LA SEÑAL DEL ALFARERO

En el transcurso de esta enseñanza estaremos compartiendo sobre el arte de la alfarería. Estudié para ser maestra de arte. Así que esta será una ocasión muy especial para mí. Cuando el Señor me llamó, comenzó a ministrarme en lo espiritual lo que había aprendido en lo natural. Esto que he de compartir contigo forma parte de lo recibido. Es mi oración que juntos podamos saborear esta palabra. Es comida para nuestro espíritu. ¡Seamos bendecidos al participar juntos de la mesa del Señor! ¡Amén!

El Primer Alfarero. . . La Primera Vasija

El arte de la alfarería consiste en elaborar, formar vasijas, recipientes de barro. Barro no es otra cosa que tierra compactada. Se le conoce como parte de las artesanías. Artesano es aquel que trabaja algo con sus manos. Así que el alfarero es el artesano que practica el arte de la alfarería. La palabra alfarero significa: uno que da forma.

Podríamos decir que Dios fue el primer alfarero. En lo natural, el hombre fue formado del polvo de la tierra [Gn. 2:7]. En Job 33:6 éste dice: De barro fui yo también formado. . . En Isaías 64:8 leemos : Ahora pues Jehová, Tú eres nuestro Padre; nosotros barro, y Tú el que nos formaste, así que obra de tus manos somos todos nosotros. Ciertamente el hombre es su obra maestra. Obra perfecta, pues la hizo a su imagen y semejanza [Gn.1: 26 y 27]. Es pues la alfarería la artesanía más antigua. No hubo otra antes de ella. Lo acabamos de ver en la formación del hombre. En el principio, el gran artesano Dios Padre hizo esa vasija de barro con propósito eterno. Para El ponerse dentro de ella. Para que se hiciera realidad la palabra de 2da. de Corintios 4:7: Pero tenemos este tesoro en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.

En Jeremías 18: 5 y 6 le dice el Señor a su pueblo que así como hace el alfarero que cuando una vasija se le echa a perder en su mano vuelve y hace otra, el también puede hacer con nosotros.

Esa primera vasija que Dios formó en Génesis se echó a perder. Perdió la imagen de arriba. La que trajo al ser hecha a semejanza de Dios. Esto sucedió en la caída del hombre por el pecado. Pero Dios había determinado rehacer esa vasija. Corazón y espíritu nuevo había prometido, para El venir a poner su Espíritu en la nueva vasija [Ezequiel 36: 26, 27].

Esta vasija es la que comienza a ser formada con el nuevo nacimiento que nos habla el Señor en Juan capítulo 3.

Es la formación del hombre espiritual en nosotros [1 Co. 2:15, 16].

Es Cristo mismo tomando forma en nosotros . . .

La Búsqueda del Barro

Tengo bien presente de mis clases de alfarería, el recuerdo de aquellas visitas al campo a buscar barro. Encontrábamos diferentes clases de barro, de diferentes texturas y colores. Esto, conforme al ambiente de donde ese barro provenía. He sido ministrada por esto. Así somos en lo natural - igual que la tierra de donde fuimos formados. Somos diferentes el uno del otro.

Había barro que estaba seco y duro. Este era muy difícil de sacar. Usábamos con más fuerza las herramientas [pico y pala] para obtenerlo si es que este era buen barro para trabajarse.

Así he podido ver que también le sucede al Alfarero Dios. El también va al "campo", al mundo [Mt.13:38], a buscar "barro". Va con sus colaboradores [1 Co. 3:9]. Estos son aquellos que ya han sido formados como vasijas en su taller. Los usa el Señor como instrumentos en sus manos. La obra de buscar a los perdidos la hace El.

Yo buscaré a la perdida [Ez. 34:16]. La "herramienta" usada para sacar el "barro" es el Espíritu Santo. Cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio [ Juan 16:7-11].

¡Sí que hay "barro" seco y duro en el mundo! Pero Dios es poderoso para sacar de "Egipto" [del mundo] con mano fuerte a los que el sabe son suyos [Dt. 26:8].

Hay otra clase de barro que buscábamos. Es el que se encontraba en lugares donde la tierra le cae agua con frecuencia. A las orillas de los ríos y de las quebradas. En las laderas de las montañas donde se acumula el agua que desciende de ellas. Este barro era mucho más fácil de sacar. Esta clase de "barro" también es buscado y sacado por el Alfarero.

Hay "barro" en el mundo que ya ha sido humedecido por el agua de la Palabra. Está ya dispuesto para ser recogido y llevado al taller del Alfarero.

El taller es su casa - que es Cristo, donde habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad [Col. 2:9 ]. Es en Cristo que el Padre hace la formación de la nueva vasija. Dice el apóstol Pablo en Gálatas 4:19: Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros.

¡Que maravilloso que nosotros como iglesia del Señor también somos casa de Dios! [1 Ti. 3:15]. Así que el taller del Alfarero es Cristo - cabeza y cuerpo [Ef. 1:22,23; 4:15; 5:23; Col. 1:18]. Es el Señor y su iglesia. Allí es llevado todo ese "barro" recogido en el mundo para ser procesado.

En la casa de Dios [en su iglesia] también hay "barro" que buscar. Allí también se encuentra "barro" seco y duro y del húmedo. Ha sido traído por colaboradores del Alfarero. En gran parte por padres que han llevado a sus hijos desde que nacieron y como comúnmente decimos - han nacido y se han criado en la iglesia.

De ese "barro" formé yo parte. Yo estuve por años en ese gran depósito de "barro" que es la iglesia. En el tiempo ya previsto por el Alfarero, un día El me miró. Sabía que yo ya era "barro" húmedo. Estaba lista para ser procesada y formada como vasija. Le plació recogerme en sus manos y comenzar la formación de su Hijo en mí. ¡Gracias Señor!

¿Te puedes identificar? ¿De dónde te ha recogido el Alfarero? Sea del mundo o de dentro de su casa, El se ha propuesto hacer de cada uno de nosotros una nueva vasija. Ahora veamos el proceso de su formación.

Te irás identificando según vayas leyendo . . .

EL PROCESO DE FORMACIÓN DE LA VASIJA

Sumergido en agua

Lo primero que hacíamos con el barro al llevarlo al taller era sumergirlo en agua. El propósito de hacer esto es primeramente para que se diluya, y ya no sean pedazos de barro, sino que se vuelva una sola cosa con el agua. Así he visto por la Palabra que hace el Alfarero. Nos sumerge, nos bautiza en su cuerpo [1 Co. 12:13]. Así venimos a ser uno solo con Cristo [1 Co. 6:17; Juan 17:21]. Ya no seremos más un pedazo de "barro" suelto. El otro propósito al echar el barro en agua es que éste deje allí toda la basura que trae del ambiente de donde fue recogido. En otras palabras, es para limpiar el barro.

Igual sucede con nosotros. Se nos sumerge en el agua de la Palabra. Esta es la que hace la labor de limpieza en nosotros de todas las inmundicias que traemos [Juan 15:3; Ezequiel 36:25]. Esto también nos habla del bautismo en agua, que además de sumergir quiere decir lavamiento. En el bautismo confesamos nuestra fe y nos identificamos con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo [Mt. 28:18-20; Ro. 6:1-6].

El Cedazo

Cuando el barro ya está diluido, se cuela, se pasa por un cedazo. Es la continuación de la obra de limpieza. Sobre ese cedazo va a quedar toda la basura [hierba, piedras, etc]. El proceso es lento debido a la misma mezcla del barro líquido con todo el desperdicio.

Como "barro" de Dios también tenemos que ser "colados". El tiempo que nos tomemos en ese proceso va a depender de la cantidad de "basura" que traigamos. De todos esos arrastres que traemos. Para ver parte de toda esa "basura," solo tenemos que leer en Gálatas 5:19-21; Col.3:5 -10 y Efesios 4:22. Toda esa "hierba" que es la carne, [1P.1:24], tiene que ser vista encima del "cedazo". El Señor nos dice en Mateo 10:26 que no hay nada encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto que no haya de saberse.

Esa obra de limpieza en nosotros que hace la palabra, es completada por el Espíritu de Dios que es ese "cedazo" que muestra toda cosa oculta que tiene que salir a la luz. El nos escudriña, conoce nuestra mente y corazón [1Co. 2:10; Ro. 8:27 ].

Hay otras cosas que también han de ser vistas sobre el "cedazo". El apóstol Pablo las describe en Filipenses 3: 4 al10. Es todo aquello que forma parte de nuestro pasado entrenamiento "religioso" mucho de lo cual tampoco se agrada Dios. Pablo decía que lo he perdido todo, y lo tengo por basura para ganar a Cristo [Fil. 3:8].

El Molde

Ese barro colado y limpio se derrama en moldes para formar vasijas que tendrán la misma forma del molde. Ese "molde" es Cristo. Acuérdate que lo que se ha de formar es El en nosotros. Efesios 2: 10 nos dice que somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.

Sucede a menudo en la iglesia que intervienen "colaboradores" del Alfarero y echan su "barro" en otros "moldes". Son los "moldes" denominacionales. Cuando la vasija se forma en estos "moldes" le es algo difícil caminar en esas buenas obras [Mt.5:16], que son Cristo siendo manifestado en nosotros [Ga.5: 22-26; Col.3:12-17; Ef.4:23-32]. Es que la vasija que se forma en un "molde" denominacional, está gobernada en parte por leyes de hombres. Esa mezcla es la que impide que la vasija sea gobernada plenamente por la mente de Cristo [1Corintios caps. 2 y 3 ].

Al Sol y al Aire

El barro colado que fue al molde, y el resto de la mezcla, que se coloca en recipientes, tiene que ser puesto a secar al sol y al aire. Recuerdo que le poníamos una malla protectora para que no le fuera a caer alguna pajita o insectos. Si esto sucedía había que volver a colarlo.

Al "barro" de Dios también tiene que darle el "sol"- Cristo [Mal 4:2] y el "aire"-el Espíritu Santo [Hechos 2:1- 4], que también es la "malla" protectora. Ese "barro" es cobijado bajo la cubierta del Espíritu [Isaías 30:1], para que nada lo dañe mientras esté en el proceso de "secarse". Si no has leído la enseñanza que escribimos sobre la provisión del Señor en el "desierto" y la "soledad" te recomiendo que lo hagas. Allí exponemos lo que significa para nosotros como "tierra" el ser secados. Esto, para que podamos experimentar lo que El ha prometido para la tierra seca [Is. 41: 18-20]. Tenemos que secarnos del exceso de "agua" que podamos tener. Estoy segura que al leer esto alguien se pueda preguntar: ¿Pero esa agua no fue en la que fuimos sumergidos para ser limpiados? Déjame decirte que como "barro", traemos una "agua" en nosotros que pertenece a la tierra, a nuestra naturaleza carnal - a la vieja vasija. Es esa la que tenemos que dejar evaporar.

La Escritura nos habla de las aguas de arriba y las aguas de abajo [Gn.1:5, 6]. Cristo es el agua de arriba. El nos dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba [Juan 8: 23]. Arriba representa la dimensión en el Espíritu donde está y es El. Abajo es la dimensión en lo natural.

El agua que tiene que quedar en nosotros es la de arriba. Aunque sabemos que mientras estemos en el tabernáculo de abajo [el de tierra] aún quedará de su "agua" que luchará por quedar dentro de nosotros.

 

 

El Amasado

Mencionamos que el barro que no se echa en moldes, se deposita en recipientes para también ponerse a secar. Este barro tiene que quedar manejable. Se separa aparte para moldearlo a mano. Para esto tiene que ser amasado. Meterle las manos y compactarlo. Al contacto se puede notar si el barro tiene algo que no le permita compactarse. Puede ser exceso de agua, una piedrita o alguna burbuja de aire.

Cuando el Alfarero nos mete sus manos, duele. Porque lo hace por donde lo necesitamos. Queda todavía alguna intervención de la carne que está impidiendo que seamos manejables. Quizá es alguna "burbuja" - un más alto concepto de nosotros que el que debamos tener [Ro.12:3]. Esta condición hace que nos "inflemos". Esas "burbujas" tienen que ser deshechas por las manos del Alfarero.

La Vasija Colectiva

Hay una clase de vasija que hacíamos en el mismo proceso de amasar el barro. Dividíamos la masa en porciones pequeñas. Estas las amasábamos en "sorullitos". Habíamos ya cortado un patrón en cartón con el diseño de una vasija. De la misma masa hacíamos la base. Ibamos adheriendo con agua los sorullitos encima de la base y dándole forma con el patrón. Así se iba formando la vasija. Esta vasija toma bastante tiempo hacerla ya que hay que esperar a que los sorullitos peguen bien para seguir añadiendo otros.

Esta es la misma forma que el Alfarero Dios forma la vasija colectiva que es su cuerpo. Cristo es la base - el fundamento de la vasija [1Co. 3:11]. También El es el "patrón" que va dándole forma a la vasija en las manos del Padre, el Alfarero. El es quien edifica su iglesia [Mt. 16:18]. Es en Cristo que la iglesia va creciendo para ser un templo santo edificado para morada de Dios en el Espíritu [Ef. 2: 20-22].

Somos esos "sorullitos" de "barro" que pegados uno al otro formamos la vasija Cuerpo de Cristo. El cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor [Ef. 4:16]. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. [Hechos 2:47]

Desgraciadamente sucede lo mismo que describimos con las vasijas hechas en moldes. Hay quienes se creen tener forma de "patrón" y pretenden darle forma a la iglesia del Señor al gusto de ellos.

He allí la razón por lo cual muchas veces vemos un crecimiento torcido en la vasija colectiva. No es la edificación perfecta que acabamos de ver en Efesios 4:16.

La Rueda

Y descendí a la casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba en la rueda [Jer. 18:3]. La rueda es instrumento de trabajo para el alfarero. Es una máquina con un pedal y una superficie donde se coloca la masa de barro que ya ha sido amasado. Ya está manejable, moldeable.

El alfarero va sosteniendo el barro con sus manos, una dentro y la otra fuera de la masa. A la misma vez le da al pedal. Conforme a la velocidad que se le da a esta, es el tiempo que va tomando la vasija en formarse. Esto también depende de la forma que el alfarero quiera darle a la vasija. Sea grande o pequeña, el uso que se le ha de dar determina la forma de la vasija. Es muy importante señalar que al barro hay que irlo humedeciendo con agua según va cogiendo forma.

Nuestro Padre el Alfarero también hace vasijas sobre la rueda. Lo hemos visto ya en la formación de la "vasija" Cuerpo de Cristo. Y en la de sus vasijas en "molde" que las puedo ver como su pueblo en general. Ahora vamos a observarlo formando otra clase de vasijas. Son vasijas especiales. Con llamamientos específicos dentro de su casa. Son vasijas ministerios - apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. Estos son escogidos por gracia. Necesitan ser formados en una forma especial porque serán usados en perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo. Son los colaboradores del Alfarero en la formación de otras vasijas en su casa.[Ef. 4 : 8 -16; Ro. 1:1; Gá. 1:1]

Hay otros ministerios en la iglesia entre los cuales hay algunos que también funcionan en los ya mencionados pero que son usados en el servicio de la casa de Dios con otros llamados. Tomemos como ejemplo a los ancianos y los diáconos, ministros del Señor en las iglesias locales [1 Ti. 3; Hch. 6; Tito 1:5; Stg. 5:14; 1 Pedro 5:1-4].

En la descripción que te dimos del proceso de trabajar sobre la rueda, se describe en parte la formación de estas vasijas. La "rueda" es Cristo mismo para que en El, que fueron creadas todas las cosas [Col. 1:16] sean hechos estos vasos con llamamiento santo [2 Ti. 1:9]. No se nos olvide lo que mencionamos que este "barro" tiene que ir siendo humedecido con agua - con la Palabra - todo el tiempo que tome su formación como vasija.

Necesitamos volver a señalar la intervención del hombre en la formación de las vasijas de Dios. En la rueda no es diferente. ¡Cuantos "ministerios" encontramos dentro de la iglesia hechos a imagen y semejanza del hombre! Quiere también este ser "rueda" en donde se ponga el "barro" de Dios para que vaya cogiendo la forma que su mente carnal disponga. Y luego creen ser muchos de ellos "colaboradores" del Alfarero.

El Barro Rebelde

Ciertamente el Alfarero quiere hacer con su "barro" una nueva vasija como le ha parecido mejor hacerla [Jer. 18:4]. Conforme a como El quiere que seamos. Pero hay "barro" que en ocasiones se deshace en sus manos. Puede que estuviera tomando una forma y en su soberanía el Alfarero decida darle otra. La deshace y comienza de nuevo la formación [Job 10: 8, 9 ].

Sucede también que el "barro" le sale rebelde - no se deja formar. Recuerdo cuando nos pasaba esto. Tratábamos una y otra vez de formar la vasija y no podíamos. Era como si el barro estuviera pasmado. Desechábamos aquel barro. Una de dos cosas hacíamos. Lo poníamos en el agua a comenzar de nuevo el proceso o lo dejábamos a un lado y comenzábamos a trabajar con otro pedazo de barro.

¿No es lo mismo que hace nuestro Alfarero? El también desecha el "barro" rebelde. Aquel que no quiere tomar la forma para el uso que El ha dispuesto. Vemos en su Palabra que el Señor no desecha para siempre [Lm.3:31]. Puede que lo vuelva al agua a limpiarse y comenzar de nuevo. Mientras, se busca otro "barro" que se deje dar forma para ser usado en el servicio de su casa.

Esto no solo lo vemos entre las vasijas hechas sobre la rueda. Entre las vasijas hechas en molde también encontramos rebeldes. Tienden a romperse. Las hay contenciosas. Creen que pueden contra quien es Todopoderoso [Ec. 6:10].

Muchas veces también tienen que volver atrás a comenzar el proceso desde el principio.

La vasija colectiva [el Cuerpo de Cristo] tampoco es diferente.

¡Como ha tenido que lidiar el Señor con su iglesia a través de toda su historia! Si el Israel natural fue rebelde, también lo podemos decir del Israel espiritual [Ro. 10:21].

. ¡Ay del que pleitea con su Hacedor!

. ¡El tiesto con los tiestos de la tierra! Dirá el barro al que lo labra: ¿Qué haces?; o tu obra: No tiene manos? [Is. 45:9].

. ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios responda a esto [Job 40:2].

De vuelta al secado

Cuando la vasija es sacada del molde, de la mesa de trabajo o de la rueda, está aún algo húmeda. Por lo que tiene que ser puesta a secar. En este tiempo se aprovecha la humedad de la vasija para irle adheriendo ciertos aditamentos como lo son los mangos, tapas o algún adorno al relieve.

Este período de sequía en la formación de la vasija de Dios es en preparación para un tratamiento muy especial. Veamos . . .

Raspado y Pulido

Cuando la vasija ya está seca hay que lijarla para quitarle las imperfecciones que pueda tener. Se usan diferentes espesores de lija. La más suave es para pulir.

Todas las vasijas de Dios hemos de ser raspadas y pulidas. Solo así aprenderemos a ser mansos y humildes como el Señor quiere que seamos. [Mt.11:29]. A no ofender de palabra y de hecho. A actuar con la sabiduría que es de lo alto [Stg. 3:17]. Toda superficie bronca tiene que ser suavizada para que cuando nos "toquen", o "toquemos" a alguien, no lo lastimemos, no vayamos a herir con nuestro proceder.

Cuando el Alfarero coge su lija y nos raspa y pule, es el camino de su amor manifestado en nosotros el que nos quiere impartir [1 Co. 13].

El Adornado

Mencioné en el paso de la vuelta al secado que en la vasija aún húmeda se puede comenzar el proceso de adornarla. Ya seca y pulida la vasija, se le pintan adornos y también esta puede ser pintada completa.

Los "adornos" que el Alfarero nos pone son sus dones. Dones para el servicio en la iglesia [Ro. 12:3-8]. Dones espirituales [1Co.12: 8 -10], que son manifestaciones en lo sobrenatural, donde opera el Espíritu de Dios. Hay diversidad de "adornos"- de dones, de ministerios, de operaciones todos puestos por el Alfarero a través de su Espíritu [1 Co. 12:8]. Y a cada uno se nos "adorna" como el Espíritu quiere.

[1 Co.12:11]. ¿Queremos ser vasijas adornadas, agradables a la vista del Alfarero? ¡Vamos a anhelar y a procurar esos dones! [1Co.14:1,12]

Hay otra pintura que se aplica a la vasija. Esta va sobre la pintura decorativa. Es el glaseado - compuesto químico que al aplicarle calor cobra brillo. Este se aplica por dentro o por fuera o por ambas partes de la vasija. El glaseado, el brillo, representa para nosotros la luz, que es Cristo. Yo soy la luz del mundo [Juan 8:12; 9:5]. Y nosotros en El siendo luz. Vosotros sois la luz del mundo [Mt. 5:14]. El glaseado es también la unción, el Espíritu Santo derramado en nosotros y sobre nosotros [1 Juan 2:20, 27; Hechos 1:8 ].

El Horno

Ninguna vasija puede ser usada sin haber ido al horno. Toda obra y llamado en el Señor tiene que ser probado por el fuego [1Co. 3:13]. El horno representa el bautismo de fuego [Mateo 3:11]. La vasija será cocida al fuego. Para ser endurecida. Para adquirir firmeza.

Dijimos que al aplicarle calor al glaseado, este cobra brillo. Al ir al horno, la unción - ese "glaseado" que se nos ha aplicado, se ha de manifestar poderosamente. Es que el fuego de Dios no es solamente para probarnos. También es para capacitarnos. Para impartirnos su poder. Para que seamos sus verdaderos testigos [Hechos 1:8].

Otra cosa que sucede en el horno con el glaseado es que este sella la vasija para que cuando se eche algún líquido en ella, esta no filtre. Hay vasijas del Señor que creen poder ser usadas sin haber ido al horno. Esta es la razón por lo cual cuando en ellas se echa el agua de la Palabra esta se filtra, se pierde. La vasija se desbarata pues no tiene la firmeza que da el fuego. Esta también debe volver de nuevo a comenzar el proceso de formación.

¿Te das cuenta ahora por qué toma tanto tiempo la formación de Cristo en algunas vidas?

En el horno también se quiebran algunos. La razón es que aún no estaban listos para ir allí. Pero no porque el Alfarero los llevara al horno sin estar preparados. El sabe cuando es el tiempo de sumergirnos en el fuego. Además, El es el que controla la temperatura del horno. No vaya a ser que no soportemos el calor de la prueba [1Co.10:13].

Y para completar, El nos acompaña a su horno [Daniel 3 : 8 -30]. No hemos de estar solos en la hora de prueba. ¿Qué es lo que hace entonces que en ocasiones corramos el peligro de "rompernos" en el horno?

¡Cuantas veces nosotros mismos buscamos las situaciones difíciles, nos metemos en problemas y luego nos atrevemos a decir que es el Señor que nos tiene en el horno de la aflicción! Cuando se va por cuenta propia al "horno" no se puede soportar el calor, la vasija se "rompe" y muchas veces termina rebelándose contra el Señor culpándolo de su situación. La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón. [Proverbios 19:3].

La Vasija Decorativa

En lo natural las vasijas que se rompen en el horno se pegan. Pero solo servirán para decorar. No se les puede dar un uso más útil. Así me ha mostrado el Señor - que en su casa abundan las vasijas decorativas. Quizá muy lindas - con dones y ministerios. Pero para lo único que están siendo "usadas" es para adornar las sillas y los bancos en los lugares de reunión del pueblo de Dios.

También hay otra clase de vasija decorativa. Es la que se hace con ese propósito, para que sirva de adorno. Le he preguntado al Señor si el hace esa clase de vasija. Me ha dejado ver que no es así. El Alfarero desea que toda vasija suya tenga una función útil en su casa. Pero han preferido algunas, tomar la "función" de adorno. Sabe el Alfarero cuales son. Son los que están conformes. Les da lo mismo una cosa que otra. Ni se dan por enterados de lo que está sucediendo en el obrar del Señor en medio de su iglesia. Ya son salvos. Están en la casa de Dios y eso parece ser todo para ellos. Me da pena decirlo pero esta es la condición de una gran parte del pueblo de Dios. A estos son los que les está faltando el conocimiento de Dios y por eso están "destruidos" y "cautivos" [Isaías 5:13; Oseas 4:6].

La Vasija En Uso

En Romanos 9: 19 -29 vemos dos clases de vasijas. El vaso de honra y el de deshonra. Por el pasaje podemos ver que se trata del Israel natural representado por el de deshonra y del Israel espiritual representado por el de honra. Me he sentido dirigida a aplicar a la enseñanza estas dos clases de vasos - o vasijas.

La de deshonra es la rebelde. La que no hace otra cosa que altercar con su Hacedor. Esto ya lo vimos en la formación y no va a ser diferente cuando esté en uso. Solo buscan destruirse. Se resisten a la voluntad de Dios [v.19, 22]. ¡Como los ha soportado el Señor!

La vasija de honra la llama el Señor "vaso de misericordia". Esta es la que no solo se ha dejado formar a gusto del Alfarero, sino que también se está dejando usar. El ha preparado estos vasos de antemano para gloria

[v. 23] Todos los llamados de mi nombre, para gloria mía los he creado, los formé y los hice [Isaías 43:7 ].

Limpieza, Secado... Horno

Toda vasija ya sea de uso útil o decorativa necesita limpieza. Le cae polvo encima y por dentro - se ensucia. Esto lo podemos ver en nuestras propias casas. Así mismo como vasijas de Dios necesitamos ser lavados y secados. La limpieza por la Palabra nunca termina. Esta nos va santificando y purificando [Ef. 5:26]. Es que mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo [Juan 5:17], así dice el Señor.

Las vasijas que son usadas para preparar y servir comida, se lavan con más frecuencia. Nuestro Dios tiene en su casa una "lavadora" y "secadora" de platos donde con su agua, su jabón y su calor va lavando, secando - esterilizando esas vasijas. Porque El es como fuego purificador, y como jabón de lavadores [Mal. 3:2]. Esto, para que con los residuos que podamos tener pegados no vayamos a contaminar al pueblo de Dios con la comida que cocinemos y sirvamos.

Aquellos ministerios que el Alfarero ha señalado para estos oficios dentro de su casa tenemos que tener esto bien claro. Tampoco podemos olvidar que para cocinar ese alimento hay que volver al horno - una y otra vez. Así que no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese. [1P. 4:12].

La Vasija Restaurada

Hay vasijas ya sean de uso útil o decorativas, que se caen y se rompen. Esto le puede suceder a cualquier vasija. Así que el que piensa estar firme, mire que no caiga [1Co.10:12]. ¡Que bueno es saber que el Señor no dejará para siempre caído al justo [Salmo 55:22]. Esa vasija que ha sufrido una "caída" en su vida, junto con aquellas que se deterioran - que se despintan, se les opaca el brillo, se les rompe algún "adorno", son llevadas al taller de restauración del Alfarero. Restaurar quiere decir volver a poner algo en su estado original. El Alfarero no hace reparaciones, no pone parches. El ¡restaura!: El cual será restaurador de tu alma [Ruth 4:15]. He aquí yo hago nuevas todas las cosas [Ap. 21:5].

Fíjate que te he mencionado también a la vasija decorativa. Aquella de la que te dije se había roto por ir por cuenta propia a un llamado "horno" que no era el del Señor. Esa vasija si viene al reconocimiento y arrepentimiento por su desobediencia y rebelión, puede ser restaurada. Entonces probará lo que es ir al verdadero horno. Allí irá acompañada del Señor y será capacitada para servir en forma útil en la casa de Dios. Dejará de ser un adorno más en la iglesia del Señor.

En lo natural, esto que te acabo de decir no se puede hacer. La vasija, cuando se rompe, no se puede restaurar [Jer. 19:11]. Te había dicho que se puede pegar pero nunca volverá a ser igual. ¡Pero es que el obrar del Alfarero Dios es tan diferente! Sus caminos y sus pensamientos no son como los nuestros [Is. 55:8].

Aquellas otras vasijas decorativas que te mencioné, que han optado por servir de adorno, aún estas también tienen la oportunidad de arrepentimiento y de ser usadas como utensilios útiles en la casa del Alfarero. Solo necesitan disponer su corazón y extender sus manos al Señor [Job11:13]. El siempre está esperando por aquellos que le digan: mi corazón está dispuesto, oh Dios [ Salmo 108:1].

El Alfarero tiene en su casa verdaderos colaboradores. Como ya vimos, los hay que son usados en la formación de sus vasijas. Otros lo son en la restauración de ellas. Hermanos míos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado [Gálatas 6:1].

Todo maestro artista le pone una señal a sus obras de arte. Esta señal es su nombre. Señal significa entre otras cosas, una marca que se pone a una cosa para distinguirla de otra. El Alfarero nos ha marcado, nos ha puesto su señal, su nombre. [Is. 62:2; Ap. 2:17; 3:12]. Su nombre implica su naturaleza. Es lo que de El nos ha impartido formando a su Hijo en nosotros. Hemos llegado a ser participantes de la naturaleza divina [2 P. 1:4] Te puse nombre, mío eres tú [Is. 43:1].

¡Gracias Padre, Alfarero, formador nuestro!

Nidia Nadina Seda

a 5 de febrero de 1995