LA  ESCUELA  DEL  MAESTRO

 

Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho [Juan 14:26].

 

El Señor Jesús nos dice que el Espíritu Santo nos ha de enseñar todas las cosas. ¿Quiere esto decir que podemos ver a la iglesia como una escuela? ¡Claro que sí!  La iglesia  es la Escuela del Maestro. Es en esta escuela, no fuera de ella, en donde aprendemos todas las cosas que nuestro Señor quiere enseñarnos por su Espíritu, quien también nos recordará todo lo que él nos ha dicho para que vivamos conforme a su voluntad  y no a la nuestra. . .

A las escuelas se les da un nombre. La Escuela del Maestro tiene por nombre el nombre que es sobre todo nombre [Fil.2:9], “Jesucristo el Señor”. Y todo el que se gradúe de dicha  escuela,  será hecho semejante a ese bendito nombre. ¡Amén!

 

Recuerdo haber aprendido que en la antigüedad, aquellos que deseaban aprender algún oficio, iban a las casas de quienes ya practicaban dicho oficio en donde generalmente estos tenían su taller de trabajo. Los estudiantes aprendían observando al maestro trabajar.  Algunos hospedaban en sus propios hogares a los estudiantes interesados en aprender el oficio. Así fue como en ciertos períodos de la historia se fueron desarrollando, por ejemplo, los grandes pintores, artesanos, músicos y científicos. También comenzaron así ciertas profesiones como la medicina y las leyes. Además, en las casas de los maestros  se daban los primeros pasos en el aprendizaje,  como la lectura y la escritura.

 

Hoy día la enseñanza es muy diferente. Asistimos a escuelas, colegios y universidades en donde se nos enseña no solo las materias básicas sino que también los oficios y profesiones.

Nuestro Maestro nos ha llevado a su Casa, en donde él tiene su taller de trabajo, a aprender directamente de él.  El quiere que observemos como él labora y aprendamos nuestro “oficio” bien aprendido. El desea perfeccionarnos para que seamos como él es [Lucas 6:40]

 

El Orden de Gobierno de la Escuela del Maestro

 

En el sistema educativo que conocemos, hay un orden de gobierno establecido. En ese orden hay directores de departamentos y de escuelas, supervisores, y maestros.

Así también es en la Escuela del Maestro. El Señor mismo ha establecido su orden de gobierno en su Casa, en su Escuela, en donde él mismo es el Director, Supervisor y Maestro. Y por su Espíritu,  nos va enseñando y capacitando para poder funcionar en ese orden de gobierno establecido por él para su iglesia.

En Efesios 4: 11 al 16, el apóstol Pablo nos habla de unos llamados ministeriales que son para la edificación, la FORMACIÓN de la iglesia.  Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros [v.11].

Estos cinco ministerios vienen a ser como los “directores” y “supervisores”.  Ellos representan al Director, Supervisor y al Maestro-Jesucristo el Señor, la Cabeza de la iglesia [Efesios1:22]. Estos ministerios son dados a la iglesia universal, pero también a las congregaciones establecidas por el Señor a nivel de una localidad. Por medio de estos ministerios es que se supone que la iglesia se deje guiar y enseñar. . .

En algunos sectores de la iglesia, los ministerios señalados en Efesios 4 rara vez se ven funcionando plenamente, con excepción de los pastores y evangelistas. Normalmente, los pastores de las congregaciones locales son los maestros que enseñan a los discípulos en ciernes.

 

El  orden  de  gobierno  dado  por  Dios  para  su  iglesia  no  es para que el hombre se APODERE de él y lo “administre”. Lamentablemente, esta situación está sucediendo en gran parte en las denominaciones y concilios de la llamada iglesia institucional. . .

¡Dejemos que sea el Maestro el que gobierne en su Escuela!

¡El es el Dueño y Señor de ella! ¡Amén!

 

Alumnos y Discípulos

 

Se les llama alumnos o discípulos a los que asisten a  clases en los diferentes centros de enseñanza. Pero he encontrado que hay una diferencia entre el término alumno y el de discípulo. . .

Los ALUMNOS son los que se limitan a asistir a clases.  Algunos, si acaso, solo cumplen con las cosas básicas dentro de su responsabilidad como estudiantes. Dentro de esta clasificación de estudiantes es que encontramos a los que en alguna ocasión abandonarán la escuela.  Unos por problemas en su vida personal. Otros porque se cansan de estudiar. Entre estos últimos, están los que nunca les gustó la escuela, o tal vez no tuvieron quien les hiciera desarrollar el gusto por el estudio. . .

En cambio,  los DISCÍPULOS son los que no solo asisten a clases, sino que ponen el debido interés en aprender y poner en práctica lo que se les enseña. En muchas ocasiones, estos ni siquiera son los estudiantes más inteligentes. Son los DILIGENTES, los RESPONSABLES. Los que a todo maestro le gustaría tener en su salón de clases. . .

Esta realidad, aplicada a nosotros la iglesia, me recuerda las palabras de Santiago1:22: Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.

En la Escuela del Maestro encontramos todo tipo de estudiantes. Hay abundancia de “alumnos”, que se limitan a asistir a las reuniones de la iglesia pero de allí no pasan. Van “por cumplir”, como dicen algunos. Muchos de ellos vienen a ser piedras de tropiezo en las congregaciones. Solo sirven para criticar y no para edificar. Entre ellos están los “desertores”.  Estos son como aquellos que nos describe Juan 6:66, que seguían al Señor Jesús, pero que no pudieron soportar la palabra fuerte que salía de la boca del Maestro y se volvieron atrás y ya no andaban con él.

Otros, quizá los mas, son cristianos frustrados que no han encontrado quien les ayude a “gustar” del Señor Jesucristo. 

Porque ciertamente ESCASEAN en la iglesia quienes puedan ayudar a otros a desarrollar ese “gusto” por el Señor Jesucristo y su Palabra. . .

 

En la Escuela del Maestro también encontramos los estudiantes diligentes y responsables que DISFRUTAN de la enseñanza del Maestro. Estos son los que ponen el sentido en lo que se les enseña [Nehemías 8:8].  Los que han dispuesto su corazón para recibir toda palabra que sale de la boca del Maestro y de los instrumentos que el Señor ha puesto en su Escuela para que en Su nombre enseñen a su pueblo. . .

El Maestro anhela que no solo seamos alumnos en su escuela. ¡El quiere hacernos sus discípulos! Y como consecuencia, podamos ser instrumentos idóneos en sus manos, para él continuar haciendo discípulos a través nuestro. . .

 

Haciendo Discípulos

 

Antes de ascender al Padre, nuestro Señor Jesucristo dio una orden a sus discípulos: Id, y HACED DISCIPULOS a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo [Mateo 28:19 y 20].

Pablo le decía a su discípulo Timoteo: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros [1Ti. 2:2].

Timoteo no nació siendo discípulo.  Nadie nace siéndolo. El discípulo se hace. Timoteo aprendió primeramente de su abuela Loida y de su madre Eunice [1Timoteo 1:5]. Ellas fueron sus primeras maestras, las que le enseñaron y le guiaron en sus primeros pasos. . .

Luego fue Pablo el instrumento para continuar forjando en él la imagen del Maestro. Hasta que Timoteo, en el tiempo señalado, también se convirtió en maestro de otros hombres fieles, idóneos, que serían  instrumentos útiles en las manos del Maestro para continuar la cadena de ir haciendo discípulos. . .

Cuando comenzamos en la escuela, normalmente son nuestros padres los que nos llevan. Igual sucede con la mayor parte de nosotros, que hemos sido llevados a la iglesia desde niños por nuestros padres.

Otros han sido llevados por amigos y familiares. . .

Algunos el mismo Espíritu les puso en su corazón el deseo de buscar de Dios y así lo han hecho.

Y hay aquellos que el corazón de unos padres o de unos abuelos han estado clamando por la vida de sus hijos y nietos y llega el día glorioso en que el corazón de esos hijos o esos nietos es tocado por el Espíritu de Dios y se allegan a la Escuela del Maestro, a la iglesia del Dios vivo.

En alguna forma hemos venido a la iglesia, en donde comenzamos nuestro aprendizaje en el conocimiento de Dios. . .

El hecho de estar asistiendo a alguna congregación no nos hace inmediatamente ser discípulos del Señor. Recordemos lo que hemos enfatizado de la diferencia entre el ser alumno y el ser discípulo. Hay un largo proceso de aprendizaje a seguir luego del nuevo nacimiento [Juan 3:3], que nos irá convirtiendo en discípulos. . .

 

En cualquiera sea la escuela que nos matriculemos, no nos graduamos de un día para otro. Toma mucho tiempo el hacerlo. Todo estudiante comienza en la escuela elemental. Aún los niños catalogados como “super” dotados, o “genios” tienen que comenzar aprendiendo las materias básicas. 

Así también es en la Escuela del Maestro. El tiempo que nos tome convertirnos en discípulos dependerá de nuestra disposición para ir aprendiendo a ser DISCIPLINADOS  y  OBEDIENTES a la voz del Maestro.

¡No pretendamos saber más que el Maestro!

Porque ciertamente el discípulo no es mayor que su Maestro; mas todo el que fuere perfeccionado será como su Maestro [Lucas 6:40].  ¡Gracias Señor!

 

El Proceso del Aprendizaje

 

Hay estudiantes que parecen creer que todo les va a ser fácil. Quizá son bastante “inteligentes” y ni siquiera ponen mucho interés en estudiar mas allá de lo que se les asigna. Pero recordemos lo que mencionamos hace un rato. No necesariamente son los mas inteligentes los mejores estudiantes. Tampoco son los mas inteligentes los que obtienen los premios al final del curso escolar. Solo aquellos que han mostrado interés, se han ESFORZADO, y se han dispuesto a salir triunfantes, son los que obtienen los premios. . .

Vamos a continuar aplicando a  nosotros la iglesia, estas realidades del quehacer a nivel de la vida escolar como la conocemos.  Sigamos el consejo de Jehová Dios a Josué:  Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas [Josué 1:7].

Josué fue discípulo de Moisés. Fue enseñado por él a seguir y a poner en práctica toda la ley de Dios. Pero Josué al igual que Moisés tuvo que pasar por un proceso de aprendizaje lento y doloroso que les llevó a convertirse en discípulos del Maestro.  Si no hubiera sido así, la palabra de Dios no nos diría que Moisés se sostuvo como viendo al Invisible [Hebreos 11:27]. ¡Aleluya!

 

El que se matricula en la Escuela del Maestro debe saber primeramente, que al igual que lo fue Moisés y Josué y Pablo y todos los personajes de las Escrituras que se convirtieron de alumnos a discípulos, hemos de pasar por el proceso de ser DISCIPLINADOS, tal como nos dice Hebreos en el capítulo 12: 5 al 11. Si queremos que él nos trate como sus hijos no debemos MENOSPRECIAR la disciplina del Maestro.

El propósito de la disciplina es para que participemos de Su santidad. Y para que demos fruto agradable al Padre: 

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da FRUTO APACIBLE de JUSTICIA a los que en ella han sido ejercitados [vs.10 y 11].

Y, oye esto que el Maestro nos añade en cuanto al dar fruto:

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis DISCÍPULOS [Juan 15:8].

 

Hoy día en las escuelas se ven muchos casos de indisciplina. Muchos estudiantes  ya  no quieren obedecer a sus maestros. Tampoco obedecen a sus padres en el hogar. O, quizá el ejemplo de los padres no es el mejor, y ellos hacen lo que ven hacer a los que se supone sean sus primeros maestros - sus padres. . .

Desgraciadamente así sucede también en la Escuela del Maestro. En ocasiones  nos está sucediendo como a Moisés con los Israelitas. Pueblo que muchas veces no seguían los mandatos de Jehová Dios que les eran dados por Moisés.

 Así también le sucedió al profeta Jeremías [Jeremías 20: 9], y a tantos otros que Dios ha puesto para dirigir a su pueblo.

¿Queremos aprender la obediencia a Dios? 

¡Dejémonos disciplinar por el Maestro! Es parte del proceso para ir convirtiéndonos de alumnos a discípulos.  El mismo Señor Jesús nos dio el ejemplo. Nos dice  Hebreos 5:7 y 8, que aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

 

A los que Dios ha puesto a dirigir a su pueblo en cualquiera sea la posición, recordemos que primeramente nosotros hemos de ser hechos discípulos antes de pretender hacer dis-cípulos en el nombre del Señor.

El apóstol Pedro abunda al respecto diciendo que debemos ser ejemplos de la grey que está entre nosotros, apacentándola y cuidándola voluntariamente y con ánimo pronto [1 Pedro 5:1- 4]. Que no nos suceda como con tantos, que no dan el ejemplo correcto a sus hijos, y luego, como ya mencionamos, estos hacen lo mismo que han visto hacer a sus progenitores. Porque ciertamente son hijos espirituales los que el Señor nos da para enseñarles y hacer de ellos Sus discípulos. . .

 

Tanto Moisés, como Jeremías y Pablo, a quienes hemos puesto como ejemplo, gobernaron bien al pueblo y aún así tuvieron que sufrir frustraciones a lo largo de su caminar en el Señor. Porque quizá en ocasiones, no lograban ver los resultados esperados en la encomienda recibida. . .

Lo mismo sucede con todo aquel que ha sido llamado por Dios para ser instrumento de dirección a su pueblo. Es motivo de frustración a los siervos de Dios el ver como en ocasiones invierten tanto tiempo, en ocasiones años, en enseñar a personas que parecen no tener interés ninguno en seguir y obedecer las enseñanzas del Maestro. Entendamos que simplemente son alumnos que no desean en su corazón convertirse en verdaderos discípulos del Señor Jesucristo.

No puedo negar que en ocasiones me he sentido frustrada. En una ocasión hace unos años, me le quejé a Dios y por respuesta recibí lo siguiente:

“¿No has considerado a mi siervo Moisés?” 

Comparado con lo que le pasó a Moisés lo mío no era nada. Tuve que allí mismo pedir perdón al Señor por estarme quejando de las frustraciones habidas en la encomienda que El me ha dado de hacer discípulos.  He ido entendiendo a través de los años, que las frustraciones son parte del aprendizaje de todos aquellos que hemos sido llamados al santo ministerio. . .

En días pasados escuchaba una noticia sobre la falta de maestros en algunas de nuestras escuelas. Yo añadiría - de buenos maestros. Maestros que tengan y sientan el llamado de enseñar a nuestros niños y jóvenes. . .

Cuando escuché la noticia vino a mi corazón la palabra del Señor Jesús en Mateo 9:37: A  la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.  Porque esta misma situación la encontramos en muchos lugares de la Escuela del Maestro. Faltan obreros ¡CAPACITADOS!, aptos para enseñar, ¡UNGIDOS! por el Espíritu Santo. Estamos necesitados de obreros que funcionen ¡revestidos del poder de Dios! Obreros que estén dispuestos a dar de gracia a otros lo que de gracia han recibido [Mateo 10: 8]. 

 

Métodos de Enseñanza

 

Cuando nos preparamos para ser maestros, debemos estudiar unas clases de Metodología. En estas clases aprendemos los diferentes métodos de enseñanza. Y además se supone que aprendamos como preparar las clases que hemos de impartir a los estudiantes en cualquiera sea la materia que enseñemos.

En la iglesia, en especial en los Seminarios e Institutos Bíblicos, también preparan a los que han de enseñar y predicar la Palabra con ciertas clases parecidas.  A los que se sientan dirigidos por el Señor a ir a prepararse en esos centros de enseñanza, que lo hagan.  Pero siento en mi corazón señalar, que en ocasiones no vemos el resultado que quisiéramos entre algunos de los que se gradúan de esas escuelas. Me perdonan los que no estén de acuerdo, pero en lo personal, continúo creyendo que la VERDADERA escuela preparatoria para el ministerio es a los pies del Maestro. . . ¡Amén!

 

Nuestro Maestro usa en su escuela el método de parábolas.  Una parábola es una narración de hechos que vemos en las cosas que nos rodean, de las cosas terrenales, como le dijo el Señor Jesús a Nicodemo.  En su enseñanza, el Maestro usa las cosas terrenales, para darnos a entender las cosas celestiales [Juan 3: 10 al 12].  

Ese es el propósito en sí de la parábola - que entendamos una verdad espiritual a través de lo que conocemos en nuestra vida cotidiana. Así enseñaba el Señor mientras estuvo aquí en la tierra y de la misma forma continuamos aprendiendo de él.  Si no, ¿que es lo que hemos estado haciendo a través de esta enseñanza?  Hemos estado aprendiendo el funcionamiento de la Escuela del Maestro, su Iglesia, vista por medio del ejemplo de la escuela en términos terrenales. . .

Con muchas parábolas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo [Marcos 4:33-34]. 

El Maestro usaba el método de parábolas para enseñar a los que le seguían - a la multitud de seguidores que iban tras él. Pero a sus discípulos, a aquellos que estaban siempre junto a él y estaban siendo capacitados para ir a hacer más discípulos - a esos, además de enseñarle las parábolas, les declaraba todo. A ellos les mostraba el significado de todas las cosas que él les había hablado.

Quiere decir esto que en la Escuela del Maestro no todos han de recibir y entender la enseñanza en igual forma.  Se nos dice en este pasaje de Marcos, que el Señor les enseñaba conforme a lo que podían oír. . .

Es por esta razón que entiendo que el sistema de enseñanza en la Escuela del Maestro es el que conocemos por “niveles.” Esto significa que en un mismo lugar o salón de clases hay estudiantes con diferentes grados de adelanto en el aprendizaje.  En una misma congregación podemos tener hermanos con diferentes niveles de crecimiento en el conocimiento de Dios a los cuales hay que enseñar conforme a lo que puedan oír.  

A los que son bebés y niños en Cristo, se les enseña la misma palabra que el que lleva ya mas años en el evangelio, pero en un grado más sencillo. 

El enseñar por “niveles” no es tarea fácil, ya que a menudo se cumple en la iglesia la palabra de Hebreos 5:12: Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar los primeros rudimentos de la palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño.

Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

 

Hay ministros del Señor que por querer adaptarse al grupo que escucha, se limitan a servir siempre leche, una palabra sencilla que pueda ser entendida por todos. Esto provoca que los que ya han alcanzado cierto grado de madurez en Cristo, se queden con hambre de comer algo más sólido.  Es por esa razón que encontramos tantas congregaciones que podríamos catalogarlas como “centros de cuidado de bebés y de niños”.  Recuerdo a mi hermana en Cristo y compañera en el ministerio de la Palabra, Priscila M. Patacsil, que nos decía que ella siempre daba a comer “bistec”, o sea, enseñanza SÓLIDA, porque estaba segura que el Espíritu Santo la habría de machacar y hacerla digerir a los que aún no fueran capaces de entenderla. . .

 

Programa de Clases

 

Desde los primeros grados hasta los estudios universitarios y graduados, hay unas materias, o clases, o cursos, que se ofrecen al estudiantado, que son obligatorias. 

En la Escuela Superior y en los estudios a nivel de bachillerato y aún en los estudios graduados, y en lo que se conoce por estudios continuados, también se ofrecen clases llamadas electivas en las que los estudiantes se pueden matricular si así lo desean. . .

 

En la Escuela del Maestro también se enseñan diferentes “clases”.  TODAS ellas son obligatorias tanto para los niños como para los adultos. Y ahora nos referimos tanto en edad cronológica como espiritual.  Aquí no hay clases electivas que podamos escoger. En todas las “clases” iremos aprendiendo conforme a lo que podamos recibir.

 

Para cada clase o curso que se ofrezca en alguna escuela, hay uno o más libros que se han de necesitar para estudiar. En ocasiones los libros de texto son cambiados de año en año ya que generalmente hay nuevos acontecimientos que añadir. 

En la Escuela del Maestro solo tenemos un libro de texto para todas las materias  y  para todos los “grados” - desde “Kinder” hasta estudios “Graduados”. Y también para los estudios “Continuados”. Nuestro libro de texto es la Biblia - la Palabra de Dios. El Libro inspirado por Dios y que es útil para enseñar, para  redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. [2 Timoteo 3:16-17].  Y nuestro libro de texto no necesita cambiarse de año en año. Porque este libro es el mismo ayer, hoy y siempre. . . [1 Pedro 1:25].

En ocasiones necesitamos ciertos libros de referencia, como las Concordancias, Diccionarios y Comentarios Bíblicos. Usamos estos libros cuando estudiamos las Escrituras detalladamente, en especial cuando estamos preparando algún mensaje o enseñanza que hemos de impartir al pueblo. Gracias damos a Dios por los siervos suyos que han dedicado tanto tiempo para escribir y publicar estos libros de referencia para ayuda del pueblo de Dios, pero no olvidemos que solo el Espíritu Santo nos ha de revelar y hacer entender la Palabra de Dios. . .

Hay tantas “clases” en las que nos hemos de “matricular” en la Escuela del Maestro, que no podríamos ir una por una pues no acabaríamos. Nos limitaremos solo a aquellas que nos hemos sentido dirigida por el Espíritu a señalar. . .

 

Ciencia

 

En el sistema escolar que conocemos, ya sea a nivel primario, secundario y universitario, se enseñan diferentes ciencias. Están las ciencias naturales, las físicas, las sociales, las técnicas, las políticas, y no sé cuántas mas. . .

En la Escuela del Maestro solo aprendemos una ciencia.

La ciencia del Altísimo se le llama en Números 24:16.

La ciencia del Santo  nos dice Proverbios 30:3.

El término ciencia significa: CONOCIMIENTO.

En esta “clase” hemos de ser enseñados por el Espíritu de Dios a  ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios en toda sabiduría e inteligencia espiritual [Col.1:9].

¡Es maravilloso el saber que cuando adquirimos este conocimiento de la voluntad de Dios, entenderemos los pensamientos  y  los caminos de Dios, que son más altos que los nuestros! [Isaías 55:8-9].

 

En la clase de CIENCIA del ALTISIMO también hemos de aprender como es que Dios obra.  Y como consecuencia, ¡comenzaremos a actuar con su sabiduría y con su in-teligencia!   ¡Gloria a Dios!

Pablo le decía a Timoteo: Oh, Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe. [1 Timoteo 6:20].  La falsamente llamada ciencia no puede tener parte en la iglesia. Porque esta ciencia es la sabiduría terrenal [Santiago3:15].

La sabiduría que es de lo alto [Santiago3:17], es la que debe estar presente de continuo en la iglesia. Porque es precisamente por falta del conocimiento que el pueblo se destruye [Oseas 4:6], y se DESVÍA de la verdadera fe.

 

Si nos saturamos de la  Ciencia del Altísimo, de la Ciencia del Santo, la que excede a todo conocimiento terrenal, el mismo Espíritu de Dios nos ha de guiar aún en los estudios de las ciencias terrenales. De esto tenemos muchos testimonios no solo de estudiantes cristianos que han confiado en Dios para ayuda en sus estudios, sino de profesionales en las diversas ciencias, que han rendido sus vidas a Cristo y testifican que lo que han podido lograr lo han hecho con la ayuda de la Ciencia del Altísimo. ¡Bendito el Señor!

 

Idiomas

 

En la escuela también se nos enseña idiomas o lenguajes. En el caso nuestro aquí en Puerto Rico, aprendemos nuestro idioma vernáculo - el Español, y también el Inglés. En algunas escuelas más especializadas, se enseñan otros idiomas. Estas son escuelas “multi-lingues”.

En la Escuela del Maestro normalmente hablamos en nuestro lenguaje vernáculo. Pero también hablamos el lenguaje que describió el profeta Isaías como una “extraña lengua”, una “lengua de tartamudos” [Isaías  28:11,12]. Dice el Espíritu por medio del profeta, que esta lengua es nuestro reposo y nuestro refrigerio ¡Gloria a Dios!

¡No conozco otro reposo ni otro refrigerio para nuestras vidas que no sea nuestro Maestro, el Señor y Salvador Jesucristo!

El Maestro nos dejó dicho en Marcos 16:17 que sus discípulos hablaríamos en nuevas lenguas.  Hablaremos en la extraña lengua de tartamudos que se nos prometió desde el Antiguo Testamento y que Pablo nos recuerda en 1ra. de Corintios 14:21.  

Primera de Corintios 12:1 al 12, nos dice que hay unos dones espirituales que nos son dados por el Espíritu Santo a cada uno en particular como él quiere [v.11].  

En el verso 10, se menciona que uno de los dones es: diversos géneros de lenguas. Se nos ha de capacitar por el Espíritu para hablar en otros idiomas conocidos y no conocidos, como lo son los ya extintos. Estas son lenguas humanas como nos dice Pablo en 1ra de Corintios 13. 

Pero sobre todo se nos ha de capacitar para hablar las lenguas angélicas que también menciona el apóstol en el mismo pasaje de Corintios 13.  Así que podemos catalogar a la Escuela del Maestro como una “multilingue”, en donde aprendemos los “lenguajes celestiales”.  ¡Alabado Dios!

 

En una ocasión estaba yo enseñando a un grupo de niños y uno de ellos me preguntó:

“¿Que es eso de hablar en lenguas?”

Ya me disponía a darle una explicación, cuando otro de los niños me dice: “Maestra,  ¿Puedo yo decirle lo que es eso?” 

Le dije: “Está bien.  A ver, ¿que tienes que decir?” 

Dijo aquel niño: “Ese es el lenguaje que se habla en el cielo”. ¡Aleluya!

Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. Sí Padre, porque así te agradó [Mateo 11:25 - 26].

Dice Pablo en 1ra. de Corintios 14:2 que el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.

¡Que tremendo! ¡Que glorioso! ¡Esto no se aprende de hombres! ¡Esto se recibe directamente del Espíritu de Dios! ¡Aleluya!  El hablarle directo a Dios por el Espíritu es una experiencia ¡INIGUALABLE! que solo se puede vivir en la Escuela del Maestro. . .

 

Te mencioné al  principio de la enseñanza, que el que se gradúe de esta escuela ha de ser hecho semejante al nombre que lleva la escuela - a Jesucristo el Señor. También te mencioné, que nuestro Maestro quiere perfeccionarnos para que seamos semejantes a él. [Lucas 6:40].

El pasaje de Gálatas 5: 22 y 23, contiene un “programa” de clases perfecto. Este programa irá completando nuestro perfeccionamiento en Cristo. Este es el clásico pasaje del fruto del Espíritu, que tantas veces nos gusta citar. Tal como hemos dicho en otras de nuestras enseñanzas, el fruto del Espíritu no es otra cosa que Cristo manifestándose en nosotros los hijos del Dios Altísimo.

Cristo fue sembrado en ti y en mí y Cristo es el fruto que hemos de dar.  Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,  templanza . . .

Amor

 

En la escuela tal como la conocemos, no se ofrece un curso como este. Quizá se ofrezca algún material en cuanto a nuestro comportamiento los unos con los otros. Pero nunca se nos podrá enseñar a  amar como el Maestro nos enseña.

Primera de Corintios 13  nos relata lo que es el verdadero amor: El amor es sufrido, es benigno, no tiene envidia, no es jactancioso,  no se envanece,  no hace nada indebido,  no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.  El amor nunca deja de ser.  

El Señor Jesucristo nos dice en Juan 13:35:

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. 

Y  1ra. de Juan 4:7- 8 nos añade: Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.  El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. . .

 

En esta “clase” llamada “Amor” aprenderemos a obedecer el mandato de amarnos los unos a los otros.  Y, a amar a nuestro prójimo, como a nosotros mismos. [Marcos 12:31]

¿No nos dijo el Maestro que quiere perfeccionarnos?

Mira como ha de comenzar a hacerlo: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os  aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen. Porque si amáis a los que os aman, ¿que recompensa tendréis? [Mateo 5: 44-46].

¿Amar a nuestros enemigos y a los que nos maldicen y aborrecen? Palabra fuerte es esta. Pero es así como vendremos a ser semejantes al Maestro. . .

 

Gozo

 

Tampoco veremos una clase como esta en la escuela a nivel terrenal. Quizá tengan cursos que nos alegren, como el de música. Pero la alegría es diferente al gozo, es pasajera, es fruto de nuestras emociones, y no podremos compararla con el gozo que nos imparte el Maestro, que es PERDURABLE. Porque el gozo es fruto del Espíritu Santo, y éste estará para siempre con nosotros.

Y, ¡nadie nos quitará nuestro gozo! [Juan 16:22].

Y, ¡Gozo perpetuo habrá sobre nuestras cabezas!

[Isaías 35:10].   ¡Amén!

 

Ninguna circunstancia adversa - el dolor, el tropiezo, el problema, la enfermedad, ni la tribulación podrá dominarnos ni vencernos, porque ciertamente el gozo de Jehová nues-tro Dios es nuestra fortaleza [Nehemías 8:10].

Al matricularnos en esta “clase” llamada “Gozo”, tengamos presente dejar fuera del salón de clase todas nuestras  quejas y lamentaciones.  Dispongamos nuestro corazón a disfrutar del gozo del Señor que hemos de manifestar por medio de la alabanza y adoración al Padre, que sale del Cristo que mora en nosotros. . .

Al igual que te dije cuando te hablamos del hablar en lenguas, te digo sobre la alabanza y la adoración. Esto no se aprende de hombres. Se RECIBE al permitir que el Espíritu Santo nos lo imparta y nos ¡impregne de su Oleo de Gozo! [Salmo 45:7]. ¡Amén!

Algo más que deseo que recordemos todos, es que el Señor nos dice en su Palabra que nuestras oraciones son su gozo.

[Proverbios 15:8].

Así que oremos al Señor sin cesar [1 Tesalonicenses 5:17]. 

¡No nos cansemos de ser motivo de gozo para nuestro Maestro! El se goza sobre nosotros con alegría y se regocija sobre nosotros con cántico [Sofonías 3:17].

¡El se goza sobre nosotros! ¡Gocémonos juntamente con El!

 

Paz

 

En la epístola a los Filipenses 4: 4 al 7,  hay un pasaje que te exhorto a que medites y estudies delante del Señor. Te puedo asegurar que si somos obedientes a lo que aquí se nos enseña, el Maestro nos ha de hallar aprobados  en la “clase” llamada “Paz”.

Comienza el Espíritu por recordarnos que nos regocijemos en el Señor siempre. Esto es como una continuación de la “clase” anterior - el Gozo.  Luego nos exhorta a que nuestra gentileza [gracia, cortesía], sea conocida de todos los hombres.  Que por nada estemos afanosos, sino que sean conocidas nuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.

¿El resultado de haber hecho toda esta “asignación”?       

La Paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. . .

El Maestro nos ha dicho: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo [Juan 14:27].

 

El término paz es algo que se ha tergiversado de forma tal, que aún en ciertos sectores de la iglesia, oímos proclamando una paz que no es la que el Maestro nos ha enseñado. Por tal razón hay tanto pueblo de Dios afanado y con corazón turbado y lleno de miedo por lo que les pueda suceder. Porque la paz que se proclama es la que el mundo ofrece.

El mundo ciertamente proclama y ofrece una “paz”. 

Una “paz” que es pasajera. Que quizá pueda calmarnos por un tiempo, pero nunca traerá a nosotros el reposo verdadero que solo trae la verdadera PAZ - ¡Jesucristo el Señor!

Por eso el salmista decía: Busca la paz y síguela. . .

[Salmo 34:24].  Porque es al dador de la PAZ verdadera al que hemos de seguir.

Príncipe de Paz le llamó el profeta Isaías [Isaías 9:6].

El Dios de Paz le llamó el apóstol Pablo [Filipenses 4:9].

Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado [Isaías 26:3]

 

Paciencia

 

Hay un significado del término paciencia que es el que mas me ha llamado la atención de todos los que he escuchado. Dice que la paciencia es la capacidad para saber esperar y para soportar la adversidad con entereza.

Cuando se estudia a nivel universitario, hay estudiantes que van dejando para más tarde aquellas clases que les han dicho que son más difíciles. Y cuando llegan ya al último año de estudios se le hace muy fuerte, pues tienen que estudiar más de lo que pueden. Las clases que fueron dejando para luego, se les han amontonado y no pueden dejarlas,  porque si no,  no se gradúan.

Así parece ser con algunos estudiantes en la Escuela del Maestro. Este “curso” llamado “Paciencia” es uno de los mas difíciles en la Escuela del Maestro. Y no lo podemos ir dejando para cuando tengamos tiempo. Porque mientras mas esperemos por entrar en el aprendizaje de la paciencia, más trabajo nos costará saber lo que en realidad significa esperar en el Señor. Y creo que para todo aquel que anhela graduarse de discípulo en la Escuela del Maestro es un REQUISITO el saber esperar en Dios.

 

¡Hay tantas preciosas promesas para aquellos que han aprendido a esperar en Dios! El libro de los Salmos está lleno de dichas promesas. Estas son dos de ellas:

. Salmo 32:10: Al que espera en Jehová le rodea la misericordia.

. Salmo 25:3: Ciertamente ninguno de cuantos esperan en ti serán confundidos.

El aprender a ejercitar la paciencia de Cristo [2 Ts. 3:5], cuesta mucho.  Pablo nos dice en Romanos 5: 3 y 4 que la tribulación produce paciencia, y la paciencia, prueba; y la prueba esperanza.  Este orden de cosas es necesario en el aprendizaje de  este “curso” cuyo profesor es el Dios de la paciencia y de la consolación [Romanos15:5].

El Maestro nos ha de enseñar a soportar con entereza toda tribulación, por la consolación que él mismo nos imparte. Y, ¡Gloria a Dios!, aprenderemos al igual que lo aprendió el apóstol Pablo a gloriarnos en las tribulaciones.

[Romanos 5:3].

 

Benignidad

 

La benignidad nos habla de piedad. Se dice que una persona benigna es piadosa. Se considera a una persona piadosa como “devota”. O sea, que practica sus creencias y prin-cipios con devoción, con fervor. También se considera a una persona benigna como misericordiosa. Y que ejercita la compasión. Todo esto quizá podamos encontrarlo a cierto nivel fuera de la Escuela del Maestro.

Hay personas piadosas, devotas, fervorosas, misericordiosas y compasivas a nivel terrenal. Personas que se duelen de la necesidad de los demás, y que tratan de ayudar en lo que les sea posible al prójimo.  Pero la práctica de estos principios por ellos, es producto de códigos de ética y de buen comportamiento aprendidos quizá en las escuelas a nivel terrenal. O quizá lo han aprendido en sus hogares viéndolo hacer a sus padres.

O, ¿quien sabe?  Es muy probable que lo hayan aprendido en alguna iglesia de las que le dan mas importancia al obrar, al “hacer”,  que al “ser” en  Cristo. Son obras en la carne las que hacen. No son obras dirigidas por el Espíritu de Dios.  No son las buenas obras que nuestro Dios preparó de antemano para que caminásemos en ellas [Efesios 2:10].

 

La piedad, la misericordia y la devoción que hemos de ejercitar como verdaderos hijos de Dios, es la que aprenderemos en esta “clase” llamada “Benignidad”. Es aquí en donde hemos de desarrollar el carácter benigno, piadoso y misericordioso de nuestro Maestro.

Hemos de aprender a gustar de su benignidad. . .

[1 Pedro 2:3].

Y a amar su misericordia. . . [Miqueas 6:8].

Y a ser agradecidos por sus misericordias, que son nuevas cada mañana [Lamentaciones 3:22-23].

Porque su gran misericordia nos sustenta aún cuando hayamos “resbalado” [Salmo 94:18]. ¡Gracias Maestro!

Bondad

 

Los diccionarios del idioma Español nos dicen que bondad  es: Inclinación natural a hacer el bien. Calidad de bueno.

Proverbios 20:6, nos dice que muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad. 

El hombre en su naturaleza carnal piensa que es bueno. Cree lo que dice el diccionario - que tenemos una inclinación natural a hacer el bien. Pero ¡NO ES ASÍ!

Hace años, antes de tener mi encuentro personal con  Jesucristo, yo también creí ser muy buena. No fue hasta que entendí que solo Dios es bueno, que vine verdaderamente a reconocer  la bondad de Dios para conmigo y para con todos cuántos en él han creído de corazón. Ya que ha sido por la manifestación de la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, que nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia. . . [Tito 3:4-5].

 

Esta “clase” llamada “Bondad”, es como un curso continuado de la clase anterior - la Benignidad. Hay que tener verdadera calidad de bueno para ejercitar la benignidad de la que hace un momento hablábamos. Porque el único y verdadero Benigno y Bueno es nuestro Maestro.  Y solo en El es que nosotros podremos serlo. La Palabra dice en el Salmo 73:1: Ciertamente Dios es bueno para con Israel, para con los limpios de corazón.

En el conocido pasaje del joven rico en Marcos 10:18, el mismo Señor Jesús dijo: Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios.

En este “curso” además  hemos de aprender a discernir entre lo que es bueno y lo que es malo [1 Reyes 3:9]. Esto es bien necesario, ya que en los tiempos que estamos viviendo se confirma la palabra de Isaías 5:20-21:

¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! 

Los que practican estas cosas son ciertamente los sabios en sus propios ojos, y prudentes delante de sí mismos.

¡No les imitemos! ¡Aprendamos bien la lección!

¡Dios es el único Bueno! 

 

Fe

 

Fe se describe en el diccionario como un sentimiento irracional a un testimonio que no puede ser probado científicamente. Así que conforme al conocimiento del hombre, la fe es algo irracional, fuera de la razón,  inexplicable.

Para el conocimiento de Dios, es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve [Hebreos 11:1].  Me gusta resumir esta explicación que da el escritor de Hebreos, de la siguiente manera: Fe es creer aunque no veamos. Fe es seguridad y confianza en el Fiel y Verdadero [Apocalipsis 19:11].

 

Lo que hemos de aprender en esta “clase” llamada “Fe”, no es algo irracional. Será irracional para los que la quieran entender con su mente carnal. Pero para nosotros, es una fe que hemos de entender, porque tenemos la mente de Cristo [1Corintios 2:16], que conoce y entiende todas las cosas. 

La fe nuestra es la que no está fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios  [1 Corintios 2:5].

. Esta es la fe de Jesucristo, la que nos justifica; la fe del Hijo de Dios en la cual vivía Pablo [Gálatas 2:20].

. Es la fe que entra en nuestro corazón por el oír la Palabra de Dios [Romanos 10:17]. 

. Y es esta la fe que nos es dada como don del Espíritu Santo [1 Corintios 12:9],  y que llama las cosas que no son como si fuesen [Romanos 4:17].

Porque por fe andamos, no por vista [2 Corintios 5:7].

Por esta razón, Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adonde iba [Hebreos 11: 8].

En la escuela a nivel terrenal,  cuando estudiamos literatura, se nos enseña que hay obras escritas que se les considera como “clásicos”.  El capítulo 11 de Hebreos es considerado como un “clásico” dentro de la palabra escrita de Dios - la Biblia. Así que esta porción de Hebreos 11 ha de ser tema prioritario de estudio para nosotros como estudiantes de la Escuela del Maestro. Todos los personajes que aquí se nos mencionan son ejemplo para nuestras vidas de lo que significa caminar por fe y no por vista. . .

 

Mansedumbre

 

Dicen los diccionarios seculares, que mansedumbre es: apacibilidad. Apacible significa: tranquilo, pacífico.

El diccionario bíblico nos dice que mansedumbre significa: una serenidad de espíritu pacífica y humilde, en virtud de la cual el hombre no se deja arrebatar fácilmente por la cólera [Proverbios 16:32].

Esta “clase” es una en la que todos nosotros estamos matriculados.  Es un “requisito” de graduación en la Escuela del Maestro. “Mansedumbre” es un curso en el cual  necesitamos encontrarnos “aprobados” por el Maestro. Si hemos de ser hechos sus discípulos, hemos de aprender a ser mansos y  humildes de corazón como lo es nuestro Maestro [Mateo 11:29]. 

El manso es pacífico, de espíritu apacible lo cual es de grande estima delante de Dios [1 Pedro 3:4].

El humilde, no es aquel que no tiene los suficientes medios económicos para vivir. El verdadero humilde es aquel que no es orgulloso, que no tiene envanecido su corazón [Salmo 131:1]. Hay muchas promesas para aquellos que han estado siendo encontrados “aprobados” en mansedumbre y humildad.   Entre ellas están las siguientes:

. Dios habita con el humilde de espíritu [Isaías 57:15].

. Miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra [Isaías 66:2].

. Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos [Mateo 5:3].

. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad [Mateo 5:5].

El apóstol Pablo le aconsejaba a su discípulo Timoteo: sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre [1 Timoteo 6:11].  En otras palabras: sigue a Cristo. El es el único en el cual hallaremos todos estos atributos.  Atributos que también hemos estado viendo en la porción de Gálatas 5:22 que estamos estudiando.

Así pues, recibamos con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar nuestras almas. [Santiago 1:21].

 

Templanza

 

Templanza es: sobriedad, moderación, dominio propio.

En el sentido bíblico, la templanza puede aplicarse tanto a la sobriedad, como a la moderación y al dominio propio.

La persona que ejerce estos atributos es aquella que tiene sus pasiones y apetitos en la carne sujetos a su mente renovada por el Espíritu Santo [Efesios 4:23]. Porque los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos [Gálatas 5:24].

Persona sobria no es solo aquella que no está emborrachada con alguna substancia embriagante. Pedro nos exhorta a tener dominio propio [2 Pedro1:6]. Esta exhortación de Pedro es para todos los que procuramos ser hechos discípulos del Maestro.

 

En 1ra. de Timoteo 3, y en Tito 1:5 al 9, Pablo nos muestra los requisitos de los ancianos y los diáconos, que como ya hemos mencionado en otras enseñanzas, son ministerios a nivel local en las iglesias establecidas por el Señor. En ambos pasajes el apóstol hace claro que estos ministerios deben ser sobrios, además apacibles.

Y en el pasaje de Tito dice que deben ser dueños de sí mismos, o sea, que tengan dominio propio. Así que tanto para el “estudiantado” como para los instrumentos de enseñanza del Maestro en su Escuela, el mandato del Señor es el mismo: Sed sobrios en todo. . .

¡Que así sea! 

 

Los que no pueden ser Discípulos del Maestro

 

Hay una serie de declaraciones del Maestro que señalan a aquellos que no pueden ser sus discípulos. Estos señalamientos están hechos a la iglesia en general. Esto nos confirma que en su iglesia, hay quienes aún no han llegado a ser sus discípulos. Muchos de ellos son salvos, pero no han pasado del nivel de “alumnos”.

¡Se han conformado con tan poco!

 

1- Lucas 14:26 - Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo.

El significado más común para “aborrecer” es: odiar, o tener aversión a algo o a alguien. No es que el Señor nos pide que nos odiemos y odiemos a nuestra familia.  Es que no les amemos a ellos ni a nosotros mismos más que a él.

El Señor Jesús nos dijo que amaramos a nuestro prójimo como a nosotros mismos [Lucas 10:27],  pero a nuestro Amado Maestro hay que amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, y con todas nuestras fuerzas [Deuteronomio 6:5].

El Maestro es el motivo primordial de nuestro amor. Y el que no pueda entender esto, no puede llegar a ser su discípulo.

 

2 - Lucas 9:23 -  Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 

Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo [Lucas 14:27]. ¿Que significa esto?  Cuando Pablo dijo que moría cada día [1Corintios 5:31], implicó que estaba cumpliendo con  esta declaración del Maestro. Morir cada día es negarnos a nosotros mismos. Negarnos a ser partícipes del pecado que nos asedia cada día. Porque si nos hemos identificado con la cruz de Cristo, donde él llevó nuestros pecados, ya estamos muertos al pecado [1Pedro 2:24]. El pecado ya no se ha de enseñorear de nosotros [Romanos 6:14].

Sin embargo hay en la iglesia quienes no están viviendo esta realidad en sus vidas. Pretenden vivir al amparo de la cruz de Cristo, y continúan dándole lugar a la práctica del pecado,  creyendo que Dios no está al tanto de su proceder.  Es por esta razón que el mensaje de la Cruz es bien NECESARIO enseñarse de continuo en la Escuela del Maestro.

La Cruz nos confronta con nuestro pecado y demanda de nosotros ARREPENTIMIENTO. No solo de aquel arrepentimiento que tuvimos cuando vinimos a Cristo y él nos perdonó y fuimos salvos.  Tenemos que arrepentirnos de todo aquello que hacemos que no es aprobado por el Maestro. Si no hay una confrontación con la Cruz, si no se nos enseña lo que la Cruz nos exige, entonces es que estamos matriculados en otra “escuela” que aunque lo parezca, no es la del Maestro. . .

 

3- Lucas 14:33 - Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

El significado de renunciar es: dejar algo voluntariamente. En el Evangelio de Lucas 18: 18 al 30, encontramos la narración de la ocasión en que un hombre rico quiso saber como obtener la vida eterna. Luego que Jesús le dijera que tendría que dejarlo todo y darlo a los pobres para entonces seguirle, él se fue triste porque no estaba dispuesto a renunciar a sus posesiones. Al final de la historia y dirigiéndose a sus discípulos, el Señor dijo: Cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

¿Quiere decir que para seguir al Maestro, y ser sus discípulos hemos de dejar todo lo que más queremos y apreciamos? No como quizá podamos interpretarlo con nuestra mente carnal.  Renunciar a todo es poner al Señor Jesucristo PRIMERO en nuestra vida ¡en toda circunstancia!

Renunciar a todo me habla de COMPROMISO con nuestro Señor y con su iglesia.  Los llamados  “compromisos” que podamos tener, ¡no son primero! Tenemos tiempo para ¡tantas cosas!, y el Maestro, esperando para cuando nos sobre tiempo. . .

El Señor Jesús  le dijo a Leví [Mateo]: “Sígueme”

Y dejándolo todo se levantó y le siguió [Lucas 5:27-28].

En una ocasión Pedro le dijo al Maestro:

He aquí nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido [Mateo19:27].

Aquellos primeros discípulos del Señor Jesús, renunciaron a todo voluntariamente para seguir al Maestro. Y, ¿nosotros? ¿Lo estamos haciendo?

¿Queremos ser verdaderos discípulos del Maestro?

Dejemos todo atrás y respondamos al llamado de: “Sígueme”. . .

 

4- Juan 8:31-32 - Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos.

Permanencia significa: algo que dura sin modificación y cambio; mantenerse establecido y firme en algún lugar o posición.

Así que todo aquel que no permanece en la Palabra de Dios, no puede ser un VERDADERO discípulo del Maestro.

En el verso 32, el Maestro nos dice que el resultado de permanecer en su Palabra es que conoceremos la verdad, y la verdad nos hará libres. ¡Tremenda promesa para los que anhelamos verdaderamente ser llamados sus discípulos!

Nuestra permanencia, el mantenernos establecidos y firmes en la palabra de Dios, no nos proveerá otra cosa que no sea el ir conociendo de cerca al Autor de nuestra salvación. [Hebreos 2:10]. Conoceremos, bien de cerca al Maestro, quien nos ha enseñado que El es la Verdad [Juan 14:6], y que fuera de él, ¡no hay otro que pueda hacernos verdaderamente libres! [Juan 8:36].

La palabra de Dios es el alimento para nuestro espíritu. Nos dijo el Señor que esa comida es la que a vida eterna permanece.  Que trabajemos por ella [Juan 6:27].

Cuando se trabaja a nivel terrenal, buscamos la provisión para nuestro diario mantenimiento. El Pan de Vida, el que descendió del cielo, y da vida al mundo [Juan 6:33], es el que tenemos que procurar para el verdadero diario mantenimiento de nuestro espíritu, de nuestra alma y aún también de nuestro cuerpo físico.  Porque El es medicina a nuestro cuerpo y refrigerio para nuestros huesos [Proverbios 3:8].

 

La Graduación

 

En el sistema educativo que conocemos, se gradúan a los estudiantes que aprueban los diferentes grados. En las graduaciones se otorga un diploma a todos los graduandos.  Y también se premia con unos certificados especiales a algunos estudiantes que han aprobado ciertas clases con mejor promedio que los demás. Además están los premios de las medallas que se les otorga a los graduandos que obtienen los mejores promedios de la clase graduanda en general.

Algo que hemos de experimentar antes de aprobar algún curso es lo que conocemos por los exámenes o pruebas que tanto nos molestaban en nuestros días de estudiantes. 

En su escuela el Maestro también nos EXAMINA, nos prueba de vez en cuando. Para que no se nos olvide lo que nos ha enseñado. Para ver que estemos caminando en lo que hemos aprendido de El.  Mirémonos en la parábola de los talentos [Mateo 25:14-30]. Mira que el Maestro vuelve y nos repite que a cada uno nos será dado conforme a nuestra capacidad [v.15].

Nos pregunta el Maestro:

¿Que has hecho con lo que te he dado?

¿Has escondido lo que has recibido de mí? 

Siervo malo y negligente [v.26], llama el Maestro al que tal hace. ¡No le imitemos!

“Lo que te he enseñado, ¿lo estás dando a conocer a otros para que puedan llegar a ser también mis discípulos?”  

Bien buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré [v.23].

Podemos ver aquí parte del premio que se nos tiene guardado para el día de nuestra graduación, ya sea en el tiempo presente o en el venidero. . .

Porque en la Escuela del Maestro también hay graduaciones.

Y  repartición de premios.

Y,  una ¡GRADUACIÓN  FINAL!

Nos iremos “graduando” de todos los “cursos” que aquí hemos mencionado y de muchos otros mas. . .

En todos ellos comenzaremos por abajo. Aprendiendo poco a poco, hasta que podamos ya estar listos para graduarnos. Y aún habiéndonos graduado de dichas “materias”, nos ha de quedar los cursos continuados. Porque hemos de saber que en la Escuela del Maestro NUNCA vamos a dejar de aprender en cualquiera sea la “clase” en que nos hayamos matriculado. . .

El Maestro nos ha prometido muchos premios para aquellos que han sido  fieles, diligentes y responsables para con El.

A través de todas las Escrituras podemos encontrarlas.

Estos son dos ejemplos:

. Los justos serán premiados con el bien. . .

[Proverbios 13:21].

. Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado [Salmo 18:20].

 

Iremos siendo recompensados por la gracia y misericordia del Maestro y no porque nos hayamos ganado el “premio”. 

Hay quienes “obran” en lo que el Maestro ha enseñado para buscar reconocimiento y gloria que el hombre pueda ofrecerle. Pero el apóstol Pablo nos dio un ejemplo diferente.  El no buscaba  gloria de hombres [1 Ts. 2:6 -12].

¡Esto sí debemos imitarlo!

Ciertamente nos gozamos con los premios que el Maestro tiene para nosotros en el tiempo presente.  Pero nos esperan premios más grandes aún en nuestra GRADUACIÓN FINAL. En esta Graduación, a todos los “graduandos” se nos ha de otorgar un “Diploma”. El “Diploma” es la Corona de Vida [Ap. 2:10], nuestra Salvación, la Vida Eterna, la que ya se nos ha impartido desde que creímos en el Señor Jesucristo [Juan 3:16], pero que hemos de ver su plena otorgación en aquel Día Glorioso cuando El vuelva en su manifestación y en su reino a juzgar a los vivos y a los muertos [2 Timoteo 4:1]. 

Nuestro Maestro ¡vuelve!, y viene a repartir los premios que él guarda para aquellos que han sido fieles y hayan perseverado hasta el fin. [Mateo 10:22].

En ese Día, el Señor nos dirá: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo [Mateo 25:34].

¡Maravilloso el premio el que nos espera!

El pagará a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad. [Romanos 2: 6 y 7]. ¡Aleluya!                          

Prosigamos a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús [Filipenses 3:14].

He aquí yo vengo pronto, y mi galardón [premio] conmigo, para recompensar a cada uno según su obra [Apocalipsis 22:12].

¡Que nadie nos prive de nuestro premio!  ¡Amén!

[Colosenses 2:18].