José Arturo Salcedo Mena
(mexgodfather@hotmail.com)
Mayo de 2003
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“Los blancos seguirán estando tan furiosos que empezarán
a matarse unos a otros. Y matarán también a gente de color.
A tantos matarán que la gente los odiará como ellos nos
odian hoy a nosotros. Y ellos se convertirán en la nueva serpiente.”
Celie.
En el presente, el fenómeno de la globalización ha propiciado el repliegue de las culturas a sus propios principios, criterios, elucidaciones y evaluaciones de su propia cosmovisión, ante el peligro que representa para ellos el resquebrajamiento de sus identidades. Uno de los aspectos que subyacen a la lectura de El color púrpura es el conflicto de tradiciones generado por visiones, percepciones e interpretaciones del mundo diferentes, lo cual pone en evidencia el problema de la conmensurabilidad o inconmensurabilidad para la comprensión intercultural. El presente trabajo tiene como objetivo hacer un recuento de las atinadas percepciones de Alice Walker en torno a la cultura africana en su novela El color púrpura, asimismo se tratará de hacer una correspondencia entre la tribu concebida por la autora y las auténticas comunidades tribales africanas.
Nettie (afro-americana nacida en un estado sureño de la Unión Americana) en El Color Púrpura es la hermana de Celie, quien es el personaje principal de la novela. Por azares del destino, mismos que son relatados con minuciosidad en el texto, Nettie se convierte en miembro de la Sociedad Misionera Americana y Africana, cuyo propósito consiste en enviar predicadores y catecúmenos al “continente negro” para convertir a los “nativos” en creyentes de Cristo y llevar “progreso” a las aldeas africanas. Nettie se embarca al continente con sus compañeros, haciendo escala en Nueva York, Londres, Lisboa, Monrovia y Dakar para llegar finalmente a la aldea de los olinkas, donde conocerá muchos aspectos de la vida tribal en este continente, aunque no los comprenderá del todo.
La violación de los misioneros al continente africano, Walker la pone en evidencia cuando Nettie hace el comentario sobre el tiempo que lleva Inglaterra mandando misiones al continente Asiático - Africano tomando reliquias del patrimonio de las comunidades para exhibirlas como un trofeo de cristianización., conquista y colonización en el principal museo del país, el British Museum. Nettie hace una descripción de éste:
“Pasamos toda una mañana en un museo lleno de joyas, muebles, alfombras de piel, espadas, trajes y hasta tumbas de todos los países en los que han estado. De África tienen miles de vasijas, ánforas, máscaras, platos, cestos, estatuas... y es todo tan bonito que cuesta trabajo creer que la gente que lo hizo no exista todavía. Pero los ingleses dicen que no existe.” <1>
Resulta obvia la aclaración de los ingleses al personaje de que la gente que fabricó aquellas artefactos no exista más, las cosas exhibidas son el único testimonio de su cultura. Culturas aniquiladas por el mundo civilizado en su búsqueda por llevar la modernidad y la religión (occidental) a tierras lejanas. Los “tiempos duros” de África, como cuenta Nettie a su hermana Celie en la novela, se deben a la presencia inglesa en estas tierras:
“(...) de no ser por ellos, en África no hubieran sido tan duros los tiempos. Millones y millones de africanos fueron capturados y vendidos a los traficantes de esclavos (...). Ciudades enteras fueron destruidas por los cazadores de esclavos. Hoy el pueblo de África –después de asesinar o vender a las más fuertes de sus gentes– sufre enfermedades y vive sumido en la confusión (...)” <2>
Al llegar Nettie a África se da cuenta que los gobernantes de estos países a pesar de ser negros se comportan como blancos; visten como ellos, hablan como ellos, tienen los mismos intereses capitalistas que los blancos, sus casas-palacio son parecidas a la Casa Blanca y se refieren a la gente que gobiernan como “nativos”. La comunidad Olinka en la novela es una tribu africana a cuatro días de Dakar, la capital de Senegal. El pueblo Olinka, como muchas tribus en África poseía un dialecto propio y era una sociedad politeísta. <3> No obstante, esta comunidad es ficticia, no existe en la realidad. Fue imaginada por Alice Walker para efectos literarios, sin embargo existen comunidades africanas que se asemejan de manera extraordinaria a la comunidad concebida por la autora, es casi seguro que ésta se haya inspirado en pueblos tales como los Kikuyu, los Nubas, los Kambas, los Nuer o los Okiek para crear a los Olinkas.
Una actividad que era realizada por los Olinkas en la novela, era la agricultura. Dentro de la comunidad se cosechaba principalmente cazabe, ñames y cacahuate. Las mujeres se pasaban el día en el campo cantando a la tierra. Y es que, como señala Pierre Bowyer<4> , la tierra tiene un valor místico para las tribus africanas. Para los Kikuyus, “su sociedad tradicional se relacionaba de manera directa con la tierra”.<5> La agricultura para los africanos, como lo ilustra Alice Walker, “exige trabajo en régimen comunitario, siempre se concede gran importancia a la ayuda mutua”.<6> Las mujeres de la aldea olinka convivían y realizaban sus actividades de manera conjunta, cultivaban los campos, cocinaban y cuidaban a los niños en comunidad. Asimismo, la caza exigía el trabajo en equipo de los hombres. Por otro lado, otra actividad que caracteriza a estos pueblos es el tejer: “los olinkas son famosos por sus telas de algodón, que tejen a mano y tiñen con bayas, barro, índigo y corteza de árbol”.<7>
Otro elemento social de gran importancia para las tribus africanas que hace notar la autora de El Color Púrpura es la familia. Como la aldea Kikuyu, la sociedad olinka es polígama: “con cada nueva esposa, el hombre se ve capacitado para cultivar mayores superficies”.<8> La importancia de la mujer es secundaria en la tribu olinka: “Una mujer no es nada por sí misma. Sólo con su marido puede ser algo (...) La madre de sus hijos”,<9> la mujer no puede ser educada al igual que los hombres, el papel de la mujer está en la casa. El respeto que los hombres le dan a la mujer consiste en no dejarla “vagar por el mundo”. Las chozas en varias aldeas africanas, como la concebida por A. Walker, son redondas, paredes de madera y techumbres de hierba. “En la tribu Okiek, el primer deber del marido es proporcionar una vivienda a su mujer”<10> , pues es ahí donde descansará la familia de las labores del día.
Si el sistema agrícola africano estimulaba la cohesión social, la organización tribal se ve reforzada por el proceso iniciatorio que afecta tanto a hombres como a mujeres durante toda su vida. Para las tribus africanas, señala Pierre Bowyer, las etapas más importantes de la vida son cuatro: circuncisión, matrimonio, procreación del primer hijo y circuncisión de éste. Este sistema lo ilustra de manera clara la autora de la novela en cuestión y deja patente además que la solidez del sistema se basa en el principio de gradación de edades: todo olinka pertenece por nacimiento a un determinado grupo de edad, en cuyo seno se forjan fuertes vínculos de solidaridad. Lo anterior lo expone Walker al narrar el hecho de que Tashi y Olivia realizaban actividades juntas (estudio, trabajo y diversión) y se “atendían mutuamente” en cuestiones femeninas de naturaleza íntima.
En las tribus africanas muchachos y muchachas se sometían al rito de iniciación y circuncisión para celebrar la pubertad. En la novela se explica que estas ceremonias tienen el objetivo de conservar y reafirmar la identidad. Tashi, personaje de la novela, se sometió a estos cultos para complacer a su pueblo. Estos ritos fueron causa de controversia en años pasados, en los que los misioneros cristianos, “escandalizados por una costumbre que se les antojaba bárbara e innecesaria, lanzaron una campaña en contra de ella”.<11> Pierre Bowyer<12> sobre este hecho dice que no se comprendió el valor que le daban las tribus africanas a estos rituales, para quienes era un cimiento de su organización social, señal del ingreso del joven en la edad adulta y medio de que cada grupo de edad compartiera una experiencia capaz de unir indisolublemente a sus miembros. No obstante, la influencia del cristianismo fue poderosa en el continente y muchas tribus (aunque no todas) abandonaron este tipo de rituales.
Otro aspecto digno de ser mencionado es el que tiene que ver con la tradición oral. Son raros, como señala Alicia Kalil,<13> los pueblos africanos que desarrollaron la escritura, por lo que para conservar la tradición, la historia, la religión y las costumbres se recurrió al hábito de narrar a los hijos los hechos dignos de ser conservados en la memoria de la comunidad. La autora de El color púrpura enfatiza esto cuando sus personajes, como Tashi y Nettie cuentan las historias del pueblo olinka a los demás (e.g. los cuentos que la madre de Tashi le narra a su hija y que esta a su vez relata a Olivia y a Nettie; o la historia del primer hombre blanco que es referida por los olinkas a Nettie).
Es interesante además cómo ejemplifica Walker la peripecia de que las comunidades africanas no admiten diferencias entre ellos dentro de sus tribus. Si alguien era diferente, era vendido como esclavo a los blancos. Este hecho es explicado a Nettie por los padres de Tashi, cuando le dicen que una tía fue vendida al tratante porque no se adaptaba a la vida de la aldea y porque se negó casarse con el hombre elegido para ella.
La aldea Olinka fue dividida por la carretera que mandaron construir los colonos ingleses, los campos y los hogares de los olinkas fueron destruidos, “todas las chozas que estaban en su trayectoria fueron arrasadas”.<14> El pueblo era obligado a vivir en barracones. Los árboles de la aldea era talados para construir barcos y muebles, los ingleses obligaban a los olinkas a plantar cosas que ni siquiera podían comer. Cuando el jefe de la aldea fue a la costa a pedir explicaciones, le informaron todo ese territorio, el que habían poblado por generaciones, pertenecía a una fábrica inglesa de goma.
Quizá este hecho tenga su inspiración en lo sucedido con los Kikuyus en Kenya. Tras haber reclamado el derecho de ocupar Kenya, los ingleses construyeron una red ferroviaria a finales del siglo XIX en el territorio. El ferrocarril, que transportaba el aparato militar-administrativo y comercial atravesó la aldea kikuyu. Los pasajeros del tren se sintieron atraídos por la espléndida meseta así como por la venta de extensos terrenos cultivables. “Según penetraban (...), los blancos iban adueñándose de extensiones crecientes de tierras kikuyu, confinando a los nativos a una reserva tribal”.<15> El confinamiento y el arrebato de las tierras azotó a los kikuyu diezmándolos por la pobreza, el hambre y la viruela. Los jóvenes kikuyu, a raíz de lo anterior, se vieron obligados a abandonar su territorio, unos queriendo preservar su identidad se organizaron en grupos antibritánicos, los demás buscaron trabajos en comunidades blancas.
Al ser arrasada la comunidad Olinka por la fábrica inglesa de goma, al ser privados de sus cultivos (que los defendía de enfermedades), la tribu comenzaba a enfermar de malaria y a enfermar de la sangre. Por otro lado, los olinkas se unían a los mbeles que como aclara la autora en la voz de Nettie eran “una gente que se niega a trabajar para los blancos y a dejarse mandar por ellos (...), que viven en plena selva, acogen a los fugitivos, hostigan a los plantadores y persiguen su destrucción, o por lo menos, su expulsión del continente”<16> . Lo mismo sucedió en el año de 1952 en Kenya, cuando los kikuyu, dirigidos por Jomo Kenyatta organizaron una campaña guerrillera con el nombre de “Mau – Mau”, la tribu protestó por el mal trato que le daban los colonos británicos, por los delitos y la violencia que se cometía en contra de ellos. Posteriormente se unieron, se aliaron, a la campaña de Kenyatta tribus de aldeas circundantes y lucharon contra los británicos por la libertad, “por un gobierno mayoritario, que indudablemente debía ser africano”<17> . El año 1963 en Kenya daría fin al período colonial, Kenyatta ascendía a la presidencia. Pero los problemas no terminaron al ser liberadas las tribus del poder británico, las diferencias y la rivalidad entre las comunidades han hecho que éstas presionen al gobierno libre para una mayor autonomía regional, que como señala Kip Kufra<18> se trata en realidad de una mayor autonomía tribal.
La autora deja ver que África es más que una serie de países exóticos a los que se puede visitar en plan de turismo o de estudio; la autora trata de cambiar la percepción de los lectores ante el Continente Negro, dice (aunque no de manera manifiesta) que África es más que “un lugar lleno de salvajes desnudos”<19> . El color púrpura trata el problema de la cultura y el de la identidad cultural en la raza negra. Las mujeres de color son víctimas de una sociedad patriarcal, donde el hombre ejerce el poder a través de la violencia. Creo que el objetivo de Alice Walker de presentar al lector una raza ficticia como es la Olinka es para que este conozca, perciba y advierta la situación de África y de su gente, continente poblado por gente real, mujeres reales y comunidades, culturas y países existentes.
A final de cuentas, como se puede percibir en la novela, las comunidades africanas no necesitaban ni a Cristo ni la ayuda médica que pensaban los misioneros como Nettie, Corrine y Samuel. Lo que necesitaban era ser respetados, que se admitiera que son diferentes al mundo occidental y quizá ser tolerados. Esto se infiere de que cada comunidad funciona de acuerdo con sus propios marcos conceptuales, los cuales incluyen principios, valores, fines, estrategias, concepción del mundo, tradición y que son diferentes a otras con diferentes marcos. En cuestiones de evaluación e interpretación, lo deseable es llevarla a cabo desde los propios estándares de esa comunidad sin que esto signifique que el evaluador pierda su horizonte histórico y cultural. Las tradiciones diversas pueden aprender unas de otras. Las líneas del personaje de Doris Baine, la misionera blanca, ilustra de manera sencilla lo anterior al referirse a el papel que desempeñaba como catecúmena en tierras africanas:
“A mi me pareció que estaban bien tal como estaban. Y ellos me toleraban a su vez. En realidad, los ayudé bastante. Al fin y al cabo, yo era escritora y llené resmas de papel hablando de ellos, de su cultura, de sus costumbres, de sus necesidades y de todas esas cosas (...) Antes de un año, mis relaciones con los paganos eran perfectas. Yo les dije que la salvación de sus almas no era asunto mío, que yo lo que quería era escribir libros y que no me molestaran”<20>.
Finalmente, África no levantó los brazos hacia Dios, consigna bíblica que deseaban cumplir los misioneros americanos y europeos. África, en cambio, levantó los brazos hacia, a y por el mundo occidental, al capitalismo que finalmente estaba confabulado con los misioneros.
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Citas:
<1> Cfr. Walker, Alice, El color púrpura, Plaza & Janés Editores, México, 1999, p. 118.
<2> Idem, p. 119.
<3> Ibidem, p. 131
<4> Cfr. Bowyer, Pierre, Tribus africanas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000, p. 68
<5> Cfr. Kufra, Kip, Kenya. La historia, Javier Vergara Editor, España, 1997, p. 98
<6> Cfr. Bainbridge, Robert, Afrocentrism and Gender, Ballantine Books Inc., United States of America, 1971, p. 63
<7> Cfr. Walker, Alice, Op. Cit., p. 136
<8> Cfr. Bowyer, Pierre, Op. Cit., p. 71
<9> Cfr. Walker, Alice, Op. Cit., p. 133
<10> Cfr. Kufra, Kip, Op. Cit., p. 93
<11> Idem., p. 130.
<12> Cfr. Bowyer, Pierre, Op. Cit., 75
<13> Cfr. Kalil, Alicia, Introduction to African Culture, Chatham Square Press, New York, 1990, p. 48
<14> Cfr. Walker, Alice, Op. Cit., p. 145
<15> Cfr. Bainbridge, Robert, Op. Cit., p. 92
<16> Cfr. Walker, Alice, Op. Cit., p.p. 196 y 222
<17> Cfr. Bainbridge, Robert, Op. Cit., p. 95
<18> Cfr. Kufra, Kip, Op. Cit., p. 210.
<19> Lo contrario de lo que Miss Beasley, personaje de El color Púrpura, de educación “promedio”, pensaba (Cfr. Walker, Alice, Op.cit., p.112)
<20> Cfr. Walker, Alice, Op. Cit., p.p. 198 y 199
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Fuentes consultadas:
Bainbridge, Robert, Afrocentrism and Gender, Ballantine Books Inc., United States of America, 1971.
Baker, Hannah y Matthew Kane, Paralelism in The Color Purple, en http://homepage.ntlworld.com/matt_kane/parallels%20table.htm
Bowyer, Pierre, Tribus africanas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2000.
Lee, Janina, Nettie´s time in Africa: with the Olinka tribe, en http://www.hh.shuttle.de/hh/gyha/Facher/Englisch/colnettieafrica.htm
Kalil, Alicia, Introduction to African Culture, Chatham Square Press, New York, 1990.
Kufra, Kip, Kenya. La historia, Javier Vergara Editor, España, 1997.
Maldonado, Katherine, Nettie: Afrocentrism and Gender, en http://www.geocities.com/Athens/9089/colorpurple-afrocent.html
Walker, Alice, El color púrpura, Plaza & Janés Editores, México, 1999.
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