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Sabiduría Popular sobre la Hegemonía en la Estructura Real del Poder Globalizado

 

Un artículo del Dr Xavier Gamboa Villafranca

Referencia bibliográfica.-  Gamboa Villafranca, Xavier:  “Sabiduría Popular sobre la Hegemonía en la Estructura Real del Poder Globalizado”, Diario de Quintana Roo.  Pag 2, Sección Cultural.  Chetumal, Quintana Roo, México.  12 de enero del 2003. 

 

 

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A finales del 2002, prácticamente todos los pueblos del planeta intuyen quién es el que realmente manda, durante la “era de la globalización” que desde 1980 los medios electrónicos de comunicación de masas les han venido introyectando como dada: como realidad tangible, inevitable y bienvenida.  Se encuentra mas o menos generalizada la percepción de que la fracción especulativo-inversionista vinculada a los corporativos de las 500 empresas transnacionales más grandes del mundo, con sede real en los Estados Unidos de America, Japón y Alemania, es el verdadero origen de toda decisión importante, en el devenir de las economìas de la humanidad del Siglo XXI. 

El ciudadano promedio de países del Grupo de los Siete[1], percibe, con enorme consternación, que es el puñado de sus propios multimillonarios, quienes ahora mandan, además, en la economía capitalista del planeta en su conjunto.  En los EUA, en particular, su preocupación proviene del hecho de que él ó ella ha sufrido individual y colectivamente, durante mucho tiempo ya,  perniciosos efectos directos y secundarios de políticas  públicas -federales, estatales y locales- concebidas y aplicadas por –y en beneficio prioritario de-  los grandes negocios ubicados en su territorio nacional.  Entre los últimos episodios, de esta cruz que le han venido obligando a cargar quienes gobiernan a su nombre, están:   la escasa legitimidad con que se dió el último acceso a la Presidencia del gobierno federal norteamericano;  la progresiva constatación de que el grupo que se encumbra en el 2000 representa la colocación directa de los intereses de las enormes corporaciones en las alturas de la burocracia pública estadounidense; la instauración durante el 2002, de una verdadera situación de supresión de elementales derechos democráticos tomando como excusa la destrucción –en 2001- del World Trade Center y de parte del edificio del Pentagono;  el empecinamiento en embarcar a los EUA en una guerra contra Irak, para regocijo de los poderosos contratistas de la industria militar y de las armas, así como de las enormes compañías privadas en el campo de la energía.     

Al trabajador ó empleado de los paìses metrópoli no le es difícil imaginar lo que las grandes corporaciones serán capaces de hacer, si continúan consolidándose en la cúspide del sistema de corporaciones privadas y sus subordinadas -las burocracias públicas- que conforman la estructura del poder real a nivel mundial.  Por ello, obligado individual y colectivamentmente a dar un salto de medio siglo hacia atrás en sus formas de lucha, ha empezado a protestar –por lo pronto en gran medida a título individual- en calles, grupos, organizaciones, parlamentos y juzgados, como medio para cantar su desencanto y protesta.  Diferenciándose en la forma, pero con la mísma esencia, eleva su voz de manera espontánea, como lo hacía medio siglo antes el minero del carbón en el sur estadounidense, durante la muy cercana época en que en los EUA se iniciaba la etapa de lucha frontal contra la segregación racial y por la igualdad en los mas elementales derechos civiles.  Se manifiesta de manera similar a como lo hiciera la generación de sus mayores, al empezar el proceso de oposición a la guerra que grandes compañías y  Gobierno Estadounidense declalaron contra el pueblo del Vietnam.  La letra[2] de la famosa melodia de 1959, “Dieciseis Toneladas” (Sixteen Tons), ilustra este mensaje, pletórico de cultura popular:

“Nací una mañana en que el sol no salió.

Mi pala cogì, y a la mina me fuì.

16 toneladas.  ¿Qué es lo que ganas?

Ser un día más viejo y estar mas endeudado.

¡Ay! San Pedro, no me llames, porque no puedo ir.

Mi alma le debo, a la tienda de la compañía.

Cuando me veas venir, mejor hazte a un lado.

Muchos hombres no lo hicieron; muchos hombres murieron.

Un puño de hierro; el otro de acero.

Si el de la derecha no te alcanza; el de la izquierda, sí.”

      Esta mísma intuicion social se dá, aunque con un importante matiz, en las sociedades de los países que conforman al menos pudiente segmento de miembros de la Organización Económica para la Cooperación y el Desarrollo OECD (es decir, los países de la semiperiferia), así como en las del resto de las naciones que para las grandes corporaciones continúan siendo sólo fuentes de extracción de riqueza y de fuerza de trabajo barata, en especie y monetaria (los paìses de la perifiera de la globalización).  A diferencia de lo que ocurre en las sociedades de los países integrantes del club de los más ricos,  en las del segundo y tercer mundo el habitante común cree que son los dueños de los grandes negocios quienes  detentan el mando ultimo en la estructura real del poder mundial.   Pero hasta ahí:  no hay preocupación al respecto.  Esta intuición sin consternación se debe, en buena medida, a que no ha tenido oportunidad “de sufrir” los efectos del enorme poder económico encaramado en la burocracia pública, por la sencilla razón de que en su país casi no hay grandes negocios a escala mundial.  Medios de comunicación y aparato público de poder se han aliado desde tiempo atrás, para hacerle creer que es necesario confiar mucho en grandes compañías, que paradójicamente no existen en su experiencia vivencial inmediata.     Entónces, si el ciudadano intuye que ellas son las que mandan a nivel mundial, en respuesta condicionada a la extrema manipulación de que ha sido objeto, sigue un “Así es.  ¿Y qué tiene de malo?”

Con consternación ó sin ella, el hecho es que el conocimiento popular mundial, acerca de quiénes son los que mueven -y desde dónde-  los hilos del poder mundial, justamente por ser intuitivo, es poco preciso.    Aún así, no es poca cosa.  Al contrario, pone muy en alto la capacidad popular de anàlisis, de todas las sociedades de la tierra. 

El hallazgo popular de haber llegado a identificar y caracterizar, aunque sea en términos vagos, al nucleo duro del poder econòmico-politico mundial, constituye una verdadera proeza indagatoria de la sociedad civil no organizada[3].  Se dá en un contexto de cambio estructural y sociopolítico hacia atrás cuya propia complejidad objetiva, para  empezar, dificulta saber lo que en èl acontece.   La coyuntura del 2001-2003 es de intensidad sin precedentes de conflictos sociales: al interior de los países y sus regiones; entre los gobiernos nacionales; al interior del empresariado; y, entre los segmentos privilegiados y las mayorías empobrecidas de cada sociedad del mundo.   El discernimiento popular se dificulta aun más, porque la información colectiva que supuestamente da cuenta de los hechos, se encuentra en extremo ideologizada por las ramas del árbol de poder de la derecha militante que abarca a dueños de medios de comunicación electrónica, partidos políticos, gobiernos, organizaciones de defensa gremial, legislaturas y ONG,s, con todo y sus respectivas fundaciones (foundations).  En lugar de descripciones de acontecimientos históricamente cruciales, las sociedades reciben –como producto de auténticos sistemas, subsistemas y nodos de manejo del conocimiento socialmente disponible y acequible-  un incesante bombardeo de imágenes distorsionadas de eventos banales que, conforme a estrategias y tácticas de marketing y publicidad de la superte de superestructuctura corporativa de poder mundial, logran altos niveles de distorsión de la public opinion.  Los pueblos logran apropiarse de este destello de conocimiento objetivo, a pesar de ser el blanco principal de una estrategia de manipulación de Estado, de la opinión pública mundial, cuyo propòsito central es que tenga un máximo de legitimidad social la imagen de que el negocio privado lo es todo... ¡Incluso y especialmente en la vertiente de lo público y en la esfera de lo colectivo!

Es encomiable haber llegado al constructo, autogestionariamente construìdo y generalizado por las sociedades, relativo a quién detenta la hegemonía política mundial,  porque implica que la espontaneidad popular ha tenido que hurgar entre millones y millones de datos transmitidos las 24 horas del día, hasta dar con hechos, circunstancias y sujetos cuidadosamente camuflajeados.  Las hasta ayer esencialmente silenciosas mayorías, empiezan a mostrar que son capaces de encontrar la esencia de SU verdad política global, no obstante que los dueños de las grandes corporaciones ejercen su hegemonía de camarilla, fracción y clase, esencialmente desde las sombras.  Históricamente, de hecho, buena parte de las fuentes del inmenso poder de los grandes negocios tiene que ver con la capacidad que los principales accionistas y directivos (CEOs) de las 500 empresas mas grandes del mundo[4] tienen, para actuar desde la clandestinidad. En contadas ocasiones ejercen su dominación metanacional explícita, formal y directamente, desde los centros neurálgicos corporativos.  Estratégicamente, no tienen necesidad de aparecer en público, dar la cara y rendir cuentas de sus decisiones econòmicas, políticas e ideológicas;  para ello es que tienen su sistema de blindaje.  Precisamente para atender sus requerimientos al nivel de los países metrópoli y del planeta  tierra en su conjunto es que, para empezar, colocan a sus representantes en el régimen del gobierno federal de los EUA que inicia en el 2000.  Y, para cuidar de sus transacciones menos importantes, es que se han asegurado –a menudo a través de la acción ó la omisión de la administración gubernamental norteamericana- de contar con la incondicional subordinación del poder ejecutivo de naciones de la semiperiferia y periferia, que han llegado al punto de ser ya solo formalmente soberanas e independientes. 

Es no menos que heroíco el que las sociedades del mundo hayan sido capaces de localizar, por sí mísmas, al actor económico que se ubica en el origen de la dominación política planetaria, si se considera que ello ocurre básicamente por serindipity[5] social:  como un hallazgo no considerado originalmente, resultante de procedimientos de ensayo y error, en la búsqueda de esta porción del devenir social.  Prácticamente, para ello no han contado con el apoyo de las ciencias sociales, que en términos metodológicos bien pudieron haberles hecho el camino menos gravoso[6].  En rigor, han llegado a saber quién es el titiritero, sin la ayuda, a pesar de –y en ocasiones, incluso, luchando contra- la capacidad instalada que ahora ya sòlo las Universidades tienen, para hacer indagaciòn científica en los terrenos de sociologia, psicología social, derecho, ciencia política, ciencias de. la comunicación, administración púbica, filosofía social, estudios internacionales, pedagogía, antropologìa social. 

En el caso mexicano, en particular, las ciencias sociales cultivadas en las instituciones públicas de educación superior ocuparon la vanguardia del pensamiento demitificante  referido a factores reales del poder político intra e internacional.   Ello ocurrió del 2 de octubre de 1968 (día de la matanza de estudiantes en Tlaltelolco) al 30 de noviembre 1982 (conclusión del régimen Lopezportillista en el Gobierno Federal).  Durante este lapso, en las facultades y escuelas de ciencias políticas y sociales del país se realizan numerosas y profundas investigaciones en este campo.  De ellas resultan marcos conceptuales, bancos de datos, términos, métodos, técnicas, estrategias, programas, acciones, instrumentos que son aprehendidos, adaptados, utilizados y aplicados, por las instancias de  representación de las principales fuerzas y corrientes de la sociedad, como arma en la lucha desideologizante de la estrategia y táctica político-económica del contrario. 

En los siguientes 18 años, sin embargo, se pierde totalmente la posición de liderazgo clarificante de antaño.  El final de este periodo sorprende a un puñado de profesores-investigadores colocados en el punto de estar luchando por evitar la desapirición de la ciencia social, como ciencia viva, dado que se encuentra muy difundida la falsa imagen de que son disciplinas “inútiles”.   Y es que, del 1º de diciembre de 1982 (con el inicio del régimen delamadridista en el Ejecutivo federal) al 10 de septiembre del 2001 (destrucción del World Trade Center y de parte del Pentágono, acontecida en los EUA), los docentes que desde las universidades estudian diversas aristas de la sociedad actual y del futuro, guardan progresivo silencio respecto al asunto de cómo se dá, por qué y con cuáles efectos, la hegemonia arrolladora del poder político que, estricamente por conveniencia integral, ejercen desde la obscuridad los hombres de negocios mas ricos del planeta.  Esta estrepitosa caída en la capacidad de análisis y de difusión de resultados de la ciencia social universitaria de México, se debe medularmente a una mezcla de pérdida de su materia, autocensura metodológica y privatizaciòn de la investigación en ciencias sociales.  A su vez, ello determina el fracaso de las pocos intentos que se dán, para enfrentar una auténtica estrategia de Estado, orientada hacia la extinción de las ciencias sociales no cooptadas por Banco Mundial y anexos.   Veamos esto mas en detalle.

 1)Bajo los auspicios del gobierno federal, “el mercado” arrebatò a la academia la materia que le es propia.-  Nada ilustra mejor el asunto, que el de la realización de encuestas de opinión pública sobre procesos políticos y electorales. La sucesión presidencial de 1988 fue seguida muy de cerca, por cientìficos sociales acadèmicos... ¡y, también, por auténticos charlatanes, pagados a comisión, guardaespaldas pseudointelectuales del règimen de Miguel de la Madrid!  A los resultados de cada encuesta de opiniòn predictiva del sentido del voto, realizada desde el claustro universitario, el régimen divulgaba el resultado de 10 falsos estudios.  Despues de esta desigual guerra de encuestas, los académicos se retiran progresivamente del estudio predictivo de comportamiento político-electoral. Los espacios que van quedaqndo vacíos los ocupan, primero, exprofesores que desertan de la academia y montan sus despachos para probar suerte.  Inbuìdos de ética académica, la mayoría cierra sus puertas bien pronto:  no les podía haber ido bien en un ambiente en que había que cumplir cabalemente con el contenido del siguiente  lema:  “¿Cuánto es 2 + 2?  Lo que usted diga, señor”.  A diferencia de ello, al campo de realizaciòn de encuestas de opinión sobre aspectos políticos llegan, para quedarse, empresas que con anterioridad llevaban a cabo investigaciones de mercado.  El negocio es tan redondo que un sencillo juego de alianzas dá pié al surgimiento de sus entenadas: pululan nuevas empresas privadas que se especializan en “marketing polìtico” y en encuestas en el ámbito de la lucha política.  Hace su arribo el colmo de la charlatanerìa:  la realizaciòn de falsas encuestas telefónicas por las televisoras de cobertura nacional, cuyos resultados “inmediatos” son difundidos como colofòn de “noticiarios”.  Algunas de ellas, inclusive, tienen sus propias publicaciones periódicas, que en la forma tienen rigor cientìfico. Esta sigilosa pero arrolladora privatización de la funciòn de realizar encuestas de opiniòn pùblica fue activamente impulsada desde el gobierno federal, como medio para eliminar a las encuestas científicas realizadas por la academia, que generaban resultados cuya divulgaciòn no podìa ser controlada por el régimen.  Ya para 1999,  en las postrimerìas del sexenio de Ernesto Zedillo Ponde de Leòn, un  autèntico Rey Midas se congratulaba haber sido, él, pieza clave que se hubiera logrado abrir el mercado de las encuestas de opiniòn, manejadas desde la propia oficina presidencial donde fungìa como asesor.  Contar con una base, privatizada a ultranza, para la realizaciòn de encuestas de opiniòn pùblica, le es de suma utilidad al Poder Ejecutivo de un gobierno “nacional” globalizado, como lo es el mexicano del 2002.   En la guerra que le declara al Poder Legislativo a partir del inicio de su segundo año, el grupo de compromiso del Presidente Fox está en posibilidad, gracias a esta “capacidad encuestológica de mercado”, de utilizar las encuestas como sustituto de una de las funciones esenciales de Diputados y Senadores:  ser la voz del pueblo. 

2)Autcensura metodológica.-  El periodo coincide con el desmantelamiento de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), y con el consecuente lanzamiento y coronaciòn de la llamada globalización de las economías.  Termina la “guerra fría” URSS vs EUA.  En lo que de hecho constituye la primer campaña propagandìstica, a escala mundial, de la globalización, las corporaciones –vía los gobiernos de los países metropoli directamente coantrolados por ellas- difunden masivamente, en todas partes del mundo, que se ha llegado “al fín de las ideologías”.  Bien pronto su supo su verdadero significado:  ya no hay marxismo y capitalismo;  ahora sòlo capitalismo.  Por ello es que con el fìn de la guerra frìa a escala mundial, para el acadèmico mexicano, practicante de las ciencias sociales, paradójicamente, con ella termina también su libertad para utilizar realmente los diversos marcos teórico-metodológicos existentes;   manera especial, la metodología marxista de investigación.  Y, entónces, cae en la trampa:   se autoccensura en cuanto a su utilización, sobretodo por temor a que lo acusen de “usar viejos clichés”, de usar “métodos anacrònicos”, y similares trastadas.  Aparejado a esto, va haciendo cada vez menos uso real de su libertad formal para seleccionar problemas y temas de investigaciòn, en la vertiente de la polìtica.    

3)El mercado privado se quedó, realmente, con la fuerza de trabajo del propio cientìfico social.-  En general, los investigadores universitarios ven, durante el periodo de declive, una estrepitosa caìda en sus salarios reales.  Los cientìficos sociales, en particular, son de los mas golpeados en este sentido, porque hay una permanente amenaza de deshacerse de sus fuentes de trabajo.   Similar a lo que sucede con las escuelas de agricultura, de medicina y de derecho, en las Facultades y Escuelas de Ciencias Polìticas y Sociales se estremecen, con los efectos de una estrategia de Estado orientada a su desapariciòn.  ¿El argumento?  Hay ya “desmaidos” mèdicos, abogados, agrónomos, sociòlogos y politólogos.  Claro está que se emjpieza a desarticular, de facto, donde existen los claustros con mayor capacidad de actuaciòn independiente.  En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,  producto de la canalización de la mayor parte de alumnos de nuevo ingreso a otros campus de la UNAM, en sociologìa se llega a dar la paradoja de que habìa más alumnos que profesores de carrera.  Aquì no actuaron “las fuerzas ciegas del mercado”:  ello fue producto de una brutal intervenciòn estatal sobre la “”oferta y demanda en el “mercado” de “servicios” para la formación de sociòlogos.    En estas circunstancias, al académico de las ciencias sociales se le obliga, por doble partida, a buscar un segundo trabajo, éste para el sector privado del negocio de las ciencias sociales, ò para la modalidad disfrazada que constituyen las llamadas ONGs.  El mercado realmente lo absorbe, por “la libre” ó por cooptación.

Asi estaban las cosas, hasta el 10 de septiembre del 2002.  Los acontecimientos del siguiente dìa -el 11 de septiembre del 2002-  sacuden fuertemente la conciencia colectiva del académico mexicano en el campo de la ciencia social.  Es tan burdo y descuidado el manejo ideológico que las agencias de comunicación del gobierno de los EUA hacen, del asunto de la destrucciòn del World Trade Center y de una parte del edificio del Pentágono, que –con todo y las tres trabas mencionadas inmediatamente arriba-  al cientìfico social no le queda otra más que de inmediato tratar de recurrir al primer fundamento de su formaciòn:  hacer preguntas, donde los demás sòlo ven respuestas;  y buscar respuestas, donde los demás sòlo ven preguntas. El proceso no es automático:  se dá, a menudo con intensos debates, como el que tuvo lugar en la Universidad de Quintana Roo[7].  En este sentido, se adelanta al docente, cientìfico social, de las universidades norteamericanas, cuya capacidad de respuesta se muestra menor a la mexicana, en buena medida debido a que los controles, allá, son aùn mas severos.  Se empìeza a recuperar la libertad para seleccionar temáticas de investigaciòn del campo de la polìtica, en equipos de investigaciòn interdisciplinarios, multiinstitucionales y multinacionales, que aborden problemàticas ya insoslayables:  la derecha militante y el gobierno de los EUA;  terrorismo armado, de derecha, en países metrópoli de la economía globalizada;  Globalizaciòn y el recurso de interrupciòn de la democracia representada por autogolpes de Estado;  Desmantelamiento de Estados Nacionales, como recurso de la globalizaciòn, entre otros muchos.  De facto, esta fecha marca, el inicio del potencial resurgimiento de las ciencias sociales académicas mexicanas... ¡sincronizadas con las del mundo!

 

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[1] Es decir, del conjunto de Estados nacionales que conforman la metropoli de la economía de mercado globalizada

[2] La versión comercial de su traducción al español, carece del contenido de protesta original.  Por ello, traduzco aquí de la letra original.  Pido disculpas porque mi traducción, tal cual,  no es “musicalizable” conforme a la meolodía . Entre los lectores seguramente habrá quien sí tenga esta virtud, de la que yo, obviamente, carezco.

[3] Me ocuparé en otra ocasión sobre lo que se ha dado en llamar la sociedad civil organizada,  bajo la forma de organizaciones no gubernamentales (ONGs).  No quisiera aquí desviarme del tema, aludiendo al  pléyade de independencia y libertad perdida, a cambio de recursos en dólares, yens y euros realmente provenientes –a través de una compleja red de maquila política e ideológica- de fundaciones realmente manejadas por las corporaciones hegemónicas y sus personeros en el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y organizaciones similares.  Libertad de ONGs perdida, bajo el lema de “el que manda paga”.

[4] En el 2001, estas controlan alrededor del 80% de la producción y el comercio mundial.

[5] Concepto que tomo prestado de un clásico de la sociología funcionalista norteamericdana, Robert K Merton, en su magistral obra Social Theory and Social Structure. 

[6] Aunque ciertamente con menor creatividad e inventiva. 

[7] El debate que realizaron los profesores de las Divisiones de Ciencias Sociales y Econòmico-Administrativas  (DCSEA) y de Estudios Internacionales y Humanidades (DEIH), se encuentra documentado en la siguiente página del internet:  http://www.angelfire.com/ok3/xgamboa/nywtc.htm .  Hay episodios que ilustran con pasmosa claridad, còmo se dio el inicio de la lucha entre el compromiso de búsqueda de la verdad cientìfica, y el recurso de la verdad ideológica.