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El segundo descubrimiento de América de Eduardo Galeano |
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Para Pedro Arispe, la patria no significa nada. La patria era el lugar donde él había nacido, que lo mismo le daba porque nadie lo había consultado, y era el lugar donde él se deslomaba trabajando de peón para un frigorífico, que también le daba lo mismo un patrón que otro cualquiera en cualquier otra geografía. Pero cuando el fútbol uruguayo ganó en Francia la Olimpíada de 1924, Arispe era uno de los jugadores triunfantes; y mientras miraba la bandera nacional que se alzaba lentamente en el mástil de honor, con el sol arriba y las cuatro barras celestes, en el centro de todas las banderas y más alta que todas, Arispe sintió que se le rompía el pecho. Cuatro años después, Uruguay ganó la Olimpíada de Holanda. Y un dirigente uruguayo, Atilio Narancio, que en el 24 había hipotecado su casa para pagar los pasajes de los jugadores, comentó: -Ya no somos más aquel pequeño punto en el mapa del mundo. La camiseta celeste era la prueba de la existencia de la nación, el Uruguay no era un error, el fútbol había arrancado a este minúsculo país de las sombras del anonimato universal. |
Los autores de aquellos milagros del 24 y el 28 eran obreros y bohemios que no recibían del fútbol nada más que la pura felicidad de jugar. Pedro Arispe era obrero de la carne. José Nasazzi cortaba piedras de mármol. Perucho Petrone era verdulero. Pedro Cea, repartidor de hielo. José Leandro Andrade, musiquero de Carnaval y lustrabotas.Todos tenían veinte años, o poco más, aunque en las fotos parecen señores mayores. Se curaban las patadas con agua y sal, paños de vinagre y unos cuantos vasos de vino. En 1924, llegaron a Europa con pasajes de tercera y allás viajaron de prestado, en vagones de segunda, durmiendo en asientos de madera y obligados a disputar un partido tras otro a cambio del techo y la comida. Camino de la Olimpíada de París, disputaron en España nueve partidos y ganaron los nueve. Era la primera vez que un equipo latinoamericano jugaba en Europa. Uruguay enfrentaba a Yugoslavia en su partido inicial. Los yugoslavos enviaron espías a la práctica. Los uruguayos se dieron cuenta, y se entrenaron pegando patadas al suelo, tirando la pelota a las nubes, tropezando a cada paso y chocándose entre sí. sigue F |