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Desarrollo Rural Integral, Desafió que Afronta el País

 

 

Un artículo del Dr Xavier Gamboa Villafranca

 

Referencia Bibliográfica: Gamboa Villafranca, Xavier: “Desarrollo Rural e Integral, Desafió que afronta el País”, Excelsior, Sección Metropolitana.   18 de junio de 1987.  México, DF.  México.

 

 

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De conformidad con el Plan Nacional de Desarrollo 1983-1988 (PND), durante el sexenio de la Madrid se sentarían las bases para avanzar en el desenvolvimiento integral del campo mexicano. La inclusión de este concepto, en el conjunto de puntos modales del quehacer gubernamental como promotor y rector del desarrollo nacional representó un avance por lo menos en dos sentidos.

 

Por un lado, el régimen se comprometió a que las políticas  y acciones específicas  que emprendiera orientadas al agro ya no marcharían por separado o contrapuestas, como a menudo venía sucediendo. Habría un marco común definido por la estrategia del cambio estructural del PND. Este común denominador permitiría aglutinar las actividades que llevara acabo cada dependencia, empresa pública y organismo descentralizado del ejecutivo federal permitiendo la coordinación en la marcha para auspiciar el fortalecimiento del todo. Estaría constituido por una clara delimitación del papel que el medio rural habría de desempeñar en la sociedad mexicana del futuro.

 

En el campo , en esta perspectiva, tendría múltiples efectos positivos. Coadyuvaría al establecimiento de una dinámica efectivamente productiva , en el proceso de intercambio de la agricultura, la ganadería,  y la silvicultura. Con la industria y el comercio  interior y exterior. Contribuiría a la progresiva democratización del país en su conjunto . Participaría  determinadamente en la reducción del desequilibrio entre el campo y las ciudades , esto en términos  de condiciones de vida , como trabajo.

 

Coadyuvaría al logro y mantenimiento de la soberanía nacional en materia alimentaría. Apoyaría la dinámica del progresivo de los niveles nutricionales de la población urbana . Generaría divisas, vía exportación de materias primas agropecuarias y forestales, así como de bienes manufactureros a partir de ellas.

 

Por otro lado , esta conceptualización integral que el PND incluye en materia del tipo de desarrollo rural que en este sexenio se auspiciaría, implicaba la asunción  del compromiso de ampliar y respetar una suerte de autodeterminación del propio agro. La actividad gubernamental de normatividad , planeación, ejecución, supervisión, control y producción, no se definirá más exclusivamente, por funcionarios de diverso nivel en la federación, gobiernos locales y municipales.

 

En el futuro, la burocracia pública compartirá esta función con  representantes legítimos del complejo mosaico conformado por la población del medio rural. Es probable que sea precisamente por ello que el propio PND también incluye una serie de propósitos , definidos de hecho por las principales fuerzas sociales  del campo, en el cual este ya no aparece esencialmente como medio, sino como un fin.

 

La transformación cualitativa del agro, en sí mismo, es aquí, no ya una vía para lograr  el avance  del país, sino que se traduce  en objetivos que identifican a sus habitantes  como beneficiario directos . Se pretende, de esta manera , lograr que cuenten con sólidas e independientes organizaciones para su lucha  económica , política e ideológica con niveles de vida dignos , tratándose de alimentación, vivienda, salud, educación y transporte; con una mayor participación  en la distribución nacional del ingreso ; con empleos permanentes y  renumerativos, no necesariamente vinculados  al reparto agrario de tierras; con una clara definición de que es de quien, en materia de suelos agrícolas  de riego y de temporal y de otros medio de producción; con racionales ecosistemas para desempeñar su trabajo y para habitar en ellos.

 

La planeación integral, con altas dosis de autodefinición , para el desarrollo rural, se formaliza al finalizar el primer semestre del régimen de la publicación del PND durante el resto del Sexenio, los grupos y corrientes más progresistas del aparato del gobierno se empeñarían en lograr su cristalización. Al menos hasta el primero de septiembre de 1986, su lucha se dio principalmente  a lo largo de cuatro frentes político-ideológicos; tres, ubicados en el plano interno y, uno en el exterior del país.

 

En primer lugar, fue menester combatir para que las partes del gobierno y de la administración federal que tenía que ver directamente con el campo, se organizaran entre sí en la medida requerida  para ser el motor del cambio estructural del campo mexicano. Se desarrollaron imaginativos  procedimientos dirigidos a lograr que todas esas  dependencias actuarán coordinadamente. Al nivel de los COPLADE’s, se hicieron  ejercicios  de evaluación concebidos por la Secretaría de la Contraloría, con la participación  de los tres niveles  de gobierno y de representantes  de los sectores social y privado, en torno  a avances y retrocesos de grupos de actividades  clasificadas como de “desarrollo rural integral”.

 

El propio gabinete agropecuario normó la casi totalidad , de sus programas bajo este rubro. Siguiendo el modelo del propio  Plan Nacional de Desarrollo, las oficinas gubernamentales  y organismos descentralizados del sector público con injerencia en el medio rural, al hacer sus programas operativos anuales y sus programas de mediano plazo, clasificaban sus acciones  como contribuciones al Desarrollo Rural Integral. Sin embargo a nuestro juicio no se avanzó lo suficiente. Estos procedimientos integrados de la burocracia no fueron suficientemente válidos, antes de ponerlos a operar. Pocas representaciones y delegaciones federales realmente lograron desembarazarse de la nociva tradición de “moverse por su cuenta”.  En términos generales, sólo en las ocasiones  formales en que se tenía que rendir cuentas en lo concerniente al desarrollo rural integral , se tenía una coherencia  y un grado de compromiso que solo existía en los propios actos protocolarios.

 

En realidad los programas –para los cuales si existía presupuesto – seguían siendo los mismos con prácticamente los mismos niveles de descoordinación en la practica. Resultado global: poca coherencia y coordinación en términos comparativos  con los requeridos para responder  a las expectativas de una concepción a la naturaleza tan profundamente progresista  con la que aquí se reporta. El feudalismo administrativos, pese a los esfuerzos, seguía  estando presente para septiembre de 1986, donde por décadas había estado más arraigado: en el conjunto de dependencias federales y estatales que tenía jurisdiccionalmente al agro como su razón de ser.

 

Protagonismo básico

 

Otro frente de lucha lo estableció el régimen en torno al sector social rural. En la concepción de cambio estructural del PND para el desarrollo rural integral hay un protagonista básico: el conjunto de formas campesinas de organización para la producción, distribución, transporte y abasto de bienes  y servicios de consumo socialmente generalizado en el propio agro y en el país todo. Pues bien, durante los primeros tres y medio años del sexenio delamadrista, hubo que vencer a las presiones que pugnaban, no solo por evitar que asumiera este potencial protagonista principal, sino por la desaparición jurídica de la más clara figura del sector social rural: el ejido.

 

La lucha fue en lo ideológico (rescatado de los orígenes del ejido actualizado, en las más cara reivindicaciones del movimiento armado 1910-1917),  en lo político (actuando para fortalecer a las organizaciones  campesinas de lucha, no solo de apoyo proestatal –CNC, UGOCM, CAM, CCI, etc., sino también de izquierda –CCRI, CNPA, CIOAC, entre otras-  incluso de inspiración en la derecha del sistema político -FNDR, por ejemplo-) y en lo económico (manteniendo los niveles de apoyo a la construcción y operación de obras y servicios cuyos usuarios principales  eran unidades de sector social).  El sector rural social, en la realidad y como potencialidad, no fue severamente debilitado, aún cuando quedo mucho por hacer en ,materia de fortalecimiento efectivo de este tipo de unidades productivas.

 

Una tercera dimensión de lucha consistió en resistir, desde el gobierno  la embestida proveniente de la clase de capital en conjunto que buscaban una drástica reducción del gasto social en el medio rural. Conasupo, diconsa y el sistema educativo, en el campo fueron reiteradamente acusados, los primeros de competencia  desleal y el último de barril sin fondo del erario público como impactos casi nulos  en el proceso de superación de los niveles  de formación de recursos  humanos para el “tipo” de trabajo que –según ellos- se requería en el campo. A pesar de estas presiones, continuó la acción orientada a la ampliación de los servicios de agua potable, educación y abasto de alimentos básicos.

 

Desde la secretaría de la salud se estimulo el que organizaciones campesinas manejaran aspectos relacionados con la prevención, curación y rehabilitación, como parte de sus demandas , se abrió una poderosa línea de investigación científica  y de desarrollo tecnológico   dirigida al mejoramiento de las condiciones de vida en el campo. Fue modificado el artículo 123 constitucional, para eliminar la desventaja de los jornaleros y otros asalariados del medio rural, en materia de salarios mínimos generales.

 

La cuarta dimensión de lucha tuvo lugar en el contexto internacional del país, específicamente en el ámbito de la vinculación México- Estados Unidos. Parlamentarios mexicanos y miembros del ejecutivo federal y de diversos estados fronterizos , lucharon porque en Estados Unidos  no se aprobara la ley Simpson-Mazzoli posteriormente transformada en ley Simpson-Mazzoli. Ello con la finalidad de evitar que se elevaran significativamente los niveles de desempleo en la economía nacional y específicamente en la agricultura, la ganadería y silvicultura, como consecuencia de una eventual deportación masiva de cientos de miles –quiza millones- de ilegales mexicanos.

 

 

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