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EL DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL URGENTE DE LA AGENCIA EFE: HISTORIA Y OBJETIVOS.
Alberto Gómez Font
Agencia EFE (Madrid, España)
Resumen: La Agencia EFE creó en octubre de 1980 el Departamento de Español Urgente, que es el primer organismo de vigilancia del uso del español y el único consultorio público que asesora sobre el buen uso de nuestra lengua. Nació con la finalidad de unificar criterios lingüísticos entre España y América, combatir la invasión de extranjerismos, adoptar criterios para la transcripción al español de los nombres procedentes de lenguas con alfabetos no latinos y solucionar los problemas idiomáticos que surjan en la redacción de las noticias.
Fruto del trabajo del Departamento de Español Urgente es la publicación del Manual de Español Urgente, en el que se recogen todas las advertencias necesarias para el buen uso del español en las empresas periodísticas y que ha alcanzado ya su duodécima edición (Cátedra, Madrid, 1998). Su finalidad es prevenir contra posibles errores lingüísticos, servir de ayuda para resolver dudas y, en estos tiempos de grandes y numerosos inventos técnicos con sus correspondientes innovaciones idiomáticas, tratar de proporcionar criterios uniformes en el uso de neologismos.
En el «Primer Congreso Internacional de la Lengua Española: 'La Lengua y los Medios de Comunicación'», celebrado en Zacatecas (México) en abril de 1997, el periodista del diario "El País", Alex Grijelmo, que se ocupó de dirigir el libro de estilo de su periódico, y el autor de este texto, presentamos un proyecto patrocinado por en Instituto Cervantes para la elaboración de un manual de normas de redacción único y común para todos los medios de comunicación en español.
Texto
La Agencia EFE es una agencia internacional española de prensa, semejante a la francesa France Presse -AFP- o a la norteamericana Associated Press -AP-. Su función esencial es la obtención y distribución de información nacional e internacional en España y el resto del mundo. Esa información es diariamente trasmitida a sus abonados, principalmente medios de comunicación: periódicos, revistas, canales de televisión y emisoras de radio.
EFE se fundó en el año 1939 sobre los cimientos de la agencia Fabra, presente en la prensa española desde 1870. Actualmente, con más de 2.000 periodistas desplegados en 140 ciudades de 76 países, es una de las cuatro agencias más importantes del mundo y la primera de habla hispana por su volumen informativo y por el número de abonados.
La Agencia EFE creó hace ya casi diecinueve años, siendo su presidente Luis María Ansón, en octubre de 1980, el Departamento de Español Urgente, que es el primer organismo de vigilancia del uso del español y el único consultorio público que asesora sobre el buen uso de nuestra lengua. Nuestro departamento nació con la finalidad de unificar criterios lingüísticos entre España y América, combatir la invasión de extranjerismos, adoptar criterios para la transcripción al español de los nombres procedentes de lenguas con alfabetos no latinos y solucionar cualquier tipo de problemas idiomáticos que surjan en la redacción de las noticias de la Agencia. Luis María Ansón, que quería que los periodistas de la Agencia EFE escribiesen de una manera "ágil, concisa y elegante" y pretendía que los servicios informativos de la agencia, que ya se distribuían ampliamente en todos los países hispanohablantes, desempeñasen un papel homogeneizador del lenguaje periodístico en castellano, y así lo decía en el prólogo de una de las primeras ediciones del Manual de Estilo de la Agencia EFE: "Conseguir una neutralización del estilo –que no debe confundirse con un estilo ‘neutral’, permanentemente insípido- constituye una obligación si se piensa en el importante papel que la Agencia EFE desempeña en la difusión del idioma, tanto en España como en América. La unidad de la lengua es un bien que importa defender en el seno de la comunidad hispanohablante. Hoy la prensa, la radio y la televisión ejercen una influencia idiomática superior a la del sistema docente. Sin exageración puede afirmarse que el destino que aguarda al español —o a cualquier otro idioma— está en sus manos. Y la responsabilidad que corresponde a nuestra agencia es cuantitativamente muy superior a la que alcanza a un medio de comunicación aislado: He aquí un motivo más, e importantísimo, para que el estilo de nuestros despachos sea aceptable por todos, no vulnere los usos comunes, no acoja particularidades locales o de sectores, no difunda neologismos innecesarios o rasgos que obedecen a una moda pasajera..."
De la labor diaria de revisión de las noticias nos ocupamos un equipo formado por dos filólogos (Pilar Vicho Toledo y Alberto Gómez Font), que, con los errores detectados, elaboramos un informe semanal cuyos destinatarios son los directores, responsables y redactores de las diferentes secciones de la agencia. Completa dicho informe un comentario sobre algún término o construcción sintáctica de uso dudoso, la aclaración sobre determinados topónimos o el aviso para evitar errores de posible aparición. También es tarea de los filólogos del departamento responder a las consultas que nos llegan bien sea por correo, por telex, por fax , por teléfono o por correo electrónico.
En agosto de 1996 el Departamento de Español Urgente creó un foro de debate sobre el español en la Internet llamado "Apuntes", la suscripción es gratuita, y actualmente hay unos 250 suscriptores que generan entre 1.500 y 2.000 mensajes cada mes.
El Departamento de Español Urgente está en permanente comunicación con la Real Academia Española y con las Academias de la Lengua hispanoamericanas por medio de su Consejo Asesor de Estilo formado por Gregorio Salvador y Valentín García Yebra, de la Real Academia Española; Humberto López Morales, de la Academia Puertorriqueña y Secretario Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española; Leonardo Gómez Torrego, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas; José Luis Martínez Albertos, Catedrático de Redacción Periodística en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, y José Luque Calderón, periodista de la Agencia EFE. Los miembros del Consejo Asesor se reúnen periódicamente con los filólogos del Departamento de Español Urgente para revisar nuestro trabajo y dictaminar sobre las cuestiones que les planteamos. Así pues, muchas de las voces o giros que aparecen por primera vez en las noticias, o lo que es lo mismo, en el lenguaje periodístico, llegan a la Real Academia Española y a su diccionario casi de inmediato gracias a la labor de nuestro departamento y su Consejo Asesor.
También se ha ocupado el departamento de la organización de seis congresos sobre diferentes aspectos del uso del español: En octubre de 1989 se celebró en Madrid un seminario internacional titulado "El Idioma Español en las Agencias de Prensa", en el que participaron representantes de las principales agencias internacionales de información que tienen servicio en español; representantes de las principales agencias nacionales de información de Hispanoamérica y de España; editores de importantes diarios internacionales; académicos, periodistas y filólogos.
Dos años después, en abril de 1991, se celebró otro seminario organizado por la Agencia EFE y titulado "El Neologismo Necesario", al que fueron invitados los responsables de los libros de estilo de los principales diarios españoles; académicos; periodistas; filólogos y especialistas en lenguajes técnicos.
En 1992 organizamos un congreso, bajo el título de "El Idioma Español en el Deporte", en el que participaron académicos, periodistas y deportistas. El principal asunto del que se trató en las sesiones de trabajo fue el de la necesidad de normalizar el léxico deportivo en español sin olvidar las peculiaridades de los países hispanoamericanos; se trató, pues, de una lengua especial, de un lenguaje sectorial, el del periodismo, pero restringiendo su campo al del lenguaje de los deportes.
El cuarto se celebró en mayo de 1996 en el monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja) con un título parecido al que hoy nos ha congregado en Sevilla. "El Español ante el Nuevo Milenio", y en él se sentaron las bases para futuros seminarios sobre aspectos específicos del lenguaje: la actividad educacional del español, el español y la actividad normativa, el español y las nuevas tecnologías, el español y los medios de comunicación...
El quinto fue en mayo de 1997, también en el monasterio de San Millán de la Cogolla y se tituló "El español y las nuevas tecnologías", nuevas tecnologías que en realidad son una sola: la informática, con sus derivaciones. Hubo mesas redondas y conferencias sobre la traducción de textos informáticos, sobre el periodismo científico, el español en la Internet, la lingüística computacional y las industrias de la lengua.
El sexto, y de momento último, se celebró en el mismo lugar que los anteriores, en noviembre de 1998, con el título de "El español y los medios de comunicación".
De los tres primeros congresos ya se han publicado los libros de actas, que forman parte de nuestra incipiente colección de obras sobre lingüística. El primero de ellos, titulado El idioma español en las agencias de prensa, fue editado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez (Madrid, 1990). Los otros dos libros, El neologismo necesario y El idioma español en el deporte, han sido editados por la Fundación EFE (Madrid, 1992 y 1994).
También se editó un pequeño manual titulado El Idioma Español en el Deporte - Guía práctica, que se presentó en el Centro Principal de Prensa Olímpica de Barcelona pocos días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, y se distribuyó a todos los periodistas hispanohablantes enviados a cubrir la información de los Juegos para los medios de prensa escrita, hablada y audiovisual que se dedican a la información deportiva. En dicho folleto se incluyen los términos y las expresiones de uso dudoso en español y los extranjerismos propios de todos los deportes olímpicos, así como de la información deportiva en general.
El fruto más importante del trabajo del Departamento de Español Urgente y de su Consejo Asesor de Estilo es la publicación del Manual de Español Urgente (DEU), libro en el que se recogen todas las advertencias necesarias para el buen uso del español en las empresas periodísticas y que ha alcanzado ya su duodécima edición (Cátedra, Madrid, 1995). Su finalidad es prevenir contra posibles errores lingüísticos, servir de ayuda para resolver dudas y, en estos tiempos de grandes y numerosos inventos técnicos con sus correspondientes innovaciones idiomáticas, tratar de proporcionar criterios uniformes en el uso de neologismos. La primera versión de nuestro libro se publicó en 1976 con el título de Manual de Estilo de la Agencia EFE, y estamos casi seguros de que es el más antiguo de los publicados en la comunidad hispanohablante, así como el más difundido.
El último libro de nuestra colección se titula Vademécum de Español Urgente, y ya han aparecido los volúmenes I y II. Se trata de notas y comentarios sobre el mal uso de palabras y construcciones, dudas ortográficas, malas traducciones (calcos), aclaraciones sobre toponimia y onomástica, etc., que vienen a completar las advertencias contenidas en el Manual de Español Urgente.
Y hablando de manuales de estilo, en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española: "La Lengua y los Medios de Comunicación", celebrado en México en abril de 1997, el periodista del diario "El País", Alex Grijelmo, que se ocupó de dirigir el libro de estilo de su periódico, y yo, presentamos un proyecto patrocinado por en Instituto Cervantes para la elaboración de un manual de normas de redacción único y común para todos los medios de comunicación en español. He aquí los antecedentes:
En 1990 se celebró en Madrid un congreso internacional organizado por la Agencia EFE y titulado "El español en las agencias de prensa"; en el libro de actas, publicado en 1991, entre las conclusiones-intenciones finales hay una en la que se recomienda la elaboración de un libro de normas de redacción que sirva para todas las agencias de prensa que redactan noticias en español. En ese mismo libro de actas puede leerse el pequeño debate que hubo en el congreso sobre qué es un "Libro de estilo", y el acuerdo final de que al referirnos sólo a las normas para el correcto manejo del español en la prensa no debemos hablar de estilo, sino de normas de redacción, ya que la ortografía, la sintaxis, el diccionario de dudas, las listas de siglas y las de topónimos, que viene a ser el contenido de un libro de ese tipo, no tienen nada que ver con el estilo.
Dos años más tarde se celebró en Sevilla el "Congreso de la Lengua Española"; allí, en la sección dedicada a "La lengua española y la prensa escrita", Milagros Sánchez Arnosi presentó un "Informe sobre los libros de estilo" y dijo que "sería deseable una total puesta en común de todos los periódicos que han elaborado un libro de estilo, con el fin de unificar criterios, mejorar la prensa en la lengua escrita, contribuir de manera conjunta al decoro del idioma y, en definitiva, a una mejor competencia lingüística". En esa misma sección del congreso, Clara Eugenia Lázaro Mora, correctora de estilo del diario ABC, solicitó "la ayuda y colaboración de la Real Academia Española" y pidió que esa institución llevase "cuanto antes a la práctica su idea de reunirse con los medios de comunicación para elaborar entre todos, y bajo su coordinación, un conjunto de normas periodísticas específicas para el lenguaje periodístico, es decir, un Manual de Estilo para todos los medios de comunicación españoles y, si es posible, también hispanoamericanos". Y quien ahora les habla se atrevió, en ese mismo congreso, a proponer la elaboración de un cóctel en el que los ingredientes fuesen todos los manuales y normas de redacción periodística existentes, que, una vez bien mezclados en la coctelera, diesen como resultado una mezcla homogénea que sirviese para unificar criterios y evitar la dispersión y la fragmentación del español periodístico.
Y en esas dos ocasiones ocurrió, como tantas otras veces en situaciones semejantes, que las conclusiones-intenciones-proyectos con los que se clausuran los congresos, nunca llegaron a ser una realidad. Y para que eso no pasara otra vez, antes de ir a Zacatecas a presentar el proyecto patrocinado por el Instituto Cervantes, dimos dos primeros pasos del que sabemos que será un largo recorrido. En primer lugar intentamos hacer una bibliografía, una lista lo más exhaustiva posible, de todos los libros que deberán ser revisados, que servirán como material de trabajo, y en los que se buscarán y archivarán los puntos en común, y de los que saldrán también las divergencias, las soluciones distintas a problemas idénticos, que debemos estudiar entre todos para intentar llegar al acuerdo necesario. En esa lista ya tenemos registradas 163 obras, entre diccionarios generales, diccionarios de dudas, léxicos especializados, libros y manuales de estilo, actas de congresos sobre la lengua, apuntes de trabajo de algunos medios, recopilaciones de artículos sobre el uso de la lengua en la prensa…
De las 163 obras que ya están en nuestra lista, un tercio son manuales o libros de estilo, llamados también normas de estilo, normas de redacción… Y de ellos casi la mitad, unos 26, son americanos; son los libros o manuales de estilo de algunos de los principales medios de comunicación americanos: las agencias de prensa Notimex (México), Colprensa (Colombia), Venpress (Venezuela), Telam (Argentina), Associated Press (Estados Unidos), Prensa Latina (Cuba); los diarios Clarín (Argentina), El Nuevo Herald (Estados Unidos), El Panamá América (Panamá), El Peruano (Perú), La Voz del Interior (Argentina), y emisoras como Radio Caracol de Colombia.
Al revisar esos libros nos encontramos con que, sobre todo en el caso de los publicados en España, muchos de ellos, la mayor parte, son copias de otros, especialmente de los dos pioneros: el Libro deEstilo de El País y el Manual de Español Urgente de la Agencia EFE, y ya se está produciendo el fenómeno de los libros clónicos, en los que aparecen incluso las mismas erratas, y estamos en un momento en el que ya todos nos copiamos y no logramos escapar de ese círculo vicioso.
El segundo paso que dimos antes de ir a México fue buscar cómplices para nuestra aventura: escribimos una carta dirigida a los directores de los principales medios de comunicación del mundo hispanohablante y los Estados Unidos, en la que les contábamos nuestro proyecto, les solicitábamos su adhesión, les instábamos a contarnos sus problemas en el uso del español que se dan en sus medios, y, finalmente, les rogábamos que si tenían algo parecido a un libro de estilo, aunque fuesen unas hojas fotocopiadas, nos lo enviasen para engrosar la lista de la que antes hablábamos. Y en poco más de un mes recibimos la adhesión de alguno más de treinta directores de medios de comunicación.,
Entre los medios de comunicación dispuestos a participar en el proyecto están la agencia Notimex y el diario El Universal de México; la agencia Prensa Latina, de Cuba; la agencia Colprensa, de Colombia; el diario El Tiempo, de Bogotá; El Nuevo Herald, de Miami; Radio Nacional de España; Radio Caracol, de Colombia, y el Canal Once TV, de México.
No sabemos cuán largo será el camino, quizás tres o cuatro años, pero ya comenzamos a sentir esa grata sensación producida por la certeza de que un día sonará el teléfono y serán los de la imprenta para avisarnos de que ya podemos recoger los primeros ejemplares del libro. Y ese día será la primera vez que Alex Grijelmo y yo, al recibir la noticia de la aparición de un nuevo manual de normas de redacción, no nos pondremos a pensar en las ovejas clónicas.
Las últimas noticias son que el proyecto, gracias al patrocinio del Instituto Cervantes, ya está en marcha: ya se están digitalizando todos los libros de estilo, y esperamos que pronto estén preparados los primeros resultados, los primeros listados de siglas, abreviaturas, gentilicios, topónimos… y podamos editarlos en las páginas de Internet del Instituto Cervantes y de la Agencia EFE.
Los medios de comunicación pueden salir hacia el público, cosa que no puede hacer un ciudadano normal, y por lo tanto esos medios de comunicación tienen mayor responsabilidad ante la sociedad, ya que si el ciudadano anónimo, como tal, puede hacer muy poquito, el periodista, con una columna de periódico, llega a mucha gente. Y precisamente por eso, porque llega a mucha, a muchísima gente, el periodista que comete un error en el uso de la lengua, sea por descuido o por desconocimiento de su herramienta de trabajo, hace que ese error llegue a muchas personas que, por mímesis, por seguir un modelo que consideran válido, culto, pueden repetirlo, y así el periodista estará contribuyendo a la propagación de errores en el uso del lenguaje. Los disparates, siendo muchas veces casuales y meramente personales, hacer titubear a quienes no poseen el idioma con seguridad; la autoridad del periódico o de la radio no es cuestionada por la mayoría de los lectores u oyentes. Veamos un claro ejemplo de uno de esos disparates, tomado de uno de los avisos del Vademécum de español urgente:
ilegales :
En uno de los principales diarios de Madrid apareció hace poco tiempo el siguiente titular: "Detenidos siete chinos ilegales en cinco restaurantes de Barcelona". En una primera lectura podría interpretarse que los detenidos eran chinos de forma ilegal, es decir, que no cumplían todas las normas legales establecidas para ser chino y, por lo tanto, su condición de ciudadanos de la China puede discutirse. Y si miramos en el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia, veremos que ilegal significa "que es contra ley", o sea que esos chinos lo eran contra la ley. Pero no se trataba de eso, sino de que los detenidos estaban en España en situación ilegal, si haber cumplido los requisitos necesarios para legalizar su estancia en este país.
Conviene, pues, tener mucho cuidado al redactar titulares de noticias, ya que con el afán de reducir el espacio y decir mucho con pocas palabras, puede llegarse a escribir cosas tan absurdas y cómicas como la de los chinos ilegales, que, muy probablemente, eran chinos legales, pero su entrada en España, así como su situación en el momento de ser detenidos eran ilegales, ya que se trataba de chinos indocumentados.
Los periodistas, los informadores por cualquier medio de comunicación, son difusores y propiciadores de los usos lingüísticos, usos que no han de considerarse siempre con prevención como si representaran exclusivamente lo erróneo, lo inculto, lo pedante. El profesor Manuel Seco dice que "en todo uso que el periodista hace del idioma está ejerciendo de maestro". Los periodistas tienen la responsabilidad de usar bien el idioma para así contribuir a que el sistema común, el español, sirva mejor a todos los hablantes; pero son muchos, y no sólo en el ámbito del español, los que no cumplen con este deber, los que proceden inconscientemente usando de esa facilidad para infligir lesiones al idioma, y no la utilizan para mantenerlo como instrumento de comunicación de un trozo considerable de humanidad.
Para aquellos que trabajan como profesionales de la información y de la comunicación, el lenguaje es un instrumento radicalmente importante, conforma su tarea diaria. El periodista debe conocer su lengua tan profundamente como pueda para emplearla enriqueciéndola.
El lenguaje periodístico es el lenguaje profesional usado para la producción de mensajes periodísticos. La lengua del periodismo es una lengua especial, una especie de isla dentro de la lengua general caracterizada por rasgos ajenos al común de los hablantes, distintivos de un grupo que los adopta como marcas de su oficio; tiene sus propias señas de identidad y responde a uno de los tipos de lenguas especiales, que los lingüistas para su estudio llamamos lengua o lenguaje sectorial.
Hay que tener en cuenta además, que en el lenguaje periodístico se utilizan jergas muy diferentes según la materia de la que trate la información. Así, un redactor de noticias deportivas, otro de noticias culturales, económicas, de sucesos, etc. utilizarán gran cantidad de términos y giros propios de la materia sobre la que informan, y por lo tanto su lenguaje periodístico, además de tener unas características propias como tal, compartirá las de otros lenguajes sectoriales.
Pero a pesar de tratarse de una isla dentro de la lengua general, a pesar de ser una lengua sectorial, tal es el poder de los medios de comunicación, que ese modelo de lengua se va imponiendo y va produciendo transformaciones en el lenguaje sin que nos demos cuenta, a no ser que prestemos mucha atención, transformaciones que en su mayoría son usos erróneos.
Ante su enorme poder de difusión de los errores y también de los aciertos y las novedades lingüísticas, los periodistas deberían tener siempre muy en cuenta consejos como los del ex director de la Real Academia Española, Fernando Lázaro Carreter, estudioso de la lengua periodística, en los capítulos introductorios del Manual de Español Urgente de la Agencia EFE:
"Es falsa la idea de que la individualidad se afirma mejor con una actitud espontánea ante el lenguaje. La espontaneidad, cuando se admira en los grandes escritores, suele ser el resultado de una gran disciplina. Sólo el control que acude espontáneamente a la pluma puede salvaguardar la individualidad. El periodista tiene como medio de control la norma léxica y gramatical, tal como está estatuida por el consenso idiomático culto en nuestro momento. No obedecerla, por pensar que a él no le alcanza o por suponerla demasiado estrecha para su libertad, implica la renuncia a la posibilidad de ser un buen periodista."
"La calidad del redactor se afirmará por la seguridad con que maneja el idioma y por el empleo de los recursos que la norma estándar culta ofrece para graduar la animación de un relato en función de su importancia objetiva, evitando por igual el desaliño y la afirmación de la personalidad por medios ajeno a dicha norma."
"El idioma es el instrumento con el que trabaja el periodista y éste debe preocuparse de tenerlo siempre a punto. Ha de ser consciente de su responsabilidad social al emplearlo. No siempre lo mejor es lo primero que acude a la pluma. La rapidez con que un periodista debe escribir no es excusa para hacerlo descuidadamente. Una vez escrita una noticia hay que releerla y reflexionar sobre las palabras y los giros sintácticos empleados. No es buena la actitud de algunos periodistas que escriben con absoluta despreocupación sin preguntarse jamás si será razonable su manera de escribir, pues en esos casos es el lector quien debe suplir la información defectuosa que se le sirve, y, si no puede suplirla, malentiende o entiende a medias."
"En la redacción de las noticias conviene evitar por igual la tentación literaria y la de oralizar el lenguaje aproximándolo en exceso a sus variedades habladas. Se literariza la expresión cuando ésta se considera como un fin en sí misma y se intenta atraer la atención sobre el modo de escribir, creando entre la noticia y el lector un espesor formal impropio de la labor de informar. En el polo contrario se sitúa la tendencia a redactar las noticias con la informalidad del idioma coloquial."
"Lo más recomendable para lograr un buen uso del lenguaje es seguir la norma de la Real Academia Española, corporación que trabaja en colaboración con las academias de la lengua americanas. En sus decisiones sobre el idioma interviene una Comisión Permanente, con sede en Madrid, a la que pertenecen varios miembros de las academias americanas. Y, antes de consagrarlas como norma, son consultadas a todos los países hispanohablantes. Así, tener en cuenta dichas normas también significa contribuir a la unidad de la lengua."
Evitar la creación de neologismos innecesarios; huir de la excesiva introducción de extranjerismos; corregir la tendencia a utilizar perífrasis en lugar de verbos; abandonar las construcciones sintácticas forzadas; no caer en la moda de la desaparición de los artículos; no usar giros preposicionales del tipo en base a o a nivel de, y no colaborar en el empobrecimiento del léxico producido por la tendencia a utilizar términos comodín como realizar, iniciar, finalizar, tema, etc., son algunas de las cosas que deben comenzar a plantearse los periodistas conscientes del papel que pueden desempeñar en el rumbo de la lengua.
No quiero terminar sin mencionar un asunto que siempre conviene aclarar en estas ocasiones en las que se habla del lenguaje periodístico y sus desviaciones de la norma. Lo que hay que aclarar es que los periodistas no escriben tan mal como pueda parecer por todo lo antedicho, y el lenguaje de la prensa no es tan defectuoso como podría creerse a tenor de todos los errores que en él podemos encontrar.
La mayor parte de los periodistas conocen bien su instrumento de trabajo, la lengua, e incluso hacen un uso más correcto que muchos de los hablantes medios, pero tienen la mala o buena suerte de que, como ya he dicho antes, su mensaje llegue a miles de personas, y esa gran difusión de lo que han dicho o escrito hace que los posibles errores encuentren imitadores en muchos de los oyentes o lectores de las noticias, que toman como modelo de prestigio a los periodistas. La responsabilidad es muy grande, y debe ser motivo para que los profesionales de la información, conscientes de ella, cuiden y mimen el lenguaje que utilizan, sabedores de que pueden producir transformaciones indeseables.