Samuel

 

)Quién de nosotros no recuerda a Ana la madre de Samuel? Era esta una mujer estéril que clamaba a Jehová Dios por un hijo. Todos los años iba ella a Silo, en donde para ese tiempo, el pueblo de Israel tenía el lugar de adoración.  Un día, en que Ana había ido a adorar a Silo junto a su esposo Elcana, el sumo sacerdote Elí creyó que ella estaba ebria, porque Ana lloraba y hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios.  

En medio de su llanto y con amargura de alma, ella derramaba su alma delante de Dios y haciéndole voto diciendo: Jehová de los ejércitos, si  te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza [1 Samuel 1:11].

En la enseñanza titulada “La Estéril y la Virgen”,  que es parte de mi primer libro de “Tesoros Escondidos”, expusimos sobre el significado que tiene la mujer estéril para nosotros.  Ana, y cada mujer estéril mencionada en la  Biblia representa en alguna forma a la iglesia. Estas mujeres estériles solo pudieron concebir y tener hijos de sus maridos,  por la intervención del Espíritu Santo. 

Así también ha de suceder con la iglesia. Solo que con nosotros,  no estamos hablando de concebir y dar fruto en lo natural, sino en  el espíritu.  Este fruto ha de ser de la relación con nuestro Esposo, Jesucristo el Señor, que solo es posible por la intervención directa del Espíritu Santo. (Amén!

 

Ana le prometió a Jehová Dios que su hijo, su fruto, sería dedicado a él todos los días de su vida,  y que no pasaría navaja sobre su cabeza.  En otras palabras, prometió que su hijo sería un “Nazareo”. Esto significa: “separado para Dios”. Los que hacían tal voto


vivían una vida apartada para Dios.   Se distinguían, entre otras cosas, por dejarse crecer el cabello, y  abstenerse de toda clase de bebidas embriagantes.

Así como Ana, nuestro fruto también ha de ser dedicado,  apartado para Dios todos los días de nuestra vida.  Es que el fruto que hemos de dar es el producto de la semilla del Padre, que es Cristo, que fue sembrado en nuestro espíritu por el Espíritu Santo de Dios en  la experiencia del nuevo nacimiento [Juan 3: 1-10]. 

No creamos que lo que hemos recibido del Señor es solamente para nuestro disfrute y uso personal.  Ana no se quedó con el fruto anhelado y que Dios le concedió.  Asimismo nos corresponde hacer - (hemos de llevar el fruto concedido por Dios a su presencia y dejarlo allí para que él lo bendiga y lo use en medio de su pueblo conforme a su voluntad, (para su gloria y su honra!

En 1ra. de Samuel 1: 20 leemos: Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso  por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

Ana le puso por nombre Samuel a su hijo. Además del significado “por cuanto lo pedí a Jehová”, el nombre de Samuel significa: “Oído de Dios”.  Es NECESARIO que nos identifiquemos con este Nombre.  Que sea el OÍDO DE DIOS el que se manifieste en todo momento de nuestra vida.  Permitamos que mañana tras mañana nuestro oído sea despertado y abierto por la voz del SABIO para que oigamos y hablemos como los sabios [Isaías 50: 4-5].

Hasta aquí hemos estado viendo lo que significa Samuel para nosotros desde que su madre Ana lo pidió y lo prometió a  Dios y le puso nombre al este nacer. . .

Pero - )Que sucedió después? 

Te invito a que me acompañes a conocer a Samuel en otro aspecto, esta vez como representativo de nuestro desarrollo como hijos de Dios. . .

 

El Destete

 

Después del nacimiento de Samuel, la próxima vez que Elcana su padre subió a Silo a ofrecer a Jehová el sacrificio y el voto acostumbrado,  Ana no subió sino que le dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová y se quede allá para siempre [1 Samuel 1:21, 22].

No se nos dice a que edad destetó Ana a su hijo. Solo que lo crió hasta que lo destetó, cuando aún el niño era pequeño. Entonces lo llevó a la casa de Jehová en Silo para dedicarlo a Jehová para siempre. . .   Me ha llamado mucho la atención el significado del término Silo, que significa: paz, descanso.  (Oh, Gloria al Señor, quien es nuestra Paz y nuestro Descanso!


Es a  la Casa de Dios,  que es  Jesucristo y su Iglesia, que está en ‘Silo’, adonde somos llevados para ser dedicados a Dios. (Es allí, en ‘Silo’, en donde hallaremos la verdadera paz y el verdadero descanso para siempre!

 

Al igual que el niño Samuel, también nosotros hemos de ser destetados.  )De que  tenemos que ser destetados?   De todo el ambiente  terrenal  de donde salimos  y  que nos sustentó,  nos alimentó antes de llegar a ‘Silo’. Y podemos añadir que muchos hemos tenido que ser también destetados, como lo fue el apóstol Pablo, del sistema religioso del cual se alimentaba [Hechos 26:5;  Filipenses 3:4-6].

Todos los hijos de Dios hemos tenido una  “madre” que nos “amamantó” mientras se llegó el tiempo de que fuéramos llevados  a ‘Silo’.  (Gloria a Dios!, que  una vez estamos allí, en ‘SILO’, en Cristo, ya tan solo mamaremos y nos saciaremos de los pechos de sus consolaciones; para que bebáis, y os deleitéis con el resplandor de su gloria.   Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella [sobre nosotros su iglesia] paz como un río, y la gloria de las naciones como torrente que se desborda. 

Y mamaréis, y en los brazos seréis traídos, y sobre las rodillas seréis mimados.  Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros [Isaías 66:11-13].

 

Samuel - el  Niño

 

Cuando Samuel fue a vivir a Silo era un niño. Igualmente sucede con nosotros. Cuando comenzamos a vivir en Cristo nuestra condición es como la de un niño. . .

El apóstol Pablo le decía a los Corintios que solo les podía hablar como a niños en Cristo porque aún eran carnales.  Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces [1Corintios 3:1-3]. Esto significa que aunque hayamos ya sido salvos, aún predomina en nosotros el funcionamiento de nuestra mente carnal por lo cual aún no somos capaces de entender las profundidades de Dios. Solo se nos puede dar a beber leche, que es la misma Palabra de Dios pero dada en una forma sencilla. . .

Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

[Hebreos 5:13,14].


En su primera epístola y en el segundo capítulo, el apóstol Juan nos habla de tres niveles de crecimiento espiritual.  El primero lo podemos identificar con el niño Samuel.  Este es el de hijitos.  Juan dice que estos son los que sus pecados han sido perdonados [v.12].  Nos añade en el verso 13 que los hijitos han conocido al Padre. 

El hijito en el Señor disfruta de su experiencia de salvación  como lo que es - un niño.  Este es el comienzo de nuestro desarrollo, de nuestro crecimiento en el Señor, en el que le vamos conociendo principalmente como nuestro Salvador, el que perdonó nuestros pecados. 

También le comenzamos a conocer como “Papá Dios”, el  dador, el proveedor. Es por eso que normalmente en el período de niño o hijito, lo que hacemos es pedirle al Señor. 

Déjame aclararte - no estoy diciendo que es incorrecto el pedir al Señor para nuestras necesidades.  El nos dice que le pidamos [Juan14:13,14; 16:23-24].  Pero aprendamos a pedir  en Su voluntad, como El nos enseñó [Mateo 6: 9 -13].

 

El niño, en lo natural, necesita ayuda para todo.  No puede valerse por sí mismo. Necesita de sus padres para su mantenimiento y funcionamiento.  Así mismo es el niño en Cristo. Al igual que el niño Samuel necesitó de Elí,  necesitamos de  padres espirituales que nos vayan llevando bajo la dirección del Espíritu, al conocimiento de Dios por medio de su Palabra.

Es importante que notemos que el niño Samuel ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí [1Samuel 2:11].

Ministrar significa: servir.  )En que podría servir, ministrar  a Jehová Dios el niño Samuel?   Samuel pertenecía a la tribu de Leví, la tribu sacerdotal. Así que siendo un levita debía aprender el oficio de sacerdote desde pequeño. No sabemos exactamente pero nos podemos imaginar que ayudaba a Elí el sumo sacerdote y a sus hijos los sacerdotes Ofni y  Finees en el ritual de los sacrificios y en otros menesteres del sacerdocio.

Sabemos que todo lo concerniente al oficio sacerdotal en el pueblo de Israel, tiene un gran significado para la iglesia.  Hemos sido llamados a ser sacerdotes del Dios Altísimo. Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre [Ap. 1:6].

)En que consiste nuestro sacerdocio?

)Como es que le ministramos al Señor?

)Que sacrificios le ofrecemos?


Esto nos enseña la palabra de Dios al respecto: Somos sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo [1 Pedro 2:5].

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesen su nombre [Hebreos13:15].

 

El niño en Cristo, el hijito, al igual que el niño Samuel, también ha de ministrar a Dios delante de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo. Está llamado a ofrecer, aún en su quizá corto conocimiento, sacrificios espirituales por medio de la alabanza y adoración a nuestro Dios.

El alabar y adorar a nuestro Dios como él pide de nosotros, es algo que iremos recibiendo y funcionando en ello conforme a como dispongamos nuestro corazón y nos dejemos dirigir por el Espíritu Santo.  No es algo que aprendemos por medio de seminarios, conferencias, talleres  y  escuelas de alabanza y adoración como se ha querido hacer ver en este último tiempo por ciertos sectores del pueblo de Dios. . .

 

Samuel - el Joven

 

Y el joven Samuel iba creciendo, y  era acepto delante de Dios y delante de los hombres [1Samuel 2:26].

Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios  y los hombres.

[Lucas 2:52].  

El crecimiento y desarrollo de niño a joven de Samuel es el mismo del Señor Jesús en su infancia y temprana juventud. Esto lo podemos ver en la narración del incidente del niño Jesús a los 12 años en el templo de Jerusalén [Lucas 2: 41-52].  Así como Jesús declaró que le era necesario estar, estuvo Samuel - (En los negocios del Padre!

 

El crecimiento de Samuel y el de Jesús ciertamente es el nuestro.  )Que en ocasiones no parezca que así sea?   )Sabes lo que sucede?  Es que no se esta dejando ver el crecimiento de Cristo Jesús en la vida personal y colectiva de la iglesia. (Cuantas veces mostramos más el comportamiento, el testimonio nuestro,  y no el del Cristo que  mora en nosotros!

Esa es la razón por la cual no estamos siendo aceptos, aprobados delante de Dios  y  de los hombres, como lo fue Samuel. Ni estamos creciendo en sabiduría y estatura espiritual  y en gracia para con Dios y los hombres como lo fue el crecimiento del Señor  Jesús.


No estamos hablando de los jóvenes en edad cronológica, aunque hay los que aún en su edad temprana ya le sirven al Señor en espíritu y en verdad.  Gracias damos a Dios por ellos que están siendo un ejemplo vivo al resto de la juventud en y  fuera de la iglesia. . .

 

Y el  joven Samuel ministraba en presencia de Jehová, vestido de un efod de lino [1 Samuel 2:18].  Samuel pasó de niño a joven sirviendo, ministrando en la casa de Dios. Mencionamos que Samuel pertenecía a la tribu sacerdotal,  la de Leví.  Así que no debe extrañarnos que ya en su temprana juventud vistiera como lo que era - un sacerdote del Dios Altísimo.  El efod era una parte del traje de los sacerdotes.  Era como una especie de delantal que se usaba sobre un manto que cubría a su vez una túnica.  La vestimenta sacerdotal nos habla de nuestra vestimenta espiritual, que es Cristo: Vestíos del Señor Jesucristo.

[Romanos 13:14].

Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año [1Samuel 2:19].  Ana le llevaba a Samuel una túnica nueva cada año, porque este crecía y era natural que así fuera. Me ha llamado mucho la atención de la vestimenta sacerdotal, el hecho de que la túnica era lo que podemos considerar la vestimenta interior, ya que sobre ella iba un manto exterior.

El apóstol  Pablo nos dice en 2da. Corintios 4:16: Por tanto no desmayamos; antes aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.  (Nuestra VESTIMENTA INTERIOR es la que necesita renovarse!   Esta es (la cubierta espiritual,  la de Cristo!  La que nos capacita para ofrecer sacrificios espirituales,  agradables a Dios por medio de Jesucristo.

Y al igual que sucedió con Samuel que su vestimenta interior en lo natural debía ser renovada cada año, nuestra vestimenta interior en lo espiritual, (debe renovarse continuamente sobre nosotros! 


Hay mucho pueblo de Dios hoy día preocupado por la “cubierta” que podamos tener.  Refiriéndose a la llamada cubierta que pueda darnos alguna organización eclesiástica.  No me preocupa en lo absoluto esa clase cubierta. Ha habido hermanos en Cristo que se me han acercado para preguntarme cual es mi cubierta.  (Cuánto me gozo al contestarles que mi cubierta es la de aquel que me llamó con llamamiento santo - Jesucristo el  Señor! 

 

Volvamos a 1ra. de Juan capítulo 2.  En los versos 13 y 14  se nos describe el crecimiento del joven en Cristo:

. Habéis vencido al maligno.  Cuando hemos llegado a la juventud en Cristo, este ha ido creciendo en nosotros de forma tal que comienza a manifestarse poderosamente. Ya hemos comenzado a experimentar la palabra de Santiago 4:7: Someteos, pues a Dios;  resistid al diablo, y huirá de  vosotros.  Ya vamos conociendo lo que es vencer al maligno. . .

[Apocalipsis 12:11].

 

. Sois fuertes.  También se está haciendo realidad en nosotros la palabra de Ana la madre de Samuel: Porque nadie será fuerte por su propia fuerza [1Samuel 2:9]. Ya estamos aprendiendo que no es por nuestra propia fuerza que hemos de prevalecer.

El Espíritu de Dios nos dice por medio del apóstol Pablo: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza [Efesios 6:10].

 

. La palabra de Dios permanece en vosotros. Es en la juventud en Cristo que comenzamos a conocer lo que significa la permanencia de la palabra de Dios en nosotros.

Se va  haciendo vida en nosotros la palabra que nos dice el Señor Jesús en Juan 8: 31 y 15:7: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y  conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis, y os será hecho.

 

El joven Samuel seguía siendo fiel a su Señor.  Continuaba ministrando a Jehová en presencia de Elí [1 Samuel 3:1].  Pero había una situación muy difícil y terrible en el pueblo de Dios en aquel tiempo con la cual se tuvo que enfrentar el joven Samuel.  Situación que aún encontramos en gran parte de la iglesia del Señor, y con la cual se están enfrentando aquellos jóvenes en Cristo, que desean y anhelan ser fieles en el servicio de la casa de Dios. 

Y, )cual era, y es esta situación?  La palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia [1 Samuel 3:1].

Tenemos que aceptar que esta condición también la estamos viviendo en nuestro tiempo.  Hay ESCASEZ de la palabra viva de Dios. En ciertos sectores de la iglesia, la han estado sustituyendo con otras cosas. Cosas que quizá sean atractivas a los sentidos naturales, pero que no edifican el espíritu. . .

Como consecuencia de la escasez de palabra en el pueblo, no hay visión.  Así sucedió en el tiempo del joven Samuel y así continúa siendo. No estamos hablando de que no haya personas que vean visiones, aunque esto es parte integral también de la situación. Porque el cumplimiento de la profecía de Joel 2:28: Vuestros jóvenes verán visiones, también escasea en su manifestación dentro del pueblo de Dios.

Cuando decimos que está escaseando la visión en el pueblo, nos referimos principalmente a la falta del conocimiento de Dios. El pueblo, hablando en términos generales,  no conoce a su Dios,  y  a veces  parece que ni siquiera le interesa conocer el propósito de Dios para con sus vidas.  Pero, )como se van a interesar en conocer la visión de Dios si no están escuchando la palabra?  Y )como oirán sin haber quien les predique? [Romanos 10:14].

Se cumple la profecía de Isaías 5:13: Por tanto mi pueblo fue llevado cautivo,  porque no tuvo conocimiento; y  su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

También Oseas  profetizó sobre esta condición: Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos [Oseas 4:6].

 

La falta de la Palabra trae como consecuencia la falta de visión,  y la falta de visión trae como consecuencia que no se pueda  reconocer la voz de Dios cuando él habla.


Así le sucedió al joven Samuel, que a pesar de haber estado desde niño en el templo de Jehová, y de haber sido fiel en el servicio, no pudo reconocer a Dios cuando este le llamó.  Dios le llamó en tres ocasiones  y creyó que era Elí quien lo hacía. [1 Samuel 3:8].

Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada [1 Samuel 3:7].

Al igual que Samuel, muchos hemos estado en la iglesia desde niños y hemos servido en diferentes capacidades,  pero pasaron años hasta que pudimos conocer a Dios y reconocer su voz. (FALTA DE VISIÓN era lo que teníamos!  Porque la palabra de Dios escaseaba en nuestras vidas.  Y no por falta de haberla escuchado.  En especial aquellos que como yo,  éramos hijos de predicadores.  Quizá podrán decir que era porque no le prestábamos la debida atención a la predicación de la Palabra.  Pero no creo que fuera eso.  Era que nos hacía falta la revelación de ella por el Espíritu. Y  no fue hasta que esto sucedió, que pudimos reconocer y entender el llamado de Dios a nuestra vida. . .

Cuando Elí, el padre espiritual de Samuel le instruyó, este supo que era  Dios quien le llamaba. Y cuando Jehová Dios le llamó por cuarta vez,  Samuel supo qué había de hacer.

(Que tremendo! Se nos dice que Jehová se paró y llamó a Samuel como las  otras  veces: (Samuel, Samuel!   Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye [1 Samuel 3:10].

Hizo honor al significado de su nombre – “oído de Dios”. 

Le prestó oído a lo que Dios le decía: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñarán ambos oídos. . . De allí en adelante comenzó Dios a revelarle a Samuel la condición pecaminosa en la que se encontraba la casa de Elí:   Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado [1 Samuel 3: 11-14].

Los hijos de Elí eran unos impíos, blasfemos y malvados. Sobre todo mostraban su desconocimiento de Jehová, cuando alguno venía a ofrecer sacrificio.  No seguían el orden del ritual de los sacrificios, MENOSPRECIANDO así las ofrendas a Jehová [1 Samuel 2:12-17].  Además  eran unos pervertidos que dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión, y también hacían pecar al pueblo. . . [1 Samuel 2:22-24]. 

 

Ofni y Finees,  los hijos de Elí,  no estaban capacitados para el sacerdocio.  Como tampoco lo están hoy día ciertos llamados “sacerdotes”, “ministros” del Señor, que andan pecando y haciendo lo que su mente carnal les dicta.  No saben lo que es dejarse dirigir por la mente de Cristo.  Y así como Ofni y Finees,  también hacen pecar al pueblo que siguen su ejemplo. . .

Ya Dios le había advertido a Elí lo que les esperaba a él y a sus hijos.  La historia está en el pasaje de 1ra. de Samuel 2: 27-36. Aunque Dios había prometido que la descendencia de su padre [Leví] serían sus sacerdotes perpetuamente, él y sus hijos habrían de ser quitados del sacerdocio, habrían de morir porque no le habían honrado [v.25].

Así también en toda la historia de la iglesia,  han sido y seguirán siendo quitados del servicio en la casa de Dios que es su Iglesia,  todo aquel que no honre el santo llamamiento.

Porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco [1ra. Samuel 2: 30 b].

 

Samuel - el  Profeta 

 

Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras.  Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba,  conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel por la palabra de Jehová  [1 Samuel 3:19-21].

En el momento que Dios le llamó, se le manifestó y se le reveló a Samuel, se había cumplido el proceso, que desde niño había comenzado, de ir siendo capacitado para dirigir al pueblo.  Samuel fue el último de los Jueces y considerado el primero de los grandes profetas de Dios del Antiguo Testamento.

Los Jueces gobernaron en Israel por llamamiento de Jehová Dios en un período que comprendió desde Josué hasta Saúl.

Los profetas, llamados también videntes, hablaban al pueblo la palabra que Dios les comunicaba.

Recordamos muy en especial a Samuel porque fue usado por Dios para ungir por rey de Israel tanto a Saúl como a David.


Al igual que sucedió con Samuel, que todo Israel conoció que él era fiel profeta de Jehová,  así  sucede aún con aquellos de los cuales el Espíritu  nos da testimonio que Jehová Dios está con ellos y han sido puestos por el Señor para ser sus instrumentos en la capacidad que El les llame y les capacite para funcionar en el servicio de su casa.

No sucede igual con los llamados “profetas” que abundan hoy día en medio de la iglesia;  que muchas veces dicen: “El Señor dice”, pero son ellos hablando en su propia naturaleza carnal  por lo tanto no dan testimonio a nuestro espíritu que por su boca ha hablado el Señor.

 

Cuando Dios  llama al servicio de  su casa, al igual que hizo con Samuel, una de las primeras cosas que hace es que nos muestra la condición de su pueblo, en especial la de los líderes.  Es que Dios  ama con grande amor a su pueblo y  sufre por los suyos.  Y quiere que aquellos que él llama con llamamiento santo, participen  de ese amor y de ese sufrimiento.

El apóstol Pablo abundó sobre esto en Colosenses  1: 24 y 25:

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios.

Samuel, al igual que Pablo, fue hecho ministro según la administración de Dios.  En su transición de joven a profeta de Dios, Samuel seguía ministrando en la presencia de Jehová.

El no se detuvo en su caminar a esperar por aquellos que no les importaba que la palabra de Dios escaseara en sus vidas.

Lo de Samuel era decir: ¡Habla, porque tu siervo oye!

(Samuel seguía dando oído a Dios! Y por lo tanto Dios le seguía hablando. Y (bajo ninguna circunstancia dejó caer a tierra las palabras que Dios le hablaba!  (No las dejó perder!  (Aleluya!  Porque debía, al igual que Pablo,  y que todo aquel a quien Dios llama a proclamar su palabra, anunciar cumplidamente la palabra de Dios.  (Amén!

 

En su posición de ministro de Dios, Samuel tuvo una relación de comunicación íntima con su Señor. Había llegado al nivel de  padre espiritual que nos habla  1ra. de Juan 2:13 y 14: 

Os escribo a vosotros padres porque conocéis al que es desde el principio.  Porque habéis conocido al que es desde el principio.  El que escribía era Juan, el mismo que en su Evangelio comienza hablando de la manifestación de Dios desde el principio de todas las cosas [Juan 1]. 

Dios se le había revelado a Juan tal como El era. Había conocido, y tenido una


relación íntima con su Señor. Por eso podía hablar con conocimiento. 

Todo padre espiritual ha de procurar tener la misma experiencia  de  INTIMIDAD con Dios que tuvo Samuel  y  que tuvo Juan y que tuvo Pablo  y  todo verdadero ministro de Dios. 

El padre espiritual  ya no es el niño fluctuante que se deja llevar por doquiera de todo viento de doctrina  [Efesios 4:14].  

Cuando se llega a este nivel de crecimiento espiritual, el conocimiento que hemos ido adquiriendo por el Espíritu de Dios por medio de la Palabra, nos hace reconocerle como el Dueño, como el Señor de nuestra vida y de su iglesia y de todo lo creado [Colosenses 1:16-19]. No es tan solo el Salvador que conocimos en nuestra etapa de niño.

En esta etapa de padre, se supone que ya seamos hijos  maduros.  Que tengamos los sentidos ejercitados en el discernimiento del  bien  y  del mal  como se nos enseña en Hebreos 5:14. Se espera de nosotros que estemos ESTABLECIDOS en la Palabra. Que se manifieste en nosotros obediencia plena a la palabra de Dios.

Es este el tiempo de identificarnos con aquellos a quienes Pablo se refería como espirituales, los que se encuentran capacitados para ser instrumentos de restauración a otros [Gálatas 6:1]. 

En esta palabra a los Gálatas el apóstol les recuerda a los ESPIRITUALES que cuando se acerquen a algún hermano que fuere sorprendido en alguna falta con ánimo de restaurarle,  lo hagan con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. En otras palabras, no vayamos al hermano que necesita ayuda a mostrarle que nosotros somos mejores que ellos.  Si nos consideramos espirituales, no lo estemos proclamando con el propósito de que se nos “reconozca” por los hombres. Así como Pablo hizo, no busquemos gloria de los hombres. . . [1 Tesalonicenses 2:6].


(Mucho cuidado!  Porque se puede dar el caso de que aquellos que se puedan creer muy espirituales, les suceda que el Señor les quiera hablar por medio de un  niñito,  ó  por un  joven, - no solamente  en  edad  espiritual sino también cronológica y no quieran recibir la palabra.  (Dios nos guarde de ello! 

Solo puedo pedir al Señor misericordia por aquellos que creyéndose sabios,  en su jactancia  han olvidado que Dios en su soberanía puede hablarnos por medio de quien a él le plazca. 

(No se nos olvide de donde hemos venido! 

(No se nos olvide que Dios tuvo misericordia de nosotros  y al igual que Samuel, nos recogió en su casa que está en ‘Silo’, en donde nos esta levantando de niños, a  jóvenes,  a  padres.  ¡Gracias Señor!

 

 

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