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Islam

                                                                      

Islam, religión monoteísta surgida en el siglo VII en la península Arábiga a partir de las enseñanzas de Mahoma, llamado el Profeta. En su acepción literal, la palabra árabe islam significa 'entregarse', pero el Corán establece su sentido religioso, 'sumisión' a la voluntad o a la ley de Dios. La persona que profesa y practica el islam es un musulmán (en árabe muslim, 'el que se somete a Dios'). Según el Corán, el islam es la religión universal y primordial. Incluso la propia naturaleza es musulmana ya que obedece las leyes que Dios ha establecido en ella. Para los seres humanos, que tienen libre albedrío, la práctica del islam no implica obediencia sino la libre aceptación de los mandatos divinos.
 


El musulmán es un seguidor de la revelación divina (recogida en el Corán) formulada por el profeta Mahoma, lo que le convierte en miembro de la comunidad islámica (umma). Para algunos autores basta dar testimonio y pronunciar la shahada (profesión de fe) que se expresa al afirmar “No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”. La fórmula es exclusiva. Ya que el propio Corán cita a los seguidores de Mahoma como “musulmanes” (Él os ha llamado musulmanes, Corán 22,78), estos se sienten ofendidos cuando son denominados “mahometanos”, en tanto que este término implicaría un culto personal que el islam prohíbe.

La población musulmana mundial se estima próxima a los mil millones de personas. El islam ha florecido en muy diversas regiones geográficas, culturales y étnicas. Los principales grupos étnicos que componen la comunidad musulmana engloban a los árabes (la mayor parte del norte de África y Oriente Próximo), pueblos turcos y otomanos (Turquía, regiones de la antigua Unión Soviética y Asia Central), iraníes, afganos, indo-musulmanes (Pakistán, India y Bangladesh), comunidades del Sureste asiático (Malaysia, Indonesia y Filipinas) y un pequeño porcentaje de chinos. En Europa, el islam es la segunda religión más profesada después del cristianismo.


Doctrina islámica

Las dos fuentes fundamentales de la doctrina y la práctica islámicas son el Corán y la Sunna o tradición, así como la conducta ejemplar del profeta Mahoma.
 

A. El Corán
 


Los musulmanes consideran el Corán como la palabra eterna e “increada” de Dios revelada a Mahoma por medio de Gabriel, el arcángel de la revelación. Creen que su autor es el mismo Dios, y no el Profeta, por lo que el Corán es inimitable e infalible. La palabra procede del árabe al-qur'an, 'la lectura' o 'la recitación'. Recoge las diferentes revelaciones de Alá a Mahoma durante los casi 20 años de su vida profética (612-632). Está dividido en 114 suras (capítulos) divididas en poco más de 6.200 aleyas (versículos). La sura más breve contiene sólo 3 versículos y la más amplia 286 versículos largos. Las 114 suras aparecen ordenadas en orden decreciente, con alguna ligera oscilación. Tanto investigadores islámicos como no islámicos coinciden en la integridad que sustancialmente ha mantenido el texto del Corán a lo largo de la historia.


 

B. La Sunna y el Hadit
 


La segunda fuente esencial del islam, la Sunna o ejemplo del Profeta, es conocida a través del Hadit, la recopilación de tradiciones basadas en los hechos y dichos del Profeta. A diferencia del Corán, que fue memorizado por muchos seguidores de Mahoma y que fue compilado en forma escrita muy pronto, la transmisión del Hadit fue en gran parte oral y las actuales colecciones autorizadas datan del siglo IX.

A diferencia del Corán, el Hadit no es considerado infalible. En el periodo islámico primitivo la infalibilidad del Profeta (aparte de las revelaciones del Corán) constituyó un punto de controversia. Pero más tarde el consenso de la comunidad islámica fue que tanto él como los profetas anteriores fueron infalibles. Debido a que el Hadit fue transmitido de forma oral, se admitió que la intervención humana pudo introducir errores durante dicho proceso, por lo que es una fuente secundaria respecto al Corán. Según algunas investigaciones no musulmanes, una gran parte del Hadit no procede en sí del ejemplo del Profeta, sino que recoge las opiniones de las primeras generaciones de musulmanes, opiniones que fueron después atribuidas a Mahoma. En determinados casos se habrían conservado sus declaraciones genuinas, aunque después se añadieran opiniones teológicas o legales expuestas por musulmanes.


 

C. Dios
 


El monoteísmo es una cuestión central para el islam, que admite la existencia de un solo Dios (llamado Alá), único y omnipotente. Rechaza el politeísmo, así como la extensión de la divinidad de Alá a alguna persona. Dios creó el hombre y la naturaleza a través de un primordial acto de misericordia, de lo contrario existiría la nada. Además, dotó a cada elemento de su creación de su propia naturaleza y de leyes que gobiernan su conducta . El resultado es un conjunto armónico y ordenado, un cosmos en el que cada cosa tiene su propio lugar y sus limitaciones, por lo que en la naturaleza no aparecen desequilibrios, trastornos o rupturas. Dios preside y gobierna el Universo, que con su ordenado funcionamiento es el signo y la prueba principal de la existencia de Dios y de su unidad. En el pasado pudo haber alteraciones del orden natural, en forma de milagros, pero aunque el Corán acepta los milagros de los profetas anteriores (Noé, Abraham, Moisés, Jesucristo y otros), los declara caducos; el milagro de Mahoma es el Corán, prodigio que ningún humano puede realizar o repetir.

Según el islam, Dios cumple cuatro funciones fundamentales respecto al Universo y a la humanidad en particular: creación, sustento, dirección y juicio. Dios, que creó el Universo por su absoluta misericordia, está obligado también a mantenerlo; toda la naturaleza ha sido subordinada a la humanidad, que puede explotarla y beneficiarse de ella. Sin embargo, el último objetivo de la humanidad consiste en existir al “servicio de Dios”, es decir, para adorarle sólo a Él y construir un orden social ético, justo y libre de corrupciones.


 

D. Ética
 


El Corán declara que “reformar la Tierra” es el ideal que debe guiar todo esfuerzo humano. La crítica básica que se hace de la humanidad en el Corán es que es demasiado orgullosa y demasiado insignificante, de miras estrechas y egoísta: “El hombre es por naturaleza timorato”, dice el Corán. “Cuando le acontece una desgracia sufre pánico, pero cuando experimenta sucesos afortunados no los comparte con los demás”. Este egoísmo motiva que los individuos estén tan sumergidos en la naturaleza terrenal que pierdan la visión de su Creador y que sólo cuando la naturaleza les falla, ellos, en su total frustración, vuelven a Dios. A consecuencia de su imperfección, las personas temen que la caridad y el sacrificio por los demás redunden en su propio empobrecimiento. Esto es, sin embargo, obra de Satán, ya que Dios promete prosperidad a cambio de practicar la generosidad con los pobres. El Corán insiste, por lo tanto, en que los individuos trasciendan sus defectos y se superen. Al hacerlo desarrollarán su carácter moral interior, que el Corán llama taqiyya (que suele traducirse como 'temor de Dios', pero que significa en realidad 'precaución, defensa ante el peligro'). Gracias a este don, los seres humanos pueden discernir el bien del mal y, sobre todo, evaluar sus propias acciones con objetividad, evitando engañarse, peligro al que siempre están expuestos. El valor real de las obras de una persona sólo se puede juzgar a través de su taqiyya, y la intención de los individuos debería ser el beneficio último de la humanidad, no los placeres inmediatos ni las ambiciones personales.


 

E. Profetas
 


Dios ha enviado profetas a la Tierra a causa de la debilidad moral de la humanidad, para enseñar tanto a los individuos como a los estados el correcto comportamiento moral y espiritual. Tras la creación y los medios de subsistencia, la misericordia de Dios se manifiesta en estos actos de orientación. Aunque el bien y el mal estén impresos en el corazón humano, la incapacidad o el rechazo de muchas personas a descifrar ese registro hace necesaria la dirección profética. Esta guía es universal: nadie en la Tierra ha sido despojado de ella. Adán fue el primer profeta; tras su expulsión del Jardín del Edén, su falta recibió el perdón de Dios (por esta razón el islam no acepta la doctrina del pecado original). Los mensajes de todos los profetas emanan de una misma fuente divina, las tablas de la revelación, la palabra de Dios desde el principio de los tiempos. También se le conoce como el Libro Celeste, trasmitido al profeta Mahoma por la intervención del arcángel Gabriel. Las religiones, por lo tanto, son en síntesis una, aunque adquieran diferentes formas institucionalizadas. Los profetas constituyen una unidad indivisible y se debe creer en todos ellos, ya que aceptar a unos y rechazar a otros equivale a negar la verdad divina. Todos los profetas son humanos; no participan de la divinidad, pero son los modelos más altos y valiosos para la humanidad. Sin embargo, algunos profetas se consideran superiores a otros, sobre todo por su constancia ante el sufrimiento. De esta forma, el Corán describe a Mahoma como el “primero de los humanos” (39,12), “enviado” de Alá (4,62) o “sello de los profetas” (33,40). Acatar sus enseñanzas es obedecer al propio Dios. Es, además, una inmensa manifestación de la misericordia divina respecto a los hombres, pues se considera el último mensajero de su voluntad. El versículo del Corán donde se interroga a los profetas humanos (93,7): “¿Acaso no te encontró extraviado y te guió?” exalta la primacía de Mahoma como profeta máximo del islam, aún cuando ha desencadenado diversos conflictos teológicos, sobre todo entre los shiíes, quienes parafrasean esta aleya como: “Un extraviado te ha encontrado y te ha guiado” (los suníes leen, en cambio: “No te encontró extraviado en un viaje y te guió”). De aquí procede la creencia islámica de que los profetas se extinguieron y acabaron con el Corán. El islam es la última y más perfecta revelación de Dios, y se impone a todas las anteriores.


 

F. El Juicio Final
 


Las acciones divinas de creación y dirección concluyen con el acto del Juicio Final. En este día en que la humanidad será reunida y todos los individuos serán juzgados tan sólo por sus hechos. Los “elegidos” irán al Jardín (el paraíso) y los “perdedores” irán al infierno, aunque Dios es misericordioso y perdonará a los que sean merecedores de ello. Además del Juicio Final, que afecta a los individuos, el Corán reconoce otra clase de juicio divino, que afecta a la historia de naciones, pueblos y comunidades. Las naciones, como los individuos, pueden estar corrompidas por la riqueza, el poder y el orgullo, y si no se reforman serán castigadas con la destrucción o sojuzgadas por pueblos más virtuosos. (Corán 39,67-75 y 22, 1-24.)
 

Islam y sociedad

El concepto islámico de sociedad es teocrático en tanto que el objetivo de todos los musulmanes es el “gobierno de Dios en la Tierra”. Sin embargo, ello no implica necesariamente la existencia de un régimen político confesional, aunque a veces las autoridades religiosas hayan tenido y tengan una considerable influencia política en determinadas sociedades musulmanas. La idea de un modelo de sociedad islámica se basa en la creencia de que todas las esferas de la vida —espiritual, ritual, política y económica— constituyen una unidad indivisible que debe estar imbuida por completo de los valores islámicos. Este ideal inspira conceptos tales como Derecho islámico y Estado islámico, y explica el acentuado énfasis del islam en la vida y en las obligaciones sociales. Incluso los deberes religiosos fundamentales establecidos en los cinco pilares tienen nítidas implicaciones en la vida de la comunidad.


A. La comunidad de los fieles

La base de la sociedad islámica es la comunidad de los fieles, que queda consolidada por el cumplimiento de las prácticas religiosas. Su misión es “infundir el bien y prohibir el mal” y, de este modo, reformar la Tierra. Sin embargo, la comunidad debe ser moderada y evitar todos los extremos. Durante la edad media las autoridades religiosas islámicas reivindicaron un grado de infalibilidad para el conjunto de la sociedad, pero la dominación colonial europea sobre los países musulmanes limitó en ocasiones esta visión. En el siglo XX algunos teóricos islámicos han presentado diversas concepciones sobre la sociedad musulmana deseable y propuestas de reforma respecto a los modelos tradicionales.


B. Educación

El sistema educativo contribuyó a los grandes progresos culturales del islam. Las universidades se fundaron como instituciones de enseñanza religiosa donde se formaban los “ulemas” o eruditos religiosos, los “cadíes” o jueces, los “muftíes” o intérpretes de la Ley y otros altos representantes y dignatarios religiosos. Estos funcionarios constituyeron una importante clase política, en especial en Turquía y la India, países donde ejercieron gran influencia en la vida pública. Sin embargo, durante el siglo XX los ulemas han perdido gran parte de su antigua influencia en numerosos países islámicos, sobre todo debido a que muchos musulmanes optan por recibir una educación occidental y no aceptan un sistema de gobierno religioso en sentido estricto.

En el siglo IX el califa Abdullah al-Mamun fundó una academia en Bagdad para el estudio de materias seculares y para la traducción de los textos científicos y filosóficos griegos. En el siglo X, en El Cairo, los califas de la dinastía Fatimí establecieron también una institución dedicada a la enseñanza secular, la Universidad al-Azhar, que sigue siendo uno de los centros más importantes de enseñanza del mundo islámico. Es habitual que gobernantes y musulmanes acomodados destinen fondos a estas investigaciones. Los eruditos islámicos medievales hicieron importantes aportaciones a la filosofía, la medicina, la astronomía, las matemáticas y las ciencias naturales. De hecho, desde el siglo IX hasta el siglo XIII la comunidad islámica fue la civilización más fértil del mundo en el ámbito de la cultura. Es muy de destacar el papel que los musulmanes de Al-Andalus desempeñaron en la edad media como transmisores de la ciencia y cultura clásicas y como creadores de aportaciones importantes en todos los campos del saber humano. Al-Andalus fue en esos días el centro cultural más notable de todo el orbe civilizado y desde aquí irradió la cultura al resto de Europa.

Entre otras famosas universidades islámicas, la Nizamiya, fundada en Bagdad en 1067 por el estadista iraní Nizam al-Mulk, impartía Teología, Derecho y Tradición Islámica, y tuvo entre sus colaboradores al famoso filósofo Algazel; la Mustansiriyah, fundada en 1234 en Bagdad, impartía Derecho Religioso y otras materias.
 

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