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Mañana, mañana, mañana.

 

Cada año uno hace una gran lista de propósitos: dietas, retos personales y más promesas que no intentas cumplir. Este año traté de no excederme en mis propósitos, sin embargo, fui seducida al lado oscuro de la fuerza y me prometí algo de lo más estúpido, lo cual prefiero no decirlo públicamente. Comenzó como un: HAY QUE CUIDAR EL MEDIO AMBIENTE, pero terminó como un reto entre dos personas. La verdad estoy arrepentida de mis pecados, y quiero decirles que eso de los propósitos de año nuevo no es más que una patraña que inventaron los padres para que recojas tu cuarto y te portes bien. La verdad yo si dije que este año me portaría peor y estaría más loca, espero que ustedes también. Además, si realmente quisieras cambiar lo harás cualquier época del año. El punto es que prometer cosas vale la pena solo cuando...vale la pena. La gente debería estar consiente de lo que dice (por cierto; ella te ama, siempre lo dice). Y despiertas con la esperanza de hacer lo que dejaste pendiente, pero te viene a la cabeza la frase: ¿Porqué hacer hoy lo que puedo hacer mañana?, y talvez tenga razón, pero si Eddie Vedder se hubiera tardado un poco más, una pequeña se habría suicidado.........