IV

 

IV. LA LENGUA

 

Criterios para su delimitación. Lengua

nacional, común, literaria. Lenguas

especiales. Lengua y dialecto

 

1.1. El tercer concepto fundamental que la lingüística tiene que aclarar es el concepto de lengua, ya que, en efecto, la realización de la “facultad del lenguaje” propia de los hombres no ocurre de modo uniforma, sino bajo numerosísimas formas históricas que  se llaman comúnmente lenguas.

 

1.2. Pero ¿qué quiere decir lengua? No queremos siquiera recordar el sentido morfológico (anatómico) de este término o sus numerosos sentidos figurados no concernientes al lenguaje, pues ya su empleo lingüístico, es decir, como designación de una forma del lenguaje, resulta variadísimo y nos plantea un arduo problema de definición. Se dice, por ejemplo, que tal o cual persona sabe “muchas lenguas”; pero se puede decir también: la lengua de Cervantes, la lengua de Montevideo, la lengua de Andalucía, la lengua e los marinos, la lengua española del Siglo de Oro, gramática de la lengua española, la lengua española desde los orígenes hasta nuestros días, etcétera, y en cada una de estas expresiones, el término tiene un sentido distinto: más amplio o más limitado, en el tiempo o en el espacio.

 

2.1. En realidad, como vimos, el concepto general de ‘lengua’, o mejor, la ‘lengua en general’ es una abstracción nuestra: de hecho, se comprueban sólo actos lingüísticos individuales más o menos semejantes y que, por comodidad metodológica, pueden considerarse idénticos. Una lengua no es, pues, sino el conjunto de los actos lingüísticos prácticamente idénticos de una comunidad de individuos, un sistema de isoglosas convencionalmente establecido, que abarca lo común de las expresiones de una comunidad, o también de un solo individuo en distintas épocas. Además de existir como conjunto de actos lingüísticos comunes concretamente expresados, la lengua existe también como  conjunto de actos lingüísticos comunes virtuales: en la conciencia de cada uno de nosotros existe la lengua como sistema, como modelo, y el mismo modelo existe también, aunque no en forma totalmente idéntica, en las demás personas que pertenecen a nuestra comunidad. Así, pues, los actos lingüísticos registrados en una comunidad son sólo más o menos comunes pero, para considerarlos desde el punto de vista científico, hacemos abstracción de los aspectos que los diferencian. Se trata de una abstracción perfectamente lícita y que se emplea en todas las ciencias que estudian fenómenos concretos: es, en esencia, análoga la abstracción que hace, por ejemplo, el botánico al estudiar el árbol, dejando a un lado todas las particularidades que pertenecen a los árboles individuales y no al árbol como clase. Resulta de lo dicho, además, que, desde el punto de vista puramente lingüístico, el límite entre las “lenguas” es convencional, como también lo es el límite entre los dialectos: depende de las isoglosas que se consideren, pues casi no hay isoglosas que coincidan exactamente en un determinado territorio.

 

2.2. La definición de la “lengua” como sistema de isoglosas justifica los varios empleos del término en los ejemplos que se han aducido más arriba. Así, por ejemplo, lengua española significa el sistema de isoglosas característico de los españoles y de todos los individuos que pertenecen a la comunidad lingüística española, es decir, cuyos actos lingüísticos son en máxima parte los comunes en España. La lengua de Montevideo es el sistema de isoglosas característico de esta ciudad, es decir, el conjunto de actos lingüísticos comunes a los montevideanos. La lengua de los marinos es el sistema de isoglosas característico del lenguaje técnico de los marinos, mientras que en la expresión gramática de la lengua española, el término lengua designa cierto sistema de isoglosas que se toma como modelo de expresión y comunicación hispánica, y en la frase la lengua española desde sus orígenes hasta nuestros días, el mismo término designa un sistema de isoglosas considerado en su desarrollo a través del tiempo, desde un sistema A (latín) hasta el sistema B (español actual). Además, el concepto de sistema de isoglosas nos permite emplear el término lengua de Cervantes es el sistema característico de isoglosas que se puede deducir de las obras de este escritor. En cada caso se trata, pues, de un “sistema de isoglosas”. Ésta es, por lo tanto, la definición más amplia y más exacta del término lengua.

 

2.3. Resulta más clara ahora la diferencia entre la lengua de los políglotos y la lengua de los lingüistas: mientras que el polígloto conoce prácticamente un determinado sistema de isoglosas, perteneciente a cierto momento histórico, al lingüista le interesan todos los sistemas de isoglosas que se pueden constituir sobre la base de un conjunto de actos lingüísticos, dentro del espacio y el tiempo, y todos los sistemas de isoglosas a que se pueden atribuir estos o aquellos actos lingüísticos. Así, por ejemplo, podemos considerar como sistema de isoglosas el habla particular de una localidad (Montevideo), o de más localidades (el español rioplatense), o de todas las formas que puede asumir el español, o de todos los idiomas neolatinos (considerados, en este caso, como formas actuales de la “lengua” latina), o de todos los idiomas indoeuropeos (considerados como formas actuales de la “lengua” indoeuropea). Desde luego, cada sistema de isoglosas abarca sólo los actos lingüísticos comunes en el conjunto considerado, y, por ello, cuanto más amplio es el sistema de isoglosas considerado en el espacio o en el tiempo, tanto menor es el número de isoglosas que lo constituyen, y viceversa. Así, por ejemplo, el sistema neolatino contiene menos isoglosas que el sistema español y más que el sistema indoeuropeo. Y, a su vez, el sistema español contiene menos isoglosas que el sistema rioplatense.

 

3.1. Sin embargo, hay que observar que los lingüistas no hablan comúnmente de una lengua latina actual(y menos aún de una lengua indoeuropea actual) sino desde un punto de vista teórico, mientras que prácticamente hablan de lenguas neolatinas o románicas y de lenguas indoeuropeas. Esto, porque, en la delimitación  usual de las “lenguas” como  conjuntos identificables y autónomos de tradiciones del hablar (lenguas históricas  o  idiomas), se tienen en cuenta, no sólo criterios estrictamente lingüísticos, sino también criterios históricos, políticos, culturales, etcétera. En efecto, es posible establecer con criterios puramente glotológicos el límite entre ciertas lenguas históricas, por ejemplo, entre el español y el vasco, ya que se trata de sistemas de isoglosas radicalmente diferentes. Pero no es igualmente fácil establecer el límite entre el español y el francés y el italiano, o entre el servio y el búlgaro.

 

3.2.  Un criterio usual, en casos como éstos, es el de la intercomprensión. Este criterio vale, por ejemplo, en el caso de las lenguas románicas (aunque no de todos sus dialectos), pues, comúnmente, un español no comprende a un francés, a un italiano o a un rumano; mas no vale siempre en el caso de las lenguas eslavas o germánicas (un esloveno entiende a un croata y un danés a un sueco, hablando cada uno su propio idioma), y menos aún en el caso de las lenguas semíticas, que presentan una notable homogeneidad). Y, a veces, este criterio no vale ni siquiera en el ámbito de la misma lengua histórica: así, por ejemplo, en el sistema italiano hay límite de comprensión entre ciertos dialectos, como lo hay también en el sistema alemán.

 

3.3. Otro criterio es el de la conciencia del hablante: determinados actos lingüísticos pertenecen a cierta lengua histórica si el hablante tiene la conciencia de hablar esa lengua, es decir, de que su habla pertenece a cierto sistema lingüístico. Es, éste, un criterio más seguro que el anterior, pero tampoco es universal, ya que hay casos en que esa conciencia falla o presenta ciertos límites. Así, por ejemplo, un campesino moldavo dirá que habla moldavo, y no rumano, y un campesino de la Macedonia yugoslava dirá que habla macedonio (o también servio, o búlgaro, según sus ideas políticas, según su instrucción, según la tradición de su familia), mientras que lingüísticamente es difícil reconocer la existencia de una “lengua moldava” y de una “lengua macedonia” como diferentes, respectivamente, del rumano y del búlgaro.

 

4.0. Por ello, en los trabajos de lingüística se habla a menudo, no de lenguas sino de dialectos y sistemas de dialectos, y a estos últimos se les da, si se quiere, el nombre de lenguas, aunque sus límites no coincidan en cada caso con los límites tradicionales, o políticos, o culturales.

 

4.1. Un dialecto es el sistema de isoglosas de una región, delimitado sobre la base de criterios puramente convencionales (aunque objetivos), es decir, teniendo en cuenta sólo ciertos fenómenos característicos. El número de los dialectos en un sistema de dialectos (“lengua”) puede, por tanto, variar según los fenómenos y las regiones que se consideren. Así, por ejemplo, en el sistema español se puede delimitar un número cualquiera de dialectos (castellano, andaluz, aragonés, etcétera), y dentro de los dialectos se pueden distinguir sistemas menores de isoglosas, llamados convencionalmente subdialectos o patois (hablas locales: toledano, cordobés, sevillano), con criterios puramente personales. Existe, sin embargo,, por lo menos para los sistemas suficientemente estudiados, una división tradicional, que se acepta comúnmente por comodidad metodológica y didáctica.

 

4.2.1. Pero ¿cómo establecemos los límites de un sistema de dialectos? A menudo son suficientes los criterios lingüísticos. Así, por ejemplo, consideramos como portuguesas, y no españolas, las hablas en que la f inicial del latín se conserva siempre (feito, falar, fogo,  frente a hecho, hablar, fuego), lat. ct se presenta comúnmente como it, y no como c (escrito ch: oito, direito, frente a ocho, derecho), cl, pl, latinos se presentan como s (sh) -escrito ch-, y no como l’ -escrito ll- (chave, chover, frente  a llave, llover), en que los grupos que contienen consonantes nasales presentan una nasalización vocálica (irmao, manha, frente a hermano, mañana), en que lat. li se presenta como l’ -escrito lh-, y no como kh -escrito j- (filho  frente a hijo), etcétera.

 

4.2.2. Pero a veces estos criterios no son suficientes. Así, por ejemplo, no hay ningún límite lingüístico neto entre los dialectos eslavos meridionales, desde Trieste hasta el Mar Negro. Se pueden oponer los dialectos eslovenos a dialectos lejanos, como los búlgaros, pro entre los dialectos cercanos la delimitación es prácticamente imposible, ya que se pasa gradualmente de uno a otro. En casos como éste, el lingüista tiene que aceptar criterios extraglotológicos, por ejemplo, criterios políticos o culturales. En efecto, el hecho de que en cierta región (o estado) se emplee cierta lengua común o literaria, o nacional, nos hace considerar los varios sistemas de isoglosas de la misma región como dialectos de esa lengua común, si entre los dialectos y la lengua común hay un número suficiente de isoglosas comunes, es decir, si entre esos dialectos y esa lengua común hay más semejanza intrínseca que entre los mismos y cualquier otra lengua común. Así, por ejemplo,, en Francia pueden considerarse como “franceses” los dialectos neolatinos, pero no el bretón,  que es céltico, ni el flamenco, que es germánico, ni el vasco, que no es ni siquiera indoeuropeo. En Inglaterra, consideramos como ingleses los dialectos que tienen muchas isoglosas comunes con el inglés nacional y literario, pero no el gaélico escocés ni el galés, que son célticos, no germánicos.

 

4.2.3.  Hay que advertir, sin embargo, que, lingüísticamente, los dialectos considerados no son dialectos de la lengua común sino de nombre, ya que, normalmente, no proceden de una división de esta lengua, de la que son más bien “hermanos” que “hijos”. En efecto, la lengua común no es en su origen sino un dialecto como los demás, de una región o de una ciudad, pero que, por motivos políticos, históricos o culturales (literarios), ha llegado a ser lengua nacional, o sea que se usa en todo el territorio considerado como lengua superdialectal, al lado de las hablas locales. Así, el español común es, en su origen, el dialecto castellano: el francés común es el dialecto de la región Île-de-France y, en particular, de la ciudad de París; el italiano común es el dialecto  toscano, y más precisamente, el florentino.. A pesar de esto,, al afirmarse como tal, la lengua común suele diferenciarse del dialecto del que surgió, del cual rechaza muchas veces las características demasiado locales, y se convierte en verdadera lengua nacional, por encima de todos los dialectos, a los que, por su prestigio, logra a veces eliminar por completo. Así, por ejemplo, la koiné griega (en su origen, el dialecto del Ática) eliminó con el tiempo a todos los demás dialectos griegos. En efecto,, según parece, ninguno de los dialectos griegos actuales (si se excluye el tsaconio) procede de los dialectos antiguos: todos representan desarrollos de la koiné helenística. Es decir que los dialectos griegos actuales son efectivamente dialectos surgidos de una lengua común (de la antigua koiné), pero de ninguna manera dialectos de la actual lengua griega común y literaria, todavía en formación.

 

4.3.0. A veces, de una única lengua “lingüística”, es decir, de un único sistema dialectal), surgen más lenguas comunes o nacionales, y otras veces a más sistemas dialectales corresponde una única lengua común. Vamos a dar algunos ejemplos  de ello. Tenemos lo primero en el caso del sistema lingüístico alemán y en el del eslavo meridional; lo segundo, en España, en Francia, y en Dinamarca y Noruega.

 

4.3.1. En efecto, lingüísticamente existe un sistema de dialectos alemanes opuesto, dentro del sistema de las lenguas germánicas, al frisón y al inglés, por un lado, y, por otro, al danés, sueco, noruego e islandés.  En este sistema se distinguen dos grupos: el bajo alemán (Niederdeutsch o Plattdeutsch) el alto alemán (Hochdeutsch) El Hochdeutsch se habla en Austria, en gran parte de Suiza y en la Alemania meridional; el Niederdeutsch, en la Alemania septentrional, en Holanda, en una parte de Bélgica y en algunas zonas de Francia (región de Calais). El alemán (y austríaco) común y literario (lo que se llama comúnmente “lengua alemana”) es una forma del Hochdeutsch, mientras que en Holanda es lengua literaria y común una forma del Niederdeutsch (es decir, del mismo sistema de la Alemania septentrional) y, precisamente, un dialecto bajo franconio: la “lengua holandesa” es, por tanto, lingüísticamente, un dialecto bajo alemán que, por razones políticas y culturales, ha alcanzado el prestigio de lengua literaria y nacional. Este mismo dialecto (las diferencias no son substanciales) no ha alcanzado todavía el estado de lengua común (a pesar de ser también lengua literaria) en Bélgica y en las zonas de Francia donde se habla, y donde, además, no se llama “holandés” sino flamenco. Por otra parte, se podría decir, en cierto sentido, que incluso el inglés es, en su origen, un dialecto bajo alemán (anglosajón) trasladado a Inglaterra.

 

4.3.2. En Yugoslavia se distinguen lingüísticamente tres grupos dialectales eslavos: el esloveno, el servio-croata y el macedonio (que se acerca más bien al búlgaro). El “status” de cada uno de estos grupos es distinto. En Eslovenia, existe un esloveno literario y común (en lo esencial, la lengua de Lubliana), por encima de los muchos dialectos locales. En las regiones servias y croatas, se distinguen lingüísticamente tres dialectos: stókavo, cakavo y kajkavo), de los cuales uno (el stókavo) constituye la base de la lengua común y literaria de los servios y de los croatas, a la que, por motivos de orgullo nacional, los croatas llaman “croata” (hrvatsky jezik) y los servios, “servio” (srpski jezik). Sin embargo, hay ciertas diferencias. Los croatas emplean el stókavo ijékavo, mientras que los servios emplean el stókavo ékavo. Por consiguiente, se puede decir que -por pocas diferencias fonéticas y algunas otras de vocabulario-, en el territorio servio-croata, hay dos lenguas literarias: la “servia” y la “croata”, surgidas, no sólo del mismo grupo dialectal, sino también del mismo dialecto. Se podrá, pues, decir que un individuo habla “servio” o “croata”, y no “servio-croata”, según emplee como lengua común la lengua literaria de Belgrado o la de Zagreb. Pero ¿las formas dialectales stokávicas serán servias o croatas? Para establecer esta distinción ya no vale el criterio lingüístico (de acuerdo con éste son simplemente “servio-croatas”) y hay que recurrir a la conciencia del hablante o a un criterio confesional e incluso a la escritura: se consideran croatas los católicos (y también los musulmanes), que emplean el alfabeto latino, y servios, los ortodoxos, que emplean el alfabeto cirílico. Todo esto, en lo que concierne al territorio stokávico. Se pueden, en cambio, llamar “croatas”, sin temor de equivocarse, los dialectos cákavo y kájkavo, ya que las poblaciones que los hablan son casi enteramente católicas. Es decir que los croatas hablan los dialectos kájkavo, stókavo  y cákavo y usan como lengua literaria el dialecto stókavo ijékavo (usado, como dialecto, también por ciertos servios, como los montenegrinos); los servios hablan el dialecto stókavo y usan como lengua literaria el dialecto stókavo ékavo de Belgrado.

 

4.3.3. Todavía menos definida es la posición del macedonio, que hasta hace pocos años existía sólo como grupo dialectal perteneciente, por muchos aspectos, al sistema lingüístico búlgaro. En la actualidad, sin embargo, con la constitución, en la Federación yugoslava, de una “República Macedonia”, se está formando  un macedonio común y literario, que, con el tiempo, podrá alcanzar prestigio de “lengua nacional”. Un caso en gran parte análogo lo encontramos en el sistema rumano. En el rumano se distinguen cuatro grupos dialectales: daco-rumano, macedo-rumano, megleno-rumano e istro-rumano. El rumano común y literario es una forma de daco-rumano, más bien valaca (especialmente, en el aspecto fonético). Pero en la República Soviética Moldava (creada con la anexión de la Besarabia a la URSS) no se ha aceptado esta lengua común y literaria, y se ha querido crear otra, sobre la base de la forma dialectal moldava. Por consiguiente, el moldavo, que desde el punto de vista lingüístico es nada más que un “subdialecto” rumano, es, o pretende ser, en la República Soviética Moldava, “lengua” literaria y nacional. Es decir que, mientras que los moldavos de la Moldavia rumana emplean como lengua común el rumano literario, los moldavos de la Unión Soviética tienen otra lengua común y literaria: una forma de su mismo patois local.

 

4.3.4. En Francia hay dos grupos dialectales neolatinos: los dialectos del norte, o “francés” propiamente dicho, y los dialectos del sur, llamados a veces “provenzales” (el término, en este caso, no es apropiado, ya que esos dialectos abarcan una zona mucho más extensa que la Provenza); grupos a los que, en la Edad Media, correspondían dos lenguas literarias o, mejor dicho, dos tipos de lenguas literarias: la langue d’oil y la langue d’oc. Actualmente, en cambio, no hay en Francia más que una sola lengua común y literaria, que el “francés” común (lo que se llama “lengua francesa”), o sea, prácticamente, el habla de Île-de-France (francien o “fráncico”), y particularmente de la ciudad de París. Emplean esta misma lengua también los franceses meridionales, quienes, por consiguiente, tienen una lengua común que pertenece a otro sistema dialectal y no al suyo propio. Y, a pesar del renacimiento literario que el provenzal tuvo en el siglo pasado con Mistral y el Félibrige, se puede decir que, hoy, los dialectos de la langue d’oc (provenzal y dialectos afines) son sólo sistemas de hablas locales y no constituyen una “lengua”. Más aún: el mismo francés se emplea como lengua común también por los bretones, que hablan dialectos célticos, por los flamencos del Pas-de-Calais, que hablan un dialecto germánico, y por los vascos de los Pirineos, cuyos dialectos pertenecen a un sistema de isoglosas aislado, preindoeuropeo.

 

4.3.5. Muy semejante a la del “provenzal” es la situación del catalán. En la península Ibérica tenemos tres grupos dialectales neolatinos: el ga’lego-portugués, el español y el catalán (que se extiende también a una zona de la Francia meridional y puede ser incluido en un sistema más amplio, catalán-provenzal). En Portugal existe una sola lengua común y literaria, el portugués, correspondiente a un único sistema dialectal; en España, en cambio, el “español” (castellano) es lengua común de poblaciones que hablan dialectos pertenecientes a tres sistemas neolatinos (gallegos, españoles propiamente dichos -es decir, asturianos, leoneses, castellanos, andaluces, aragoneses, etcétera-, catalanes) y a un sistema preindoeuropeo (vascos). Pero muchos catalanes emplean como lengua común y literaria el catalán. En este caso ¿qué es el catalán? ¿Un dialecto o una lengua? Los “castellanistas” dirán que es un “dialecto español”; los “catalanistas”, que es una “lengua”. Desde el punto de vista puramente lingüístico, ambas afirmaciones son aceptables: el catalán es un “dialecto” (sistema regional de isoglosas) y es “español” (puesto que se habla en España); pero  es también, si se quiere, una “lengua”, ya que “lengua” se llama, o se puede llamar, cualquier sistema de isoglosas. Según el criterio de la existencia de una lengua común y literaria, en cambio, el catalán se encuentra en el límite entre lengua y dialecto: en los momentos en que el catalán se acepta como lengua común y literaria de las regiones catalanas, se trata de una “lengua”; en los momentos en que el catalanismo decae, en que los catalanes usan como lengua común y literaria el español (castellano), el catalán es un grupo dialectal (aunque no un dialecto del sistema que se llama “español”, y menos aún del español común, que es en su origen el dialecto castellano). Y se podría decir también que el catalán es una lengua para los catalanes que lo emplean como lengua, y un dialecto, para los que lo emplean como dialecto.

 

4.3.6. En Noruega, finalmente, se hablan dialectos germánicos pertenecientes a un sistema bastante unitario, al que, desde el punto de vista sólo lingüístico, podemos llamar “lengua noruega”. Pero en el mismo territorio existen dos lenguas literarias y comunes, de las cuales una es una forma del danés. En efecto, por razones históricas (dependencia política), en Noruega se empleó por mucho tiempo, oficial y literariamente, el danés, que, poco modificado, constituye todavía la “lengua del reino” (riksmal). Pero en el último siglo se ha ido constituyendo, al lado del riksmal, una nueva lengua literaria y común, basada sobre dialectos locales: el landsmal, es decir “lengua el país”; por consiguiente, se puede decir que, en cierto sentido, también los noruegos se encuentran en la situación de los “provenzales” y catalanes, ya que por lo menos una de sus lenguas comunes no pertenece, en su origen, a su propio sistema dialectal. Y, de todos modos, lo que se llama comúnmente “lengua noruega”, no coincide con lo que el noruego es desde el punto de vista puramente lingüístico.

 

5.1. Más difícil es establecer los límites de una lengua en el tiempo. En cierto sentido, se puede decir que una lengua no surge y no desaparece en ningún momento preciso, sino que sólo se desarrolla o “evoluciona”: el latín no es, en este sentido, una “lengua muerta”, pues sigue viviendo en los idiomas neolatinos, bajo formas que se llaman gallego-portugués, español, catalán-provenzal, francés, italiano, reto-romance, rumano. Ha muerto, en cambio, el latín común y literario, puesto que ya no hay ninguna población que lo emplee como tal. Por ello se puede decir, convencionalmente, que el latín como tal acaba en los siglos V-VI, es decir, cuando se quiebra definitivamente la unidad de la lengua común en los países  románicos. Sin embargo, hasta la formación -si no definitiva, por lo menos muy avanzada- de las lenguas comunes y literarias (siglos XII-XIV), deberíamos hablar, no de lenguas románicas, sino de sistemas dialectales románicos. Pero, en el fondo, es asunto de convención y de comodidad terminológica.

 

5.2. En el mismo sentido se puede considerar el caso de los hablares hispanoamericanos. El argentino, por ejemplo, ¿es una lengua o un dialecto? Desde el punto de vista lingüístico, el problema es inesencial y vano, pues los dos términos son convencionales y muchas veces pueden ser sinónimos. En efecto, lingüísticamente se puede hablar de una "lengua argentina" y aun de una "lengua porteña"; el "argentino" es, lingüísticamente, un grupo dialectal, u una "lengua" (sistema de isoglosas), que forma parte de la lengua española, como sistema de dialectos españoles, que pertenece al sistema de isoglosas neolatino, etcétera. En cambio, desde el punto de vista extralingüístico, el "argentino" no existe como "lengua", ya que el español común sigue conservando su unidad; a pesar de las diferencias locales, el idioma oficial argentino sigue siendo el español -un español casi idéntico al de España (no obstante las diferencias de pronunciación)- y los escritores argentinos continúan escribiendo en español y considerando como modelo el "español castizo". Pero el argentino podría llegar a ser una "lengua" si se alejase notablemente de la unidad española, si el Estado argentino llegase a usar como lengua oficial el habla local y si los escritores argentinos se decidiesen a escribir en "argentino" y dejasen de escribir en español. Y es bueno observar que todo esto no tiene nada que ver con la existencia de una "raza" o de una "nacionalidad", que son conceptos, respectivamente, biológico y político, y no lingüísticos: puede existir una nacionalidad argentina sin que exista una lengua argentina, así como existe una nacionalidad suiza sin que exista una lengua suiza. Del mismo modo, existe una raza dinárica sin que exista una lengua "dinárica", y, viceversa, existe una lengua alemana sin que exista una raza alemana..

 

6.1. Como vemos, el significado del término lengua es muchas veces variado en el uso común, y depende de varios criterios más o menos aplicables, y, en último análisis, de convenciones. Por tanto, convencional, será bueno precisar el sentido que se le quiere dar cada vez que se lo emplea. Así, por ejemplo, en una obra gramatical, será oportuno precisar si el término lengua quiere decir sistema de  dialectos (o sea, si se trata del estudio científico de un sistema de isoglosas, con todos los eventuales sistemas menores que abarque) o simplemente lengua  común o literaria (es decir, si se trata de un único sistema de isoglosas, tomado como modelo). Y, para eliminar confusiones, se podría, por ejemplo, evitar en ciertos casos el término lengua en los estudios lingüísticos, diciendo, por ejemplo, gramática española o gramática del español, si se trata de una gramática de todos los dialectos españoles, y gramática de la lengua española, si se trata de una gramática del español común, lengua oficial, nacional y literaria. Ésta, a su vez, no sería sino una convención, que habría que justificar y precisar.

 

6.2.0. De todos modos, sería una convención oportuna, ya que, en la lingüística, el término lengua presenta también muchos empleos específicos, como en las expresiones: lenguas especiales, lenguas artificiales, lenguas criollas, lenguas francas, etcétera.

 

6.2.1. Se llaman lenguas especiales las hablas características de grupos sociales o profesionales, como también los lenguajes técnicos (por ejemplo, la lengua de los marinos, la lengua de los pescadores, la lengua de los estudiantes, la lengua de los ingenieros, la lengua de los obreros metalúrgicos, etcétera), que existen, al lado de los dialectos y de las lenguas comunes, como  formas especiales de éstas, y que a menudo se llaman también argots, aunque este término se reserve por muchos para las hablas  de los malhechores, y, en general, para los sistemas lingüísticos empleados, en el marco de la misma lengua común, con el propósito de que resulten incomprensibles a los que no pertenecen a una determinada comunidad, o sea, como lenguas secretas.

 

6.2.2. Lenguas artificiales son los sistemas lingüísticos construidos por uno o más individuos, sobre la base de lenguas históricamente existentes, con el propósito de una difusión internacional, por encima de los idiomas nacionales. Tales son, por ejemplo, el esperanto, el ido, el volapûk, la interlingua, el basic english, etcétera.

 

6.2.3. Las lenguas criollas son lenguas comunes insuficientemente aprendidas por poblaciones indígenas, especialmente en territorios de colonización, y que conservan formas, palabras y construcciones de las lenguas a que sustituyen (por ejemplo, el francés de los negros de Haití, especialmente de las clases inferiores; el portugués usado por ciertas poblaciones africanas, etcétera).

 

6.2.4. Las lenguas francas son hablas que pueden pertenecer o no a una comunidad, como dialecto o como lengua nacional, pero que se usan por poblaciones de distintas nacionalidades y lenguas, especialmente en sus relaciones comerciales y en otras relaciones con extranjeros; así, por ejemplo, el suaheli, una lengua natu, se emplea como lengua franca en el África centro-oriental; el pidgin-english (que tiene también características de lengua criolla, siendo un inglés con fonética y construcción en gran parte chinas), se emplea como lengua franca en el Asia sudoriental, etcétera.

 

6.2.5. Son, todas estas lenguas, sistemas que interesan sólo limitadamente a las lingüísticas particulares (concernientes a "familias" de lenguas) y a la lingüística histórica (ya que a menudo permanecen fuera del desarrollo normal de las lenguas, o presentan desarrollos peculiares), pero que pueden proporcionar útiles sugerencias y ejemplos a la lingüística general. De todos modos, también en estos casos vale la definición de lengua como sistema de isoglosas.

 

 

 

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