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AQUELLOS AÑOS DEL SURREALISMO

 

 

André Breton que pasó a la historia de los movimientos ideológicos de este siglo , como uno de los promotores del así llamado surrealismo que viene a ser una corriente que trasciende en el ámbito mundial durante la década de los años veinte , y llega aún vigorosa en los años 30 y 40.Se puede decir , pues, que el surrealismo surge y se desarroya durante la etapa llamada entre guerras ,osea entre la etapa del final de la Primera Gran Guerra (1914-1918) y la Segunada Guerra Mundial (1939-1945),como una consecuencia lógica y dialéctica de un proceso de transformación social derivado de una contienda bélica , la guerra europea ,Primera Guerra Mundial , en donde el grueso de la generación de jóvenes europeos va a ser sacrificada inícuamente en una configuración donde campeaban los intereses políticos y económicos de las grandes potencias capitalistas. Los años veinte, años inmediatos de la posguerra van a ser el escenario obligados de muchos cambios en todos los órdenes de la vida y en la conformación de la humanidad de acuerdo con los requerimentos del siglo XX ,que por ese entonces empezaba a cobrar su verdadera identidad ,su verdadera fisionomía.Así, en ese lapso se llevarían a cabo muchos cambios sociales en todos los órdenes , en el intento de definir y lograr un nuevo código de conducta moral através de la literatura , de la filosofía, del arte, de la pintura, del cine que cobra importancia especial.

 

Se puede decir, sin embrago, que en ese entonces se sucita toda una crisis de la conciencia europea. El clima intelectual y cultural de la posguerra fermentaría en una verdaera cultura del pesimismo, en una honda y desesperanzada desilución, agudamente sentida por una minoría significativa e influyente de intelectuales, respecto a la cultura occidental, respecto a los valores que la inspiraban y respecto al tipo de sociedad que esa cultura había generado.

 

La llamada Gran Guerra de 1914 a 1918 con su cauda de 16 millones de muertos y otros 20 millones de heridos y mutilados, destruyó la confianza casi incuestionada que los europeos habían tenido hasta entonces en su propia civilización. Además, la contienda transformó el mapa de Europa y erosionó irreversiblemente la hegemonía de esa porción del mundo.

 

A todos esos efectos, pues, Europa, la vieja Europa, el faro de luz de la humanidad, había entrado en una nueva fase histórica y uno de los rasgos de la misma fue precisamnte que esa transformación se interpretara -en ciertos medios intelectuales- como una crisis de cultura y de civilización.

 

Sin duda, el libro que mejor expresó esa idea de crisis fue "La decadencia de Occidente" , de Oswald Spengler (1880-1936), cuyo primer volumen apareció antes incluso de que terminara la guerra, en le verano de 1918 y del que se vendieron miles de ejemplares en los más variados idiomas.

 

La mejor literatura de la década de la posguerra se obsesionaba, por tanto, con la idea de una Europa enferma y en decadencia. Al horror de la guerra -cuya memoria negativa se perpetuaría en libros como "Sin novedad en el frente", de Erich Maria Remarque; "Adios a las armas", de Ernest Hemingway; "El fuego", de Henri Barbusse, publicadas hacia el año 1929- , siguió la desilución de los acontesimientos de 1917 a 1920 tales como revoluciones fallidas o traicionadas, oleadas de huelgas, movimientos fascistas y nazistas, paros, etecétera.

 

Era la desilución generada por la impresión generalizada de que el esfuerzo colectivo de la guerra no había servido para cambiar la realidad de las cosas. Esa desilución estaba latente, por ejemplo, en las páginas de "La rebelión en el desierto" (1927), el libro que T.E Lawrence narró su fascinante aventura bélica en Oriente Medio, un esfuerzo en el que Ortega y Gasset vio la acción de los tiempos modernos que más justamente podía merecer el nombre de gesta

 

Y, así tenemos que el surrealismo surgido hacia 1920-23 como una derivación tardía del dadaísmo va a sentar sus reales en los medios intelectuales de la época. El surrealismo fue quizá el movimiento intelectual internacional más influyente de la posguerra. Encabezado por André Bretón (1896-1966), y con los poetas Louis Aragón y Paul Eluard, los pintores Gabriel Miró, Ives Tanguy, René Magritte, Delvaux y Salvador Dalí y el cineasta Luis Buñuel como militantes más caracterizados,el surrealismo quiso explorar las posibilidades liberadoras y revolucionarias -en el arte y en la vida misma- del subconsiente de las fuerzas aparentemente oscuras, y desde luego olvidadas, de lo irracional y lo alucinatorio.

 

El resultado fue una producción literaria y artística apuntada en numerosos manifiestos y textos teóricos, provocadora y escandalosa que pareció justificar la voluntad política revolucionaria de algunos de algunos surrealistas; unos cuantos de ellos, cuya militancia socialista era conocida, concebían su actividad artística como parte de una acción disolvente más extensa y profunda contra el orden social, moral y político de la civilización europea.

 

Hay, ciertamente, una relación estrecha del surrealismo con México. Se inicia, precisamente en los años 20, cuando algunos de los miembros del recien fundado grupo, en su mayoría parisino, integran piezas prehispánicas a sus colecciones de arte exótico. André Breton viene a México en 1938, y encuentra variados puntos de interés. Su prescencia resulta polémica, y en cierto sentido la sigue siendo. Las circunstancias prevalecientes en el momento de su llegada -a nivel político y cultural- complican la visión que de él se tuvo entonces, la que se tiene aún en buena medida. La situación es en ese entonces muy conflictiva, como pudo ser el resentimiento aún vigente, causado por su visita a Trostky, la falta de comprensión real y profunda de los postulados y significación del surrealismo por parte de los intelectuales de ese tiempo y de hoy, ya que exepto Octavio Paz, hacen de esa visita un hecho confuso, mal comprendido que, por lo mismo, despertó y sigue despertando desconfianza.

 

Pero, pasando por encima de esa ola de fanatismo y de malentendidos, ahora ya anacrónicos, existen los testimonios de la pasión, de la fasinación, del interés de André Breton por México y por lo mexicano, por su cultura y por sus testimonios históricos, de nuestro arte, de nuestra historia.

 

Admira y comenta la obra de Frida Kahlo y de Rufino Tamayo, porque constituyen auténticos testimonios del sentido de la mexicanidad, tanto en su forma como en sus antecedentes. Destaca en la obra de Tamayo la magia y el manejo del color que denota un "fondo de sonoridad extrañamente grave que evoca las armonías de los códigos precolombinos..."

 

Subraya sobre todo, en ambos pintores, la independencia de expresión de cualquier tipo de doctrina política. De esta manera, Breton resalta los casos específicos en los que se refiere a pintores mexicanos, los lineamientos propuestos en "Por un arte revolucionario e independiente", propuesta también conocida como "Manifiesto de Coyoacán".

 

 

 

 

 

Manuel Lopez de la Parra, Aquellos años del surrealismo

Revista de Revistas,publicacion de Excelsior

año 1996 . No. 4443 . pp . 24 y 25