
Tatiana
Krahe
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España

Mi pecado

Si pecado es:
Amar... traspasando la raya de la cordura
y morar en la locura
abrazándome con tu pensamiento
y con tu nombre vistiéndome.
Arroparme con tus ganas
que con las mías se abrazan
quemarnos en el averno
y luego gozar al trepar al paraíso
con un te quiero en los labios.
Estoy pecando
Si pecado es:
Ser tu sombra allá donde tú vayas,
volar a lomos de ensueños,
acariciar con las puntas de mis dedos la ilusión,
sonreír eternamente a silencios que emborrachan,
regalarte los rezos de mis te quiero
y así hurtar de tus sentires tus te amo
llorando de alegría cuando te tengo.
Estoy pecando
Si todo esto fuera pecado
que sepas; amor de todos mis amores
Que, tú…solo tú ...
mi hombre soñado y ahora amado
eres mi gran pecado de amor.

Mujer de otoño

Mi cuerpo en otoño
reposa en languidez y tristeza
soy como la hoja
que suspendida en el aire
reposa su vuelo al fin
sobre la tierra
y hace que mis ojos se tornen
del color de la aceituna
en tiempo de recogida.
Mis lágrimas se embalsan
en las orillas de mi alma
anhelando la estación
del amor soñado
para convertirse en tu poesía.
Y codicio y ansío
ser el agua de tu tierra
y el aire
en tus callados campos
y que esas lágrimas en primavera
se conviertan en lluvia de risas
y salven todos tus sembrados.

Invoco a la noche

Habito en la noche
de tu clamor
y en el día
de tus suspiros,
en el vuelo de tus pensamientos
y en toda la inmensidad de
tu alma.
Resido en el río
de tus recuerdos
y navego por el mar azul
de tus palabras
hasta atracar, juntos los dos,
en el archipiélago
de nuestros sueños.
Te descubro en la isla
de mi cuerpo
donde resides,
te arropas
con mis sensaciones,
bebes de mis esencias
y te alimentas
de la paz de mi alma.
Ya no soy
esa sirena de tus sueños,
hoy me he convertido
en la princesa
del reino
de todos tus versos.

Como me duele perderte

Que tristeza siento en mi alma
cuando escucho tus silencios,
tus palabras se las llevó
en suspiros el viento
y en mí, dejó
la añoranza de esos días
llenos de ilusión
y sueños.
Que tristeza siento en mi cuerpo
sin tener tu besos calidos
sin tus susurros rezados,
sin sentir tus caricias de fuego
viajando palmo a palmo por el mapa
de mi entrega a ti
y sin poder ya, subir al paraíso
elevándonos hacia él,
muy unidos
en enamorados gemidos.
Que tristeza tengo…amor mío
¡ tejí tantos sueños !,
que me es difícil ahora
ir deshaciéndolos.
¿Sabes?
En cada uno que deshago
voy muriendo de congoja
y como una vela, me voy apagando
en silencio gritado.
¡ Como me duele perderte !
mi sueño amado.

Esa tarde

Esa tarde...
déjame, te lo ruego
que lentamente
perfile tus facciones
con pinceles de memoria
para guardarlas lacradas
y en secreto
en cada pliegue de mi alma
enamorada.
Permíteme,
empaquetar tu mirada
agasajando a la mía
mientras unos brazos vuelan
alrededor de mi talle,
y un beso calido y húmedo,
se escape de tus labios
para refugiarse ansioso
en los míos,
que con avidez,
lo ampara.
Consiénteme,
hilvanar mis manos a la tuyas
y nos paseemos juntos
por recuerdos;
mientras se cosen
olvidos a reproches
compresión a ausencias
y amor a tiempo compartido
que aunque ya sea pasado,
se aposenten en el corazón
como un tiempo
de bonanza.
Y al final de esa tarde
eternamente anhelada
una larga mirada aterciopelada
susurre a la otra, suavecito
lo que espera ella
escuchar en su alma
apenada.
Autor:
Tatiana Krahe
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