobre Korcula una tormenta impresionante con espectacular aparato eléctrico.

2 de julio, sábado

El mar tiene hoy un color precioso y el cielo sigue algo nublado. El bura silba en los mástiles de los barcos anclados en el puerto.
Damos una vuelta por el casco histórico de Korcula. Korcula es como la fortaleza de Dubrovnik, pero en pequeño, está dividida en dos por una calle central. Las calles del lado oeste son rectas y algo más cortas que las del este que son además curvas para minimizar los efectos del bura.
Los lugareños sostienen que aquí nació Marco Polo en 1254, en una casa próxima a la catedral, aunque hay muchas dudas - otros dicen que era veneciano -, tantas dudas como sobre la autenticidad de sus relatos: según sus libros de viajes, pasó 17 años en China, sin embargo, no hay una sola mención de la Gran Muralla China, sobre el té o sobre la popular costumbre de vendar los pies a las mujeres. ¿Realmente visitó alguna vez China? Al parecer, los relatos de sus viajes fueron dictados por Marco Polo a un escritor de romances llamado Rustichello de Pisa durante su estancia en una cárcel genovesa.
Vista aérea de Korcula
El interior de la catedral de San Marco - el evangelista, no el aventurero- me parece tétrico; en medio del pasillo central te topas con un cristo agonizante clavado en la cruz a la altura de los ojos, me imagino que los niños que entran acompañados de sus padres deben pensar que han entrado en la cámara de los horrores. Desde el punto de vista artístico resulta interesante, hay una pintura de Tintoretto y algunas esculturas notables.
Para las doce, tomamos un tentempié en el paseo marítimo y decimos adiós a esta turística ciudad, no demasiado masificada aún. Antes, saboreamos un magnífico helado de mandarina en Stella II. Para entonces ya ha salido el sol y los turistas toman posiciones entre las rocas.
Cruzamos los escasos 1250 m. de mar que hay entre Korcula y Orebic y ya estamos de nuevo en el continente. La carretera serpentea el borde del mar y luego llanea un valle. Paramos en el pueblecito de Strogonoff para pasar unas horas en la playa. El mar está furioso y no nos mojamos ni un pié. Pasamos por unas montañas impresionantes antes de llegar a Split.
En Split nos alojamos en los apartamentos turísticos Hvar, a las afueras. Regresamos al puerto para cenar. En la zona de Bacvice, cerca del Hotel Park, el ambiente juvenil es tremendo. La playa, de escasa profundidad, está iluminada por la noche y la gente joven camina aún por el agua. Más adelante, el atronador volumen de la música de los baretos de alterne para adolescentes atrae a un público numeroso. Atravesamos la multitud para luego subir unas escaleras hasta un pinar donde está situado nuestro objetivo: el restaurante Sumica. Nos encontramos con una boda, lo que nos da mal presagio. Como es tarde para cambiar de opinión, cenamos... mal. La carne, a pesar de pedirla "rear" y explicárselo, nos la sacan dura como la suela de una alpargata.

3 de julio, domingo

La noche ha sido muy ventosa, el bura sopla con fuerza en las contraventanas de Hvar. Nos acercamos al paseo marítimo de Split y almorzamos pronto. El paseo es muy agradable, no hay coches y el azul del mar no podía ser más espectacular.
Palacio de Diocleciano
Sin duda, el principal punto de interés turístico de Split es el palacio de Diocleciano. Este hijo de esclavos que llegó a ser emperador, abdicó de su cargo después de 21 años de gobierno despótico. Dejó Nicomedia y se retiró a su tierra natal cuando su salud se deterioró tanto que le imposibilitó gobernar. Pasó feliz sus últimos años plantando y cuidando su jardín.
Lo más interesante dentro del palacio es el antiguo mausoleo de Diocleciano reconvertido en catedral. Los restos de Diocleciano se retiraron seis siglos después para dejar sitio a san Duje. El cristianismo se estaba poniendo de moda.
Después de probar los casi obligados helados, verdadera pasión de turistas y lugareños, salimos a las tres hacia Trogir, muy cerca de Split. Aparcamos el coche fuera de la isleta y cruzamos la muralla por la puerta de Tierrafirme. La isleta es pequeña y en un par de horas la hemos pateado. La visita a esta ciudad medieval, patrimonio de humanidad, es como mínimo interesante, muy recomendable.
Ponemos rumbo a Zadar. Encontramos demasiada circulación por la carretera de la costa, vamos lento, así que en cuanto vemos la autopista en Sibenik, no lo dudamos. La autopista es de reciente inauguración, impecable y además, vamos solos. En un pispás, nos plantamos en Zadar.
Llegamos casi de noche y no localizamos ninguna sobe en el centro (sí las hay, aunque son escasas. Lo mejor es aparcar el coche y patear un poco). Decidimos salirnos del centro y dirigirnos a las afueras. Al torcer hacia una carretera principal, zona de Smiljevac, nos topamos justo en la curva con dos señoras con sendos cartelitos de sobe. Sin dudarlo, paramos y la señora, ya jubilada, nos conduce a su casa, una estupenda casa unifamiliar donde pasaremos la noche.
Cenamos en un restaurante de la zona vieja. Mi mujer pide un atún poco hecho, vuelta y vuelta, pero ya ya, de nuevo se lo sacan duro como una piedra. Yo me tomo unos espaguetis con scampi, un valor más seguro. Desde mi experiencia, recomiendo los konoba o casa de comidas antes que los restoran o restaurantes. En los restaurantes, la carta puede llegar a tener un mínimo de sesenta platos diferentes - una vez conté 99- y en los konoba apenas pasan de 15, con esto está todo dicho.

4 de julio, lunes

A las 10 volvemos a la parte vieja de Zadar donde visitamos la iglesia del siglo IX de San Donato, de estilo bizantino, hoy reconvertida en recinto para conciertos de música clásica, el poste de la vergüenza, la iglesia de San Crisójono, la catedral de santa Anastasia, la mayor de Dalmacia, el monasterio franciscano, etc. No perderse el órgano del mar, en el lado oeste de la península, es un sistema de 35 tubos bajo tierra, de diferente longitud y diámetro que recogen el viento y crea sonidos aleatorios. Un buen lugar para relajarse.
Almorzamos en el konoba "Na poure" en la calle Spire Brusine 8, lo mejor hasta ahora de Croacia, sencillo, limpio, bien elaborado y además nada concurrido. Recomendable.
Partimos hacia los lagos de Plitvice. Antes descansamos unas horas al borde del mar, sobre las rocas, buscando postura. Continuamos hasta Korenica y nos alojamos en el Macola Hotel, la comida del restaurante deja mucho que desear pero echando una ojeada al pueblo es sin duda lo mejor que hay. La temperatura ha bajado hasta los 15ºC. El pronóstico del tiempo de la BBC muestra unas enormes nubes avanzando sobre el norte de Croacia.

5 de julio, martes

Visitamos los lagos de Plitvice con el cielo cubierto. El aparcamiento de los lagos está a rebosar. La entrada a los lagos cuesta unos 12 €, sin embargo nadie pide el billete para entrar y a la postre sólo los utilizamos para montar en los botes. Subimos en el trenecito hasta el lago superior y bajamos andando por las plataformas de madera. Lo que más me sorprende es la claridad del agua, los lagos son cristalinos. Miles de peces aguardan en las orillas esperando las migas de pan de los turistas. Alguna truchita se deja ver en las aguas más movidas. A pesar de que la claridad del agua invita al baño, éste está prohibido, como debe ser en un lugar que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.
Al llegar al lago inferior, el mayor, subimos a un bote eléctrico para recorrer el lago. Cuando llegamos al otro extremo empieza a llover ligeramente. Comemos un estrudel (bocata de verduras) y regresamos antes de que el tiempo empeore. La lluvia nos respeta hasta que llegamos al coche. Llueve con fuerza. Almorzamos en "Licka Kuca", más que bien, el lugar es pintoresco y el cordero asado, me atrevo a afirmar, supera a los de Aranda.
A las seis salimos para Porec, llegamos de noche y tenemos algunas dificultades para encontrar alojamiento, ya que la zona es muy turística y casi todo está lleno o se trata de apartamentos excesivamente caros para pasar una sola noche, al cuarto intento se apiadan de nosotros y conseguimos un apartamento bien equipado por un precio razonable con la condición de abandonarlo antes de las diez. Hecho.

6 de julio, miércoles

Pasear por el casco viejo de Porec resulta muy agradable - es peatonal -, aunque a mi modo de ver, los numerosos tenderetes exteriores que venden baratijas para los turistas desmerecen la elegancia de las numerosas casas de fachada veneciana que salpican la ciudad. Indudablemente, el mayor atractivo de la ciudad es el mosaico bizantino del ábside mayor de la basílica de San Eufrasio, patrimonio de la humanidad y completamente restaurado en 1997. Y cómo no, el obispo Eufrasio, quien encargó la construcción de la basílica, aparece en el mosaico con una reproducción de la iglesia en sus manos.
Conducimos hasta Rovinj para pasear un poco por la península y sus intrincadas y laberínticas callejuelas. Este pequeño pueblo está atestado de turistas que van de aquí para allá por el paseo marítimo y abarrotan sus restaurantes y tiendas.
Nosotros siempre tratamos de salirnos del circuito más masificado y nos adentramos en las callejuelas empedradas en busca del restaurante de Giannino. Giannino ha aparecido numerosas veces en portadas de revistas hablando de las excelencias de su cocina, según se muestra en los recortes de prensa que cuelgan de las paredes. Para nuestra sorpresa, detrás nuestro, en una mesa aledaña come el cocinero con su familia. Jamás he visto a alguien comer con tanta voracidad, increíble, devora como si tuviera hambruna de varias semanas. De verdad, el tipo mete bocado antes de que sus fauces hayan desalojado el anterior suministro. Al menos, la comida está bien preparada. Tomo unos jibiones a la plancha y mi mujer un pescado, demasiado hecho, como siempre.
Lo más interesante de la iglesia de Santa Eufemia es el sepulcro en el que se dice fueron guardados los restos de la mártir. Al lado izquierdo del altar han puesto una pequeña tienda con postales, libritos, etc y han colgado de un santo un cartel con el precio que cobran por subir al campanile, un reclinatorio evita que nadie se cuele hacia arriba. En el ábside están los restos de Santa Eufemia, que según rezan los enormes cuadros del ábside, fue comida por los leones en el circo. Al menos, la religión cristiana católica reconoce a la mujer algún protagonismo, aunque escaso, pueden llegar a santas, que no es poco, dado el ancestral radicalismo conservador de esta organización religiosa.
Naturismo en Koversada
Como aficionados al naturismo que somos, intentamos acercarnos a alguna playa nudista de por aquí, cerca de Monsena. Es en vano, no encontramos camino fácil hacia ellas, el acceso es exclusivo para los campings naturistas, así que nos conformamos con tomar el sol entre las rocas en la zona textil.
En Croacia es muy popular el naturismo, sobre todo, en esta zona de Istria. La cosa empezó con el rey Eduardo VIII, a quien le gustaba nadar desnudo en las aguas de la isla de Rab, corría 1936. Desde entonces, el naturismo se ha hecho muy popular en Croacia y hay un buen negocio montado con campings y pueblos naturistas. Nuestra experiencia es que tomar el sol desnudo en Croacia no es nada fácil, debes buscar o conocer los lugares, generalmente campings, isletas o lugares remotos bastante alejados de las playas familiares.
Después de tomar el sol, ponemos rumbo a Pula, donde nos alojamos en una sobe a las afueras. No hay problema de alojamiento, hay sobes a patadas. Nos acercamos al centro de Pula, donde aparcamos cerca del paseo marítimo. En el anfiteatro romano se celebra un espectáculo musical bien llevado, a todo lujo, con orquesta de cuerda y abundante coro femenino. Lo están grabando para la televisión. En próximos días actuará aquí mismo Samantha. Es un lugar algo extraño para conciertos, desde el exterior se ve la actuación de maravilla ya que el anfiteatro ha perdido todas las gradas y sólo las paredes quedan en pie. Este anfiteatro es contemporáneo del Coliseo de Roma, aquí se batían el cobre los gladiadores.
Después de cenar una pizza jumbo en Jupiter, nos damos una vuelta por el animado casco histórico, las terrazas están repletas de gente saboreando helados y granizados. Me encanta el Mediterráneo, su historia, sus gentes, el mar cristalino, ese sonido suave de las olas golpeando contra las rocas, la brisa de sus noches, el cielo estrellado, los paseos a la orilla del mar, el olor a lavanda, en fin, es un auténtico privilegio poder disfrutarlo, aunque sólo sea por unas semanas.

7 de julio, jueves

Anfiteatro de Pula
Regresamos al casco histórico de Pula para verlo a la luz del día. Está abarrotado de turistas, italianos, sobre todo. En nuestro recorrido nos encontramos con un castro. En un solar donde intentaban construir los cimientos de un edificio han encontrado un yacimiento con cientos de vasijas llenas de contenido. El descubrimiento parece importante por el buen estado de conservación que se aprecia en las vasijas.
Después ponemos rumbo a Zagreb, haciendo una parada en Beram para ver los frescos más célebres de Istria, los del santuario de Santa María de Škrikijinama. El santuario está a la sombra de un bosque, a un kilómetro del pueblo. Resulta interesante por su contenido y por el bosque que lo alberga.
Llegamos a Zagreb a las seis y tratamos de buscar los carteles de sobe que tanto abundan por la costa. Fracaso total, aquí son inexistentes. Terminamos en el hotel Aristos, nada económico.
Siempre es conveniente acercarse por las oficinas de turismo. En la oficina de turismo de la plaza Josipa Jelacica nos atienden en perfecto español tres chicas con muchas ganas de saber sobre nuestro país. Nos entregan un plano de la ciudad con dos itinerarios diferentes. Cenamos en la parte vieja y después, como no, tomamos un super helado en Vincek. Las terrazas están a rebosar y en un club la juventud baila apelotonada los ritmos caribeños de los salseros de moda.

8 de julio, viernes

Salimos pronto hacia el museo que alberga la colección de arte donada por Ante Topic Mimara. Más de 3700 obras, de las cuales, sólo se exponen 1700. Hay sección de arqueología, colección de cristal, muebles, escultura, alfombras, etc. Lo mejor es la colección de pintura: hay obras de Rembrandt, Antonio van Dyck, Rubens, Goya, Murillo, Diego Velázquez, Manet, Renoir, Degas, Vincent van Gogh, Pisarro, Veronés, etc. Y encima apenas hay visitantes; no más de cinco personas en dos horas de recorrido.
Luego callejeamos por la ciudad alta y comemos muy bien en un konoba. A media tarde el cielo se encapota y cae una fina lluvia insistente, la temperatura desciende bastante. Compramos un paraguas. A las nueve asistimos a un concierto de música barroca del grupo francés "Le Parlament de Musique, baroque ensamble"-, un programa de cantatas y sonatas de E.J. de la Guerre.

9 de julio, sábado

Nuestra visita al museo de arte moderno resulta frustrada, lo están restaurando, realmente lo necesita. Sigue lloviendo y la temperatura ha bajado drásticamente, la gente va bien abrigada. Siento frío y lo único que puedo hacer es ponerme otra camiseta encima, no he traído nada de abrigo. Pasamos por el mercado de la fruta y verduras de Zagreb. Hacemos tiempo hasta que salga el avión.
Volamos con Alitalia hacia Roma con escala en Dubrovnik. Roma nos recibe con un tiempo fabuloso. Nos alojamos de nuevo en el hotel Gabriella, esta vez en una habitación mejor decorada, aunque algo más pequeña. Curiosamente, el precio respecto a nuestra estancia en junio baja en 30 €. ¿Hay menos turístas por el calor?
Salimos a patear inmediatamente. Esta vez, escogemos la animada vida nocturna del Trastevere. La línea azul del metro nos deja en la parada Circo Massimo, y bajamos andando la vía del mismo nombre hasta el Ponte Palatino. La carretera es el caos, embotellamiento colosal, los coches de la policía y las ambulancias se abren paso como pueden. Y no se oye un solo claxon, todos tranquilos, como si este caos fuera algo habitual. Y seguro que lo es.
Nos adentramos por las callejuelas del Trastevere. Las trattorías están a rebosar. Cenamos en el restaurante Paris un estupendo menú gastronómico. Casi nueva cocina.
La vida nocturna de esta ciudad es impresionante, parece como si toda Roma estuviera en la calle. Los calores del Mediterráneo remiten al atardecer y es cuando la vida desborda las calles. En la piazza de Santa María del Trastevere toca un grupo de jazz. Está abarrotada de gente, mayormente gente joven, de menos de treinta años. Las heladerías, como no, están de bote en bote y hay que sudar la gota gorda para hacerse con un helado o una grattachecca o granizado. La movida nocturna es tal que no queremos perdernos los diferentes ambientes que ofrece cada barrio, así que volvemos andando desde el Trastevere hasta nuestro hotel, pasando por la piazza Navona. Llegamos a las 2 de la mañana a nuestro alojamiento.

10 de julio, domingo

Otro día soleado y poca gente por la calle esta mañana. Hoy vamos de museos, mi mujer no se quiere perder ni uno. La Galleria Borghese es el primero. Nos acercamos andando. Al museo se entra por tandas de 360 personas. Hay que dejar mochilas y cámaras en la consigna.
Desde luego, este museo contiene obras impresionantes, y eso que más de 200 esculturas fueron vendidas y ahora se encuentran en el Louvre de París. La visita es obligada, aunque sólo sea por ver los cuadros de Caravaggio, un revolucionario de su tiempo, muchos de sus cuadros fueron rechazados por demasiado realistas, ¿quién quiere ver a Santa Ana representada como una anciana? Incluso hoy en día, la imagen de la Virgen María casi siempre se representa fresca y lozana como una adolescente. En definitiva, un reclamo publicitario, la juventud vende más.
Visitamos también la Galería Nacional de Arte Moderno. Lo más interesante es una exposición temporal del pintor Giovanni Boldini, fundamentalmente, un retratista de personajes femeninos. El resto no tiene demasiado interés.
Mosaico en San Pablo Extramuros
Unos metros más adelante, sobre la Via delle Belle Arti, se encuentra el Museo Nacional de la Villa Giulia, que está dedicado a la civilización etrusca. Aquí se encuentran cientos de vasijas, trabajos en bronce, joyas, marfil tallado, etc. Lo más interesante es el sarcófago de los esposos y el Apolo de Veyes, que no lo encontramos en la exposición sino en una habitación acristalada cerca del ninfeo, donde está siendo restaurado con máquinas muy sofisticadas.
Por la tarde, visitamos también San Pablo extramuros, magnífica basílica, construida bajo el mandato de Constantino I. Está edificada sobre la supuesta tumba del apóstol judío Pablo. La tradición asegura que murió decapitado en la persecución de los cristianos después del incendio provocado por Nerón, aunque en realidad, hay muchas dudas de que los cristianos sufrieran algún tipo de persecución.
En el gran mosaico del ábside me llama la atención la humildad de una pequeña figura que aparece casi bajo el pie derecho de Cristo, es el papa Honorio III, quien encargó construir este mosaico y que por lo visto, no desaprovechó la ocasión para quedar inmortalizado.
Después de comer, nos acercamos hasta la plaza del Popolo y recorremos Via Condotti, en la calle se encuentran aparcados Ferraris, Porches, Masseratis y Mercedes deportivos. Me imagino que un piso en esta zona sólo está reservado a millonarios, pero la ausencia de garajes en Roma hace que semejantes obras de arte de la mecánica duerman a cielo abierto.
Paseamos por la Via del Corso y después de cenar en una sencilla trattoria, acabamos con un helado en la Piazza Navona, como siempre. Roma me ha fascinado una vez más, no hay ciudad occidental en el mundo más monumental que esta.

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