Sujeta a tu albedrío

 

me encuentro

 

impregnada  de tu aroma.

 

 

Agua desdoblada

 

en fugaz amanecer.

 

 

Ángel herido,

 

con manos del David,

 

recorres mi cuerpo.

 

 

Me pueblas toda

 

con tus delirantes susurros

 

entre las sábanas húmedas.

 

 

¡Ay, cuán fácil te adueñas de mi alma!

 

 

 

Autora:

Ma. Lucero Zavala Robles

 

 


 

Leonelnerk