Lo que también parece haber ocurrido es que con Matlapa se le ha restado al DIF la hegemonía que tenía en la atención a los niños en situación de calle, por lo menos desde una perspectiva federal.
Desde otro plano, la situación anterior parece ser meramente un ejemplo
de un fenómeno más grave y generalizado: la escasez de recursos
apropiados para el sostenimiento de los programas de ONGs, además de
que se ha visto agravada por la incursión de fundaciones como Vamos
México - que ha provocando que recursos privados que anteriormente se
dirigían a las ONGs sean canalizados a este tipo de iniciativas- las
coloca cercanas a nuevas formas de clientelismo político a través
de fondos públicos que transfieren a las ONGs cargas burocráticas
que nada tiene que ver con la transparencia y la rendición de cuentas
y que – contrario a las aspiraciones más vigentes, dan la impresión
de debilitar el tejido social.
Esto, junto con otros factores que en otro momento podremos reflexionar,explica
en parte la escasa participación de ONGs que trabajan a favor de la
infancia dentro de espacios que tendrían relevancia para promover los
derechos humanos de niñas y niños mexicanos
Dos de esos espacios muy relacionados entre
sí, de los que vale la pena
hablar, son por un lado las mesas instaladas este año dentro de la Secretaría
de Gobernación dirigidas a crear la agenda de derechos humanos y, por
otro, el proceso de diagnóstico de los derechos humanos en México.
Dentro de las mesas instaladas como parte del “Diálogo Nacional
sobre Derechos Humanos para la Elaboración de una Agenda de Acciones
Inmediatas del Gobierno Federal, en el Marco del Acuerdo Político para
el Desarrollo Naciona
l”, existe una relacionada con los temas de infancia
que tuvo una primer reunión en el mes de mayo. En una reunión
previa el área responsable de este proceso dentro de la Secretaría
de Gobernación había presentado un documento que incluye algunos
temas iniciales de agenda de derechos humanos, con un capítulo sobre
infancia, que en teoría recoge los aportes de un proceso similar que
durante 2002 se realizó dentro de la Secretaría de Relaciones
Exteriores.
Sin embargo, para algunas de las propias ONGs que participaron en las mesas
citadas, los temas incluidos en la agenda se ven alejados de las prioridades
tratadas durante 2002. En efecto, una lectura de los temas incluidos en
el documento muestra que estos parecerían más propios de una campaña
de comunicación social que de prioridades para las acciones inmediatas
en esta materia, sobre todo cuando existen importantes recomendaciones de parte
del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, que aún
no han sido atendidas. Pero también llama la atención que tanto
el año pasado, como en las primeras reuniones de este año, el
grueso de ONGs que trabajan en favor de los niños no participen en este
espacio o que representantes de otras que estuvieron presentes en ese entonces
no muestren mucha credibilidad en que se pueda lograr algo sustancial de ello.
Tampoco ha habido una actividad importante de parte de las ONGs relacionadas
con el infancia dentro del proceso de elaboración del diagnóstico
de la situación de los derechos humanos en México que es un acuerdo
del gobierno mexicano con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los
Derechos Humanos y cuyo propósito es contar con un insumo para la elaboración
del Programa Nacional de Derechos Humanos.
Para este diagnóstico se nombraron a 4 expertos que, entre otras
cosas,
tendrán el cometido de consultar a activistas de derechos humanos para
su elaboración. De ahí que algunas organizaciones de derechos
humanos mexicanas han comenzado a tener ya algunos encuentros con los expertos
que han parecido más interesados en el diálogo. Para el caso
particular de los derechos de la infancia, aún no ha habido mucho acercamiento
entre el experto encargado y las ONGs dedicadas a este tema.
La falta de una real política pública que de cumplimiento a los
compromisos establecidos en diversos tratados internacionales sobre los derechos
de la infancia hacen necesario que espacios como los señalados se puedan
aprovechar para insistir en ello, sobre todo cuando en México el Programa
Nacional de Acción en Favor de la Infancia, que fue presentado pomposamente
en diciembre pasado, no ha significado a la fecha mejoramiento alguno en las
políticas públicas en este ámbito.
El Consejo Nacional para la Infancia y la Adolescencia (COIA), por ejemplo,
tiene un mandato muy débil para atender a dichos compromisos, a pesar
de ser ésta una instancia que reiteradamente se ofreció por parte
del ejecutivo federal, como la rectora de las políticas públicas
sobre infancia. Al ritmo que va el COIA, al pasar de la Presidencia de la República
(y quedar por mucho tiempo acéfala) a la Secretaría de Desarrollo
Social, todo parece indicar que será una instancia que al igual que
su antecesor CNAFI (en tiempos de Salinas y Zedillo) sólo funcionará en
el mo
ento de que es necesario simular ante el Comité de los Derechos
del Niño de la ONU sobre avances en el cumplimiento de la Convención
que sólo ocurren en la cabeza de los funcionarios públicos.
Ya veremos si esta tendencia cambia, sobre todo porque cada vez esta
más
cerca la fecha en que el gobierno mexicano presente su tercer informe a dicho
Comité, que originalmente tendría que haber sido presentado desde
octubre de 2002.