Naamán   

 

En el segundo libro de Reyes capítulo 5, se nos narra la historia de Naamán: 

Naamán, general del ejército del rey de Siria, era varón grande delante de su señor, y lo tenía este en alta estima, porque por medio de él había dado Jehová salvación a Siria [v.1a.].

Estemos muy atentos a lo que el Señor quiere mostrarnos no solo con el personaje de Naamán, sino también a través de las circunstancias que le rodean al ser mencionado.  Además prestemos mucha atención a los otros personajes que participan en la historia,  porque por medio de ellos también hemos de ser ministrados. . .

Naamán no era parte del pueblo de Dios.  Era sirio.  Siria fue un pueblo que tuvo muchas luchas con Judá e Israel [Ejemplo-2da.de Reyes 13:22].  Sin embargo, se nos dice que Jehová Dios le había usado para darle salvación a su pueblo de Siria.  Dios es soberano y tiene misericordia aún de los de fuera de su pueblo. Muy en especial para con aquellos que son hallados agradables delante de Dios y que El sabe un día han de allegarse a él en busca de salvación. Es interesante notar que precisamente “agradable” es el significado del nombre Naamán, por lo que puedo verlo como representativo de todos aquellos que por la gracia de Dios, hemos sido hallados “agradables” en  Su presencia. . .

 

Naamán - El Leproso

 

Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. [v.1b.]  El término leproso significa: “herido”. La antigua lepra era una enfermedad de la piel muy grave que era considerada una plaga por los Israelitas.  El capítulo 13 de Levítico nos habla de las leyes concernientes a los leprosos. En aquellos tiempos no había remedios para la lepra.

Esta era especialmente temida entre los Judíos como inmunda y contagiosa. Los leprosos debían ser llevados al sacerdote para que este les reconociera y los declarara inmundos [Levítico13:3]. También la lepra era reconocida como una intervención particular de Jehová Dios, como sabemos que lo fue en el caso de Miriam [María], la hermana de Moisés [Números12:10].

La enfermedad de la lepra es un vivo ejemplo de la inmundicia del pecado.  “Leprosos”,  heridos por la mortal plaga del pecado hemos venido todos  al Señor. . .

 

La Muchacha Israelita

 

En la vida de cada uno de nosotros los hijos de Dios ha habido alguien que ha sido instrumento en Sus manos  para que así como estábamos, cubiertos de la “lepra” del pecado, nos alleguemos a El.  Así también le sucedió a Naamán. . .

Habían llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha,  la cual le servía a la mujer de Naamán.  Esta dijo a su señora: Si rogase mi Señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría de su lepra [vs. 2 y 3].

En esta muchacha israelita podemos ver a aquellos que nos han dicho que solo el Profeta de Israel, Jesucristo, puede librarnos de la “lepra” que nos aqueja.

En esta muchacha también podemos vernos a nosotros mismos siendo instrumentos del Señor trayendo a otros “leprosos” a sus pies. . .

 

Eliseo - el Profeta de Dios

 

Eliseo era el profeta al que se refería la muchacha israelita. El nombre de Eliseo significa: fuerte, poderoso, potente, valiente. No sé de otro a quien se pueda describir en esta forma aparte de nuestro Señor Jesucristo. . .

Como consecuencia de la intervención de la muchacha israelita, el rey de Siria envía a Naamán al rey de Israel. Este salió llevando consigo diez talentos de plata, y seis mil piezas de oro, y diez mudas de vestidos. Tomó también cartas para el rey de Israel, que decían así: Cuando lleguen a ti estas cartas, sabe por ellas que yo envío a ti mi siervo Naamán, para que lo sanes de su lepra [vs. 5 y 6].

Vemos aquí el desconocimiento de aquellos que no conocen a “Eliseo”, al Profeta de Dios, Jesucristo el Señor, y piensan que para acudir a él hay que hacerlo comprándole su favor.  Es que no conocen lo que ha dicho el Señor: A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche [Isaías 55:1].

 

El Rey de Israel

 

Luego que el rey de Israel leyó las cartas, rasgó sus vestidos, y dijo: ¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra? Cuando Eliseo el varón de Dios oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestidos, envió a decir al rey:  ¿Porque has rasgado tus vestidos?  Venga ahora a mí, y sabrá que hay profeta en Israel [vs.7 y 8]. 

Al rey de Israel, en este caso en particular, puedo verlo como representativo del liderazgo de la iglesia del Señor. 

Es muy cierto.  Los líderes, o ministerios, por nosotros mismos no podemos dar vida, ni sanar a nadie de la  enfermedad  y menos de la plaga de la lepra del pecado.

Pero, ¿no es cierto también que en ocasiones tal parece que a algunos se les olvida que aún hay Profeta en Israel?  ¿Y que Jesucristo aún salva, sana, liberta,  y  restaura?    

¡Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos! [Hebreos 13:8]  ¡Amén!

 

He sentido en mi corazón compartirte una experiencia personal que me hace estremecer cada vez que la recuerdo, y que guarda relación  con esto que acabo de decirte. . .

Recibí una llamada telefónica de mi hermano en Cristo Carlos Ávila, para que acudiera al Centro Médico de Mayagüez y viera allí a una mujer que estaba en estado muy grave. La mujer era la esposa de un compañero de trabajo. Me dijo que era urgente que yo fuera. Esta se había derramado gasolina encima y se había pegado fuego. El hermano Carlos, sabía del llamado en mi vida a orar y a ministrarles a pacientes con quemaduras. Dios me ha concedido hacerlo en varias ocasiones.  

Los que conocen la historia del milagro de sanidad por quemaduras, que hizo el Señor en mí, estando embarazada de mis hijos gemelos David y Daniel, saben a lo que me refiero.  La narración de esta experiencia, se encuentra en la enseñanza “Los Hombres en la Casa”, incluída en mi primer libro de Tesoros Escondidos.

Acudimos al Centro Médico en compañía de la hermana Ana Picart que se encontraba de visita en nuestra casa. Cuando llegamos a la habitación, nos cubrieron con bata, guantes y mascarilla.  Esto, como medida de precaución por los gérmenes que pudiéramos traer de la calle.

La condición de la paciente era mucho peor de lo que me imaginaba. ¡Fue algo terrible, indescriptible! Todo su cuerpo estaba completamente quemado. Solo se le podía ver el blanco de sus ojos.  Fijó su vista en nosotras y gritó:

“¡Sálvenme, yo se que ustedes pueden salvarme!”

De momento yo no sabía que decir. Se me formó, como decimos comúnmente, un nudo en la garganta.  Ana me miró y me hizo una señal para que hablara.  La palabra salió por mi boca.  Le dije: “Ni ella ni yo podemos salvarte, pero sí conocemos a alguien que es el único que puede hacerlo”. “¡Su nombre es Jesús!” Entonces entre Ana y yo comenzamos a presentarle a Jesucristo como su Salvador.  ¡Alabado sea Dios!  ¡Ella recibió al Señor en su vida!

Pocos días después aquella mujer murió, ¡pero sabemos que está con el Señor Jesús en gloria!  ¡Aleluya!

Esta experiencia es solo un ejemplo de lo que nos puede suceder cuando reconocemos que Jesucristo, el Profeta de Dios aún está en medio de su pueblo.  ¡Gloria al Señor!

 

El Jordán

 

Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo.  Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio [vs. 9 y10].

A ésta orden de Eliseo, Naamán se enojó.  Quizá pensó que el profeta haría algo espectacular, invocando el nombre de Jehová Dios y sanándole en forma instantánea [v. 11].

Pero no fue así. Y aún tampoco es así.  Cuando tocamos a la puerta de la casa del Profeta de Dios, El tiene sus mensajeros que son los que ya han sido restaurados de su “lepra” a los cuales envía para darnos el mensaje:

¡Todo lo que se requiere para ser limpios de la lepra del pecado es que nos SUMERJAMOS en el Jordán!

El río Jordán es tipo de Cristo.  ¿Porqué decimos esto?  En el idioma hebreo, Jordán significa: “el río perenne”. Perenne quiere decir: que dura para siempreGloria a Dios! Jesucristo es el RIO PERENNE, cuyas aguas nunca se acaban.  ¡El es el Eterno Río de Dios!  Esto ya lo habíamos mencionado en la enseñanza anterior a esta. . .

El río Jordán nace en el monte Hermón, que es Sion el monte santo [Deuteronomio 4:48]. El monte Sion, creo que todos los hijos de Dios sabemos, nos habla de la habitación de Dios, donde El mora y donde mora con El en el espíritu, su verdadero pueblo. . .

Jordán también significa: “el río que desciende”. 

De allí, de la misma presencia del Padre, es que nuestro Río, Jesucristo descendió para limpiarnos de nuestra “lepra”.  ¡Gloria a su bendito Nombre!

 

El descender al Jordán para ser completamente limpios de la “lepra”, conlleva cierto requisito. Tiene que ser siete veces que lo hagamos. En el idioma hebreo el número siete significa: estar lleno, estar completo. El número siete simboliza además la perfección divina. . .

¡Es en TODA la plenitud de su Espíritu, en su perfección, que se nos demanda nos sumerjamos! ¡Solo así nuestra “carne” se restaurará!  ¡Experimentaremos a plenitud la realidad de la nueva naturaleza en Cristo que nos ha sido dada por medio del nuevo nacimiento! [Juan 3].

Hay vidas hoy día, que al igual que Naamán, se enojan al recibir el mensaje. Quieren ser librados de la plaga del pecado pero no quieren todo lo que Dios tiene para ellos en su Hijo Jesucristo.  ¡Se conforman con tan poco!  Tan solo se mojan los pies en el Río de Dios. No se atreven a sumergirse en las PROFUNDIDADES del Río.  Puede que desciendan una, dos, tres veces.  Quizá hasta cuatro y hasta cinco o seis. Pero no descienden hasta siete. Es muy profundo para ellos. No es para ellos. Están muy conformes con lo que han conocido y no anhelan todo el conocimiento de la plenitud Dios. . .

¡No saben lo que se están perdiendo!  Al igual que Naamán, buscan con qué justificarse. Hay otros “ríos” a los que acudir que creen ellos les darán lo que  necesitan. . .

Abana y Farfar, ríos de Damasco, ¿no son mejores que todas las aguas de Israel?

Si me lavase en ellos, ¿no seré también limpio? [v.12].  Hay muchos hoy día  acudiendo a los ríos “Abana” y “Farfar”. Abana significa: pedregoso. Farfar significa: apresurado, rápido.  Quieren quizá que la obra de limpieza de la “lepra” en ellos sea bien rápida. Es que no conocen al Señor, ni menos saben esperar en él. Prefieren buscar la solución a sus situaciones en otros “ríos” como lo son, para darte un ejemplo, el conocimiento del hombre con todas sus ciencias y sus ramificaciones. 

Y, ¿que de los que buscan en la mal llamada “Nueva Era”? Con sus tendencias diabólicas que tratan de engañar aún a los escogidos de Dios. Los que buscan “limpiarse” en esos “ríos”,  prefieren romperse los pies con las tantas piedras de tropiezo que se han de encontrar, en lugar de descender suavemente al Jordán donde la única piedra que han de encontrar es la ¡Piedra de Salvación,  Jesucristo el Señor!

 

¡Gracias al Señor por los que insisten para que vayamos al Jordán a lavarnos y ser limpiados!  Tanto insisten hasta  que al igual que se nos dice que hizo Naamán, nos zambullimos. Naamán se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios.

Somos muchos los que nos estamos atreviendo a sumergirnos en la plenitud de Cristo. El resultado: quedaremos limpios como un niño [vs.13 y 14]. ¡Aleluya!

Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos [Mateo 18: 2-4].

 

Naamán salió del Jordán y se volvió a donde Eliseo, y se puso delante de él, y dijo: He aquí ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel.  Te ruego que recibas algún presente de tu siervo.

Le contestó el profeta de Dios: Vive Jehová, en cuya presencia estoy, que no lo aceptaré.

Naamán le instaba que aceptara alguna cosa, pero él no quiso [vs.15 y 16]

Podemos ver en algunos, el reconocimiento al Señor por la obra hecha en ellos,  pero creen que deben pagarle por esa salvación tan grande. Al igual que Naamán insistió, hay quienes también insisten en hacerlo. Les es difícil entender que la obra de salvación es gratuita. Que el precio por ella fue pagado en la cruz del Calvario. . .

Lo que hizo Naamán luego es lo que me sorprende, aunque no es tan difícil creerlo. Le pidió a Eliseo que le regalara un par de mulas porque de allí en adelante solo ofrecería sacrificios a Jehová [v.17]. ¿No es esto algo parecido a los que buscan recibir beneficios del Señor en recompensa por estarle sirviendo? 

Es interesante notar que Naamán no tenía intención de cumplir plenamente con lo prometido. Tenía el propósito de seguir yendo al templo del dios Rimón con su señor el rey de Siria. Pienso que quizá se sentía obligado a hacerlo por obediencia al rey, y pidió perdón a Jehová Dios por ello. Y al ver su actitud, Eliseo le dijo: Ve en paz [vs. 18 y 19].

 

Hay ocasiones en que esto mismo lo vemos en la iglesia. Personas que son salvadas por el Señor y luego se sienten “obligadas” por las circunstancias, a seguir yendo a lugares donde no se adora al Dios vivo que han recibido en su vida.

¡Que maravilloso, cuando por la gracia del Señor se desprenden de esas circunstancias, de esas ataduras  que aún les atan al rey de Siria y a Rimón! Rimón significa: EXHALTARSE o LEVANTARSE uno mismo. Eso es precisamente lo que ofrece el dios Rimón. Los que le siguen, buscan su propia exaltación y reconocimiento. Y esto ciertamente NO es lo que nuestro Dios nos enseña ni se agrada en ello. . .

 

Giezi

 

Giezi era el criado de Eliseo. Podemos verlo como un tipo de los siervos de Dios, que aunque estén cerca del Profeta, solo piensan en ellos. Giezi representa a aquellos que además de servir al Señor Jesucristo, pretenden servir también a “Rimón”. Y es que Giezi lo que significa es: exaltación, orgullo, arrogancia.  Giezi tuvo la osadía de pensar que el profeta de Dios  había estorbado a Naamán al no recibir los obsequios que este le había ofrecido. Decidió por su cuenta, ir y tomar para sí lo que Naamán había ofrecido a Eliseo. Y para completar, le mintió a Naamán diciéndole que venía de parte de su señor el varón de Dios, Eliseo.  No conforme con esto, esperó llegar a un lugar secreto, escondido, donde lo tomó de mano de los criados de Naamán, y lo guardó en su casa [vs. 20-24].

¡Que mucho me ha hablado esto! ¡Cuantos “Giezis” hay hoy en la iglesia del Señor haciendo lo mismo que el Giezi de la historia!  Aprovechándose de la obra del Señor para su propio beneficio. ¡Y luego algunos se atreven a proclamar que lo hacen por mandato de Dios!  ¡Misericordia, Señor!

 

Veamos lo sucedido luego a Giezi: Y él entró, y se puso delante de su señor. Y Eliseo le dijo: ¿De donde vienes, Giezi?  Y él dijo: Tu siervo no ha ido a ninguna parte. 

El entonces le dijo: ¿No estaba allí mi corazón, cuando el hombre volvió  de su carro a recibirte? 

¿Es tiempo de tomar plata, y de tomar vestidos, olivares, viñas, ovejas, bueyes, siervos, y siervas? [vs. 25 y 26]

Me recuerda esto a David en el Salmo 139: 7: ¿Adonde me iré de tu Espíritu? ¿Y adonde huiré de tu presencia?  

¿Adonde podremos escondernos de nuestro Dios? 

Giezi se escondió para hacer lo que no le agradaba a Dios. Creyó que Eliseo no le vería aprovechándose de la obra de Dios para su propio beneficio. Se olvidó que estaba tratando con el profeta de Dios a quien  El le revelaba los secretos.

 

Así le dice el Señor a su pueblo: ¿De donde vienes pueblo mío?  ¿Porqué tratas de esconderte de mí?   ¿Que haces buscando tu propio beneficio de la obra que es mía?

¡Ni ayer ni hoy es hora de tomar plata y otros beneficios diciendo que el Yo soy es quien te ha ordenado hacerlo!

¿Que le contestaremos a nuestro Señor? ¿Al igual que Giezi? ¿Que no hemos ido a ninguna parte? ¿Que nunca hemos hecho en secreto algo que a El no le agrada? 

¿Que directa o indirectamente, alguna vez no hemos participado, y/o aprobado a aquellos que han querido aprovecharse de la obra de Dios para su beneficio personal?

Permitamos que el Espíritu nos escudriñe y humillémonos y arrepintámonos delante de Su presencia si es que en algo de esto le hemos faltado a nuestro Dios. Y recibamos con humildad el perdón que nos imparte el Señor al ver el reconocimiento de que le hemos faltado. . .

Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra [Isaías 6: 11 y 12].  

 

Y así terminó Giezi y han de terminar todos los “Giezis que no vengan al arrepentimiento: Por tanto, la lepra de Naamán se te pegará a ti y a tu descendencia para siempre.  Y salió de delante de él leproso, blanco como la nieve [v.27]. 

Cubiertos de la “lepra”, del pecado de orgullo y arrogancia, como es el significado de su nombre, han caminado los “Giezis” de todos los tiempos. Los del tiempo presente no son diferentes. Así estarán hasta que al igual que Naamán, se presenten delante del Profeta de Dios, Jesucristo el Señor, y este les ordene descender al Jordán. 

¡Que se SUMERJAN en Cristo!  Es lo único que habrá de limpiarles la “lepra” que los cubre.

¡Recibirán a cambio la cubierta eterna del Rey de Gloria!  ¡Aleluya!  ¡Gracias Padre!

 

 

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