¿POR QUÉ LOS PERROS SE HUELEN LAS COLAS?
Cuando el Tata Lindo hizo el mundo, quiso que los perros se
quedaran con él en el Paraíso.
Realmente el perro era el mejor amigo de Dios.
Reinaba la tranquilidad en todita la Creación y nada hacía
pensar que pudiera haber un contratiempo.
Pero un día, en una fiesta milenaria a la que concurrieron
todos los animales atentos y campantes, el Tata Lindo dispuso una mesa aparte
para agasajar a sus engreídos.
¡Ni Adán ni Eva gozaban de tanta preferencia!
Y hasta la Serpiente del Árbol de la Ciencia del Bien y del
Mal estaba boquiabierta.
En lo mejor de los dulces y manjares y cuando la conversación
iba de lo más elocuente y animada entre el Señor y la perritud, vino San Pedro
recordando que era el momento de los brindis.
-¡Brindo -dijo Dios- por nuestra eterna amistad!
-Brindo -dijo un perro dálmata- porque confío en que Adán y
Eva no le harán caso a la Serpiente.
-¡Así será, así será! -aplaudía la perritud.
Y así era.
Flora, fauna, la especie humana y el Tata Lindo nunca habían
vivido en tan sabia confraternidad.
-¡Brindo por nuestro generoso Creador! -alzó su copa un
perro chusco.
-¡Brindo por el jabalí y el jazmín! -se emocionó un
bulldog.
-¡Brindo por todos los brindis! -tintineó un chihuahua con
su vocecita de cristal.
Y los comentarios cada vez más ágiles y amenos satisfacían
al Señor.
Cuándo en eso alguno de los canes, ¡terr!, impensadamente se
tiró un pedito.
-¿Quién ha sido? -dijo San Pedro.
Silencio.
-¿Quién fue? -apuró nuestro Señor.
El cuesco había sonado interrumpiendo la encielada reunión.
Y la perritud miraba al sesgo haciéndose la desentendida.
-¡Quién fue! -persistió el Tata Lindo.
San Pedro se retiró porque sabía que cuando Dios repetía una
orden era algo de tener muy en cuenta.
-¡Quién fue!
A lo más algunos gruñidos y ladridos sumamente discretos
llegaron a los oídos del Señor.
-¿No habrá sido San Pedro? -se atrevió un collie ayudado por
un doberman.
Pero Dios, que todo lo sabe y todo lo siente, bien enterado
estaba de quién era el autor del cuesco. Y al ver que ninguno asumía la
responsabilidad con desprendimiento o con franqueza, dijo de una vez para
siempre: -De hoy en adelante los perros
y todos los animales (menos Adán, Eva y la Serpiente Boquiabierta) irán a vivir
a la Tierra, y si quieren volver al Paraíso, lo harán, pero con el sudor de su
frente. Y así nacerán, crecerán, trabajarán y morirán.
En ese mismo instante la perritud y los demás animales se
repartieron por todos los climas y lugares del mundo.
Por eso es que cuando dos perritos se encuentran, ahí mismo
se huelen las colas para saber quién fue el desdichado que se tiró el
pedito.
Fin.