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Un
joven entró a una joyería y pidió que le
mostraran el mejor anillo de compromiso que
tuvieran. El joyero le presentó uno de oro con
una hermosa piedra solitaria que brillaba como
un diminuto Sol resplandeciente. Contempló el
anillo y, con una sonrisa, lo aprobó. Luego
preguntó el precio y se dispuso a pagarlo. ¿Se
va a casar usted pronto?, preguntó el joyero.
¡No!, ni siquiera tengo novia, respondió el
muchacho.
La muda sorpresa del joyero animó al joven a dar
una explicación.
¿Sabe? este anillo es para mi mamá. Cuando yo
iba a nacer estuvo sola. Alguien le aconsejó que
abortara para evitarse problemas pero, ella se
negó, me quiso y me dio el don de la vida. Y
vaya que tuvo muchos problemas.
Fue padre y madre para mi y
fue amiga y hermana y maestra y me hizo ser lo
que soy.
Ahora que puedo le compro este anillo de
compromiso. Ella nunca tuvo uno. Yo se lo doy
como promesa de que si ella hizo todo por mí,
ahora yo haré todo por ella.
Quizá después entregue otro anillo de compromiso,
pero ese será el segundo.
El joyero no respondió nada. Solamente ordenó a
su cajera que le hiciera al muchacho el
descuento reservado para los clientes realmente
importantes.
MARIANO OSORIO
   
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