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El aseo, lo mismo que la buena alimentación, influye en la salud, tanto del perro como de los humanos que conviven con él. . |






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A partir de los dos meses de edad del cachorro podemos comenzar con las rutinas de higiene, frotando diariamente el pelaje con un paño o bayeta, para que se vaya acostumbrando al cepillado que vendrá después, cuando tenga tres o cuatro meses de edad.
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No hay unanimidad en cuanto a la frecuencia ideal del baño del perro adulto: hay quien sostiene que lo indicado es una vez por mes, mientras otros opinan que es suficiente un baño cada tres meses o cuando se hayan ensuciado mucho. Con el momento del primer baño sucede lo mismo: mientras algunos empiezan a bañar a los cachorros justo después de su vacunación preventiva, alrededor de los tres meses, otros prefieren esperar hasta los seis.
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Lo ideal sería adoptar el uso regular del cepillo y la pasta de dientes, siempre específicamente formulada para perros. Si el perro no se deja, se le debería acostumbrar a que, al menos, se deje limpiar con agua y un paño. La revisión periódica de la dentadura e incluso las limpiezas dentales efectuadas por el especialista a base de ultrasonidos u otros sistemas indoloros son imprescindibles para conservar la dentadura del animal en óptimo estado hasta su vejez. La dejadez y el abandono puede provocar la pérdida de los dientes, a causa por odontalgias y gingivitis provocadas precisamente por la acumulación de sarro. |
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Si las uñas no se desgastan en el pavimento por ser éste demasiado liso será necesario cortarlas con mucho cuidado de no dañar las venillas que la s recorren. Si el perro se deja, también se pueden limar. Los espolones son generalmente los que padecen este problema, al estar demasiado altos, y es preciso recortarlos cada cierto tiempo para evitar que se claven produciendo heridas o se enreden en el collar.
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