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J.K.
ROWLING
Harry
Potter
y el prisionero
de Azkaban
Por la cicatriz que lleva en la frente, sabemos que Harry Potter no es
un niño como los demás, sino el héroe que venció a lord Voldemort, el mago más
temible y maligno de todos los tiempos y culpable de la muerte de los padres de
Harry. Desde entonces, Harry no tiene más remedio que vivir con sus pesados
tíos y su insoportable primo Dudley, todos ellos muggles, o sea,
personas no magas, que desprecian a su sobrino debido a sus poderes.
Igual que en las dos primeras partes de la serie —La piedra
filosofal y La cámara secreta— Harry aguarda con impaciencia el
inicio del tercer curso en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Tras
haber cumplido los trece años, solo y lejos de sus amigos de Hogwarts, Harry se
pelea con su bigotuda tía Marge, a la que convierte en globo, y debe huir en un
autobús mágico. Mientras tanto, de la prisión de Azkaban se ha escapado un
terrible villano, Sirius Black, un asesino en serie con poderes mágicos que fue
cómplice de lord Voldemort y que parece dispuesto a eliminar a Harry del mapa.
Y por si esto fuera poco, Harry deberá enfrentarse también a unos terribles
monstruos, los dementores, seres abominables capaces de robarles la
felicidad a los magos y de borrar todo recuerdo hermoso de aquellos que osan
mirarlos. Lo que ninguno de estos malvados personajes sabe es que Harry, con la
ayuda de sus fieles amigos Ron y Hermione, es capaz de todo y mucho más.
Título
original: Harry Potter and the Prisoner of Azkaban
Traducción: Adolfo Muñoz García y Nieves Martín
Azofra
Copyright
© J.K. Rowling, 1999
Copyright
© Emecé Editores, 2000
Emecé Editores España, S.A.
Mallorca, 237 - 08008 Barcelona - Tel. 93 215 11 99
ISBN: 84-7888-519-6
Depósito legal: B-36.732-2000
1ª edición, abril de 2000
5ª edición, agosto de 2000
Printed
in Spain
Impresión:
Domingraf, S.L. Impressors
Pol. Ind. Can Magarola, Pasaje Autopista, Nave 12
08100 Mollet del Vallés
A Jill Prewett y Aine Kiely,
madrinas de Swing.
19
Hermione dio un grito. Black se puso en pie de un salto. Harry saltó
también como si hubiera recibido una descarga eléctrica.
—He encontrado esto al pie del sauce boxeador
—dijo Snape, arrojando la capa a un lado y sin dejar de apuntar al pecho de
Lupin con la varita—. Muchas gracias, Potter, me ha sido muy útil.
Snape estaba casi sin aliento, pero su cara
rebosaba sensación de triunfo.
—Tal vez os preguntéis cómo he sabido que
estabais aquí —dijo con los ojos relampagueantes—. Acabo de ir a tu despacho,
Lupin. Te olvidaste de tomar la poción esta noche, así que te llevé una copa
llena. Fue una suerte. En tu mesa había cierto mapa. Me bastó un vistazo para
saber todo lo que necesitaba. Te vi correr por el pasadizo.
—Severus... —comenzó Lupin, pero Snape no lo
oyó.
—Le he dicho una y otra vez al director que
ayudabas a tu viejo amigo Black a entrar en el castillo, Lupin. Y aquí está la
prueba. Ni siquiera se me ocurrió que tuvierais el valor de utilizar este
lugar como escondrijo.
—Te equivocas, Severus —dijo Lupin, hablando
aprisa—. No lo has oído todo. Puedo explicarlo. Sirius no ha venido a matar a
Harry.
—Dos más para Azkaban esta noche —dijo Snape,
con los ojos llenos de odio—. Me encantará saber cómo se lo toma Dumbledore.
Estaba convencido de que eras inofensivo, ¿sabes, Lupin? Un licántropo
domesticado...
—Idiota —dijo Lupin en voz baja—. ¿Vale la
pena volver a meter en Azkaban a un hombre inocente por una pelea de
colegiales?
¡PUM!
Del final de la varita de Snape surgieron
unas cuerdas delgadas, semejantes a serpientes, que se enroscaron alrededor de
la boca, las muñecas y los tobillos de Lupin. Este perdió el equilibrio y cayó
al suelo, incapaz de moverse. Con un rugido de rabia, Black se abalanzó sobre
Snape, pero Snape apuntó directamente a sus ojos con la varita.
—Dame un motivo —susurró—. Dame un motivo
para hacerlo y te juro que lo haré.
Black se detuvo en seco. Era imposible decir
qué rostro irradiaba más odio. Harry se quedó paralizado, sin saber qué hacer
ni a quién creer. Dirigió una mirada a Ron y a Hermione. Ron parecía tan
confundido como él, intentando todavía retener a Scabbers. Hermione,
sin embargo, dio hacia Snape un paso vacilante y dijo casi sin aliento:
—Profesor Snape, no... no perdería nada
oyendo lo que tienen que decir; ¿no cree?
—Señorita Granger; me temo que vas a ser
expulsada del colegio —dijo Snape—. Tú, Potter y Weasley os encontráis en un
lugar prohibido, en compañía de un asesino escapado y de un licántropo. Y
ahora te ruego que, por una vez en tu vida, cierres la boca.
—Pero si... si fuera todo una confusión...
—¡CALLATE, IMBÉCIL! —gritó de repente Snape,
descompuesto—. ¡NO HABLES DE LO QUE NO COMPRENDES! —Del final de su varita,
que seguía apuntando a la cara de Black, salieron algunas chispas. Hermione
guardó silencio, mientras Snape proseguía—. La venganza es muy dulce —le dijo a
Black en voz baja—. ¡Habría dado un
brazo por ser yo quien te capturara!
—Eres tú quien no comprende, Severus —gruñó
Black—. Mientras este muchacho meta su rata en el castillo —señaló a Ron con la
cabeza—, entraré en él sigilosamente.
—¿En el castillo? —preguntó Snape con voz
melosa—. No creo que tengamos que ir tan lejos. Lo único que tengo que hacer es
llamar a los dementores en cuanto salgamos del sauce. Estarán encantados de
verte, Black... Tanto que te darán un besito, me atrevería a decir...
El rostro de Black perdió el escaso color que
tenía.
—Tienes que escucharme —volvió a decir—. La
rata, mira la rata...
Pero había un destello de locura en la
expresión de Snape que Harry no había visto nunca. Parecía fuera de sí.
—Vamos todos —ordenó. Chascó los dedos y las
puntas de las cuerdas con que había atado a Lupin volvieron a sus manos—.
Arrastraré al licántropo. Puede que los dementores lo besen también a él.
Sin saber lo que hacía, Harry cruzó la
habitación con tres zancadas y bloqueó la puerta.
—Quítate de en medio, Potter. Ya estás metido
en bastantes problemas —gruñó Snape—. Si no hubiera venido para salvarte...
—El profesor Lupin ha tenido cientos de
oportunidades de matarme este curso —explicó Harry—. He estado solo con él un
montón de veces, recibiendo clases de defensa contra los dementores. Si es un
compinche de Black, ¿por qué no acabó conmigo?
—No me pidas que desentrañe la mente de un
licántropo —susurró Snape—. Quítate de en medio, Potter.
—¡DA USTED PENA! —gritó Harry—. ¡SE NIEGA A
ESCUCHAR SÓLO PORQUE SE BURLARON DE USTED EN EL COLEGIO!
—¡SILENCIO! ¡NO PERMITIRÉ QUE ME HABLES ASÍ!
—chilló Snape, más furioso que nunca—. ¡De tal palo tal astilla, Potter!
¡Acabo de salvarte el pellejo, tendrías que agradecérmelo de rodillas! ¡Te
estaría bien empleado si te hubiera matado! Habrías muerto como tu padre,
demasiado arrogante para desconfiar de Black. Ahora quítate de en medio o te
quitaré yo. ¡APARTATE, POTTER!
Harry se decidió en una fracción de segundo.
Antes de que Snape pudiera dar un paso hacia él había alzado la varita.
—¡Expeliarmo! —gritó.
Pero la suya no fue la única voz que gritó.
Una ráfaga de aire movió la puerta sobre sus goznes. Snape fue alzado en el
aire y lanzado contra la pared. Luego resbaló hasta el suelo, con un hilo de
sangre que le brotaba de la cabeza. Estaba sin conocimiento.
Harry miró a su alrededor. Ron y Hermione
habían intentado desarmar a Snape en el mismo momento que él. La varita de
Snape planeó trazando un arco y aterrizó sobre la cama, al lado de Crookshanks.
—No deberías haberlo hecho —dijo Black
mirando a Harry—. Tendrías que habérmelo dejado a mí...
Harry rehuyó los ojos de Black. No estaba
seguro, ni si—quiera en aquel momento, de haber hecho lo que debía.
—¡Hemos agredido a un profesor...! ¡Hemos
agredido a un profesor...!
—gimoteaba Hermione, mirando asustada a Snape, que parecía muerto—.
¡Vamos a tener muchos problemas!
Lupin forcejeaba para librarse de las ligaduras.
Black se inclinó para desatarlo. Lupin se incorporó, frotándose los lugares
entumecidos por las cuerdas.
—Gracias, Harry —dijo.
—Aún no creo en usted —repuso Harry.
—Entonces es hora de que te ofrezcamos alguna
prueba —dijo Black—. Muchacho, entrégame a Peter. Ya.
Ron apretó a Scabbers aún más
fuertemente contra el pecho.
—Venga —respondió débilmente—, ¿quiere que me
crea que escapó usted de Azkaban sólo para atrapar a Scabbers? Quiero
decir... —Miró a Harry y a Hermione en busca de apoyo—. De acuerdo, supongamos
que Pettigrew pueda transformarse en rata... Hay millones de ratas. ¿Cómo
sabía, estando en Azkaban, cuál era la, que buscaba?
—¿Sabes, Sirius? Ésa es una buena pregunta
—observó Lupin, volviéndose hacia Black y frunciendo ligeramente el entrecejo—.
¿Cómo supiste dónde estaba?
Black metió dentro de la túnica una mano que
parecía una garra y sacó una página arrugada de periódico, la alisó y se la
enseñó a todos. Era la foto de Ron y su familia que había aparecido en el
diario El Profeta el verano anterior. Sobre el hombro de Ron se
encontraba Scabbers.
—¿Cómo lo conseguiste? —preguntó Lupin a
Black, estupefacto.
—Fudge
—explicó Black—. Cuando
fue a inspeccionar Azkaban el año pasado, me dio el periódico. Y ahí estaba Peter,
en primera plana... en el hombro de este chico. Lo reconocí enseguida. Cuántas
veces lo vi transformarse. Y el pie de foto decía que el muchacho volvería a
Hogwarts, donde estaba Harry...
—¡Dios mío! —dijo Lupin en voz baja, mirando
a Scabbers, luego la foto y otra vez a Scabbers—. Su pata delantera...
—¿Qué le ocurre? —preguntó Ron, poniéndose
chulito.
—Le falta un dedo —explicó Black.
—Claro —dijo Lupin—. Sencillo... e ingenioso.
¿Se lo cortó él?
—Poco antes de transformarse —dijo Black—.
Cuando lo arrinconé, gritó para que toda la calle oyera que yo había
traicionado a Lily y a James. Luego, para que no pudiera echarle ninguna
maldición, abrió la calle con la varita en su espalda, mató a todos los que se
encontraban a siete metros a la redonda y se metió a toda velocidad por la
alcantarilla, con las demás ratas...
—¿Nunca lo has oído, Ron? —le preguntó
Lupin—. El mayor trozo que encontraron de Peter fue el dedo.
—Mire, seguramente Scabbers tuvo una
pelea con otra rata, o algo así. Ha estado con mi familia desde siempre.
—Doce años exactamente ¿No te has preguntado
nunca por qué vive tanto?
—Bueno, la hemos cuidado muy bien —dijo Ron.
—Pero ahora no tiene muy buen aspecto,
¿verdad? —observó Lupin—. Apostaría a que su salud empeoró cuando supo que
Sirius se había escapado.
—¡La ha asustado ese gato loco! —repuso Ron,
señalando con la cabeza a Crookshanks, que seguía ronroneando en la
cama.
Pero no había sido así, pensó Harry
inmediatamente. Scabbers ya tenía mal aspecto antes de encontrar a Crookshanks.
Desde que Ron volvió de Egipto. Desde que Black escapó...
—Este gato no está loco —dijo Black con voz
ronca. Alargó una mano huesuda y acarició la cabeza mullida de Crookshanks—.
Es el más inteligente que he visto en mi vida. Reconoció a Peter
inmediatamente. Y cuando me encontró supo que yo no era un perro de verdad.
Pasó un tiempo antes de que confiara en mí. Finalmente, me las arreglé para
hacerle entender qué era lo que pretendía, y me ha estado ayudando...
—¿Qué quiere decir? —preguntó Hermione en voz
baja.
—Intentó que Peter se me acercara, pero no
pudo... Así que se apoderó de las contraseñas para entrar en la torre de
Gryffindor. Según creo, las cogió de la mesilla de un muchacho...
El cerebro de Harry empezaba a hundirse por
el peso de las muchas cosas que oía. Era absurdo... y sin embargo...
—Sin embargo, Peter se olió lo que ocurría y
huyó. Este gato, ¿decís que se llama Crookshanks?, me dijo que Peter había
dejado sangre en las sábanas. Supongo que se mordió... Simular su propia muerte
ya había resultado en otra ocasión.
Estas palabras impresionaron a Harry y lo
sacaron de su ensimismamiento.
—¿Y por qué fingió su muerte? —preguntó
furioso—. Porque sabía que usted lo quería matar; como mató a mis padres.
—No, Harry —dijo Lupin.
—Y ahora ha venido para acabar con él.
—Sí, es verdad —dijo Black, dirigiendo a Scabbers
una mirada diabólica.
—Entonces yo tendría que haber permitido que
Snape lo entregara —gritó Harry.
—Harry —dijo Lupin apresuradamente—, ¿no te
das cuenta? Durante todo este tiempo hemos pensado que Sirius había traicionado
a tus padres y que Peter lo había perseguido. Pero fue al revés, ¿no te das
cuenta? Peter fue quien traicionó a tus padres. Sirius le siguió la pista y...
—¡ESO NO ES CIERTO! —gritó Harry—. ¡ERA SU
GUARDIÁN SECRETO! ¡LO RECONOCIÓ ANTES DE QUE USTED APARECIESE! ¡ADMITIÓ QUE
LOS MATÓ!
Señalaba a Black, que negaba lentamente con
la cabeza. Sus ojos hundidos brillaron de repente.
—Harry..., la verdad es que fue como si los
hubiera matado yo —gruñó—. Persuadí a Lily y a James en el último momento de
que utilizaran a Peter. Los persuadí de que lo utilizaran a él como guardián
secreto y no a mí. Yo tengo la culpa, lo sé. La noche que murieron había
decidido vigilar a Peter, asegurarme de que todavía era de fiar. Pero cuando llegué
a su guarida, ya se había ido. No había señal de pelea alguna. No me dio buena
espina. Me asusté. Me puse inmediatamente en camino hacia la casa de tus
padres. Y cuando la vi destruida y sus cuerpos... me di cuenta de lo que Peter
había hecho. Y de lo que había hecho yo.
Su voz se quebró. Se dio la vuelta.
—Es suficiente —dijo Lupin, con una nota de
acero en la voz que Harry no le había oído nunca—. Hay un medio infalible de
demostrar lo que verdaderamente sucedió. Ron, entrégame la rata.
—¿Qué va a hacer con ella si se la doy?
—preguntó Ron con nerviosismo.
—Obligarla a transformarse —respondió Lupin—.
Si de verdad es sólo una rata, no sufrirá ningún daño.
Ron dudó. Finalmente puso a Scabbers en
las manos de Lupin. Scabbers se puso a chillar sin parar; retorciéndose
y agitándose. Sus ojos diminutos y negros parecían salirse de las órbitas.
—¿Preparado, Sirius? —preguntó Lupin.
Black ya había recuperado la varita de Snape,
que había caído en la cama. Se aproximó a Lupin y a la rata. Sus ojos húmedos parecían
arder.
—¿A la vez? —preguntó en voz baja.
—Venga —respondió Lupin, sujetando a Scabbers
con una mano y la varita con la otra—. A la de tres. ¡Una, dos y... TRES!
Un destello de luz azul y blanca salió de las
dos varitas. Durante un momento Scabbers se quedó petrificada en el
aire, torcida, en posición extraña. Ron gritó. La rata golpeó el suelo al caer.
Hubo otro destello cegador y entonces...
Fue como ver la película acelerada del
crecimiento de un árbol. Una cabeza brotó del suelo. Surgieron las piernas y
los brazos. Al cabo de un instante, en el lugar de Scabbers se hallaba
un hombre, encogido y retorciéndose las manos. Crookshanks bufaba y
gruñía en la cama, con el pelo erizado.
Era un hombre muy bajito, apenas un poco más
alto que Harry y Hermione. Tenía el pelo ralo y descolorido, con calva en la
coronilla. Parecía encogido, como un gordo que hubiera adelgazado rápidamente.
Su piel parecía roñosa, casi como la de Scabbers, y le quedaba algo de
su anterior condición roedora en lo puntiagudo de la nariz y en los ojos
pequeños y húmedos. Los miró a todos, respirando rápida y superficialmente.
Harry vio que sus ojos iban rápidamente hacia la puerta.
—Hola, Peter —dijo Lupin con voz amable, como
si fuera normal que las ratas se convirtieran en antiguos compañeros de
estudios—. Cuánto tiempo sin verte.
—Si... Sirius. Re... Remus —incluso la voz de
Pettigrew era como de rata. Volvió a mirar a la puerta—. Amigos, queridos
amigos...
Black levantó el brazo de la varita, pero
Lupin lo sujetó por la muñeca y le echó una mirada de advertencia. Entonces se
volvió a Pettigrew con voz ligera y despreocupada.
—Acabamos de tener una pequeña charla, Peter,
sobre lo que sucedió la noche en que murieron Lily y James. Quizás te hayas
perdido alguno de los detalles más interesantes mientras chillabas en la cama.
—Remus —dijo Pettigrew con voz entrecortada,
y Harry vio gotas de sudor en su pálido rostro—, no lo creerás, ¿verdad?
Intentó matarme a mí...
—Eso es lo que hemos oído —dijo Lupin más
fríamente—. Me gustaría aclarar contigo un par de puntos, Peter; si fueras
tan...
—¡Ha venido porque otra vez quiere matarme!
—chilló Pettigrew señalando a Black, y Harry vio que utilizaba el dedo corazón
porque le faltaba el índice—. ¡Mató a Lily y a James, y ahora quiere matarme a
mí...! ¡Tienes que protegerme, Remus!
El rostro de Black semejaba más que nunca una
calavera, mientras miraba a Peter Pettigrew con sus ojos insondables.
—Nadie intentará matarte antes de que
aclaremos algunos puntos —dijo Lupin.
—¿Aclarar puntos? —chilló Pettigrew, mirando
una vez más a su alrededor; hacia las ventanas cegadas y hacia la única
puerta—. ¡Sabía que me perseguiría! ¡Sabía que volvería a buscarme! ¡He temido
este momento durante doce años!
—¿Sabías que Sirius se escaparía de Azkaban
cuando nadie lo había conseguido hasta ahora? —preguntó Lupin, frunciendo el
entrecejo.
—¡Tiene poderes oscuros con los que los demás
sólo podemos soñar! —chilló Pettigrew con voz aguda—. ¿Cómo, si no, iba a salir
de allí? Supongo que El Que No Debe Nombrarse le enseñó algunos trucos.
Black comenzó a sacudirse con una risa triste
y horrible que llenó la habitación.
—¿Que Voldemort me enseñó trucos? —dijo y
Peter Pettigrew retrocedió como si Black acabara de blandir un látigo en su
dirección—. ¿Qué te ocurre? ¿Te asustas al oír el nombre de tu antiguo amo?
—preguntó Black—. No te culpo, Peter. Sus secuaces no están muy contentos de
ti, ¿verdad?
—No sé... qué quieres decir, Sirius —murmuró
Pettigrew, respirando más aprisa aún. Todo su rostro brillaba de sudor.
—No te has estado ocultando durante doce años
de mí —dijo Black—. Te has estado ocultando de los viejos seguidores de
Voldemort. En Azkaban oí cosas. Todos piensan que si no estás muerto, deberías
aclararles algunas dudas. Les he oído gritar en sueños todo tipo de cosas.
Cosas como que el traidor les había traicionado. Voldemort acudió a la casa de
los Potter por indicación tuya y allí conoció la derrota. Y no todos los
seguidores de Voldemort han terminado en Azkaban, ¿verdad? Aún quedan muchos
libres, esperando su oportunidad, fingiendo arrepentimiento... Si supieran que
sigues vivo...
—No entiendo de qué hablas... —dijo de nuevo
Pettigrew, con voz más chillona que nunca. Se secó la cara con la manga y miró
a Lupin—. No creerás nada de eso, de esa locura...
—Tengo que admitir; Peter, que me cuesta
comprender por qué un hombre inocente se pasa doce años convertido en rata
—dijo Lupin impasible.
—¡Inocente, pero asustado! —chilló
Pettigrew—. Si los seguidores de Voldemort me persiguen es porque yo metí en
Azkaban a uno de sus mejores hombres: el espía Sirius Black.
El rostro de Black se contorsionó.
—¿Cómo te atreves? —gruñó, y su voz se
asemejó de repente a la del perro enorme que había sido—. ¿Yo, espía de
Voldemort? ¿Cuándo he husmeado yo a los que eran más fuertes y poderosos? Pero
tú, Peter... no entiendo cómo no comprendí desde el primer momento que eras tú
el espía. Siempre te gustó tener amigos corpulentos para que te protegieran,
¿verdad? Ese papel lo hicimos nosotros: Remus y yo... y James...
Pettigrew volvió a secarse el rostro; le
faltaba el aire.
—¿Yo, espía...? Estás loco. No sé cómo puedes
decir...
—Lily y James te nombraron guardián secreto
sólo porque yo se lo recomendé
—susurró Black con tanto odio que Pettigrew retrocedió—. Pensé que era
una idea perfecta... una trampa. Voldemort iría tras de mí, nunca pensaría que
los Potter utilizarían a alguien débil y mediocre como tú... Sin duda fue el
mejor momento de tu miserable vida, cuando le dijiste a Voldemort que podías
entregarle a los Potter.
Pettigrew murmuraba cosas, aturdido. Harry
captó palabras como «inverosímil» y «locura», pero no podía dejar de fijarse
sobre todo en el color ceniciento de la cara de Pettigrew y en la forma en que
seguía mirando las ventanas y la puerta.
—¿Profesor Lupin? —dijo Hermione,
tímidamente—. ¿Puedo decir algo?
—Por supuesto, Hermione —dijo Lupin
cortésmente.
—Pues bien, Scabbers..., quiero decir
este... este hombre... ha estado durmiendo en el dormitorio de Harry durante
tres años. Si trabaja para Quien Usted Sabe, ¿cómo es que nunca ha intentado
hacerle daño?
—Eso es —dijo Pettigrew con voz aguda,
señalando a Hermione con la mano lisiada—. Gracias. ¿Lo ves, Remus? ¡Nunca le
he hecho a Harry el más leve daño! ¿Por qué no se lo he hecho?
—Yo te diré por qué —dijo Black—. Porque no
harías nada por nadie si no te reporta un beneficio. Voldemort lleva doce años
escondido, dicen que está medio muerto. Tú no cometerías un asesinato delante de
Albus Dumbledore por servir a una piltrafa de brujo que ha perdido todo su
poder; ¿a que no? Tendrías que estar seguro de que es el más fuerte en el juego
antes de volver a ponerte de su parte. ¿Para qué, si no, te alojaste en una
familia de magos? Para poder estar informado, ¿verdad, Peter? Sólo por si tu
viejo protector recuperaba las fuerzas y volvía a ser conveniente estar con
él.
Pettigrew abrió y cerró la boca varias veces.
Se había quedado sin habla.
—Eh...
¿Señor Black... Sirius?
—preguntó tímidamente Hermione. —A Black le sorprendió que lo interpelaran de
esta manera, y miró a Hermione fijamente, como si nadie se hubiera dirigido a
él con tal respeto en los últimos años—. Si no le importa que le pregunte,
¿cómo escapó usted de Azkaban? Si no empleó magia negra...
—¡Gracias! —dijo Pettigrew, asintiendo con la
cabeza—. ¡Exacto! ¡Eso es precisamente lo que yo...!
Pero Lupin lo silenció con una mirada. Black
fruncía ligeramente el entrecejo con los ojos puestos en Hermione, pero no
como si estuviera enfadado con ella: más bien parecía meditar la respuesta.
—No sé cómo lo hice —respondió—. Creo que la
única razón por la que nunca perdí la cabeza es que sabía que era inocente. No
era un pensamiento agradable, así que los dementores no me lo podían absorber...
Gracias a eso conservé la cordura y no olvidé quién era... Gracias a eso
conservé mis poderes... así que cuando ya no pude aguantar más me convertí en
perro. Los dementores son ciegos, como sabéis. —Tragó saliva—. Se dirigen hacia
la gente porque perciben sus emociones... Al convertirme en perro, notaron que
mis sentimientos eran menos humanos, menos complejos, pero pensaron, claro, que
estaba perdiendo la cabeza, como todo el mundo, así que no se preocuparon. Pero
yo me encontraba débil, muy débil, y no tenía esperanza de alejarlos sin una
varita. Entonces vi a Peter en aquella foto... comprendí que estaba en
Hogwarts, con Harry... en una situación perfecta para actuar si oía decir que
el Señor de las Tinieblas recuperaba fuerzas... —Pettigrew negó con la cabeza
y movió la boca sin emitir sonido alguno, mirando a Black como hipnotizado—...
Estaba dispuesto a hacerlo en cuanto estuviera seguro de sus aliados..., estaba
dispuesto a entregarles al último de los Potter. Si les entregaba a Harry, ¿quién
se atrevería a pensar que había traicionado a lord Voldemort? Lo recibirían
con honores...
—Así que ya veis, tenía que hacer algo. Yo
era el único que sabía que Peter estaba vivo...
Harry recordó lo que el padre de Ron le había
dicho a su esposa: «Los guardianes dicen que hacía tiempo que Black hablaba en
sueños. Siempre decía las mismas palabras: “Está en Hogwarts.”»
—Era como si alguien hubiera prendido una
llama en mi cabeza, y los dementores no podían apagarla. No era un pensamiento
agradable..., era una obsesión... pero me daba fuerzas, me aclaraba la mente.
Por eso, una noche, cuando abrieron la puerta para dejarme la comida, salí
entre ellos, en forma de perro. Les resulta tan difícil percibir las emociones
animales que se confundieron. Estaba delgado, muy delgado... Lo bastante
delgado para pasar a través de los barrotes. Nadé como un perro. Viajé hacia el
norte y me metí en Hogwarts con la forma de perro... He vivido en el bosque
desde entonces... menos cuando iba a ver el partido de quidditch, claro...
Vuelas tan bien como tu padre, Harry... —Miró al muchacho, que esta vez no
apartó la vista—. Créeme —añadió Black—. Créeme. Nunca traicioné a James y a
Lily. Antes habría muerto.
Y Harry lo creyó. Asintió con la cabeza, con
un nudo en la garganta.
—¡No!
Pettigrew se había arrodillado, como si el
gesto de asentimiento de Harry hubiera sido su propia sentencia de muerte.
Fue arrastrándose de rodillas, humillándose, con las manos unidas en actitud
de rezo.
—Sirius, soy yo, soy Peter... tu amigo.
No..., tú no...
Black amagó un puntapié y Pettigrew
retrocedió.
—Ya hay bastante suciedad en mi túnica sin
que tú la toques.
—¡Remus! —chilló Pettigrew volviéndose hacia
Lupin, retorciéndose ante él, implorante—. Tú no lo crees. ¿No te habría
contado Sirius que habían cambiado el plan?
—No si creía que el espía era yo, Peter —dijo
Lupin—. Supongo que por eso no me lo contaste, Sirius —dijo Lupin
despreocupadamente, mirándolo por encima de Pettigrew.
—Perdóname, Remus —dijo Black.
—No hay por qué, Canuto, viejo amigo
—respondió Lupin, subiéndose las mangas—. Y a cambio, ¿querrás perdonar que
yo te creyera culpable?
—Por supuesto —respondió Black, y un asomo de
sonrisa apareció en su demacrado rostro. También empezó a remangarse—. ¿Lo
matamos juntos?
—Creo que será lo mejor —dijo Lupin con
tristeza.
—No lo haréis, no seréis capaces... —dijo
Pettigrew. Y se volvió hacia Ron, arrastrándose—. Ron, ¿no he sido un buen
amigo?, ¿una buena mascota? No dejes que me maten, Ron. Estás de mi lado, ¿a
que sí?
Pero Ron miraba a Pettigrew con repugnancia.
—¡Te dejé dormir en mi cama! —dijo.
—Buen muchacho... buen amo... —Pettigrew
siguió arrastrándose hacia Ron—. No lo consentirás... yo era tu rata... fui una
buena mascota...
—Si eras mejor como rata que como hombre, no
tienes mucho de lo que alardear —dijo Black con voz ronca.
Ron, palideciendo aún más a causa del dolor;
alejó su pierna rota de Pettigrew. Pettigrew giró sobre sus rodillas, se echó
hacia delante y asió el borde de la túnica de Hermione.
—Dulce criatura... inteligente muchacha... no
lo consentirás... ayúdame...
Hermione tiró de la túnica para soltarla de
la presa de Pettigrew y retrocedió horrorizada.
Pettigrew temblaba sin control y volvió
lentamente la cabeza hacia Harry
—Harry, Harry.. qué parecido eres a tu
padre... igual que él...
—¿CÓMO TE ATREVES A HABLAR A HARRY? —bramó
Black—. ¿CÓMO TE ATREVES A MIRARLO A LA CARA? ¿CÓMO TE ATREVES A MENCIONAR A
JAMES DELANTE DE ÉL?
—Harry —susurró Pettigrew, arrastrándose
hacia él con las manos extendidas—, Harry, James no habría consentido que me
mataran... James habría comprendido, Harry... Habría sido clemente conmigo...
Tanto Black como Lupin se dirigieron hacia él
con paso firme, lo cogieron por los hombros y lo tiraron de espaldas al suelo.
Allí quedó, temblando de terror; mirándolos fijamente.
—Vendiste a Lily y a James a lord Voldemort
—dijo Black, que también temblaba—. ¿Lo niegas?
Pettigrew rompió a llorar. Era lamentable
verlo: parecía un niño grande y calvo que se encogía de miedo en el suelo.
—Sirius, Sirius, ¿qué otra cosa podía hacer?
El Señor de las Tinieblas... no tienes ni idea... Tiene armas que no podéis
imaginar... Estaba aterrado, Sirius. Yo nunca fui valiente como tú, como Remus
y como James. Nunca quise que sucediera... El Que No Debe Nombrarse me obligó.
—¡NO MIENTAS! —BRAMÓ BLACK—. ¡LE HABÍAS
ESTADO PASANDO INFORMACIÓN DURANTE UN AÑO ANTES DE LA MUERTE DE LILY Y DE JAMES! ¡ERAS SU ESPÍA!
—¡Estaba tomando el poder en todas partes!
—dijo Pettigrew entrecortadamente—. ¿Qué se ganaba enfrentándose a él?
—¿Qué se ganaba enfrentándose al brujo más
malvado de la Historia? —preguntó Black, furioso—. ¡Sólo vidas inocentes,
Peter!
—¡No lo comprendes! —gimió Pettigrew—. Me
habría matado, Sirius.
—¡ENTONCES DEBERÍAS HABER MUERTO! —bramó
Black—. ¡MEJOR MORIR QUE TRAICIONAR A TUS AMIGOS! ¡TODOS HABRÍAMOS PREFERIDO LA
MUERTE A TRAICIONARTE A TI!
Black y Lupin se mantenían uno al lado del
otro, con las varitas levantadas.
—Tendrías que haberte dado cuenta —dijo Lupin
en voz baja— de que si Voldemort no te mataba lo haríamos nosotros. Adiós,
Peter.
Hermione se cubrió el rostro con las manos y
se volvió hacia la pared.
—¡No! —gritó Harry Se adelantó corriendo y se
puso entre Pettigrew y las varitas—. ¡No podéis matarlo! —dijo sin aliento—.
No podéis.
Tanto Black como Lupin se quedaron de piedra.
—Harry, esta alimaña es la causa de que no
tengas padres —gruñó Black—. Este ser repugnante te habría visto morir a ti
también sin mover ni un dedo. Ya lo has oído. Su propia piel maloliente
significaba más para él que toda tu familia.
—Lo sé —jadeó Harry—. Lo llevaremos al
castillo. Lo entregaremos a los dementores. Puede ir a Azkaban. Pero no lo
matéis.
—¡Harry! —exclamó Pettigrew
entrecortadamente, y rodeó las rodillas de Harry con los brazos—. Tú...
gracias. Es más de lo que merezco. Gracias.
—Suéltame —dijo Harry, apartando las manos de
Pettigrew con asco—. No lo hago por ti. Lo hago porque creo que mi padre no
habría deseado que sus mejores amigos se convirtieran en asesinos por culpa
tuya.
Nadie se movió ni dijo nada, salvo Pettigrew,
que jadeaba con la mano crispada en el pecho. Black y Lupin se miraron. Y
bajaron las varitas a la vez.
—Tú eres la única persona que tiene derecho a
decidir; Harry —dijo Black—. Pero piensa, piensa en lo que hizo.
—Que vaya a Azkaban —repitió Harry—. Si
alguien merece ese lugar; es él.
Pettigrew seguía jadeante detrás de él.
—De acuerdo —dijo Lupin—. Hazte a un lado,
Harry
—Harry dudó—. Voy a atarlo —añadió Lupin—.
Nada más, te lo juro.
Harry se quitó de en medio. Esta vez fue de
la varita de Lupin de la que salieron disparadas las cuerdas, y al cabo de un
instante Pettigrew se retorcía en el suelo, atado y amordazado.
—Pero si te transformas, Peter —gruñó Black,
apuntando a Pettigrew con su varita—, te mataremos. ¿Estás de acuerdo, Harry?
Harry bajó la vista para observar la
lastimosa figura, y asintió de forma que lo viera Pettigrew.
—De acuerdo —dijo de repente Lupin, como
cerrando un trato—. Ron, no sé arreglar huesos como la señora Pomfrey pero creo
que lo mejor será que te entablillemos la pierna hasta que te podamos dejar en
la enfermería.
Se acercó a Ron aprisa, se inclinó, le golpeó
en la pierna con la varita y murmuró:
—¡Férula!
Unas vendas rodearon la pierna de Ron y se la
ataron a una tablilla. Lupin lo ayudó a ponerse en pie. Ron se apoyó con
cuidado en la pierna y no hizo ni un gesto de dolor.
—Mejor —dijo—. Gracias.
—¿Y qué hacemos con el profesor Snape?
—preguntó Hermione, en voz baja, mirando a Snape postrado en el suelo.
—No le pasa nada grave —explicó Lupin,
inclinándose y tomándole el pulso—. Sólo os pasasteis un poco. Sigue sin conocimiento.
Eh... tal vez sea mejor dejarlo así hasta que hayamos vuelto al castillo.
Podemos llevarlo tal como está. —Luego murmuro—: Mobilicorpus.
El cuerpo inconsciente de Snape se incorporó
como si tiraran de él unas cuerdas invisibles atadas a las muñecas, el cuello
y las rodillas. La cabeza le colgaba como a una marioneta grotesca. Estaba
levantado unos centímetros del suelo y los pies le colgaban. Lupin cogió la
capa invisible y se la guardó en el bolsillo.
—Dos de nosotros deberían encadenarse a esto
—dijo Black, dándole a Pettigrew un puntapié—, sólo para estar seguros.
—Yo lo haré —se ofreció Lupin.
—Y yo —dijo Ron, con furia y cojeando.
Black hizo aparecer unas esposas macizas.
Pettigrew volvió a encontrarse de pie, con el brazo izquierdo encadenado al
derecho de Lupin y el derecho al izquierdo de Ron. El rostro de Ron expresaba
decisión. Se había tomado la verdadera identidad de Scabbers como un
insulto. Crookshanks saltó ágilmente de la cama y se puso el primero,
con la cola alegremente levantada.