Nadie lo vio

Nadie lo vio

Autor: Lo desconozco.

El rey de Constantinopla invita a un mensajero de Carlomagno a un banquete y lo sienta al lado de los nobles. Éstos tienen por ley que ningún convidado a la mesa del rey, sea nativo o extranjero, dé vuelta la carne que le sirven: debe comer empezando siempre por la parte de arriba.

Le sirven al mensajero un plato de pescados cubierto de hierbas. No conociendo las costumbres del país, el pobre revuelve la comida. Los nobles se ponen de pie y le gritan al rey: _¡Oh, señor! Has sido deshonrado como jamás lo fuera rey alguno.

El rey se dirige al mensajero: _Lo siento pero tengo que condenarte a muerte. Lo más que puedo hacer por tí es concederte cualquier favor que me pidas , con tal que no sea la vida. El mensajero responde: _No, la vida no. Sólo te pido un pequeño favor: que se le arranquen los ojos a todos aquellos que me vieron dar vuelta el pescado.

El rey jura por Jesucristo que él, personalmente, no vio tal cosa, sólo ha oído la palabra de los otros comensales. La reina también se excusa: _Juro por la Virgen María que no he visto nada.

Los otros nobles también juran, unos por las llaves del cielo, otros por los apóstoles, otros por la virtud de los ángeles y la comunión de los santos, que tampoco vieron nada.

El mensajero vuelve a su tierra sano y salvo.

 

Fin.


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