La escasez de referencias a la infancia en las campañas políticas parece ser un reflejo del poco interés que se la ha brindado a la agenda sobre sus derechos en legislaturas tanto federales como estatales. Si bien las campañas en medios contrastan con las plataformas electorales de las tres principales fuerzas políticas, mismas que en mayor o menor medida incluyen compromisos relacionados con los derechos de la infancia; se ha hecho costumbre que tales compromisos no sean atenidos una vez que se desarrollan los trabajos legislativos.
Así lo muestra el hecho de que la LVIII legislatura de la Cámara
de Diputados que concluyó en abril pasado arrojó como saldo sólo
dos iniciativas de ley, referidas a la infancia, aprobadas : la fortificación
de harinas y la educación preescolar obligatoria. No obstante respecto
de esta última organizaciones de madres educadoras han cuestionado la
medida que hace obligatorio este nivel de educación, pero no provee
los recursos necesarios para garantizar su cumplimiento; lo que pone a cientos
de centros educativos populares en riesgo de cerrar ante la falta de apoyos
para alcanzar una certificación, hecho que dejaría sin atención
a miles de niñas y niños que hoy son atendidos en tales espacios.
A nivel de los congresos locales no hubo mejor suerte; al parecer no son
más
de 6 los Estados de la República que han creado leyes estatales de protección
de los derechos de la infancia - sin descontar que en la mayoría de
los casos se trata de leyes sólo de protocolo que, para variar, no cuentan
con los mecanismos apropiados para garantizarlos. En dos Estados de la República
en particular, Jalisco y Oaxaca, en los últimos meses se generó una
intensa actividad tanto de parte de legisladores como de ONG's y otros actores
locales en materia de derechos de la infancia.
En el caso de Jalisco, conforme se han ido acercando las elecciones, se
han debilitado las condiciones favorables en el Congreso local por aprobar
el
dictamen de la iniciativa para crear la ley de protección de los derechos de
niñas, niños y adolescentes. Por otro lado, dicha iniciativa
presenta serias debilidades señaladas por las ONGs agrupadas en la Red
por los Derechos de la Infancia Jalisco, que pondrían en riesgo su capacidad
de aplicación; además de que ha existido la tendencia de convertirla
en un capítulo dentro de la ley de asistencia social del Estado - que
sería una forma de negar el reconocimiento pleno de los derechos de
la infancia - en lo que parece ser un reflejo de las pugnas que se registraron
a nivel federal entre dos iniciativas de ley (la de asistencia vs. la de desarrollo
social) que parecen dividir incluso a funcionarios dentro del propio gobierno
federal.
INICIO
En Oaxaca las ONGs que conforman el Foro de la Niñez Oaxaqueña
(FONI) tuvieron una fuerte influencia para lograr que se aplazara una iniciativa
de ley sobre infancia, que más bien parecía restringir los derechos
garantizados en la Convención de los Derechos del Niño. Autoridades
del Estado decidieron convocar, junto con el FONI, a un foro para recoger propuestas
sobre la ley de donde se espera surja una iniciativa de mejor calidad que la
original, en términos de protección de derechos.
No obstante a los esfuerzos señalados, se mantiene la tendencia a nivel
general en la que los temas legislativos que mayor éxito tienen son
los que se dirigen a criminalizar a la infancia, en particular los que suponen
- en abierto contraste a los estudios nacionales e internacionales, que bajar
la edad penal solucionará los problemas de inseguridad que se viven
en todo el país. Lo más grave es que esta tendencia traspasa
e
l ámbito de lo legislativo y va afectando paulatinamente las políticas
públicas y la cultura de respeto de los derechos del niño, lo
que ha llevado a que en diversos ámbitos se restrinjan las garantías
de la infancia bajo el supuesto de aumentar la seguridad.
De ahí que sea importante el pronunciamiento del ombudsman capitalino,
Emilio Álvarez Icaza, en la presentación de su informe anual
de actividades, sobre el falso dilema implícito en la iniciativa que
promueve la garantía de seguridad a cambio de reducción y condicionamiento
de otros derechos fundamentales, en donde asevera que no es posible disociar
la promoción de la seguridad pública del respeto a los derechos
humanos y denuncia que acciones como la "operación mochila segura" o
las revisiones aleatorias en las calles corresponden a una política
de vigilar y castigar, como uno de los principales métodos, que puede
provocar consecuencias más graves que los problemas que intenta resolver
Los compromisos internacionales en materia de derechos de la infancia se acumulan con el paso del tiempo y las políticas públicas no parecen cercanas a la resolución de los problemas a los que se dirigen, cualquier problema que miremos pareciera ejemplificarlo.
Por ejemplo, en el mes de mayo el gobierno federal inauguró el primer
Centro de Promoción para la Infancia en Situación de Calle Matlapa,
de los diez que a lo largo del 2003 quedarán instalados en el DF como
un nuevo intento de coordinación entre el gobierno y organizaciones
de sociedad civil.
No obstante, esta acción ocurre en medio de grandes controversias. Por
un lado, en el terreno de los aciertos, vemos que este pequeño grupo
de organizaciones contará con la posibilidad de acceder a fondos cercanos
a los dos millones de pesos durante lo que resta del 2003, Matlapa significará la
oportunidad de contar con recursos para el sostenimiento y ampliación
de sus programas (en un contexto de enorme crisis de financiamiento para el
sector de ONGs), además de que algunas de estas organizaciones incursionarán
por primera vez en el ámbito de la infancia en situación de calle,
en lo que ven como una oportunidad de poner a prueba modelos que han dado resultado
en otros campos de acción.
Pero por otro lado,
la medida deja fuera de estos beneficios a una gran cantidad de ONGs de todo
el país que desde
hace muchos años desarrollan
programas a favor de miles de niñas y niños
que viven o trabajan en la calle, cuyos modelos reconocidos
en diversos ámbitos también
tendrían todo el derecho de contar con este tipo de
recursos. Lo más
grave de todo es que, al parecer, una de las principales
razones que
motivaron
la decisión de promover dichos centros solamente en
el DF, no tiene que ver con un diagnóstico sólido
sino con la preocupación
que ha despertado dentro del gobierno federal los altos índices
de popularidad alcanzados por el Jefe del gobierno capitalino;
mismo que uno de sus puntos
débiles parecer ser la ausencia de una política
pública
para atender al fenómeno de la infancia en situación
de calle. En otras palabras, la iniciativa parece apuntar
más bien
a fortalecer imagen, presencia y posiciones hacia las elecciones
del 2006.
Adicionalmente la medida dejó de lado un nuevo intento de negociaciones
del gobierno federal con ONGs que operan en diversos Estados de la República
que se venía realizando a finales del 2002, orientado a crear una política
pública de largo plazo y con diversas líneas de intervención
para atender a la problemática que determina la presencia de niños
que viven y trabajan en las calles de las principales ciudades del país.
Este nuevo intento – ahora fracasado, tuvo como interlocutor principal
en esta ocasión a la Secretaría de Desarrollo Social, lo cual
se suma al fracaso que ya había ocurrido tiempo atrás
en un intento
parecido con el DIF, mismo que derivó en un programa de muy bajo alcance
y sin presupuesto público determinado, en donde lo único que
quedó de la aportación ciudadana fue el nombre: “de la
calle a la vida”.