El violín mágico
Anónimo.
Éranse una vez
siete hermanos y una hermana. Los hermanos estaban casados, pero sus esposas no
cocinaban, ya que este trabajo quedaba reservado para la hermana. Por este
motivo las esposas sentían una profunda antipatía por su cuñada y decidieron
desposeerla de este privilegio, que todas ambicionaban.
- Ella no sale
a trabajar a los campos como nosotras, -decía una- sino que permanece sentada
en casa y mi siquiera tiene preparadas las comidas a tiempo.
Reunidas todas
las cuñadas fueron a ver a un brujo que vivía cerca de su casa y le pidieron
les librara de la odiada parienta. El brujo, que les estaba agradecido por unos
favores que le habían hecho, prometió hacerlo, y así, al día siguiente, cuando
la joven fue a buscar agua para la comida, un genio enviado por el brujo la
empujó tirándola al río, donde se ahogó.
Pasó algún
tiempo, y un día su espíritu reencarnó en un hermoso bambú que creció junto al
río, en el mismo sitio donde ella se había ahogado. En pocos días alcanzó un
tamaño enorme y un yogui que acertó a pasar por allí, lo vio y se dijo que con
la madera podía hacerse un magnífico violín. Al día siguiente volvió al lugar
con una afilada hacha y se dispuso a cortar el alto y grueso bambú.
En el momento
en que se disponía a descargar el primer hachazo, una voz sonó dentro del
bambú, diciendo:
- Por favor, no
me cortes por la raíz, corta un poco más arriba.
Al disponerse a
descargar un golpe en el sitio indicado, volvió a oír la voz del bambú que le
decía:
- No, por ahí
no cortes, corta por las raíces.
Cuando de nuevo
el yogui iba a cortar el bambú por las raíces, el espíritu volvió a hablar:
- Corta más
arriba.
Y así continuó
hasta que el yogui se dio cuenta de que el espíritu aquel se estaba burlando de
él y sin vacilar más, cortó el bambú por las raíces y llevándoselo, se hizo con
él un violín, tan magnífico, que cuantos lo oían quedaban maravillados de su tono.
De cuando en
cuando visitaba la casa de los hermanos de la ahogada, quienes siempre que oían
la música de aquel violín no podían contener las lágrimas. El hermano mayor
pidió varias veces al yogui que le vendiera el violín, ofreciéndole mantenerlo
un año entero, pero el hombre, que conocía el inmenso valor de su violín, se
negó a desprenderse de él.
Ocurrió que un
día el yogui fue a visitar al jefe de un poblado y después de tocar unas piezas
con el violín, pidió algo para comer.
El jefe del
poblado le pidió le vendiera el violín, ofreciéndole por el mismo un elevado
precio, pero el yogui se negó a venderlo replicando que el instrumento era su
medio de vida.
Cuando el jefe
vio que no podría adquirir el violín, decidió emborrachar al yogui, y para ello
sirvió una excelente comida acompañada de los mejores vinos. Cuando hubo
terminado de comer, el yogui estaba completamente borracho, y valiéndose de su
estado, el jefe cambió su violín por otro viejo y malo.
Al volver en
sí, el yogui se dio cuenta de que le habían cambiado el violín, y protestó
airado, pero el jefe negó haberle robado el instrumento, y al fin tuvo que
marcharse con el violín viejo.
El hijo del
jefe del poblado había aprendido música y en sus manos el violín daba unas
notas tan maravillosas que causaba la emoción de cuantos lo oían.
Cuando todos
los habitantes de la casa estaban ausentes, ocupados en sus trabajos en los
campos, el espíritu que habitaba dentro del violín, salía del mismo y preparaba
la comida de la familia.
De momento, los
dueños de la casa supusieron que alguna joven que estaba enamorada del hijo del
jefe demostraba de aquella manera su amor, y no se molestaron en averiguar
quién era, suponiendo que ella misma se presentaría cuando llegara la
oportunidad.
Sin embargo, el
hijo empezó a sentirse intrigado por aquella constancia y al fin decidió
averiguar cuál era la muchacha que tanto se preocupaba por él. Para ello
ocultóse detrás de un montón de leña y desde allí vio salir a la joven que
habitaba dentro del violín. Con profundo asombro la vio peinarse y preparar la
comida, y prendado de su belleza, salió de su escondite y la cogió entre sus
brazos y trató de besarla.
- Vete,
-exclamó ella.- Tú y yo no podemos casarnos, pues yo soy mitad espíritu y mitad
humana.
- De ninguna
manera -replicó el joven.- Tú serás de hoy en adelante mi esposa, porque al
quererte yo, volverás a ser sólo humana.
Y así fue, y
toda la familia se sintió muy feliz al ver a la mujer que el hijo del jefe
tomaba por esposa.
Pasaron los
años y en la casa reinaba la mayor alegría, pues la joven administraba a la
perfección los bienes de su marido, y tanta fue su buena administración que
cada día fueron más ricos y poderosos.
En cambio, los
hermanos de ella eran cada día más pobres, y llegó un día en que tuvieron que
acudir al jefe del poblado, pues ya ni siquiera podían comer.
La joven les
reconoció enseguida, aunque ellos no supieron que era su hermana, y después de
servirles excelentes viandas, les contó su historia, fingiendo que era la de
una amiga suya. Los hermanos se avergonzaron de no haber procurado salvarla, y
hasta el final de sus días se lamentaron de su mal proceder.
Y ésta fue toda
la venganza de la joven del violín encantado.
Fin.