
-El timo del rock-
¿Qué pensaría usted si sale de un lugar y no reconoce el color de su zapatos? ¿Qué sensación tendría si una intensa película de porquería empaña sus anteojos y le provoca escozor en los ojos?
Molotov: Micky "Huidos" Huidobro, voz y bajo; Tito Fuentes, guitarra, voces y batería; Paco Ayala, bajo y voces; Randy "El Gringo Loco" Ebright, batería y guitarra.
2ª parte:
Enrique Bunbury y su grupo: Enrique Bunbury, voz y guitarra acústica; Alan Boguslavsky, guitarra; Moran, bajo; Gacias, batería; Copi, teclados.
Anfiteatro del Hotel Herradura, 6 de marzo. Tiquetes: gradería, ¢4.000; gramilla, ¢5.000.
La respuesta es el polvo, el maldito polvo que se levanta en ese infernal recinto cada vez que alguien convoca unos cientos de personas. El hotel o el promotor sabrán alguna cosa, ¿no?
Esa cortina de polvo, que nos acompañó durante más de tres horas, era prima hermana de la materia de la que estaban hechas las canciones de quienes se subieron al escenario. Tanto Molotov como Bunbury venden humo. Sus propuestas son de un inconsistente que espanta.
Mientras la autoridad competente se exponía a las críticas -Bunbury envió un recado a los políticos que ejercen de censores, a quienes calificó de fundamentalistas y retrógrados- por salvaguardar las buenas costumbres entre los más pequeños, no repara en que esos mismos chiquillos tienen otros derechos que son sistemáticamente lesionados en su condición de consumidores de ocio. La incomodidad y la suciedad que fue adquiriendo el redondel son dignas de estudio.
Lo cierto es que Molotov no dejan de ser unos aficionados que se creen provocadores profesionales, que viajan en avión, se supone que en primera clase, duermen en hoteles de cinco estrellas y jalan su plata de una multinacional.
Molotov no pasa de ser un exabrupto. Ruidoso, si se quiere, pero inofensivo. Detrás no hay el menor contingente ético ni intelectual. Son fruto de una coyuntura. De una coyuntura que manipula todo cuanto puede que se llama MTV. Y punto.
Estos niños mexicanos cuando se les ha puesto el alto, se han quedado parados delante del guardia. Ellos, que mostraron una notable malacrianza al aparecer 45 minutos después del horario anunciado, dijeron que no querían ofender y ofendieron con su retahíla de sandeces, con sus mensajes vacíos, que eran vitoreados por las 300 ó 400 personas, las que estaban frente al escenario. El resto, ni caso. O no los entendieron o esperaban al zaragozano. Una hora perdida.
La prohibición impuesta por la autoridad de tres de sus canciones lo único que hace es que Molotov venda más discos. Ese, y no otro, es el propósito. Suyo como el de la disquera de turno. Si no es un timo se le parece mucho.
Ya lo decía un tipo muy avispado que se hizo millonario en la Inglaterra de mediados de los años 70. Malcolm McLaren era un muerto de hambre que se inventó un chiste soculento: los Sex Pistols. Y tituló la fiesta del punk como "el timo del rock and roll". Nada más acertado.
Muy lejos del punk y bastante más cerca del ridículo se encuentra Enrique Bunbury, que soportó de muy mal talente que le recordaran su pasado. "A lo mejor piensan que me joden cuando hablan de Héroes. ¿Saben a quién se lo están diciendo?", dijo con evidente enfado. Sí, al cantante que durante 12 años no ha entendido que el rock es diversión, amistad, hedonismo, solidaridad y un poco de rebeldía. Se lo decían a un personaje plomizo que habla de las cualidades gastronómicas y culturales del hachís como si su auditorio lo compusieran, permitan la licencia, retrasados mentales. Sí, al mismo que dice que su disco se debe oír alto y cuando se esté muy solo. Sí, al fundamentalista que piensa que todos quieren ser como él. Otro timo.
Bunbury, al que un sector de la crítica musical española ha crucificado asegurando que su disco es un producto que solo se puede encontrar en el inodoro, sabe que el rock tal y como lo conocemos se agota. Por ello ha ido, siguiendo los pasos de U2, hacia la música de baile, que, si se quiere, en estudio puede funcionar, pero en directo es un fiasco total. O no es un fiasco oírle decir: "queda abierta la zona de baile". A continuación suena el Come Together de los Beatles y Bunbury cantando a través de un megáfono.
El chiste malo, sin embargo, estuvo cuando la organización aseguró que el cantante estaría una hora y media, casi dos, en el escenario ya que parte del concierto sería repertorio de su antiguo grupo. El suplicio duró solo una hora.