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¿Dónde se metió Erialeth?

Por Daniel Samper

Yo había oído acerca de colombianos de las nuevas generaciones que fueron bautizados por sus padres con nombres extranjeros similares a Usnavy (que traduce Armada de Estados Unidos) o Westinghouse (conocida marca de electrodomésticos).

Me pareció divertido, pero nunca lo tomé en serio. Ahora cuando buscaba otra cosa, he podido conocer las listas de inmigrantes a España y descubrí que, al lado de los nombrecitos que se han tomado por asalto la vida real, Usnavy y Westinghouse parecen personajes del Quijote.

De pura verdad: se está cometiendo un cataclismo con los onomásticos.

Influidos por la televisión y la prensa, mis compatriotas se han dedicado a nombrar a sus hijos y nietos con una ensalada de inventos angloides, nombres extranjeros mal copiados, ensamblajes de letras de apariencia foránea (X, Y, W,intermedia, K) e insólitos homenajes a figuras efímeras de reinados de belleza y el mundo del deporte. El resultado parece gracioso y lo es. Pero también es triste.

Un mal entendido afán modernista impulsa a estos despistados padres a castigar a sus pobres hijos con nombres absurdos que, a la postre, les complican la vida, los ridiculizan y atascan los computadores: si hubo que reducir en el alfabeto castellano la ll y la ch por mandato de la informática, imagínense los extravíos y dificultades que presentarán estos nombres de ortografía peculiarísima, caprichosa y variable. Una Y que le falte o le sobre a Yesmystania y dejará de figurar para siempre en el censo.

En esta y en la próxima columna de Postre de notas los lectores encontrarán una lista selecta de nombres que aparecen, lo juro sobre una sagrada Biblia, en pasaportes llegados a España.

Omito los apellidos por pura compasión y solidaridad, pero, para hacerse una idea de la cacofonía, basta con agregarles los más habituales en nuestro país: Rodríguez, Rojas, Velásquez, Pérez, Restrepo, Jaramillo, Montoya...

Señores: tomen asiento, échense la bendición y prepárense para el sacudón.

Nombres de mujeres:

Abelallis

Adaminelly

Arelix

Blondinet

British Irlanda (todo un mapa)

Clisliam Mireya

Cindi Yaniver

Danery Llybel

Daynelly

Degnis Alviriam

Dignacely

Disnei Yukilena

Divanilsen

Dulzaina (como llamarse oboe o violín)

Emileidy por una letra no es un depilador femenino: Epilady

Enerieth

Erialeth

Esnerancid

Excenelid (estoy seguro de que se vende en farmacias)

Farewel (como llamarse Hastaluego Smith)

Farvielly

Frani Yesenia

Freixenet (marca de una champaña)

Garden Doris

Greiz Dayana (ortografía tropical para una mezcla improbable en inglés)

Greizkeli (cruel homenaje a la difunta actriz)

Hailin Yasneidi

Hiades Mayleth

Hyvelly Lizet (candidata a extravío informático seguro)

Katleen Madwell

Keiti Merlyen

Lady Luvina (una sirena: mitad señora y mitad pez)

Langley Juliet

Lestergeny (¿producto de tocador?)

Lwindi Yarita

Lized Arelis

Maismelly (una golosina elástica)

Meiboldaly

Millerland

Melry Linch (nada menos que un homenaje a una multinacional de las finanzas)

Mishilari (para que vea la señora Clinton cómo la queremos)

Nay Exomina

Nedley Llybeth

Newbelly (literalmente, "nueva panza", en inglés)

Nivilidibed (podría haber sido un palíndromo: Debidilivin)

Salmomeba

Sileidi Johana

Solalderis

Solemny (se le alcanza a notar el castellano, cuidado)

Rodwelia (medio tocaya de ciertos perros feroces)

Tricci Jasbleidi

Velkis Jubeis

Yesmystania

Yninillil

Yudis Faisury

Yuleyby (padres aficionados a la Y)

Yosbelly

Yumy Yumy (¿Qué nombre habrán dejado para el perro?)

Edimerki y Doriangrei



Continuación...

En el Postre de Notas anterior publiqué algunos nombres completamente genuinos de mujeres que han llegado a España. Ahora conviene preguntarse con quiénes se casan las Dulfarys, las Eslendys, las Libisays.

Les voy a contestar.

En la siguiente lista aparecen nombres de contemporáneos. Léanlos y añorarán con nostalgia a los John Jairos y los Williams de la generación pasada.

Alterego (digno de cita con Freud)

Ardexon

Bressman

Davir Estiuar (con esta ortografía)

Dioseidi

Doriangrei (si Óscar Wilde viviera, no habría permitido que el personaje del famoso retrato se usara para golpear así a alguien)

Dubermay

Edimerki (homenaje a un ciclista europeo que nunca lo supo)

Elimec

Eisenjouer (¡Eijueldiablo!)

Espidy (sí, como Speedy González, el ratón de dibujos animados)

Exenover

Frankeinelty

Gislayner

Guiller Norvairon (menos mal es compuesto)

Haroleder (como don Harold, que era de apellido Eder)

Howard (pero, como es apelativo extranjero, le dicen por el segundo nombre: Navit***ith)

Jarley Estiven

Jhovainer

Jedhiar Nei (el irresistible encanto de las haches intermedias)

John Harvey

Kipler Fenerson

Parsifal (¡lo que puede un padre aficionado a la ópera!)

Quillerkid (en inglés, Niño Asesino)

Rasmilly

Resembrin

Seudix

Tiamefred

Venezolan

Wasminton

Willisford (dos marcas de automóvil distintas, una sola persona verdadera)

Wolkman (podría haber sido Hi Fi, o Equipodesonido, si el bebé hubiera sido un poco más grande)

Yilton

Yujad Alexis

Yuryin Albrin

Cuando un Yorbey y una Katyayani se casan, sus hijos pueden seguir la tradición onomástica de los padres. Así ha ocurrido. Estos son nombres auténticos de hermanos colombianos:

Erialeth, Obeida y Asmed; Deijenámor, Janna Gddrian y Evanyalist; Dornelly, Dorey, Darvy, Dedbie y Didier; Ayesha, Cemíramis, Paracelso y William Woosbaldo; Linder Say, Deinger Neguith, Holman Damunici, Zoranyi Esmeralda y Marza Danis; Percia, Essle Aminta, Jafeth, Sem, Livinton, Kennyietty y Kennedy.

No se rían. Asistimos a una devastación cultural. Una lengua no está compuesta solo de verbos, artículos, pronombres, conjunciones, proposiciones, adverbios y sustantivos comunes, sino también de sustantivos propios. De nombres. Pregúntenle a un novelista y les dirá hasta qué punto sufre un escritor para procurar a sus personajes nombres creíbles, reveladores, sonoros.

Al tolerar el estallido de Yorfadys, Excimireys, Jonjilmeres y demás, se está atentando contra la textura cultural, el espíritu, la estirpe y el casticismo de nuestra lengua.

Algunos países exigen que todo niño que se registre lleve un nombre propio de su idioma (antes, la Iglesia pedía un nombre del santoral, pero proliferaron los Ciriacos, Basilisas y Anastasias).

Se debería estudiar alguna medida para racionalizar los nombres que portarán esos niños que han de ser el futuro de la patria, gloria misión contra la cual conspira la onomástica extranjerizante.

La libertad de los padres no puede llegar hasta el punto de descargar sobre sus vástagos semejantes gracias.

Una cosa es nombrar un hijo, y otra es la afición a jugar con letras y palabras: que saquen crucigramas, hombre, o que aprendan Boggle, pero que no conspiren contra los indefensos muchachitos.

Así como les está prohibido a los taitas apuñalar la oreja de un hijo por razones religiosas, sin que eso se entienda como un atentado contra la libertad de la familia, también debería estarles prohibido apuñalar el patrimonio espiritual del guámbito con un Wasminton, una Idirley o una Mitzidiane.

Entre una pequeña restricción destinada a defender los nombres castellanos y el formidable atropello que se perpetra contra la tradición, la prosodia y la fonética de nuestros nombres, es menos grave aquella.



[Tomado de la revista Carrusel de El Tiempo.com]