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Butricia y Resurrección (Dios es orina)

 

Butricia y Resurrección serían iguales a cualquier otra chica
de su edad -25 años deben tener ahora- si no fuese porque
ellas tienen la costumbre de tomar orina con la naturalidad
que los demás bebemos una limonada. Al igual que todo el
mundo que hace algo fuera de lo normal, ellas pueden justi-
ficar su gusto por este líquido que para la mayoría de los
mortales está tan cerca de nuestros genitales como alejado
de nuestro paladar.

Muchos sabemos que consumir orina es saludable. De hecho
es costumbre habitual entre no pocos sabios hindúes. Pero,
a pesar de la inmensa variedad cultural y riqueza de maneras,
no es que sea pan de cada día en Latinoamérica ni en Finlandia,
país éste donde residen desde hace años la chilena Butricia
Gotarda y la colombiana Resurrección Caballero.

Yo las conocí en el verano de 1995. Me las presentó mi buen
amigo Abdul Ramán (negro africano estudiante de odonto-
logía quien alguna vez profesó la Fé islámica y que siempre
lleva puestas las sandalias que le regaló su mamá.)

- Qué cosas mas asquerosas se te ocurren! Lo dices en broma, no?
- Se lo juro por las sandalias de mi madre! Yo me enteré que
tomaban meados cuando besé a la rubia. Pero sé que la otra
tiene la misma costumbre.

Tienen la piel increíblemente tersa, infantil:  tocarlas, aunque
sea con un beso de saludo en la mejilla, despierta en cualquier
hombre normal las fantasias más prohibidas. Ese primer con-
tacto fue sensorialmente inolvidable.

- Encantada.
- Un placer.
- Encantada.
- Mucho gusto.
- No pareces venezolano!
- Pero lo soy. Me cuenta Abdul Raman que a ustedes les
gusta beber orina. Supongo que la propia, no? O también la
de los demás?
- Ese negro es un jeta floja!
Ja ja ja! Sí, bebemos. Bebemos la
nuestra, digo. Yo bebo la mía y Butri la de ella. Aunque no te
niego que muchas veces, si vemos a alguien que nos parece
un meón o meona celestial, pues le pedimos un poco. Lo que
sí que nunca beberemos es la orina del mal!
- Y esa costumbre de dónde la sacaron? Han estado en la India
o qué?
- Sí, en parte tienes razón. Aunque si es tanta tu curiosidad
por saberlo, por qué no vienen -tú también Abdul: para que
no estes contando historias incompletas por ahí!- mañana
por la noche a nuestra casa? Se traen dos buenas botellas de
oporto y les contamos el porqué de nuestro gusto y necesidad
de beber orina.
- De acuerdo, Resurrección. Dame la dirección. A qué hora
les va bien?
-Llámame Resu. Abdul sabe donde vivimos. A las nueve y
media, ok?
- Perfecto, pues.

Bebimos oporto y comentamos lo agradable que sería ir
a pasar unas días en Freetown (Abdul Ramán nos mostró unas
bonitas fotos de Sierra Leona). La rubia Butricia hablaba con
Abdul Ramán. Fumamos opio y el cabello de Resu eran cada
vez más negro y sus cejas cada vez más ricas y su boca cada
vez más llena y su ser cada vez más eterno. Su voz subía y
bajaba -modulada perfección: sonido y música y saber y
fuerza y todo. Mujer. Toda ella era mujer. El humo del opio
soplaba femenino, se respiraba femenino, olía femenino:
aprisonaba mi cerebro como sólo puede hacer una y mil veces
una mujer.
Me enamoré de Resurrección Caballero. Y a mí sólo, sólo a mí,
me contó la verdad. En un rincón ella y yo. En un rincón lleno
de humo. En un rincón que se levantaba del suelo y que era
muy pequeño, tan pequeño que veíamos sólo estrellas: muchos
soles. Ya no había nadie más (quién más podría haber si ella
era todo lo habido y por haber?): estrellas y el espacio total
que era ella y que yo tenía la dicha de poder compartir, de ser.

"Creo en Dios. Dios no es sangre, Dios no es cuerpo: Dios es
orina. Tienes razón: sí estuve en la India. Allí en Chandrapur
ví a Dios. Me meó encima durante horas. Él era una vagina
y un pene -Linga y Yoni-. Su líquido era dulce y salado. Des-
nuda nadé en sus meados y en ellos me sumergí. Me ahogué.
Me morí. Resucité y seguía lloviendo orina y mi piel se ponía
cada vez más sensible, mi cabeza se aclaraba cada vez más. Y
comprendí que la verdad, la sabiduría está en nuestra vejiga:
ese líquido es Dios en nosotros. Por eso comulgo orina. Por
eso bebo mi propia orina, porque para poder entender tengo
que entenderme a mí misma, al Dios que está en mí.Y bebo
la de los otros, la de los otros que llevan a Dios dentro. Todos
llevan orina dentro pero no todos tienen orina de Dios. Otros
tienen la orina maldita, la de mal! Pero hasta la del mal se
puede purificar. Cree en los meados y te convertirás! Ama a
los demás meones como amas a tu propia orina! Yo he pro-
bado muchas, sabes? He lamido lavabos, pocetas y letrinas.
He buscado en cada gota a ese Dios que esta omnipresente.
Y me he encontrado con el mal también: no importa. La orina
buena -la de Dios- siempre gana. Y me purifica. Y me salva".

"Dáme tu orina!" "Oríname!"

Su discurso me emocionó tanto que me entraron unas espan-
tosas ganas de mear y de beber meados. Bebimos los dos. Sentí
a Dios dentro de mí. Mi cuerpo y el de Resu eran uno: una gran
meada universal: un solo verso, palabra. Sabiduría! Iluminación!
Amarillo y Luz! Y Dios!
Su sexo y mi sexo no eran sexo y sexo: eran las puertas
-la Gran Bab- de la cavidad donde residia la verdad. Verdad
que se expelía en delicioso líquido amarillo que nos envolvía
los sentidos. Sí: Dios existe y es orina!

(Así lo viví y así lo siento mientras lo escribo. No les cuento
más: tengo que hacerlo ahora mismo).

(Sea Dios con Ustedes: beban orina!)

Miguel Ángel, el de Finlandia