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La fiesta brava, surrealismo puro, ¡y qué bueno!

 

 

Seguramente teniendo en mente la pintura taurina de los surrealistas Dalí y Picasso, cuyos "toros", sobre todo, hicieron época, así como la celebración de una corrida surrealista en la que según él lo recuerda, la organizó Dalí, creando ternos y todo y en la cual, afirma, entre otras cosas, que a un toro lo arrastraron, bueno, se lo llevaron al destazadero en helicóptero, mi muy querido Enrique Loubet Jr. me pidió que profundizara el tema.

 

Ello, a causa de la impresión recibida al leer, en la pégina del libraco en donde está surrealismo, lo de: "esfuerzo por sobrepasar lo real por medio de lo imaginario y lo irracional".

 

Y es que, aun cuando la fiesta de los toros tiene elementos suficientes para encuadrarla también con todos los honores en otros movimientos similares, no cabe duda que tql vez sea el surrealismo algo en lo cual mejor encaje.

 

Porque, si partimos de la definición de surrealismo, de inmediato brotan elementos sin fin, pues la fiesta brava, en muchos aspectos sobrepasa lo real mediante lo imaginario o irracional.

 

¿Puede haber, por ejemplo, algo más irracional que tratar de someter a un toro fiero y, de pasadita, si se puede, crear arte sin más armas que la técnica, el sentimiento y el valor, en un quehacer en el cual además el torero está poniendo a cada insatante la vida en juego?

 

Para colmo de lo irracional, puede darse el caso, como sucede una casi infinita cantidad de veces, que todo lo hecho, a pesar de su enorme mérito intrínseco, es insuficiente para complecer a los aficionados a presenciar tal demostración y para conseguir pasar a la historia del torero como una figura.

 

Y no se diga que la fiesta de los toros no cumple con creer aquello de sobrepasar lo real por medio de imaginario, pues, por ejemplo, lo que para algún miembro de una sociedad protectora de animales es solo una agresión y una verdadera salvajada cometida a un "indefenso" ser viviente, en le caso del amante de la fiesta brava se convierte en muchos momentos en algo parecido a lo que debe sentirse cuando se está en la gloria, al ver cómo un torero realiza algo que, en realidad, sobrepasa lo real, por medio de lo imaginario y lo irracional.

 

Tan imaginario y ta irracional como que, según algunos, los detractores de la fiesta de toros, todo el asunto no tiene el menor mérito.

 

Y, por si fuera poco, si incluimos solamente a los sí amantes de la fiesta brava, muchos consideran una hermosa labor taurina como algo casi imposible de que hubiera podido ser realizado y son capaces de convertir a la espada en un ídolo, en un héroe comprable con el Cid Campeador y gente así, y son cpaces también hasta de romperse la cara con el vecino de localidad por que no coincide con lo que consideran que ha ido más allá de la realidad visible y palpable.

 

Pero otros , en cambio, aunque también amantes de la fiesta brava, ante la misma desmostración de arte, juran que nada tiene que hacer lo ejecutado por el torero en cuestión si se le compara con lo que hacían antes los espadas en los ruedos.

 

Además, claro, ha habido en la historia toreros que podían ingresar con todos los honores a esa selecta lista en al que están Rimbaud, Apollinare, Kafka, Breton, Aragon, Eluard, García Lorca, Alberti, Alexander, Chirico, Picasso, Miró, Dalí, Ernst, Klee, Arp, Tanguy, Magritte,Giacometti y, aquí en México,Alberto Gironella.

 

Y es que, para sólo mencionar algunos cuantos casos, en la fiesta brava tenemos a un Carlos Málaga el "Sol", venezolano que se botó la puntada de que, en vez de hacer el paseíllo como normalmente, surgiendo del patio de cuadrillas, lo hizo luego de haberse lanzado al ruedo en un paracaídas.

 

O, mexicanos, a Rodolfo Rodríguez el "pana", cuya imaginación para vivir en el surrealismo, podría haber sido envidiada por Kafka.

 

Y no se diga de Gorge de Jesús Gleason el "Gilson", otro amo del surrealismo puro y, como el "pana" , también una cantidad de seguidores, taurinos y no taurinos, tan impresionante como la correspondiente a cualquiera de los grandes del surrealismo en otros ámbitos y, además, igual que estos últimos, con una cantidad de detractores enorme.

 

Ahora, ya un poco más en serio, en un artículo sobre el surrealismo en la fiesta de los toros, no debe faltar una mensión especial para un artista que hasta una famosa tauromaquia pictórica tiene entre sus obras y un hombre, ya mencionado que está entre los pintores de más fama en el movimiento surrealista mundial, Alberto Gironella.

 

Además, parafraseando al eximio León Felipe, por cierto tío del Ciclón Mexicano Carlos Arruza y porta que, preguntado alguna vez sobre si creia en la existencia de extraterrestres, dijo que sí, pues nada más había que ver a cualquiera taurino, concluiremos este artículo apuntando que , por si alguien duda de la existencia de surrealistas, que vea nada más a cualquier taurino, porque, ¡caray!, somos surrealismo puro, ¿o no ?.

 

Así que, por otra parte, con la fiesta brava como es, o sea, surrealismo puro, ¡y que bueno!,¿para que queremos los taurinos a Picasso, Dalí y compañía?.

 

 

 

 

 

 

 

Alfonso López , La fiesta brava...

Revista de Revistas, Exelsior

año 1996 , No 4443 ,pp 36 y 37