PUTZI

ópera en un acto
con música y libreto de

Eduardo Alonso-Crespo

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Sinopsis argumental


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Escena 1:
                    La Vida y la Muerte se encuentran en un camino rural de Hungría rumbo a la aldea de Raiding, el lugar donde ha nacido el pequeño Franz Liszt, a quien sus padres dieron el cariñoso apodo de Putzi (niño, pibe o chaval en húngaro). Ambas mujeres marchan al encuentro del recién nacido a quien la Vida describe como un ser destinado a ser genial. La Muerte, en particular, busca deshacerse de quien, al hacerse adulto, pondría en peligro a sus tres mejores amigas, Mediocridad, Rutina y Envidia. Para ese fin ha enviado a la Fiebre y la Debilidad en busca de Putzi, a tal punto que el niño yace en su lecho, casi sin vida, con un ataúd preparado junto a su cama. (Es sabido que la frágil salud de Liszt cuando niño obligó a sus desahuciados padres a convivir con un pequeño ataúd, preparados para lo peor.) Cada una describe a su mejor aliada: la Vida cantando el aria de la Virtud y la Muerte el aria de la Envidia. Ambas pretenden presentar batalla, concluyendo la escena entre acusaciones y reproches mutuos.

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Escena 2:
Putzi ha crecido y es ahora un apuesto joven veinteañero; afortunadamente, ni la Muerte ni la Enfermedad pudieron destruirlo. En su habitación de París recibe la visita de Nicolás Paganini. El violinista, famoso por sus supuestas conexiones con el Demonio (única explicación posible para tanta destreza musical), fue convocado por Putzi para conseguir, por su intermedio, hacer un pacto con el Diablo similar al que aparentemente hizo Paganini para tocar tan magistralmente el violín. Pero la finalidad del pacto que solicita Putzi es mucho más altruista: necesita salvar la vida de su amante, María (la joven condesa Marie D’Agoult en la vida real), víctima de una enfermedad que los médicos califican de incurable. Paganini explica que el Diablo no hace pactos con fines tan nobles, ni tiene gestos tan humanitarios. Pero, mientras el violinista habla, Putzi observa con asombro que Paganini no proyecta sombra, ni se refleja en los espejos: que Paganini es el mismísimo Diablo! Con su verdadera identidad al descubierto, el virtuoso violinista corre por la habitación perseguido por Putzi quien insiste en conseguir sus favores (con la música del estudio La Caza, de Paganini-Liszt, como fondo). Pese a las negativas iniciales, Putzi termina por convencer al Diablo, lisonjeándole, adulándole y prometiéndole componer obras que celebren su figura y lo incorporen a la inmortalidad artística. El Diablo – con su vanidad alimentada y asegurado que pronto vendrán obras compuestas en su honor como el Vals Mefisto, Malédiction, Danza Macabra o Sinfonía Fausto (obras que de hecho Liszt compondría años más tarde) – accede a salvar a María, completando la escena con el conjuro final.

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Escena 3:
                    Durante un breve Intermezzo la habitación de Putzi en París adquiere paulatinamente un aspecto sobrenatural para el ingreso de la Vida y la Muerte. La Muerte irrumpe furiosa porque Putzi se ha servido de su Diablo para salvar una vida, seduciéndolo con su música y sus promesas. La Vida le sigue a corta distancia, tratando inútilmente de serenarla y aprovechando la ocasión para burlarse de su macabra compañera. La Muerte, sin conseguir calmarse, amenaza furiosamente con cobrarse este imperdonable traspié del Diablo en un aria de bravura, retirándose ruidosamente de la habitación.

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Escena 4:
Esta vez es el Diablo quien persigue a Putzi a través de la habitación, rogándole que lo ayude a salvarse de la ira de la Muerte. Para ello implora a Putzi que acceda a entregar su alma para calmar la rabia de la furibunda y regordeta señora. Pero los ofrecimientos de lujuria y riquezas no despiertan la codicia del joven. Putzi sólo parece interesarse por el violín de Paganini, el Diablo, en la certeza de que poseyéndolo alcanzará el máximo virtuosismo musical, la cumbre del talento artístico y con ellos la suprema sabiduría. El pobre Diablo, apremiado por la situación, le entrega su violín a cambio de que Putzi firme el contrato entregando su alma.

Un breve intermezzo orquestal marca el paso del tiempo. Construido alrededor de la obra de Liszt San Francisco de Paul marchando sobre las olas, el intermedio anticipa  el nuevo y final giro que tomará la vida de Putzi.

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Escena 5:
                    El apartamento de Putzi en Roma. Han pasado varios años. La Muerte ingresa a la habitación, esta vez eufórica y enarbolando el contrato como trofeo. Finalmente ha conseguido el alma de Putzi y viene a reclamarla. La Vida, luego de constatar la veracidad del documento, canta con profunda tristeza su resignación. Satisfecha y radiante, la Muerte retoma su canto de victoria y convoca tenebrosamente a Putzi para llevarse su alma al Infierno. Se produce entonces un pavoroso silencio luego del cual una música celestial y una luz blanquísima bañan la entrada de la habitación por donde Putzi hace su ingreso vestido de abate de la Iglesia ante el asombro general. En el mismo instante, el Diablo irrumpe sonora y torpemente por el lado contrario, apremiado por dar explicaciones y aclarar a la Muerte que han tenido un  inesperado traspié: Putzi ha tomado las órdenes religiosas y ha salvado su alma a través de la fe. (Como se sabe, Franz Liszt se convirtió en abate en Roma hacia el final de sus días). Esto genera un pandemonium general, con la Muerte gritando furiosa, el Diablo tratando de disculparse, la Vida cantando su victoria final y Putzi su mística transformación. Pero, antes de dar por concluida la ópera, la Muerte, burlada por segunda vez, lanza entonces su última condena. Si no puede destruir el alma de Putzi entonces castigará su música: Liszt queda sentenciado a ser recordado por sus páginas más frívolas, condenando lo mejor de su música al olvido.

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