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Desde el mismo inicio trabajamos en la emergencia y paralelamente realizamos acciones de carácter organizacional/educativas/recreativas y de salud en toda su acepción y nos organizamos en la vigilancia social. Para lograr nuestro propósito llamamos a decenas de puertas, algunas se abrieron de inmediato y donaron víveres, zapatos, dulces, más tarde recibimos algunos fondos para llevar un poco de "alegría" a la tristeza.
Abastecimos a 2500 familias de 28 comunidades, con víveres, ropa para personas adultas e infantes, plásticos, utensilios de cocina y de mesa, agua, frazadas, toallas, colchonetas, cántaros y depósitos diversos para conservar el agua, jabón de tocador y para lavar ropa, toallas sanitarias, pañales para bebés, sueters, etc., etc.
La tragedia se dió en medio de una fuerte vulnerabilidad en razón de condiciones de precariedad, ubicación socioespacial, edad y género, entre otras. Es preciso no perder de vista el contexto para no invisibilizar las secuelas y consecuencias generales por las condiciones de vulnerabilidad que confirmaron el incremento de casos de Violencia Intrafamiliar, Acoso Sexual, Violaciones y Abuso Sexual especialmente en Niñas y Adolescentas, dejando entre otras consecuencias: traumas psicológicos, embarazos precoces, proliferación de infecciones de transmisión sexual (ITS) y VIH/SIDA.
Por ello establecimos contacto con la Brigada Multidisciplinaria de la Facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador, el Ministerio de Salud a través de la Unidad Local de Salud y MPDL (que coordinó acciones con REDES) habiendo logrado que llevaran la consulta médica a algunas comunidades.
Levantamos 3 censos poblacionales y de infraestructura así como realizamos 3 diagnósticos situacionales que nos dieron la pauta para coordinar las primeras acciones de emergencia y reconstrucción. Cada comunidad se organizó en directivas.
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