Que noche
tan delgada nos
detiene, opuestos,
del lado
turbio de los sueños.
Si estamos de
regreso de un tiempo sin linderos
con el
miedo entrañado y un árbol, extranjero:
sitiado
en el invierno, dejando caer los días
entre el
desamparo; de ese humilde arte
Ahora nos
miramos frente a un día más extenso
ante el temor de,
a pulso, abolir la distancia
o bien
ensimismarla, dejarla en sus secretos.
Tú y yo que del
hielo huimos, cuerda
para jugar del
viento, podemos sucedernos.
Dilapidar
el alma, hasta la luz; abrirla.
Para
lograr que este silencio desde el dolor,
se vuelva magnolia
sonámbula de besos.
Libro El
Elegido…primer poema.