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ROSALÍA DE CASTRO
 

 NEGRA SOMBRA

A XUSTICIA POLA MAN



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

NEGRA SOMBRA 

 Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras:
i es o marmurio do río,
y es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.
 
 

A XUSTICIA POLA MAN

Aqués que tén fama de honrados na vila,
roubáronme tanta brancura que eu tiña;
botáronme estrume nas galas dun día,
a roupa de cote puñéronma en tiras.

Nin pedra deixaron en donde eu vivira;
sin lar, sin abrigo, moréi nas curtiñas;
ó raso cas lebres dormín nas campías;
meus fillos..., ¡meus anxos...!, que tanto eu quería,
¡morreron, morreron ca fame que tiñan!

Quedéi deshonrada, mucharonme a vida,
fixéronme un leito de toxos e silvas;
y en tanto, os raposos de sangre maldita,
tranquilos nun leito de rosas dormían.

Salvádeme, ou, xueces!- berréi...¡Tolería!
De min se mofaron, vendéume a xusticia.
-Bon Dios, axudaime- berréi, berréi inda...
Tan alto que estaba, bon Dios non me oíra.
 

Entonces, cal loba doente ou ferida,
dun salto con rabia pillei a fouciña,
rondei paseniño... ¡Ne as herbas sentían!
I a lúa escondíase, i a fera dormía
cos seus compañeiros en cama mullida.
 

Mireinos con calma, i as mans estendidas,
dun golpe, ¡dun soio!, deixéinos sin vida. 
I ó lado, contenta, senteime das vítimas, 
tranquila, esperando pola alba do día.
 

I estonces..., estonces cumpréuse a xusticia:

eu, neles; i as leises, na man que os ferira.

































 

NEGRA SOMBRA

Cuando pienso que te huyes,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome mofa.

Si imagino que te has ido,
en el mismo sol te asomas,
y eres la estrella que brilla
y eres el viento que sopla.

Si cantan, tú eres quien cantas;
si lloran, tu eres quien llora;
y eres murmullo del río
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí en mi misma moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me ensombras.

(NOTA: Traducción de Juan Ramón Jiménez)
 

LA JUSTICIA POR LA MANO

Aquellos que de honrados tienen fama en la villa,
ladrones me robaron las blancas ropas mías,
arrojáronme lodo sobre mis joyas ricas,
y de mis otras galas fueron haciendo tiras.

Ni una piedra dejaron donde vivido había;
sin hogar, sin abrigo, erré por la campiña,
al raso con las liebres dormí sobre las briznas,
y mis hijos, ¡ mis ángeles !, que tanto yo quería,
¡ murieron porque el hambre les arrancó la vida !

Y quedé deshonrada, marchitaron mis días,
diéronme triste lecho de abrojos y de espinas...
Y los zorros en tanto, los de sangre maldita,
en su cama de rosas descansados dormían.

-Jueces- grité-, salvadme, pero en vana porfía.
De mi ruego mofáronse, vendióme la justicia;
- ¡ Ayudadme, Dios mío! -grité desvanecida.
Mas Dios, tan alto estaba, que oirme no podía.

Entonces como loba rabiosa, o mal herida,
cogí la hoz acerada, de hoja cortante y fina,
rondé en torno despacio... ¡ ni las hierbas sentían !
Y la luna ocultábase, y la fiera dormía
al lado de los suyos, en su cama mullida.
 

Contempléles con calma, y la mano extendida,
de un golpe... ¡ de uno solo!, les arranqué la vida.
Y allí al lado, contenta, senteme de las víctimas
esperando serena que amaneciese el día.

Y entonces..., sólo entonces se cumplió la justicia...
Yo en ellos, y las leyes en mi mano homicida.

(NOTA: Traducción de Rosalía de Castro)