Adiós muchachos.
(por
Salvador Castellanos)
Por
supuesto que nuestros militares no van a encontrar nada parecido a la celebración
de nuestras fiestas patronales, aunque igual se dediquen a un
personaje santo.
Cuando menos nuestras tropas estarán
muy “cerca de Dios” durante su estadía en Iraq, ya que éste es el
significado de Karbala, la ciudad iraquí más importante dentro del área de
operaciones asignada a los legionarios salvadoreños, que en pocos días partirán
hacia ese territorio, para sumarse a las tareas de reconstrucción y
mantenimiento de la paz.
Karbala es una población con más de medio millón de habitantes y 53 mil kilómetros
cuadrados de extensión, rodeada de verdes oasis, alimentados por el río Furat,
y ubicada a menos de 100 kilómetros de Bagdad, la capital iraquí. Además de
ser una de las más famosas ciudades santas del islam, también ha sido el
escenario de incontables batallas a lo largo de su prolongada historia, que se
remonta hasta la época babilónica.
El suceso de mayor trascendencia ocurrido en Karbala fue el sacrificio de Husayn
ibn ali. Husayn es el personaje más importante del islamismo shi’i, que es la
corriente de la religión musulmana predominante en Iraq. La tradición cuenta
que en el año 680 de nuestra era, ante la promesa rota de recibir el califato,
Husayn reunió un contingente de tan sólo 70 hombres, mujeres y niños, con que
libró una desigual batalla en contra de un ejército de cuatro mil hombres.
Husayn resultaría gravemente herido y, según la historia, moriría con su hijo
en brazos. Hoy en día, dicho evento constituye
una de las principales fiestas
religiosas en Iraq, que se celebra durante los primeros 10 días del mes de
Muharram, que es el primer mes del calendario islámico y uno de los cuatro
meses santos mencionados en el Corán.
Por supuesto que nuestros militares no van a encontrar nada parecido a la
celebración de nuestras fiestas patronales, aunque igual se dediquen a un
personaje santo. Por ello, parte importante de su entrenamiento ha estado
centrado en conocer las radicales diferencias culturales y religiosas entre
occidentales y musulmanes.
Para el caso, de acuerdo con las autoridades, nuestras tropas han estado entrenándose
exhaustivamente para soportar la abstinencia sexual, a la que estarán sometidas
obligatoriamente durante los seis meses que dure su misión.
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Aunque no se reveló en qué han consistido las técnicas de su preparación, se
confirmó que los efectivos están listos para cumplir su voto de castidad,
guardarse los tradicionales piropos salvadoreños y descartar cualquier lance
amoroso hacia una mujer musulmana, so pena de arriesgarse a morir apedreados o
partidos en dos por el filo de una cimitarra.
Debido a que el alcohol o cualquier sustancia que altere la mente es considerada
dentro del islamismo como “una abominación y obra de satanás”, los
muchachos tampoco podrán ahogar la nostalgia con una par de “heladas”, a
menos que conozcan el procedimiento de convertir la pasta de dientes en una
bebida embriagante. Éste fue desarrollado por un grupo de ingeniosos obreros
salvadoreñas que hace ya muchos años fueron contratados y luego expulsados de
un proyecto en Arabia.
Sin embargo, las emociones no estarán ausentes en su estadía en Iraq; nuestras
autoridades han adelantado que, gracias a nuestra vasta experiencia acumulada,
los muchachos obtendrán una buena dosis de adrenalina, desactivando minas y
protegiendo convoyes con alimentos.
Por aquello de conservar la identidad nacional, nuestro batallón ha sido
bautizado “Cuscatlán”, palabra que en el idioma náhuatl significa
“tierra de cosas preciosas”. Un nombre bastante adecuado para mantener
presentes en la mente y el corazón nuestras verdes montañas, los ríos y el
clima tropical, sobre todo cuando se enfrenten a las hostiles arenas del
desierto, donde se alcanzan temperaturas de más de 40 grados centígrados
durante el día y un frío glacial durante la noche.
Imagino que en tales circunstancias, algunos de ellos preferirían estar
participando de la reconstrucción y mejoramiento de muchas zonas en nuestro país,
que todavía evidencian los efectos del huracán “Mitch” y los terremotos de
2001.
Pero como hoy en día hay que estar con mister Bush o en su contra, a nuestro país
le toca hacer méritos, sobre todo cuando se tienen 2.5 millones de hermanos
lejanos y la firma de un TLC en puerta.
Sólo esperemos que nuestros valientes guerreros salgan bien librados, que no se
conviertan en sustituto de las vidas norteamericanas que se están perdiendo y
que pronto les podamos dar una calurosa bienvenida.
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