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Concepto por:
Dr. Cirilo Toro Vargas
Publicado en el Internet 24 de junio de 1997
Revisión más reciente 17 deagosto de 2002
Angel Jiménez Alfínez 
por Nelsonrafael Collazo

Allá, en lo alto de Montes Llanos nació Alfínez.  Desde su pequeña cas enclavada en lo alto del cerro veía a lo lejos la Señorial Ciudad de Ponce.  La ciudad se extendia sobre una hermosa llanura hasta llegar al mar.  A ese hermoso mar que el desconocía y que confundía con el cielo.

Sus ojos de niño se acostumbraron a ver las cosas como las ven los pájaros, desde la altura del azul cielo.  Allá arriba se sentía seguro.  La enorme ciudad le intimidaba.  Creía que si iba a ésta todas las calles le parecerían iguales y se extraviaría.  Temía no regresar a su nido.

Por años, hizo lo que hacen las pequeñas aves, quedarse en su acogedor nido en espera del momento inevitable de lanzarse en vuelo a lo desconocido.  Ver de cerca lo que antes veía de lejos.

Allá en lo alto de los Montes Llanos, en la Yuca, el talento artistíco fue su inseparable compañero.  Pintar, dibujar, tallar, construir y soñar le hacían olvidar la escuela a la que no asistía y a los compañeros que ya no veía.

Tenía en ese tiempo dos ventanas abiertas de par en par al mundo ancho y ajeno.  Una ventana le mostraba la ciudad adormecida en la llanura.  Tierra llena de interogantes y misterios.  La otra ventana era aquella "caja mágica" que le mostraba un mundo de héroes procedentes de galaxias distintas, de guerreros prehistóricos armados con rayos del futuro, hermosa mujeres guerreras, duendes, hadas, princesas, dragones y seres encantados.  Sus ojos veían ciudades suspendidas en el espacio, reinos de la alegría, de la tristeza, de la luz, de las tiniebas y de las fantasía.

Comenzó a recrear todo este universo en pinturas y dibujos que iba acumulando como un tesoro.  No podia comprar el héroe agresivo que se convertia en nave espacial o auto del futuro así que lo contruyó en madera y lo pintó como aquellos que se vendían en la grandes tiendas, y fue suyo.

Ver lo que aquella caja mágica de la telivisión le traía no fue suficiente.  Comenzó a pintar sus propias historietas, a crear sus propios pesonajes.  Ese mundo artistíco lo compartía con su sobrina Sandra Alfínez, quien poseía un talento similar a él.  Esta se quedó en ese mundo y prefirió no traspasar aquel mural que Alfínez traspasó.

Por fin un día nuestro artista decidió emprender la ruta que lo llevaría lejos de su abriga do nido.  Se adentraría en la ciudad con sus calles, para él similares, y se uniría a las multitudes que le intimidaban y aún le intimidan.  Sería parte de la ciudad que le parecía temerosa y que todo sabemos lo es.  Atrás quedaron los sueños y la fantasía.

Ante él se abrió un mundo diferente, descubrió las raíces que le unían a su pueblo.  El artísta comenzó a nutrirse de la sabiduría de los libros y volvió a la escuela y del tres pasó al doce.

En ese nuevo sendero fue dejando su ingenuidad y su niñez adulta.  Perdió muchas cosas hermosas que no pueden tener los hombres que desean vivir en este mundo tan nuestro.

No sé si sentirnos orgullosos de haber contribuído a ese viaje artístico de Alfínez.  Ahora su mundo parece ser otro.  De su manos han nacido Julia de Burgos, Don Pedro Albizu Campos, Paquito López Cruz, Walter Murray Chiesa, artesanos, pintores, músicos y amigos.  El interesante mundo de la nación puertorriqueña ya es parte de su mundo, lo conoce, lo disfruta y lo protege.

En esta ocasión tendremos todas las oportunidades de descubrir al artísta viendo su obra.  El se mostrará en cada línea, en cada rasgo y en cada sombra para recordarnos lo que fue, lo que es y lo que puede ser.


Artículo tomado de la hoja promocional de la exposición Fantasía De Mi Tierra de Angel Jiménez Alfínez, escenificada en el Vestíbulo de la Biblioteca Encarnación Valdés, de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, del 4-15 de noviembre de 1991.

Información publicada en el Internet:  15 de abril de 2000.
Información actualizada:  17 de agosto de 2002.