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Julio César Anderson

Artículo publicado en el Anuario Oficial de Municipal 1995-1996, pags 43 y 45.

UN GOL PARA EL RECUERDO, ANDERSON

Mucho se ha dicho de el universo de anécdotas que posee un jugador ya retirado. Son mundos de vivencias, que tardarán mucho en ser transmitidas de generación en generación. Muchos no tendrán esa suerte de poderlas contar y desaparecerán en el olvido.

Afortunadamente para los rojos, ese no es el caso de Julio César Anderson, porque este goleador vive en la memoria de cada rojo que existe en Guatemala, algunos tuvieron la dicha de verlo en acción. Los más jóvenes se tendrán que conformar con escuchar los relatos. Como dice el sabio refrán, para poder correr antes se debe caminar, y eso se apega a la vida de un futbolista, Julio no fue la excepción, tuvo que ser descubierto por una persona vinculada al Deportivo Suchitepéquez cuando corría el año de 1967, "yo empecé a patear la pelota desde muy pequeño. En realidad no era una pelota, cuando uno es pobre debe conformarse con patear cualquier cosa, pero lo importante es divertirse, mis amigos y yo lo hacíamos. Ya mayor pasé a formar parte del equipo el Esfuerzo de Retalhuleu, con ese equipo jugamos un amistoso contra los venados (Suchitepéquez), tuve la suerte de anotar un gol, y me dijeron que me querían llevar, acepté y firmé un contrato por dos años con ellos".

Era el nacimiento en la liga profesional de quien en pocos años se transformaría en un goleador y figura. Su primer contrato fue por Q 75, eso no importaba cuando lo que se quería era jugar al fútbol, "con ese contrato me sentía lleno totalmente. Después me di cuenta que tenía que vivir de realidades, de ese sueldo tenía que pagar, comida, hospedaje y alguien que se encargara de lavar mi ropa. Así que con esos gastos no me alcanzaba, pero en fin era mi meta jugar al futbol en la liga mayor y no me importaban los sacrificios. Al otro año me aumentaron y ya me sentía mejor, más motivado".

Cada esfuerzo tiene su premio y el del "Morocho", no tardó mucho en aparecer. Una visita a Mazatenango hacía presagiar que todo cambiaría para él. Era una cálida mañana del 1 de abril de 1969, un auto se estacionó, una persona bajó del mismo y tocó la puerta. Sin el menor titubeo, pidió hablar con el presidente de los venados. Fueron pocos minutos de charla, una oferta concreta fue el único tema a tratar, "cuanto me cuesta Julio César Anderson. Lo quiero comprar para Municipal, le digo más le doy Q3,OOO por él". La propuesta fue aceptada, y la misteriosa persona, Carlos Carrera, el presidente de Municipal en esa época.

El sueño de pasar a un equipo grande se cumplió y además de cumplirse le fue muy duradero, ya que estuvo en el equipo escarlata hasta 1977. Allí vivió sus momentos más felices y también algunos momentos tristes, "viví lo que tiene que vivir un jugador. Disfruté cada momento, tal vez porque sabía que esto algún día se tenía que terminar, pero mientras ese momento llegaba lo iba disfrutar al máximo. Momentos felices fueron muchos, como salir campeón de Concacaf en 1974, disputar la Copa lnteramericana con el lndependiente de Argentina, salir campeón nacional varias veces, pero también tuve satisfacciones personales. Fui campeán goleador en varias oportunidades 74-75-76. Son muchos los momentos felices, también está mi participación en México, con el Atlético Potosino. Momentos tristes fueron pocos, incluso ya no me recuerdo, el único que si será imposible olvidarlo, es el momento de mi retiro".

La participación en México, ¿fue positiva?

"Pensé que mis metas estaban cumplidas, jugar en la mayor, hacerlo con un equipo grande y jugar con la selección. El viaje a México no me lo esperaba, pero como todo reto lo enfenté como tenía que ser, con responsabilidad y sabiendo que representaba a mi país. No me fue mal, anoté goles que era para lo que me habían contratado. Me recuerdo que le anoté a León, Universidad de Guadalalara, Puebla, Toluca. Los demás no me recuerdo, precisamente al Toluca le anoté un gol que valió que la prensa hablara bien de mí. Fue un centro del "Chiquilín" Martínez, le decían así porque era enorme, parecía más basquetbolista que futbolista. Al centro le pegué coma venía y la clavé al ángulo".

Goles, comentarios positivos de la prensa, en síntesis fue una destacada participación en tierras mexicanas, pero se dio su regreso, para muchos inesperado, como para Luis Grull Prieto "no te tenés que ir pibe. Yo confié en vos y ahora te vas". En fin, la decisión estaba ya tomada, "la nostalgia fue lo que me trajo a mi país, pera también no soporté los comentarios de Mario Morantes y el "flaco" Rodríguez, como "chapín de mier.." "no te queremos acá hijo de p...", todo esto es difícil soportarlo cuando se está solo".

Estando en México vino la propuesta de Comunicaciones, querían comprar sus papeles, "antes de venir del Potosino, viajó don Raúl García Granados a México. Me quería comprar, yo no quise y le pedí tiempo para que yo comprara mis papeles. Cuando tuve el dinero los compré y entonces decidí regresarme a mi tierra. Cuando vine a Guatemala mejor preferí jugar con Aurora".

En su trayectoria hay mucho que contar, no se puede despedir sin contar las anécdotas. La más importante y que nunca olvidará, el Municipal del 74. Como él lo llama, "el equipo de ensueño", no olvida goles que anotó, compañeros que tuvo, técnicos que lo orientaron y en fin todo lo que rodea la vida de un futbolista. Fue su gran etapa, "me recuerdo de todo, pero en especial de un técnico, don Rubén Amorín. A él le tengo un lugar especial en mi corazón, me ensenó mucho y después me dio la oportunidad de estar en su cuerpo técnico. Recuerdo a mis campaneros perfectamente y para mí, sin menospreciar a nadie y tratando de no herir susceptibilidades, es la más completa de todos los tiempos, con Adrián Fernández, Armando Melgar, Carlos Monterroso, Lijón León, Leonardo McNish, Benjamín Monterroso, Miguel Angel Pérez, Miguel Angel Cobián, José Emilio Mitrovich, Raúl Benítez y Julio Anderson, con ellos ganamos todo, es por eso que no se puede olvidar nadie".

Es muy cierto, para que estas vivencias se le olviden a Julio César Anderson, es una misión imposible. Para recordarse están muchos periódicos, libros, plaquetas, medallas, trofeos.

Hay algo que no se podrá destruir nunca, el constante agradecimiento de la gente, que pese al tiempo transcurrido lo recuerda como el gran goleador rojo. Ese eco de los aplausos que le entregara la afición después de cada gol, todavía suenan en sus oídos, por eso, por cariño, y por tanto que hizo, Julio César Anderson es un símbolo de gol que no se olvidará nunca. No se puede olvidar al "Morocho" del gol.

Artículo publicado en el Anuario Oficial de Municipal 1995-1996, pags 43 y 45.