| VÍCTIMAS DE LAS MAQUILAS. |
Bernarda Prieto, de 46 años, laboró nueve años de su vida en tres maquilas de la zona franca. En ese tiempo sufrió los efectos de un padecimiento en los pulmones y sus empleadores nunca le dieron permiso para asistir a una consulta.
El contacto con la mota de la tela le ocasionaba tos severa, a tal punto que se quedaba muda. Si trataba de ir al Seguro, el supervisor le decía que si se iba a enfermar mejor que no saliera a trabajar, o simplemente no le daban el certificado.
De una de las maquilas la despidieron por que iba al baño sin pedir permiso. Antes de retirarse, el jefe le preguntó si quería una carta de recomendación o el dinero. Si pedía lo último ya no tendría la oportunidad de trabajar en la zona franca, por eso decidió por lo primero. El mal la obligó a dejar la vida de las maquilas, donde nunca gozó de una incapacidad. Con un mínimo esfuerzo le vuelve el terrible dolor en el pecho. "Es como si me metieran una espina", dice mientras muere la tarde.
Fuente:
Edición Especial: "Perfil de la Mujer Salvadoreña",
El Diario de
Hoy, Viernes 30 de mayo de 2003.
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