EL  ACEITE  DE  LA  SANTA UNCIÓN

 

La mención de la palabra unción es algo muy común entre nosotros los cristianos.  Me pregunto si entendemos plenamente lo que ello significa. Literalmente hablando, quiere decir: cubrir, untar, ungir con algún aceite o ungüento el cuerpo o parte de este.  También de un objeto.

En las Escrituras vemos como los aceites para ungir eran usados con frecuencia  por los israelitas.  El ungimiento era costumbre establecida entre ellos.  En sus fiestas y regocijos se untaban todo el cuerpo, a veces solo parte. Era símbolo de alegría [Salmo 195:7].  Por el contrario, no lo hacían cuando estaban de luto [2 Samuel 14:2].  Era también una manifestación de respeto a los huéspedes el ungirles con ungüentos aromáticos [perfumes] la cabeza y los pies [Lucas 7: 37-38]. Se ungían las heridas [Lucas 10:34]. También a los enfermos [Santiago 5:14]. Practicaban la unción de los cadáveres para preservarlos [Marcos 16: 1].

Se ungía  además al  que  elegía  Jehová  Dios  por  rey.  

Ejemplos: Saúl  [1 Samuel 9: 16); David  [1 Samuel 13: 16]; Salomón  [1 Reyes 1: 39].  En ocasiones a los profetas. Ejemplo:  Eliseo  [1 Reyes 19:16]. 

A los sumos sacerdotes y a  los sacerdotes  también  se les ungía. Ejemplo: Aarón y sus hijos [Exodo 28:41].

 

En  Exodo  30: 22-33  tenemos  la  descripción  de un ungüento que Jehová Dios le mandó a hacer a Moisés.  Era el aceite de la santa unción [v. 25].  En esta enseñanza estaremos viendo los ingredientes de ese óleo santo. Sobre todo vamos a ver su significado para  nuestras  vidas.  Propósito grande hay de parte del Señor para su pueblo por medio de esta palabra.

¡Seamos bendecidos al participar de ella!

 

La Unción sobre la Piedra . . . Y las piedras

 

En Génesis 28:18 encontramos la primera ocasión en que se nos habla de la unción. Como te mencioné, era costumbre entre los israelitas el uso de los aceites. Por eso no debe extrañarnos el que Jacob [que vino a ser Israel] tuviera aceite entre sus pertenencias cuando tuvo su encuentro con Dios en el sueño que se describe desde el verso 11 al 15 de este capítulo 28 de Génesis.  No hablaremos del sueño.  Solo nos fijaremos en la reacción de Jacob.  Reconoció que Dios estaba en aquel lugar.  Y la piedra que había puesto por cabecera para dormir la alzó por señal de ello y derramó aceite encima de ella  [v. 18].

En el capítulo 35 de Génesis vemos como Dios habla a Jacob y le envía a Betel - que significa casa de Dios.  Al mismo lugar donde había tenido el sueño.  Jacob vuelve y pone por señal la piedra y echa aceite sobre ella. 

Sabemos lo que esa piedra significa.  En numerosas ocasiones en la Escritura se nos presenta a Cristo representado como la Piedra.  Tomemos como ejemplo los pasajes de Isaías 8:14 y 28:16;

1 Pedro 2: 6 -7; Ef.2: 20. Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados  [Isaias 51:1].

 

En Deuteronomio capítulo 32, en lo que conocemos como el cántico de Moisés,  leemos en el verso 13:  . . . e hizo que chupase miel de la peña y aceite del duro pedernal.  La  miel en la Escritura es tipo de Cristo.  [Ex. 16:31; Ez. 3:3;  Ap. 10:9]. El aceite también lo es. Cristo es el Ungido de Jehová. La Peña [Cristo] dando a su pueblo de sí mismo.  Del Pedernal [de Cristo] brota su unción para que tomemos de ella. 

 

Es interesante notar que la palabra  "elegir"  corresponde  a  un  verbo  hebreo  que  quiere decir: "ungir". Es  por  eso  que  "ungido"  significa lo mismo que "elegido". 

El "Ungido de Jehová"  eventualmente  llegó a ser el término hebreo  "Mashiah" o Mesías, que en griego es "Christos" o Cristo. Cuando el Señor Jesucristo leyó a Isaías en la sinagoga  [Lucas 54: 14-21], estaba diciendo que El era el elegido del Padre:  El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido.  Por lo que entendemos que esa unción que estaba sobre El, era el  Espíritu Santo. 

Jesucristo tenía el Espíritu,  él era el mismo Dios encarnado. Pero el día de su bautismo en las aguas, descendió  el  Espíritu  Santo  sobre El  en  forma  corporal como  paloma  y  vino  una  voz  del  cielo  que decía:  Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia  [Lucas 3:22].

 

La acción de Jacob anunció la unción sobre la Piedra - Jesús el Cristo de Dios.  Esa unción que vino sobre Jesús fue para comenzar su ministerio terrenal.  Fue la unción para ministrar. 

El Espíritu de Dios lo había ungido [elegido] para:

. Dar buenas nuevas a los pobres;  [que son los necesitados, en toda la     extensión de la palabra] 

. A sanar los quebrantados de corazón;

. A pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos;

. A poner en  libertad a los oprimidos;

. A predicar el año agradable del Señor  [Lucas 4: 18-19].

 

Por  la  palabra  entendemos  que  todos  aquellos  que  hemos recibido al Ungido - a Cristo,  tenemos  la  unción - el Espíritu  Santo -  en nosotros.  Pero vosotros tenéis la unción del  Santo, y conocéis todas las cosas. Pero la unción  que  recibisteis de  El  permanece en vosotros . . .

[1 Juan 2: 20 y 27 ]. 

Necesitamos que esa unción también venga sobre nosotros al igual que vino sobre Cristo.  También es la unción para ministrar la que viene sobre nosotros.  Para caminar en aquello que el Espíritu de Dios nos ha señalado.  En las buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas  [Efesios 2:20].  Hemos de caminar de la misma forma que el Señor caminó mientras estuvo aquí en la tierra.  Porque es  el  mismo  Señor caminando en nosotros. Andad en el Espíritu  [Gálatas 5: 16].   Andad en El  [Colosenses 2:6].

 

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo  [Hechos 1: 8].  Ese poder, que es el de Dios, es el que nos va a capacitar para:

. Serle testigos a El.

. Ser instrumentos de la obra del Espíritu.

. Funcionar en los dones del Espíritu [1 Corintios cap. 12]. 

. Dar las las buenas nuevas a los pobres;  y en Su nombre sanar a los       quebrantados de corazón.

. Pregonar  libertad  a  los cautivos  y  oprimidos por el diablo y por las    circunstancias. 

. Dar vista a los ciegos, que bastantes hay, aún dentro del pueblo de Dios.    Ciegos, que no pueden ver al Señor porque tienen los ojos velados por el    velo de la "carne".

. Predicar el año agradable del Señor.  ¡Proclamar las virtudes y las            maravillas del Señor!  Las que estamos conociendo, y las que aún se han    de manifestar.  ¡Aleluya!

 

Cuando la  Unción  viene  sobre  nosotros,  nos sumerge  en  ella, nos bautiza en ella.  Este es  el bautismo que Juan el Bautista nos prometiera:

El que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; El os bautizará en Espíritu Santo y fuego [Mt.3: 11].  Ahora ya no es solo el Espíritu en nosotros, sino nosotros en [cubiertos]  por el Espíritu.

Lo que sucedió en Pentecostés [Hechos caps.1-3], es lo que está necesitando urgentemente gran parte de la iglesia del Señor. 

¡Que  esa  unción del Santo  se  derrame  sobre  las  piedras  vivas! 

Así como lo fue con la Piedra viva.  Principal piedra del ángulo, escogida y preciosa  [1 Pedro 2: 5 y 6].

 

 EL OLEO SANTO

 

Te había mencionado que íbamos a estar viendo el pasaje de Exodo 30: 22 al 33.  Aquí tenemos lo que podemos llamar  la receta para el óleo santo.  Este representa la unción sobre  Cristo y su iglesia.

Le dijo Jehová Dios a Moisés que con ese  ungüento que le mandaba a preparar iba a ungir el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio y todos los demás artefactos y utensilios usados en el  ceremonial  establecido. Todo  lo  relacionado al  tabernáculo representa de  una  forma u otra al Señor y a su iglesia.  No hemos de elaborar en esto pues sería una enseñanza aparte.  Te exhorto a que leas y estudies bajo la dirección del Espíritu los capítulos 25 al 30 de Exodo.  También los capítulos 9 y 10 de Hebreos. Allí encontrarás explicación y revelación al respecto. 

Veamos pues la receta:

 

LOS INGREDIENTES

 

. Mirra excelente - 500 ciclos

  . Canela aromática - 250 ciclos

   . Cálamo aromático - 250 ciclos

                               . Casia - 500 ciclos

                               . Aceite de olivas - 1 hin = 6.2 litros

 

Y harás de ello el aceite de la santa unción, superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa  [Exodo 30: 22-25]. [El ciclo era una unidad de peso para metales. Un ciclo era equivalente a 11.4 gramos de plata.  En aquel tiempo era plata sin forjar en moneda ].

 

Mirra

 

La  mirra  es  una  substancia  gomosa  producida  por  un árbol muy común en Abisinia y Arabia.  La hay de varias clases y calidades.  Para la confección del óleo santo se usó de la mejor. 

Dios había dicho que esta debía ser mirra excelente  [v.23].  La mirra tenía diferentes usos.  Entre ellos, para perfumes y ungüentos para embalsamar cadáveres. 

Nos hemos de limitar al uso que se le daba como narcótico para mitigar el dolor. Se le daba muy en especial a las personas que estaban para ser ejecutadas como fue el caso de nuestro Señor, a quien en la cruz se le dio vino mezclado con mirra; mas El no lo tomó  [Marcos 15:23].

 

Los sabios que vinieron del Oriente a adorar al niño Jesús, le ofrecieron mirra [Mateo 2: 11].  Mirra lo que significa es: amargura. Esos personajes estaban anunciando los padecimientos que le esperaban al Ungido de Jehová  de  los cuales  profetizó  Isaías en el capítulo 53.

He  podido  ver que  la  "mirra"  es  el  ingrediente  de  la  santa unción  que  nos capacita para identificarnos con los padecimientos de  Cristo. 

Y para  mitigar  el  dolor  que esto nos pueda causar . . .

Te decía que Juan el Bautista nos anunció que Cristo mismo nos iba a bautizar [sumergir] en su Espíritu.  También se nos dice que el bautismo sería en fuego  [Mateo 3:11].  El fuego nos habla de ser probados.   Seremos sumergidos en el fuego de la prueba.  Es allí que adquirimos firmeza, solidez, en  nuestro  caminar  en  el  Señor.

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigas sus pisadas  [1 Pedro 2: 21].  Y para salvarnos El tuvo que padecer aflicciones  nos dice la Escritura en Hebreos  2: 10. 

 

Dice el Espíritu de Dios:  Amados no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.  Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque  el  glorioso  Espíritu de Dios  reposa  sobre  vosotros  [1 Pedro 4: 12-14].  ¡Gracias Señor!

 

El  apóstol  Pablo  nos  dice  en  Colosenses 1:24  que  él  cumplía  en su carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia. ¿Estamos identificados con esta aflicción del Señor?  ¿Podemos ver  la condición  en  que  se  encuentra  gran  parte  del pueblo de Dios? Haciendo cada cual lo suyo y siendo desobedientes  a  lo  que  El  ha  dicho  en  su Palabra. 

Pienso que aún el Señor Jesús llora sobre "Jerusalén", que es su iglesia, que aún "mata" a los profetas y "apedrea" a los que son enviados de parte del Señor para anunciarle la necesidad de arrepentimiento de haber estado haciendo lo que no debiera [Lucas 13: 34; 19: 41-42]. ¡Misericordia Señor!

 

Canela

 

La canela es un árbol cuya corteza tiene un rico aroma.  Esta corteza  se  usa  como  especia  para  cocinar.  También  para perfumar el ambiente.  Su corteza además se destila para sacar aceite  que   también  se  usa  en  la   elaboración  de   perfumes  [Pr. 7: 17; Cnt. 4:14].  Aparentemente hay una canela que no es aromática pues  el Señor especificó que fuera aromática  [Exodo 30:23].

Alabo al Señor por el significado de la palabra canela:  erigir, edificar hacia arriba. Pueblo de Dios que ha experimentado lo que es  la  unción  sobre  ellos  son  los  que  el  Señor  está  levantando y  despertando sus espíritus, al igual que en el tiempo de Esdras, para subir a edificar  la casa de Dios, que es su iglesia,  y que en gran parte está en ruinas [Esdras 1: 5; 9: 9].  Son tiempos de restauración estos, al igual que aquellos.  Tiempos en que el Señor está demandando que su casa, su iglesia, su templo, que somos  nosotros [1 Co. 3:16), se edifique hacia arriba. 

Que pongamos nuestra mirada  en  las cosas  de  arriba  que son  las pertenecientes  a  El y no en las cosas de abajo que pertenecen a la tierra [Col. 3: 2].  ¡Amén!

Es la "canela aromática" el ingrediente de la santa unción que nos hará ser instrumentos de edificación a la iglesia del Dios vivo.  Y mientras lo somos, iremos manifestando el aroma de la "canela", el grato olor de Cristo [2 Co. 2: 15], que es quien edifica su iglesia [Mateo 16:18].

 

Cálamo

 

El cálamo es una especie de caña - como un junco - que crecía a las orillas de los ríos en la Palestina.  Al igual que con la canela, Dios le dijo a Moisés que fuera aromática la caña.  Esta caña tenía diversos usos. 

Se utilizaba como vara para medir. Y para hacer bebidas embriagantes. Es curioso notar que entre los significados de cálamo, que son varios, está el mismo de la canela - erigir, edificar. 

Pero cálamo tiene otro significado que me ha llamado mucho la atención.  Este es: balance. Esto quiere decir, entre otras cosas: equilibrar, contrapesar, considerar, examinar.  Me habla mucho esto. Estas son acciones que debemos tomar en cuenta cuando hemos de formar juicio sobre algo. El Señor mismo nos dice que no juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio  [Juan 7:24].

Decíamos que esta caña era usada como una unidad de medida.  Podemos relacionar el uso de la medida con el balance.  La Palabra nos dice que con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido  [Mateo 7:2]. 

Así que el "cálamo aromático" es el "ingrediente" de la unción sobre nosotros  que nos enseña  y  dirige a  juzgar  y  a medir correctamente. Con justo juicio, en la voluntad del Señor.  Sin olvidarnos de que en ello estaremos  manifestando  el  aroma  del  "cálamo"  que  también es el olor de Cristo. 

Pero aún hay algo más que hace el "cálamo" en nosotros.  Acordémonos que este también era usado para elaborar bebidas embriagantes. 

El "cálamo" es el "ingrediente" que nos "embriaga".  Si has  experimentado  lo  que  es   la  embriaguez  en  el Espíritu,  sabes  entonces  porque  en  Pentecostés  decían que los discípulos  estaban  llenos de  mosto, [borrachos] [Hechos 2: 14].

En lo natural,  el  que  se  embriaga  a veces  le da  por llorar,  o por reír,  o cantar,  o hablar  y  hablar . . .   Así  mismo  es cuando nos embriagamos,  nos  emborrachamos,  bajo la unción  del  Espíritu de Dios.  Se llora, se gime, en el Espíritu [Ro. 8: 26].  Hay gozo en el Espíritu - es parte de su fruto [Ga. 5: 22]  Cantamos  en  el  Espíritu  y  hablamos en  y con  el  Espíritu [1 Co. 14: 14 -15]. ¡Gloria a Dios!

¡Maravilloso es que abramos nuestras bocas y salga el lenguaje celestial que habla directo al Dios vivo!  Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios [1 Corintios 14: 2].  ¡Aleluya!

Casia

 

La casia es un árbol parecido al de la canela.  Es nativo del Lejano Oriente.  Su corteza, al igual que la canela, es aromática y usada para especias, perfumes y aceites.  Sus hojas tienen propiedades medicinales. 

El significado de la palabra casia me hace glorificar a mi Señor:  Doblar el cuello y el cuerpo  en reverencia. Esto me habla de adoración, que significa precisamente lo mismo - postrarse en reverencia. 

Es pues la "casia" el ingrediente de la santa unción que nos hace ser adoradores.  ¿Qué clase de adoradores?  Mas la hora viene, y ahora es, cuando los  verdaderos  adoradores  adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es el Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren  [Juan 4: 23 y 24].

A Dios le adoramos porque El es nuestro Dios [Salmo 95: 6-7].  Reconocemos que Jehová es Dios  [Salmo 100:3].

. Adorar no es asistir y participar de un llamado servicio o culto de adoración y decir que le adoramos porque cantamos unos cuantos cánticos.

. Adorar es vivir postrado delante de nuestro Dios, contemplando su hermosura  [Salmo 27: 4].

. Adorar es reconocerlo en todos nuestros caminos [Pr. 3: 6]. 

Adorar es exaltar su precioso nombre.  El es nuestro Rey  y merece, es digno de toda alabanza y adoración de su pueblo  [Salmo 145].

¡Sea el aroma de tu "casia" siendo impregnado y manifestado en tu pueblo!  ¡Amén!  ¡Bendito seas Señor!

 

La casia es medicina.  Sus hojas sanan.  Representa al árbol de la vida que es Cristo - las hojas de cuyo árbol son para sanidad de las naciones [Ap. 22: 2].  Bajo  la santa  unción  somos  instrumento  de sanidad a las naciones.  Sanidad para toda condición que aqueja  al  ser  humano.  Espiritual,  emocional,  y  física.  Es  la santa unción la que sana y liberta.

El yugo se pudrirá a causa de la unción  [Isaías 10: 27].

 

Aceite de Olivas

 

El olivo era uno de los árboles más valiosos para los hebreos de la antigüedad.  De su fruto - la oliva, o la aceituna, se obtiene el mejor aceite para elaborar comestibles. Servía también como combustible para lámparas [Ex. 27: 20; Lv. 24: 2].  Se utilizaba como medicina  para  las heridas [Lucas 10: 34).  También se  untaba a los enfermos  [Stg. 5: 14].

Al olivo se le conoce como el árbol del aceite.  La palabra olivo significa: brillante.  Esto quizá porque sus hojas por la parte de abajo son de color plateado.  Por la parte de arriba son verdes, y así se mantienen todo el año, siempre verdes.

El olivo nos habla de Cristo y de su iglesia.  Cristo es el Arbol del Aceite y Rey de los árboles,  que  somos nosotros [Jueces 9: 8; Isaías 61: 3]. 

Cristo es el  Arbol que siempre está verde,  porque  El  es  la  Vida  y  en El  tenemos la vida eterna [Juan 10:28]. O sea, en Cristo somos olivo verde.

"Olivo verde"  llamó Dios a su pueblo  (Jer, 11:16).

El aceite del  "Olivo" es el "ingrediente" de la santa unción sobre nosotros que nos hace manifestar la vida de Dios.  De tal  forma que cuando alguien nos ve o nos escucha,  ven  y  oyen  al  Señor y no a nosotros. 

La unción sobre nosotros nos hace ser esas águilas  que  dice   el  Señor  se  han  de  juntar allí donde estuviere el cuerpo muerto [Mateo24:28].  Porque hay mortandad dentro de gran parte del cuerpo de Cristo, que es su iglesia.  Y el Señor está llenando con su Espíritu a los santos "águilas" que están llevando vida en sus alas para  impartirla al pueblo que se  destruye  porque  le  ha faltado el conocimiento de su Dios  [Oseas 4: 6].

 

Bajo la unción del Santo, nuestra "lámpara" [Pr. 20: 27 ], nuestro espíritu, se enciende con el aceite del "Olivo"  [Ex. 27: 20]. 

Jesucristo - el "Olivo" - es la Luz  [Juan 1: 9; 9: 12].  Y en Cristo somos verdadera luz.  Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte  [Lucas 1: 79].  Andad como hijos de luz [Ef. 5: 8]. 

Esa manifestación de la  brillantez del Olivo sobre  nosotros es la gloria de Jehová que ya está llenando toda la tierra.  Nosotros  como "tierra"  estamos  siendo llenos de esa gloria que lo llena todo para poder manifestarla . . .

Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz,  y  la  gloria  de  Jehová  ha  nacido sobre ti.  Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones, mas sobre  ti  amanecerá  Jehová  y sobre ti será vista su gloria.  

[Isaías 60: 1-2].  ¡Aleluya!

 

Es bueno que  recordemos que la iglesia neotestamentaria usaba el aceite para ungir a los enfermos  [Stg. 5: 14]. En  la  iglesia  del  tiempo  presente también lo hacemos, en el nombre del Señor Jesús.  No porque creamos que el aceite en sí tenga algún poder sanador.  Es por lo que éste representa.  Al hacerlo, sabemos que es Cristo el que obra la sanidad.

El es el que sana todas tus dolencias  [Salmo 103: 3].

 

Para aquellos que hemos sido llamados por el Señor a preparar "comida"  para  su  pueblo,  tengamos bien claro que  el "aceite de olivas"  es ingrediente indispensable en la preparación de ella.  Bajo ninguna circunstancia debemos usar alguna imitación de este.  Es comida ungida por el "Olivo" la que Dios demanda que elaboremos y sirvamos a su pueblo.  Para ello es necesario que la unción santa esté sobre nosotros.  De lo contrario podríamos estar dando solo conocimiento en lo natural, no en el Espíritu.

 

Ungirás también a Aarón y a sus hijos y los consagrarás para que sean mis sacerdotes  [Exodo 30: 30].  Aarón  es  un tipo de Cristo como sumo sacerdote.  Sus hijos lo son de los hijos de Dios llamados a ser sacerdotes.  Esto es, a  ministrar delante de la presencia de Dios. Ellos ofrecían sacrificios con animales.  Estos son tipos del verdadero sacrificio por los pecados - el del Cordero de Dios - Cristo, que fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos  [Hebreos 9:28]. 

En nosotros representa el sacrificio vivo de nuestra entrega al Señor  [Romanos 12: 1].

Cristo  nos  ha  hecho  sacerdotes para Dios su Padre  [Ap. 1: 6; 5:10].  ¿Qué significa esto?  El sacerdote, como ya sabemos, ofrecía sacrificios, ofrendas, ante el altar de Dios.  Así también estamos llamados a hacer. ¿Qué otro sacrificio además de ofrecer nuestra vida, como leímos en Romanos 12: 1, estamos llamados a ofrecer?: 

Así que ofrezcamos siempre a Dios  por  medio  de  él,  sacrificio  de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre [Hebreos13:15].

Este es el ministerio sacerdotal de cada creyente en Cristo. El presentarnos delante del Señor a ministrarle alabanza. A ¡rendirle honor y gloria!  A ¡exaltar a nuestro Rey! - porque El es digno de suprema alabanza  [Salmo 145: 1-3]. 

Conocí lo que es el llamado al sacerdocio cuando experimenté la investidura del Espíritu Santo sobre mí. Desde entonces no he podido dejar de alabar a mi Señor en todo tiempo y circunstancia. 

¡Pienso  en  tanto  pueblo de  Dios  que vive cautivo pues no saben lo que es alabar y glorificar a su Señor!  La  Palabra  dice:  Saca  mi  alma  de  la  cárcel  para  que alabe tu nombre [Salmo 142: 7].

¡Cuanta bendición se están perdiendo!  Pues dice el Espíritu que es bienaventurado el pueblo que sabe aclamar, alabar a su Dios.  Este andará a la luz de su rostro, y en su nombre se alegrará todo el día.  Y  en  su  justicia  será  enaltecido [Salmo 89: 15, 16].

Tan solo tenemos que ir a Apocalipsis cap. 19: 1-7.  Allí podemos ver que en el estado de gloria alabaremos al Señor por siempre. 

¿Por qué no gozar de esa gloria desde ahora?  Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis.  ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios todo poderoso reina  [Ap. 19: 5, 6].  ¡Amén!

 

En Exodo 30: 31-33  el Señor dice que este aceite de la santa unción sería para todas las generaciones de su pueblo.  No era para los extraños. 

La promesa es para cada uno de los que han recibido al Ungido.  

Para cuantos el Señor nuestro Dios llamare [Hechos 2: 38-39].

Les advirtió Jehová Dios que no podrían hacer otro ungüento semejante en su composición.  Este era el óleo santo - apartado  para  Dios. 

Para nosotros  esto  significa  que  no intentemos imitar la santa unción.  Es santa - le pertenece a Dios.  Muchos han tratado y continúan tratando de funcionar en la iglesia dirigidos por su mente carnal.  En su decir, en su hacer no está presente la santa unción.  Se esfuerzan por imitar a otros que sí la tienen.  Pero no podrán, porque ya el Señor ha dicho sobre carne de hombre no será derramado [Exodo 30: 32].  No es sobre la "carne" que vamos a ser ungidos. ¡Es sobre nuestro espíritu que viene la unción del Espíritu Santo, para que desde allí se manifieste!

 

Son cinco los ingredientes de la santa unción.  En la Escritura el cinco es el número que representa la divina gracia.  Que significa un don, favor, regalo, beneficio otorgado por Dios sin nosotros merecerlo.  La santa unción nos es dada no por méritos sino porque así  El lo quiere. 

Pero tenemos que anhelarla, buscarla, pedirla.   

Y yo os digo: Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad  y  se os abrirá.  Porque  todo  aquel  que   pide recibe; y el que busca halla; y al que llama, se le abrirá  [Lucas 11: 9-10].

Ciertamente nuestro Padre celestial dará su Espíritu a los que se lo pidan - El lo ha prometido  [Lucas 11: 11-13.

Y  esta es la confianza que tenemos en El, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad El nos oye  [1 Juan 5:14].  ¡Amén!

 

Nidia Nadina Seda

a 17 de junio de 1995