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I. Antecedentes

I. Antecedentes




En el período denominado por los historiadores como México Contemporáneo, la mayoría de los movimientos institucionalizados ubicados en los Sindicatos de la Administración Pública Federal, fueron captados por el Estado a través de la Confederación de los Trabajadores de México (CTM), Confederación Nacional Campesina (CNC), Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), y la Federación de Sindicatos de Trabajadores el Servicio del Estado (FSTSE). Existieron sindicatos que permanecieron independientes del Estado, entre ellos figuran el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el Sindicato de Trabajadores de la Universidad (STUNAM), Tendencia Democrática del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), y otros.

En 1956 se creó el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), encabezado por Othón Salazar y Encarnación Pérez Rivero, cuyo objetivo era exigir un aumento salarial del 30%, ya que el sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) reprimía las demandas de sus agremiados. La represión por parte del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines finalizó el movimiento.

En 1958 un grupo de trabajadores ferrocarrileros encabezados por Demetrio Vallejo y Valentín Campa buscó mejorar su situación económica, pero Fidel Velázquez, líder de la CTM, descalificó a Vallejo y a su grupo. Luego se llevaron a cabo paros, huelgas, atentados a las vías generales de comunicación y movilizaciones contra el gobierno. El escritor José Agustín cuenta el problema ferrocarrilero:

“El movimiento ferrocarrilero fue decisivo para el México moderno: en un principio robusteció al régimen y deprimió la línea represiva que privaría en los años sesenta; por otra, fue el inicio de protestas populares que, poco a poco generaron el contexto en que se dio 1968" (2) .

Otro de los antecedentes directos del movimiento estudiantil de 1968 en México es el ocurrido en Francia, donde manifestantes universitarios desataron huelgas nacionales que derrocaron al expresidente De Gaulle y paralizaron, de hecho, la economía francesa.

Por otro lado en la década de los sesenta, también en Europa, los titulares de los periódicos hablan de manifestaciones en contra de Estados Unidos de América y la guerra de Vietnam. En nuestro país, condiciones muy similares a una guerra civil prevalecieron con anterioridad a la inauguración de los juegos Olímpicos de 1968.

En México, las clases medias hacen acto de presencia en un conflicto, en esta ocasión , de mayor envergadura. El número de participantes en el movimiento de 1968 y las dificultades que enfrenta el Estado para su control así lo determinan.

En este año desde el medio estudiantil se protesta por las restricciones de orden político impuestas por el gobierno de Díaz Ordaz. En lugar de una respuesta del mismo tipo se hace uso del ejército. En el curso de dos meses la movilización cobra un auge inusitado. A los estudiantes se unen profesores de enseñanza media y superior, una buena cantidad de intelectuales y algunos núcleos de obreros, campesinos y empleados.

El gran mensaje del movimiento de 1968 era despertar la conciencia estudiantil ante una sociedad deshonesta, ya que la mayoría de las personas, dirigentes políticos, estudiantes y grupos de porros patrocinados por la administración reprimían a los estudiantes.

En una manifestación estudiantil en Ciudad Universitaria, el ingeniero Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, expresó ante 50,000 personas:

Compañeros:

Quiero estimar que estas afectuosas expresiones se dirigen a nuestra institución, no a mi persona, que por azares del destino se encuentra al frente de ella.

Jamás en mi vida me he sentido más orgulloso de ser universitario porque nadie en ningún momento, ha tenido la grave responsabilidad de estar al frente de los problemas, de los conflictos, pero también de los triunfos del espíritu y de la energía demostrada hoy como nunca. Han respondido ustedes maravillosamente y mucho más allá de lo que todos hubiéramos podido esperar.

No sólo en número, es la calidad de esta manifestación imponente la que debe tenernos orgullosos a todos. No puedo pasar por alto la presencia, junto con nosostros de las instituciones hermanas: del Politécnico, del Colegio de México y de varias otras más. Hemos expresado no sólo ante nuestro pueblo, sino ante todo el mundo, que nuestras instituciones de educación superior son capaces de autogobernarse, de decidir sus destinos, de trabajar por el desarrollo justiciero, en una forma en que responde a los esfuerzos que el pueblo de México hace para sostener nuestras instituciones.

Por supuesto, no termina nuestra lucha con esta gloriosa jornada de hoy pero hemos demostrado la fuerza que tiene el uso de las vías de la razón, sin menoscabo de la energía con que hay de sostener nuestras convicciones más arraigadas. Por eso nuestra lucha en adelante, se desarrollará en nuestras asambleas, en nuestros mítines, en nuestras aulas, en nuestros laboratorios, trabajando, como siempre, por el progreso de México. Señores, ya no puedo agregar sino esto:

¡Viva nuestra Universidad! ¡Viva el Politécnico! Vivan las instituciones hermanas! Pero por encima de todo, ¡Viva México!
(3)
Las demandas principales del movimiento estudiantil popular se resumen en la defensa y ampliación de las libertades democráticas; libertad para todos los presos políticos; derogación del llamado delito de disolución social; y defensa de la autonomía universitaria y de la integridad del Instituto Politécnico Nacional.



(2) Agustín, José. Tragicomedia Mexicana 1, Planeta, México, 1990, página: 167.

(3) Velasco Piña, Antonio. Regina, Jus, México, 1989, p. 318.


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