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Secretos de Familia

Lo que dicen los evangelios apócrifos

por Beatriz Ontaneda Portal 

Investigación: Rose Marie Paz Wells

Revista "Somos" No. 733, Lima, Perú - Diciembre 23 del 2000 - Antes pensaba que la Biblia era un libro enorme que un día cayó del cielo por obra y gracia divina. Inmutable e incuestionable por siempre jamás. Las rencillas ideológicas y políticas al interior de "la palabra de Dios" simplemente no cabían en mi cerebro. Sin embargo, con el tiempo vi que este magnífico documento histórico que hoy conocemos como Biblia es el resultado de una serie de cortes y agregados realizados en los primeros siglos de la era cristiana. Antes de Constantino El Grande (siglo III d.C.), el cristianismo era un conglomerado de sectas que pugnaban entre sí, y cada cual tenía sus propios libros sagrados. Los grupos más fuertes prevalecieron y con ellos también sus evangelios. Por ejemplo, los escritos romanos se impusieron sobre los gnósticos, incluso derramando sangre. Por eso, hace 20 siglos alguien enterró los evangelios gnósticos de Felipe y de Tomás en Nag Hammadi, Egipto. Recién en 1945 fueron encontrados. ¿Por qué se los quería destruir? Pues porque otorgaban un sitial importante a la mujer, contradiciendo de esta forma la misoginia visceral del catolicismo. ¿Cómo es posible que la Santa Trinidad deje de lado a la figura femenina? Sólo después se añadió a la Virgen María, debido a que la gente no dejaba de venerar imágenes de diosas paganas. De la misma manera, todos los evangelios apócrifos han sido siempre tildados de profanos por la Iglesia Católica pero, paradójicamente, esta ha sacado de allí mucha información para su catequesis. Es el caso de la pelea entre Miguel y Luzbel, la cual no figura en la Biblia y sí en varios apócrifos como el Libro de Enoc. Tampoco la asunción de María está en ningún rincón de la Biblia. Fue extraída de los apócrifos, para variar. Y así muchas cosas. Veamos, por ejemplo, el caso de la sagrada familia.

María según los Apócrifos

El Libro de la natividad de María, el Evangelio de Pseudomateo y el Protoevangelío de Santiago son los apócrifos (de la misma época del nuevo testamento) en los cuales figura, detallada, la infancia de María. Siguiendo estas fuentes, la investigadora Rose Marie Paz manifiesta que el padre de María se llamaba Joaquin y era un importante ganadero de Israel. El nombre de su mamá era Ana. Ambos provenían de la tribu de Judá por tanto eran nobles. Vivían en Nazareth, que era donde habitaban los nazarenos, un grupo esenio muy conocido por hacer votos de no cortarse el pelo y realizar curas milagrosas. Es posible que Joaquín y Ana tuvieran alguna relación con los nazarenos. Este matrimonio ya no era tan joven y, sin embargo, no tenían hijos. Un día se le apareció un ángel (que significa mensajero) a Joaquín, comunicándole que su esposa daría a luz a una hija muy especial. Así fue como nació María. Al año de nacida se le organizó una fiesta con un gran banquete invitando a sacerdotes y escribas del Sanedrín, que era algo así como nuestro actual Congreso. Si Joaquín invitaba a tales personajes al cumpleaños de la niña María, definitivamente debía gozar de una buena posición en la sociedad. A los dos años la niña fue entregada al templo, según la promesa que hiciera su padre al ángel. María era pariente de Elizabeth, esposa del sumo sacerdote, de modo que todo quedaba en familia. Luego se cuenta que María era un dechado de virtudes naturales y sobrenaturales: era muy disciplinada en sus oraciones y sanaba a enfermos, entre otras cosas. Pero en la pubertad, María se vio obligada a dejar el templo debido a que pronto le vendría el período.

Por ello, el sumo sacerdote, aconsejado por otro ángel, decidió buscarle un esposo para que la cuidara. Así fue como se escogió a un anciano ebanista, honrado y viudo con 6 hijos. Él tendría que respetar sus votos de castidad. A regañadientes, José aceptó el veredicto del templo.

María, José y Jesús

Los apócrifos que dan luces sobre esta etapa de la vida de María son, además de los escritos ya mencionados anteriormente, la Historia de José el carpintero, El evangelio árabe y El evangelio armenio de la infancia y La caverna de los tesoros. Basándonos en estas fuentes, continuaremos con la historia. María, al conocer a Santiaguito, el hijo menor de José, se encariña con él y se convierte en su madre adoptiva. En el futuro, Santiago sería el único hermanastro con el que Jesús se llevaría bien. Un día que María sacaba agua del cántaro de una fuente, un ángel le dice que va a tener un hijo excepcional. Efectivamente, sale embarazada, pero sin tener contacto sexual, lo que la confunde. Cuando José se entera de que María está encinta, le pregunta a las doncellas de su esposa si alguien la visitaba, a lo cual ellas responden que sólo un ángel venía para darle de comer exóticos potajes. Entonces José se queda pensando con malicia.

Según Rose Marie Paz existen casos de mujeres que han salido embarazadas con sólo bañarse en ciertas lagunas, tal como sucede en la selva del Amazonas. A ese fenómeno se le llama partenogénesis y, señala ella, daba la casualidad que los esenios solían sumergirse en baños rituales. Quizá así fue como María quedó embarazada. Camino a Belén, ella da a luz prematuramente en una cueva, porque no había otro lugar para hacerlo. Se cuenta que en ese momento había ganado pastando afuera. Eso descarta que Jesús naciera en diciembre: el ganado sólo sale a pastar desde marzo hasta principios de noviembre. Además, recién con el emperador romano Justiniano, en el 354 d. C., fue instaurado el 25 de diciembre como fecha del nacimiento del mesías. Cabe añadir que en esa fecha, antes del advenimiento del cristianismo, se celebraba en Roma el día del nacimiento del Jamás Vencido, por ser el primer día del solsticio de invierno, coincidiendo con el último día de los satumales, que eran una suerte de carnavales romanos. De allí que los cristianos decidieron celebrar sus rituales en esas mismas fechas, porque durante esa época nadie los molestaba. Al nacer Jesús, tres magoi o sacerdotes persas llegaron donde el niño guiados por varias profecías como la conjunción Saturno-Júpiter en Piscis, mejor conocida como estrella de Belén. Los nombres de estos magoi, Melchor, Gaspar y Baltazar, no figuran en la Biblia canónica sino en los apócrifos. Igualmente, la imagen de los famosos nacimientos proviene del libro Pseudomateo: un establo donde Jesús descansa en un pesebre con un buey y un asno a cada lado. En la Biblia esa escena no existe. De otro lado, una de las parteras que atiende a María se convierte en nodriza de Jesús para toda la vida, al ser sanada. En él apócrifo José, el carpintero se cuenta que cuando Jesús tenía tres años, muere Herodes el grande. Esta es una manera de calcular el año en que nació el hijo de María, pues se sabe que Herodes murió el 4 a.C. Por tanto, Jesús nació el 7 a. C., señala Paz. Cabe agregar que Yeshua era un niño problema. En el Pseudomateo se relata que hacía unas figurillas de barro a las que después le insuflaba vida. El hijo de Anás (un escriba importante) lo regaña y entonces el niño Jesús le manda una maldición a su amiguito y este muere. Por eso, la sagrada familia tenía que estar constantemente viajando para huir de los vecinos.

Pero Jesús pronto aprendió a controlar esas energías y desde chico empezó a realizar curaciones milagrosas.También poseía dotes de liderazgo pues, según relatan los apócrifos, tenía una pandilla con la que jugaba a que él era el rey. Los investigadores que buscan conocer más sobre los personajes bíblicos, definitivamente no se ciñen sólo a la lectura de la Biblia, sino que la complementan con los evangelios apócrifos.

Selección de apócrifos publicada por Crépon

 

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